escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

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julio 20, 2008

Quietudes

Vacaciones de verano. Vacaciones para los estudiantes y algunos otros afortunados adultos... Para los demás, nos queda una ciudad muy tranquila, sobre todo en las mañanas... considerable disminución del tráfico... vehicular... y blogueril... época idónea para publicar cosas... que quizá nadie lea... para dar rienda suelta a los caprichos del alma, del corazón, de la mirada...

Mañana veraniega extraña, nublada y fría... perfecta para acompañarse con música melancólica, humeante café y la remembranza de una película vista la madrugada del sábado, merced a la intempestiva cancelación de la reunión nocturna del viernes... película que me atrapó en el desvelo desde los créditos iniciales acompañados por la voz de Ornella Vanonni... film sobre la crisis existencial, los extravíos dentro de si mismo y los amores trágicos de un profesor en un pequeño pueblo de la costa italiana... un profesor de literatura... que ay Dios
¡! si yo hubiera tenido un maestro de literatura como él... ay Dios... quizá hasta en poeta me habría convertido... o ya de pérdida me habría enamorado de él, yo que nunca viví esa fantasía estudiantil...

Buena semana... a los que la casualidad... o el extravío traiga por aquí...


La Prima Notte di Quiete [Le Professeur]
Coproducción franco-italiana de 1972 dirigida por Valerio Zurlini y protagonizada Alain Delon, Sonia Petrova y Giancarlo Gianinni;
Le professeur es la historia de un culto y sensible aristócrata venido muy a menos [Alain Delon], quien llega a un gris y gélido Rimini buscando olvidar su pasado tormentoso y encontrar algo de quietud. El plan pinta ideal: pueblo tranquilo, refugio en las letras, la poesía y la enseñanza a jóvenes universitarios. Pero su pasado de amores trágicos, su presente desolado, no encontraran mejor complemento que otro amor... trágico, comme il faut, en la persona de una bellísima alumna [Sonia Petrova] con pasado y presente poco luminosos. Le professeur es un hombre solitario –pese a vivir acompañado por otra mujer- pero tiene un amigo, de alias Spider [Giancarlo Gianinni], quien le profesa un cariño extraño, a medio camino entre la ambigüedad sexual y la admiración sincera.

En este rol Alain Delon es mucho más que un hermoso rostro; el actor galo resulta creíble, entrañable, como ese hombre perdido en si mismo, presa de una profunda crisis existencial y de los vaivenes de su atribulado corazón; como ese hombre melancólico, atormentado y apasionado; siempre medio despeinado y descuidado en el vestir... Delon sigue siendo bello.
Buena película, de rara intensidad, sin grandilocuencias ni exageraciones, ni forzados finales felices...
[mi tía tenía razón cuando me decía "ahora cualquier bonitillo sin chiste se convierte en el galán de moda gracias a la mercadotecnia, los trucos de fotografía, los "arreglitos" del photo-shot, en cambio Alain Delon si que era un hombre guapo... ya no los hacen como él..."]


Imágenes del film “La Prima Notte di Quiete” [Le Professeur]

voz de Ornella Vanoni

junio 22, 2008

Quiero mariposas y pétalos de jazmín

Que sería de mí sin imaginación? No sé y prefiero no saberlo. Vivir sin imaginación debe ser tan triste, como vivir enclaustrado en la realidad. Ignoro la cantidad de ocasiones en que la imaginación me ha sacado de apuros y hasta de la depre; aunque a veces también, no voy a negarlo, me ha jugado malas, muy malas pasadas. Pero al final de cuentas, en el balance sale ganando, y por lejos, la imaginación. Con la imaginación he realizado incontables viajes; he mejorado muchos finales de películas; he cambiado desenlaces de guerras (así como en la novela el Club Dumas de Pérez Reverte, donde merced a sus soldaditos de juguete Lucas Corso logra que Napoleón salga avante en Waterloo); con la imaginación he regresado a lugares que añoro; he traído a mi lado a mi abuela a quien tanto extraño; he mandado al carajo a mi autoritario, racista y limitadísimo gerente español; he imaginado a Arthur Rimbaud a los 17 años y viviendo en la más absoluta desolación, pero escribiendo, cual si los dioses le dictarán, su impresionante Una temporada en el Infierno; he recreado el velorio de mi anciano abuelo paterno (25 años mayor que mi abuela), en el cual le lloraban al unísono su esposa –mi abuela- y las 5 queridas que en ese momento se sentían tan viudas como ella [como en película de Pedro Infante y sin que nadie intentara desgreñarse. Aunque creo que yo no podría ser tan civilizada, me habría encantado estar ahí y filmar a esa seis mujeres llorando juntas por un cabrón que las engañaba a las seis, pero que en algún momento también las hizo felices].

Si es cierto, con mi imaginación y con mi memoria, a veces traicionera, he paleado tantos momentos difíciles; es un prodigio hacer gala de la imaginación... y aunque todo exceso es malo y ser demasiado imaginativo puede significar inmadurez, y porque, casi siempre, volar demasiado alto, trae consigo caídas muy dolorosas, yo amo la capacidad de imaginar y de recordar. Así como la amó Jean-Dominique Bauby- , quien gracias a su imaginación y su memoria, pudo trascender la inmovilidad y el encierro de su cuerpo paralizado y legar Le Scaphandre et le papillon 2007)- ,libro que inspiró la película homónima de Julian Schnabel, en la que por un prodigio de la imaginación el director y el cinematógrafo, el difunto editor en jefe del magazine Elle revive en el cuerpo de Mathieu Almaric, quien le presta cuerpo, voz, coraje y sensibilidad en una las actuaciones más emotivas e impactantes que he visto. Y es así como gracias a su imaginación y a su memoria, Marjiana Satrapi logra revivir el inigualable olor del Mar Caspio, el aroma de los jazmines y la sonrisa de su añorada abuela, o las imágenes de su querida Persepolis 2007) -


Si, la imaginación es un prodigio. Por ello, yo quiero muchas mariposas, como la que vivía dentro de la escafandra que encerraba a Jean-Dominique, que me permitan volar aunque me sienta enclaustrada; y quiero pétalos de jazmín en mi brassiere, para que como a la grand mère de Marji, me hagan sentir dueña de un enorme secreto de seducción y llenen mi día de buena vibra.

Y en caso de que mi imaginación, caprichosa y traicionera, me traiga de pronto a alguien que me duele y que preferiría no recordar, entonces con Jonny Hallyday cantaré:

J’oublierai ton nom… y santo remedio

J'oublierai ton nom - Johnny Hallyday Isabelle Boulay


junio 18, 2008

Deseando amar...?

Vivimos llorándolo, extrañándolo, maldiciéndolo; soñándolo, anhelándolo. Unos más, otros menos. De manera casi genérica los seres humanos buscamos el amor. Y en el proceso, tendemos a idealizar al ser que deseamos amar y que nos ame; lo visualizamos, los imaginamos aún antes de conocerlo. Como Madame Bovary, confeccionamos el traje “perfecto” que deberá vestir el objeto -hombre-mujer- amoroso de nuestros ensueños. A los 14, 15 años, creo normal que una(o) sueñe con un amor ideal, física y emocionalmente; casi el príncipe azul de los cuentos de hadas. A los 15, después es absurdo. Y en contrasentido de idealizaciones, otras veces somos crudamente realistas, no soñamos un ideal amoroso y es posible que lleguemos a concebirse el amor, no como un sentimiento vital, sino como mero alivio a la soledad, carente de pasiones y angustias. No sé que sea más dañino, si esperar demasiado del amor, de una relación; o no esperar nada; llegar a descreer, pensar que conforme se avanza en la adultez, para que las relaciones funcionen y perduren deben poner en segundo plano el romanticismo, la pasión y vehemencia adolescentes, dando lugar al equilibrio y sosiego amorosos.


Y quien sabe hasta que grado sea cierto que el amor, el acto de amar a otro, nos hace mejores seres humanos pues requiere despojarse de egoísmos y miedos; porque encarna entrega y renunciación. Lo que si cierto es que, en ocasiones el amor, una relación amorosa, es algo profundamente egoísta. Mientras escribo esto, compruebo una vez más que no soy la más indicada para hablar del tema, me falta sentido poético, romanticismo, para expresar claramente lo que siento y pienso mientras escribo. Y es que por alguna deformación o limitación, o las dos cosas, cuando quiero hablar de relaciones amorosas, casi siempre acabo ejemplificando con una película. Ups, esto debe ser peor que soñar con el príncipe azul…


Hablando de mis deformaciones y limitaciones, como el titulo de ese post es el de un film, recuerdo algunas historias de amor; elección que no se pretende quintaesencia de nada; solo una personalísima listita de algunas de “mis películas de amor favoritas”; casi todas de amour fou; me encantan, quizá, por cierta identificación con uno o varios de sus elementos; no son las mejores, o más representativas, apenas una minúscula aproximación al vasto universo cinematográfico amoroso


Desando Amar [Fa yeung nin wa (2000] - de Won Kar Wai – Hong Kong | France 2000/ con Tony Leung Chiu Wai y Maggie Cheung.-Una bellísima historia de amor/desamor; conmovedora, delicada y melancólica. Un hombre y una mujer engañados por sus respectivos cónyuges se vuelven amigos, llegando a sentir una pasión intensa, un amor en estado puro sin atreverse a ir más allá, un poco por los reparos morales, otro por un extraño sentido de ética y de negación a vulgarizar su amor, a ser como los demás. Este film es de una sensualidad sutil, exquisita, asombrosa y conjuga maravillosamente emotividad, intensidad, contención, tristeza; además, posee una apreciable banda sonora.


La princesa y el guerrero (Krieger und die Kaiserin, Der (2000)-, de Tom Tykwer. Alemania 2000/ con Franka Potente y Benno Fürmann. Cuento de hadas postmoderno, originalísima variante del amour fou; los enamorados viven en un pabellón psiquiátrico. Él es un asaltabancos obligado a hacerse pasar por loco; ella, una enfermera no muy cuerda, que se asume como protectora de los huérfanos de amor. Ambos son un poco como el héroe dispuesto a salvar a su amada(o), aún así sea de si mismo. Amar requiere de valor y arrojo; jugársela por una relación es como un salto al vacío.


Jeux d'enfants (2003) (Juego de niños/Atrévete a amar) de Yann Samuell. Francia-Bélgica; con Guillaume Canet y Marion Cotillard. Provisto de un manejo de cámara audaz, Samuell cuenta una historia de amor-amistad a medio camino entre la fantasía y la dura realidad que impone el miedo al amar. Por momentos, romántica y hasta dulce; en otros, rayana en la crueldad. Es la historia de dos que se aman desde la infancia, pero que se viven negándolo, retándose y dañándose… amigablemente, como en un juego de niños, cada vez más fuerte . Pero ellos, como en La princesa y el guerrero, tendrán que perder sus miedos, jugársela literalmente, para permanecer juntos.


Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004) (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos/ de Michel Gondry/ USA/ con Jim Carrey y Kate Winslet. Dos locos talentosos, Michel Gondryy Charlie Kaufman, se juntaron y crearon una singular trama; una historia de amor tan romántica, como diferente y por momentos, dolorosa. La premisa de que el ser amado un día decida borrarte… para siempre; borrar todo vestigio tuyo, aunque para ello tenga que defragmentar su cerebro, debe ser lo más doloroso que hay. Gondry, un loco con una gran imaginación y talento visual, me dio un logro mayúsculo: hacer que el insufrible Jim Carey, por una vez me fuera casi querible.


En el tintero quedan varias, tantas que no terminaría, desde L’amour fou, (1969), de Jacques Rivette; La femme d'à côté - (1981), de François Truffaut-, Oci ciornie (1987), de Nikita Mikhalkov, hasta Un homme et une femme (1966)-de Claude Lelouch -quizá la única de mi listado que podría considerar con “final feliz”. Faltan muchísimas, tantas como formas de ver y entender el amor hay, que en el amor cinematográfico no hay limites; ejemplo? dos filmes de loco amor, más allá de la preferencia sexual: Chun gwong cha sit (Happy Together), Hong Kong (1997), de Won Kar Wai con Tony Leung Chiu Wai y Leslie Cheung -atribulado, apasionado y tormentoso amor entre dos jóvenes hongkoneses; y Les Nuits fauves, (1992) (Las noches salvajes, Francia-Italia/ de Cyril Collard, con Cyril Collard y Romaine Bohringer), de la que ya he comentado. Doliente y vital, carente de cualquier atenuante, esta singular historia de amor tiene al SIDA como un participante más.

[y no incluyo Secreto en la Montaña, que a todo mundo gusta].

mayo 28, 2008

Soyez réalistes: demandez l'impossible

Cuarenta años después del mayo del 68 parisino, la imaginación no ha llegado al poder. Todo lo contrario; tal pareciera que los gobernantes de hoy, no solo carecen de imaginación y sensibilidad, sino que, amén de ser autoritarios disfrazados de demócratas, son innegablemente ineptos, por no decir… algo más soez.

Y en plena era de la globalización, la falta de imaginación y la ineptitud, disfrazada de triunfalismo, es la carta de identidad de los gobernantes… y casi a nivel global. Y México, aquí si, es país puntero. Nada más hay que ver las medidas calderonistas contra la crisis alimentaria (subsidios y populismo a más no poder; al tiempo que atentatorias contra el desarrollo del sector agropecuario), o el programa de financiamiento al desarrollo, para darse cuenta de que Felipe Calderón Hinojosa, no solo carece de imaginación, sino fundamentalmente de estrategias viables y realistas para gobernar México.


Seguiremos exigiendo (y soñando) imposibles; pero viviremos, no en el realismo mágico de Macondo, sino en la cruda realidad mexicana… y global…


Aquí un par de links interesantes sobre el tema 68:


Mayo de 1968: vientos del cambio


EL AÑO QUE CAMBIÓ AL MUNDO



The Dreamers


La imagen de arriba pertenece a The Dreamers (2003)–/Bernardo Bertolucci-Francia, Reino Unido, Italia. Creo que el mayor encanto de este film radica en el hecho de que los personajes centrales, Theo (Louis Garrel), Matthew (Michael Pitt).e Isabelle (Eva Green, mostrando las cualidades anatómicas que no enseñó en Casino Royale), se asumen como cinéfilos casi como un acto de militancia, un acto de amor y una declaración de principios; porque sin ser propiamente un film sobre el mayo del 68 parisino, algo del idealismo y del espíritu contestatario de ese movimiento lo recorre. Y The dreamers, podría resumirse como el triángulo soñado por Bertolucci: cine, sexo y política.


“Es una película extremadamente personal que me pertenece íntima y profundamente, como a todos los de mi generación. En 1968 nos dormíamos pensando que despertaríamos en el futuro (…) hoy, sin embargo, la sociedad no permite que los jóvenes tengan sueños ni esperanzas”, declaró Bernardo Bertolucci (durante la presentación de The dreamers en La Mostra de Venecia de 2003) y además, consideró que la gente de su generación, protagonistas de la revuelta parisina, hoy se avergüenzan del pasado y se lo ocultan a sus hijos:


“El Mayo del 68 es la base de nuestro comportamiento y lo hemos censurado como si fuera un error o algo que es necesario olvidar”


Quizá -habría que decirle al buen Bertolucci- lo que sucede es más simple: la sociedad actual ha perdido, casi en su totalidad, aquel aliento entre idealista y contestatario del 68 parisino. Hoy día vivimos en la inmediatez, en el imperio del lo efímero diría Gilles Lipovetsky, y eso de andar soñando con mundos mejores ¡y justos, por Dios a quien se le ocurre!, es algo que ya ni siquiera nos permitimos imaginar.



abril 27, 2008

El cine es mejor que la vida... a veces












El cine, la vida y la política. A saber cual sea el motor que alimenta y mantiene viva la afición, el amor o la pasión por el cine –según se mire y se sienta- que aún tenemos por el Cine - . Seguro que cada uno nos hemos acercado al llamado Séptimo Arte por distintos motivos, tan diversos como lo son los géneros cinematográficos y sus niveles de calidad; como diferentes son nuestras cotas de adición cinematográfica. A saber. Pero quizá no sea tan descabellado pensar que un buen porcentaje llegó al cine en busca de un refugio a su soledad, o en busca de un páramo donde dar rienda suelta a su imaginación.

Las razones, como dije pueden ser infinitas, más complejas o más simples; mas lo cierto es que siendo presos de esa afición, ya es muy difícil abandonarla, claro que a veces puede variar nuestro nivel de apego, sobre todo cuando vemos muchos churros seguidos. Pero al final, como se vuelve a un viejo amigo; como dicen los que lo han experimentado, se acaba volviendo a una viejo amante, así acabamos renovando nuestra pasión por el cine. No sé si esto pase con todas las pasiones o aficiones, antes pensaba que por lo menos con otra sí sucedía de esta forma: Política- –esto es imputable creo a la deformación profesional propia de una (renegada) egresada de Ciencias Políticas y Administración Pública. Quizá porque un día (ustedes dispensarán, pero yo algún día no tan lejano fui ingenua, crédula e inocente) tal como dijera el historiador del cine mexicano Emilio García Riera, pensaba que las artes de la política podían ayudarnos a tener un mejor país, un mejor mundo. Al menos el eso dejó escrito en su Autobiografía El cine es mejor que la vida -:

“Voy a proponer una definición hipotética y muy personal de la política: debería ser el arte de hacer a la vida como el cine. Dicho de otro modo: el quehacer político, que me ha preocupado desde niño y me preocupará, creo, hasta la muerte, debería convertir a la vida humana en algo más justo, más satisfactorio y menos aburrido; algo con sentido y con estilo, como una buena película”

El tiempo y la vida se han empeñado en hacerme ver lo contrario. Así que ahora mantengo una relación ambivalente, casi perversa con la política, y en lo posible, evito hablar de ella. Aunque eso no quita de repente me salga la pequeña respondona que llevo dentro, porque una cosa es sentir alejamiento y otra muy distinta, es no enfurecerme con lo que pasa en mi país y en el mundo. En lo que a mí respecta, el cine ha sido el gran refugio. Refugio al que llegué solo después del primer resguardo que conocí y amé: los libros, ese incomparable abrigo para la niña que creció con su abuela en una casa donde no había más niños y que encontró en los cuentos de Hans Christian Andersen - el mejor acompañante y el mejor vehículo para dejar volar su imaginación. Y solo después de este primer gran amante, vendría su rival, el arte descubierto por los Hermanos Lumière - . Y espero que ambos amores, a diferencia de la política permanezcan conmigo, con sus naturales altas y bajas, hasta mi muerte.


“La transísima trinidad: Etilio, el Cavernal y Telemisa, ¡Amén…digos!

[“La transísima trinidad: Etilio, el Cavernal y Telemisa”, el verdadero poder en el estado, acusan los ciudadanos de Guadalajara contrariados por el particular estilo de gobernar de Emilio González Márquez].

Y como una muestra de mi perversión con la política, les dejo un bonito video sobre la marcha efectuada en Guadalajara el pasado 12 de abril, y en la cual los asistentes despotrican, con sobrada razón, en contra de su monaguillo, perdón, de su gobernador Emilio González Márquez. Y como el mismo se ufanara, el mandatario del estado de Jalisco se está volviendo “harto popular”, pues ayer hubo otra marcha durante la cual el respetable, también con sobradas razones, se ocupó de devolverle al sacro gobernante las mentadas de madre que este les había recetado la noche del pasado miércoles.









Tenía usted razón Don Emilio (García Riera, por supuesto), a veces, el cine es mucho mejor que la vida.



febrero 18, 2008

De mujeres I

Inocencia













Son las tantas de la noche y yo sin dormir, pensando en la inocencia y todo por culpa del film homónimo Innocence. Al ver este inquietante y atípico film me quedó dando vueltas en al cabeza este concepto [según el diccionario de la RAE, el significado sería:

inocencia. (Del lat. innocentĭa). f. Estado del alma limpia de culpa. 2. 3. Candor, sencillez. ~. ]

y su relación con la historia recién vista. Pero la ópera prima de Lucile Hadzihalilovic-, escrita, dirigida por ella y actuada únicamente por mujeres, más que de la pérdida de la inocencia en el sentido al apunta la RAE, trata sobre el dolor/temor/desasosiego que provoca el crecimiento femenino. La historia se desarrolla en un colegio aislado en medio de la campiña, al cual asisten niñas de 6 a 12 años para ser instruidas por dos maestras: Edith (Hélène de Fougerolles) en lo referente a los estudios de ciencias naturales, básicamente biología, y Eva (Marion Cotillard), para la instrucción más importante, el ballet, en torno al cual se desarrolla gran parte de la metáfora de ésta película. Mientras dura su preparación, las niñas no pueden salir, permanecen encerradas como preservándolas de cualquier influencia nociva externa; las niñas saldrán del colegio justamente cuando lleguen a la edad reproductiva.

El film va mostrando las distintas formas de enfrentar la tragedia de crecer, o la de no crecer, por parte e las niñas: hay alguna que no quiere hacerlo porque sabe que tendrá que salir/enfrentar un mundo desconocido y siente temor. En contrapartida, otras que desean apurar su desarrollo para abandonar su encierro imaginado que el mundo exterior será mejor; una de las niñas escapa y la huída es mostrada como una marcha hacia lo desconocido: la niña brinca la enorme barda, para finalmente perderse en el bosque.

Por lo que toca al transcurrir del tiempo, este es mostrado lo mismo mediante el flujo constante del agua, que con la metamorfosis de una oruga devenida en una hermosa mariposa, a través del cruce de una estancia a otra por la puerta de un enorme reloj de péndulo (este aspecto tiene el doble significado de maduración e introducción a un espacio prohibido a las menores) , o mediante el cambio de las estaciones.











A remarcar la sutileza con que se maneja el autodescubrimiento de la sexualidad, la complicidad femenina, las necesidades afectivas, la inseguridad y también ¿por qué no? la envidia y cierta malicia. Sin caer jamás en lo grotesco, en lo melodramático o sensiblero. Y todo en medio de iniciáticos pasos de ballet acompasados por la música de Prokofiev. Y siempre, siempre, mariposas: en el laboratorio de biología, en la campiña, en el cuarto de una de las maestras (Edith) que las colecciona disecadas, quizá como símbolo de su propia libertad coartada, pues las maestras tampoco pueden salir. Y en el ballet, instruidas por Eva, las niñas más grandecitas usan trajes coronados por unas hermosas y blancas alas de mariposa, simbolizando en esta imagen que cada niña pasará de ser una pequeña oruga a convertirse en una mariposa lo suficientemente fuerte para poder volar con sus propias alas y conocer el mundo.

Y a todo esto ¿cuándo perdemos la inocencia? Quizá nunca, por lo menos no del todo. Pues así como se supone (no soy, júrolo, adicta a Freud) todos llevamos dentro una parte del niño que fuimos, también tendríamos que preservar en algún sitio un reducto de nuestra inocencia; claro está que con el significado/conceptualización que cada quien guste darle.


Innocence. Bélgica/Francia/Gran Bretaña/ 2004
Dirección: Lucile Hadzihalilovic.
Guión: Lucile Hadzihalilovic (sobre la novela Mine-Haha de Frank Wedekind, de 1888)
Música: Leos Janacek/Sergei Prokoviev/Pietro Galli/Richard Cooke











enero 29, 2008

Ni de política, religión y/o sexo..

¿Y entonces de que platicamos?

Reza el consejo popular que para evitar altercados innecesarios, en reuniones sociales o familiares debe evitarse hablar de política, sexo y/o religión. Si uno es lo suficientemente sensato (o insensato, según se mire), para seguir al pie de la letra tal consigna le quedarían libres de tabú -en pleno Siglo XXI- temas como el precio de las cebollas, las telenoveleras estrellitas del canal de las ídem, el fútbol (siempre que no coincidan fanáticos americanistas, chivas y/o pumas, y que las mujeres presentes conozcan del fútbol algo más que la apostura de los futbolistas italianos). Ya en un esfuerzo supremo de intelectualidad, en dichas reuniones podría hablarse de los efectos del gasolinazo sobre la economía doméstica; esto último, en el entendido de evitar a toda costa nombrar al gubernamental promotor de tal incremento. En pocas palabras, de regirse bajo tal recomendación, las reuniones familiares, de suyo escenarios de la simulación y la doble moral, serían aún más aburridas.


No obstante, hasta ahora había cierta esperanza, con un poco de suerte uno podría platicar de cine… pero el sábado pasado me di cuenta de que no siempre resulta fácil. Resulta que alguien trajo a colación la noticia del próximo estreno de la más reciente película de Sylvester Stallone, Rambo IV. Al ver su emoción, no puede evitar salivar ante la oportunidad de desgranar… tantito venenito. Mejor hubiera permanecido callada, de seguro nada desagradable me habría sucedido; pero no, tuve que abrir mi boquita y soltar, así como quien no quiere la cosa:

"Uy, justo lo que el mundo estaba necesitando: al eximio actor Sylvester Stallone trasfigurado en un San Francisco de Asís armado, que reza mientras salva a unos misioneros en Birmania, previa matazón. Mejor se hubiera ido a Irak a rescatar a sus paisanos soldaditos del vapuleo que le siguen propinando los hijos de Sadam. Amén"

No lo hubiera dicho, además de llevarme una maltratada por tan irónico comentario y ser llamada snob (y eso que no hablé del FICCO, ni de la próxima edición de la Berlinale), tuve que soportar sorprendentes alabanzas sobre la "capacidad histriónica" (sic) de Stallone, la calidad de sus maravillosas películas y otras lindezas. Un suplicio que se me estaba comenzando a hacer eterno... hasta que mi amigo anfitrión tuvo la brillante idea de preguntar ¿café o té con el postre? Yo aproveché el momento y me levanté de la mesa con el pretexto de ayudarle a hacer el café, no sin antes auto recomendarme: “la próxima o te quedas callada, o hablas de cocina”
.

enero 16, 2008

Ellos críticos; yo criticona

François Truffaut dijo alguna vez que “todo mundo tiene dos profesiones: la suya y la de crítico de cine”. Quizá el cineasta francés exageraba un poco, no necesariamente todo mundo gusta de ejercerla de crítico de cine… solo aquellos a quienes nos gusta el cine, practicamos, en diferentes grados, tal cosa –es de entender la generalización de Truffault no incluía a quienes se desempeñan profesionalmente como críticos de cine

Me vino a la mente lo anterior porque en estos días están en su apogeo los distintos recuentos y premiaciones a las mejores películas, actores y actrices del 2007. Mejores, claro, a ojos de quienes otorgan los galardones, no necesariamente significa que lo sean. O al menos eso pienso yo, que la mayoría de las veces suelo disentir del juicio emitido por los diferentes círculos de premiadores -últimamente parecen multiplicarse, como los festivalitos de cine-; en especial tengo mis bemoles con los juicios de la academia hollywoodense pues, salvo contadísimas excepciones, casi nunca estoy de acuerdo con los ganadores que eligen.

Sin embargo es innegable la influencia mediática de los premios oscar; cantidad de personas en el mundo se dejan influir por estos. La película puede ser un soberano churro, pero si resultó nominada para algún premio oscar, así sea de vestuario o tema musical, los promotores y el publico piensan que esto la convierte automáticamente en una gran película y la anuncian como la maravilla; ni se diga si lo obtiene, entonces la película adquiere una connotación de superioridad; un actor puede ser solvente, pero sin llegar a ser estupendo, pero si ganó un oscar automáticamente se convierte es “el gran actor”. Como diría Alfonso Cuarón, tal parece que el premio oscar cumple la misma función que la DEA al certificar o reprobar -a su sabio entender of course- el trabajo antinarco llevado a cabo por las naciones latinoamericanas… esas que proveen droga para las límpidas naricitas gringas.


Puro Arte ¿o hay cariz político?

Por alguna razón, quizá deformación profesional, siempre he tenido la idea que la selección de las películas extranjeras está ligeramente tamizada por lo político. Sin ir más lejos, este año viendo la lista de las 9 semifinalistas, en la que aparecen varios renombrados cineastas, me parece como un petit comité de la ONU. De Europa están el austriaco Stefan Ruzowitzky con Los falsificadores, el italiano Giuseppe Tornatore con Lo Desconocido, el ruso Nikita Mikhalkov con "12" (años atrás obtuvo el premio con Quemados por el sol), el polaco Andrzej Wajda con Katyn (creí que había dejado de filmar) y el serbio Srdan Golubovic con la La Trampa; de Euro Asia -Kazajstán ex república soviética- Sergei Bodrov con Mongol; de Oriente Medio el israelí Joseph Cedar con Beaufort y de América, el brasileño Cao Hamburger, así como el canadiense Denys Arcand con L'âge des ténèbres (Días de Oscuridad), film exhibido fuera de concurso en el pasado Festival de Cannes
. Y hablando de Cannes, ni la Palma de Oro la rumana
‘Cuatro meses, tres semanas y dos días’ de Christian Mungiu, ni el Premio del Jurado ex aqueo entre la mexicana Luz Silenciosa (‘Stellet licht’) de Carlos Reygadas y la francesa ‘Persepolis‘ de Marjani Satrapi y Vincent Paronnaud, les han parecido dignas de nominación a los académicos.


Con excepción de la cinta austriaca Los falsificadores (exhibida en la pasada Muestra Internacional de Cine) y la canadiense L'âge des ténèbres, no he escuchado gran cosa, menos visto los filmes nominados, así que no podría decir que carecen de méritos; lo que si puedo afirmar es que no me sorprende la ausencia de Luz Silenciosa, ya lo dije y no es chovinismo, el espléndido film de Reygadas es too much para las conservadoras mentes de los académicos; y si ese es too much, Persépolis escrita y codirigida por una mujer... iraní afincada en Francia, de seguro les pareció fuera de proporción. Ah, y no hay ni un film oriental.

Por mi parte que premien a quien les convenga; al final de cuentas los premios no son garantía; lo que importa es el cine, la calidad de las películas, la sensibilidad, talento innovador e inteligencia de los creadores cinematográficos.


Mientras se reparten premios filmicos al por mayor, yo espero que algún amigo vaya a Europa próximamente y me traiga el libro del

La pitufina es mi heroína: en plena edad media ella solita vivía como con 25 pitufos; o qué ¿solo los jeques árabes pueden tener muchas mujeres?

diciembre 25, 2007

Y no fui una femme fatale

En la infancia suelen tenerse grandes expectativas para el futuro, soñar con lo que le gustaría ser de adulto, sea bombero, astro del fútbol, astronauta, estrella de cine, una gran bailarina; etc. Yo, algún día soñé con ser una gran patinadora artística… pero como los rusos, no vayan a pensar que cualquier patinadora del montón. Quería ser campeona mundial, olímpica y galáctica y mostrar mis prodigios trenzados con los acordes del Pájaro de Fuego de Ígor Stravinsky en alguna pista de San Petersburgo, cual moderna Anna Pavlova. Y por supuesto que no tuve ningún problema en… contarle este sueño a mi abuela.

Pero hubo otro sueño, ya siendo adolescente, que nunca le conté a ella, menos a mi madre o a mi padre; lo que yo secretamente anhelaba era ser una femme fatale… comme il faut. Desconozco la razón de semejante sueño, quizá porque imaginaba que mi vida como tal sería absolutamente trepidante, alejada de la monotonía y el aburrimiento de los fogones y demás obligaciones domésticas; me proyectaba ataviada con un ajustadísimo vestido negro de sugerente escote, medias de costura trasera y altos tacones, coronada mi abundante cabellera por un sombrerito de red y fumado cigarros con boquilla. Es decir, vestida para matar; es decir, el cliché total. Y ya me veía yo, rodeada de hombres; cuando menos con cuatro amantes: uno mayor que fungiera como mecenas (o sea, no hay femme fatale que se respete, hambrienta y mal vestida); uno medio gánster, para ponerle sabor y emoción al asunto; otro, poeta de preferencia, perdidamente enamorado y pobre (que para eso tendríamos al mecenas) y otro, niño bien y medio bobo, a cuya púdica e hipócrita familia fuera un placer… escandalizar.

Seguro que el origen de semejante elucubración está en el cine, específicamente en esa joyita del cine alemán de los 30’s El ángel azul, que vi en la prepa (a los quince años) como actividad extra de mi clase de ciencias sociales. Yo veía a la Marlene Dietrich, a Lola Lola, con esa miradita, con esas portentosas piernas; con ese todo, llevando a la perdición al pobre profesor Rath, quien por andar queriendo espiar a sus alumnos acabó… como acabó. Se me figuraba que no podía haber en el mundo una aventura más emocionante que seducir, subyugar y llevar a la perdición a unos cuantos hombres y entre más reticentes, mejor.

El cine, el llamado cinéma noir en especial, nos ha dado incontables ejemplos de femme fatale, quizá mejores que Lola Lola; pero para mí, es Marlene Dietrich, esa rubísima mujer de fría y sofisticada belleza -quizá hasta un tanto masculina-, la encarnación (tal como Rimbaud lo es del enfant terrible) por antonomasia del mayor arquetipo de la femme fatale en toda la historia del cine. Además, cantaba con esa voz pastosa, con su singular estilo, que más que intentar la perfección vocal, buscaba –y lograba- seducir a sus oyentes.

A juzgar por la historia de su vida, creo que Marlene fue una femme fatale de tiempo completo, mucho más allá de las pantallas cinematográficas. Dicen que era una actriz apenas eficiente, sin grandes destellos de brillantez, pero supongo que eso a casi nadie le importó.

En mi opinión, en la actualidad las femme fatale son, como otras muchas cosas, un tanto light; ya no abunda el aire de misterio. En esta época en la casi todo está permitido, hablar de la perdición de un hombre a causa de una “mala mujer”, de una moderna femme fatale, como que ya no tiene el mismo significado.

Antes, la promesa era aquello que ocurriría en la oscuridad; el poder descender con la complicidad de noche a la profundidad de los sótanos; lo que paradójicamente significaba, ascender a la cima más elevada del placer: el placer prohibido, casi trasgresor. Pero ahora, habrá mujeres lagartonas, como les dice mi mamá, que le pueden “volar” a una el novio o el marido y de paso, arrasar con su cuenta bancaria o saturarle su gold card. Pero como que les falta algo; ese halo de misterio, esa mezcla de perversidad e ingenuidad. Además, ya no se usan esos maravillosos vestidos negros ajustados que llegaban justo a la rodilla, ni la medias con costura, ni lo sombreros de red, ni los cigarros con boquilla. Y para colmo, la anorexia que caracteriza a las féminas de nuestros días, me parece todo… menos seductora o detonadora de pasiones ardientes y prohibidas.


Total que no fui una femme fatale, pues además no tenía los atributos físicos para ello: ni soy rubia, ni grandota, ni tengo las magnificas piernas de la Dietrich, mucho menos los esplendorosos pechos de Sofía Loren, o los voluptuosos labios de la Brigitte Bardot.


Hablando de homenajes, que no burdas imitaciones, en la portada correspondiente al mes da octubre de Elle, mi socia favorita -aqui el motivo de nuestra "sociedad"- aparece con este look un tanto retro, rubísima (creado para su más reciente film, que no se va a quedar así para siempre ); en entrevista, la actriz italiana declaró que para tal imagen se inspiró en Brigitte Bardot.



























¿Y de mi fantasía? Pues nada, que acabé estudiando Ciencias Políticas. Snif

¿Y tu que soñabas ser cuando eras niño?

diciembre 04, 2007

Entre fogones y cazuelas

La cocina, la comida, siempre me han parecido apasionantes… como el cine. La cocina me inspira calidez, tal vez por eso hoy encuentro resguardo y calor para mi reciente desnudez entre los fogones y las cazuelas... aunque sean solo de película. Cocinar es mezclar ingredientes, aromas, tradiciones y emociones; un mundo en el que los sentidos se exacerban, se entremezclan; la cocina es creatividad, pasión, sensualidad y seducción. Pienso que la mano, la imaginación, la inspiración y la sensibilidad de un cocinero pueden ser más importantes que la propia formación académica. No digo que no haga falta aprender, pero si que el tener conocimiento óptimos no necesariamente implica ser buen cocinero.

Y cuando el cine, la cocina y el amor se mezclan, es resultado es aún más apasionante. Largo es el amorío entre cocina y cine (aunque no tanto como el existente entre comida y erotismo); no voy a refirme a la historia cinematográfica-culinaria, entre otras razones porque seguro dejaría de lado varios ejemplos valiosos [si alguien le interesa, Alonso Ruvalcaba autor e la columna ANTROBIÓTICA de La Jornada, tiene un atractivo punto de vista sobre el “cine comestible en « cinécdoque”]. Solo diré brevemente que no todas las películas en donde la comida es esencial, o uno de sus ejes fundamentales, invitan a comer. Dos ejemplos clásicos: la orgía suicida de comida y sexo La gran comilona (1973), de Marco Ferreri (no ha de ser casual que sea una coproducción de dos países famosos por su cocina… y por los excesos de todo tipo a que eran adeptos sus ancestros monarcas, Francia e Italia); la otra Delicatessen (1991), de Marc Caro y Jean Pierre Jeunet (10 años antes de Amélie), tan bizarra y por momentos grotesca, como original y fantasiosa; film en donde la connotación erótica del “te voy a comer” se extiende hacia su significado más… literal.



Yo quiero hablar un poco del emblemático triángulo cine-cocina-amor, y para ello elegí el film alemán AKA. Drei Sterne / Bella Martha (2001)/Deliciosa Marta/, que según recuerdo nunca se exhibió comercialmente en México [me la encontré casualmente en un Sanborn’s, junto con esa dura joyita Festen, a precio de ganga, las dos por $90.00]. Deliciosa Marta no es una obra maestra, pero no pretende serlo; es una película sencilla y ligera, cero pretenciosa y quizá ahí encuentre una de sus mayores virtudes, pues resulta disfrutable, para verse sin prisas, ni remilgos. La premisa es atractiva y creo que está bien llevada –aunque no exenta de un desarrollo previsible-: enfrentar dos formas de concebir el arte culinario, pero sobre todo, dos maneras de entender e imaginar la vida; de un lado, el perfecto orden y rigor alemán; del otro, la ligereza y disfrute por la vida tan italiano. El lado alemán es femenino, personificado por Marta (Martina Gedeck, la misma actriz de la estupenda La vida de los otros), ella es la chef jefe del Lido un restaurante de Hamburgo; Marta es obsesiva, perfeccionista y rigurosa; elabora la receta perfecta, con las cantidades precisas, a la temperatura idónea y durante el tiempo de cocción exacto; no soporta ningún tipo de alteración ni desorden, su cocina es inmaculada; con ese mismo rigor lleva su vida personal, vive sola, no parece tener ninguna relación, ni amorosa ni de ningún tipo, no se permite exteriorizar sus emociones y no parece estar preparada para dar ni recibir amor; es medio neurótica y está en terapia (genial la secuencia con su terapeuta, donde Marta termina diagnosticando que éste es un mal cocinero, pues no siguió con exactitud la receta del postre que ella le dio).
Pero un día su planificado equilibrio (lo que ella cree así) se ve amenazado desde dos frentes: primero, en su vida personal irrumpe la muerte de su hermana -madre soltera de una niña de 8 años-, convirtiendo a Marta, que con trabajos puede consigo misma, en la improvisada madre sustituta; después, como si eso no fuera suficiente, al Lido llega un chef italiano de nombre Mario (Sergio Castellito), quien es la antítesis de Marta: simpático, despreocupado, desordenado, gozoso practicante del cocinar, no así de la etiqueta, ni del rigor y que viene a poner de cabeza el estricto orden imperante en la, hasta entonces, “cocina de Marta”. Obviamente la bocanada de aire fresco de Mario, junto con sus espaguetis y sus cánticos, acaban seduciendo a todo el staff de la cocina, a la dueña del restaurante y hasta a la sobrinita; mientras, la pobre Marta ve horrorizada como se tambalea su perfecta y sincronizada vida. Y no es que Marta no sea apasionada de la cocina, claro que lo es; ella puede estar horas ensayando, creado platillos nuevos de sabor exquisito; sin embargo, hasta cuando los cata a solas se pone rígida: se sirve en el plato correcto, se sienta derechita, toma el tenedor indicado, mastica lentamente y se califica a si misma, dura, muy duramente. En cambio Mario, es capaz de montar un picnic en el piso de la sala, asar pimientos con berenjenas -bañados en aceite de olivo y vinagre de Módena, of course- y comérselos utilizando las manos en lugar de cubiertos (para espanto de la correcta Marta), al tiempo que mastica trozos de pan acompañados de grandes sorbos de Chianti


Lo que sigue es lo previsible: el duelo por ser el chef en jefe del Lido (imaginario, porque en realidad Mario no pretende sustituir a Marta); el juego de seducción-rechazo entre los opuestos (Marta evasiva, hosca; Mario ligero, sin complicaciones, pero bien encaminado hacia la conquista); y en paralelo, el difícil acoplamiento entre Marta y su sobrinita, cuyo carácter es más arisco que el de la tía.

Aún siendo predecible, la cinta –cual plato de
Spaghetti alla puttanesca cuyo sabor ya hemos probado, pero igual disfrutamos con placer nuevamente- se deja ver con agrado; las actuaciones son buenas; el asunto se prestaba para melodramas lacrimógenos y aunque por momentos raya ligeramente el borde de la sensiblería, afortunadamente no cae de lleno en ésta; cierto que tiene un happy end, pero tampoco se solaza en un endulcoramiento excesivo. Film sin pretensiones, pero con encanto y que después de mirado invita a cocinar, a entrar en calor, a experimentar platillos y alejar prejuicios en torno al arte culinario y… el amoroso.
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Bella Martha (AKA. Drei Sterne). País: Alemania. 2001. Dirección: Sandra Nettelbeck. Guión: Sandra Nettelbeck. Música: David Darling; Keith Jarret; Arvo Pärt. Montaje: Mona Brauer. Producción: Kart Baumgartner, Christoph Friedel. Fotografía: Michael Bertl. Intérpretes: Martina Gedeck (Martha Klein); Sergio Castellito (Mario); Maxime Foerste (Lina); Sibylle Canonica (Frida); August Zirner (Psicoterapeuta); Ulrich Thomsen (Sam Thalberg). Duración: 105 minutos.

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Ah, casi lo olvidaba: Hollywood ya hizo el remake, No Reservations (2007) con Catherine Zeta Jones y Aaron Eckhart; no lo he visto.