escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

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agosto 22, 2012

volver... sólo una vez...



A los lugares donde has sido feliz no haz de volver...

La felicidad medida en lugares y momentos. Si pudiésemos hacer acopio de nuestros momentos felices, unir todos esos chispazos de efímera dicha ~quizá nos quedaría algo como un Frankenstein de la felicidad~ y escoger sólo uno, ¿a cuál intentaríamos volver? O más bien, ¿querríamos volver a ese lugar?

Cuando alguien se suicida, invariablemente me da por fantasear que tal vez en su instante final tuvo algo así como un atisbo de reconciliación consigo mismo; imaginar que su último pensamiento fue el recuerdo de algún instante dichoso. No quería hablar del suicidio… pero... resulta que ayer leí una nota sobre la novela de Sándor Márai recientemente publicada, Liberación: una crónica novelada del cerco soviético a Budapest hacia fines de 1944, y en esa nota [muy buena por cierto: La crudeza necesaria de Sándor Márai] se hace alusión al suicidio del escritor húngaro. Que así como los gringos —y no sólo los gringos— van a Las Vegas a matrimoniarse, Márai fue a San Diego a suicidarse: nada más lejano a la majestuosa y altiva colina de Buda, que esa ciudad californiana poblada de nuevos ricos. Alguna vez leí que Márai se suicidó no por el tiro que se metió en la cabeza, sino ahogado por la soledad tras la muerte de su esposa e hijo. Empero, su suicidio no fue un acto de locura sino algo bien planeado: primero aprendió a disparar para darse sólo un balazo, certero... letal. Imagino a ese hombre solo, exiliado en una ciudad tan distante a su tierra natal, ¿qué pensaría antes de jalar el gatillo?, ¿pasarían por su mente, como quien navega por el Danubio, imágenes de la hermosa Budapest, ese lugar donde creo alguna vez fue feliz? Me digo esto porque —de manera ingenua, lo sé— me gusta creer que en su último instante el suicida pudiera experimentar una especie de regreso al lugar/momento donde alguna vez, así fuera fugazmente, fue feliz.

Dejando de lado mis elucubraciones sobre lo que pudiera ser el último pensamiento del suicida, intento un acopio de mis momentos/lugares felices. De la nada viene a mi mente (con la claridad de una película casera) una escena casi bucólica: una tarde luminosa ligeramente aireada, yo —a la edad de cuatro años y vestida con un coordinado de short y camisa sin mangas confeccionado por mi abuela— paseo en brazos de un primo adulto; una caminata sin prisas por el parque mientras comemos helado. Hace tanto tiempo de eso y aún puedo verlo, casi sentirlo, todo con absoluta claridad: la tarde cayendo bajo un sol tibio, el barullo de los niños jugando en el parque, un señor ofreciendo globos, el viento despeinando mi cabello, la inigualable sensación del helado de chocolate deshaciéndose lentamente en mi boca, mi inocencia, la sonrisa de mi primo… Quizá porque la felicidad se aprecia mejor en retrospectiva, mientras escribo esto me ha entrado una repentina nostalgia por mi niñez al lado de mi abuela, lejos de mis padres y hermanos, pero rodeada de gente que me prodigaba cuidados y afectos. Será que se ubica en la infancia, la patria perdida que dijera Rilke, pero aquella lejana tarde vuelve a mí como uno de mis momentos y lugares más felices. Y sin embargo, pese a sentir nostalgia por ese tiempo ido, y por un momento haberme visto ahí de nuevo, no estoy tan segura querer volver a cruzar ese parque comiendo helado de chocolate. Todo es tan distinto hoy: mi primo (20 años mayor que yo) se fue del país, mi abuela murió, la gente con la que crecí en esa colonia del norte la ciudad ya no vive ahí. Volver significaría más un relámpago melancólico, que una reedición de la dicha pasada.

No estoy segura, pero tal vez sea cierto aquello de que a los lugares donde hemos sido felices no hay que tratar de volver… A menos que se trate de regresar como quien hace su último viaje...
O tal vez no…

***


marzo 22, 2011

y fueron felices



Como todos, incluidos los poetas -buenos y malos, duros y cursis-, yo también me he preguntado, me pregunto a diario, ¿a dónde van a dar los sueños no realizados? ¿quién se encarga de levantarlos y darles los santos oleos, antes de que terminen perdidos en los confines de la nada?

Nuestros sueños felices. La reencontré en un parque muchos años después. Fue verla y volver a los días de preparatoria. Fuimos tan amigas, tan unidas, hasta que un mal día la vida (nos) pasó y dejamos de vernos. Sin motivo, sin pleitos o desencuentros amargos de por medio. Simplemente nos separamos. La vida es una novela. Dicen. Y como en la literatura, abunda la variedad en calidad y estilo. Algunas son mejores que otras; unas más complejas, otras más divertidas y ligeras. Unas extraordinariamente bien escritas, otras nomás escritas. Unas puro cliché, otras con aliento diferente. Las hay cuya prosa luce sobrada de florituras. Mientras otras, discurren libres de excesos, casi llanas. Tantos estilos y matices. Y ella –que más bien leía poco- quería que su vida fuera como una novela. Una despejada de caminos torcidos y sobresaltos. Y, por supuesto, con final feliz. La conocí cuando yo tenía quince y ella casi cumplía 18; recién entradas a la preparatoria. Ariadna. Había llegado a la prepa a la edad en la que normalmente se egresa, pues al salir de la secundaria en lugar de seguir el curso normal de sus estudios se había tomado casi tres años sabáticos, durante los cuales viajó, vivió un año en Washington y tiró la flojera. Nos hicimos amigas contra todo pronóstico. Ella, extrovertida, fumadora impenitente y sólo asistente a la escuela porque no le quedaba de otra. Yo, tímida, fresa sin remedio que no fumaba ni cigarros de chocolate y amante de la escuela y de leer en las horas libres en que ella prefería irse a no hacer nada las canchas de básquet. Y sin embargo, también contra todo pronóstico, era ella quien ejemplificaba ese concepto un tanto peyorativo de «estudio mientras me caso». Soñaba con una hermosa boda religiosa y vestido de novia hecho en Italia, casita con techo de dos aguas y jardín poblado de geranios, dos críos y un perrito. Tan idílico como en una novela romántica. Aún me parece recorrer con ella las empedradas calles del barrio Tlacopac, al sur de la Ciudad de México, en donde se localizaba la casa de sus sueños. Al escucharla y ver el brillo de su mirada mientras hablaba de los hijos que tendría, de lo feliz que sería con esa vida de novela, yo sentía un poco de pena. No por ella, sino por mí. Yo jamás tuve sueños así. Ni casita con techo de dos aguas, ni par de hijitos y menos perrito. A mí me gustaban (gustan) los gatos [Huraños, independientes, solitarios y algo egoístas, los gatos, como dijo algún poeta francés, se parecen tanto al hombre que por eso sólo pueden ser amados u odiados por este. Sin medias tintas]. Cuánto tiempo ha pasado desde aquellos sueños. Cuánto desde las tardes de aquellas caminatas. Creía que siglos, pero el día que la reencontré, mientras platicábamos, por un instante fue como si apenas ayer camináramos por Tlacopac. Pero no. Fue hace mucho tiempo. En otra vida. Al menos eso parecían decir sus ojos desnudos de aquel brillo adolescente. La hallé tan cambiada. Lo de menos era que ya no manejara auto deportivo del año o que no viviera su sueño de casita con techo de dos aguas. No tiene eso, pero sí un hijo. Un hermoso niño. Me recordó tanto a su padre (el de Ariadna) y así se lo dije, a lo que ella respondió: sí, gracias a Dios mi hijo salió a mi papá y no al suyo. Eso es romanticismo, le dije queriéndome hacer la graciosa. Y entonces, a manera de réplica, resumió lo que había sido su vida en los años que no nos vimos. Así, hasta llegar a los pormenores de su embarazo y maternidad. Mientras iba desgranando los efectos nocivos de las crisis económicas en su otrora pudiente familia, los líos de sus mujeriegos hermanos, las intermitencias de la muerte y demás, yo la miraba recordando el pasado, sin poder evitar pensar que al final de cuentas, su vida, la de su familia, sí había sido como de novela. No tan idílica; sólo real. Y la cereza en el pastel en su búsqueda de la vida soñada, llena de saltos inesperados, había sido un hombre que, por decirlo en términos civilizados, representaba la antítesis del cohabitante idóneo de la casita con techo de dos aguas, jardín, dos críos y perrito. Justo de quien fue a quedar embarazada. Y él, como mandan los cánones de la irresponsabilidad, salió corriendo en cuanto lo supo. Pero ella -contrario a lo que habría profesado unos años atrás- decidió que quería ser madre soltera y vivir una vida de novela menos idílica y ensoñada; sólo real y normal a su manera. Como para esa frase de Tolstoi –en Ana Karenina- que tanto me gusta:
Las familias –y novelas- felices son todas iguales. Las infelices, lo son cada una a su manera.

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enero 10, 2011

golpes de felicidad

Photo: Pascal Petrod  (recorrido fotográfico La tour de France: http://bit.ly/gurKEN)


Alguna vez ya he divagado aquí sobre eso que llaman felicidad. De aquel post recuerdo que entre los comentarios, aún en su diversidad, la constante fue el cuestionamiento del concepto mismo de felicidad, tan variable de persona a persona, así como, evidentemente, el que sus generadores sean tan diversos como diversa es la forma de pensar de los humanos. Alguien decía no creer en la felicidad como un todo, sino como un algo fragmentado, como intermitentes momentos de dicha, pequeños instantes felices. Repensando en ello, y en el entendido de que no existe un concepto único de felicidad, diría que el primer golpe de felicidad –en el más amplio sentido de la expresión- del que tengo memoria, se remota a mis casi seis años. Eran las vacaciones de verano previas a mi ingreso a la primaria y pasábamos unos días junto al mar. Una playa casi vacía, quizá debido al día nublado (como suelen ser los días del fin del verano en México). Aunque casi vació, es de suponer que además de nosotros había más gente, pero yo sólo recuerdo a los miembros de mi familia, casi todos adultos, y a mí... la niña que descubría la mar, en el Océano Pacífico. Ojalá alguien hubiera registrado para la posteridad la expresión de mi rostro lleno de azoro ante la inmensidad de ese mar tan azul. Estoy segura que mis ojos se abrieron desmesuradamente al ver la feroz belleza de las olas rompiendo en las rocas. Yo con un traje de baño color rosa, cuyo único adorno era una especie de estrellita amarillo oro situada a la altura del corazón. Mi familia siempre ha sido extraña, así que no se ocupaban de cosas normales como tomar fotos de niños, mejor sentarse a contemplar el panorama desde una palapa y beber agua de coco, mientras yo, que siempre he sido curiosa y algo imprudente, me entretenía en marcar la arena húmeda con las pequeñas huellas de mis pies. Literalmente obnubilada ante la belleza del mar, caminaba sin pensar, menos medir consecuencias, y justo cuando más absorte estaba en mi contemplación… una violenta ola arremetió contra mí poniéndome tremendo revolcón. Sólo en ese momento mi familia pareció recordar que yo andaba por ahí y alguno de ellos me ayudó a ponerme en píe, mientras yo trataba de recuperar la calma después de semejante caída, aún con el sabor salado del mar y con mis ojos irritados por el golpe de agua. Pero ni lloré ni le sentí aversión al mar; únicamente una mezcla de respeto y admiración ante su fuerza misteriosa y violenta. En minutos olvidé el susto (y el golpazo) y seguí ahí... feliz mirando al mar. Han pasado los años y aún recuerdo con claridad ese pequeño instante en el que salí volando presa de una extraña sensación que unía la sorpresa y el sobresalto a una indescriptible emoción. Un golpe de felicidad, cuyo embate me tomó por sorpresa tanto como la ola que me puso semejante revolcada. Traigo al presente esta anécdota tan, literalmente, infantil, porque la mañana de ayer leí un artículo periodístico: la miseria feliz, en donde el escritor Juan Villoro comenta el resultado de la encuesta sobre la percepción de la felicidad a nivel mundial realizada por la empresa Gallup: ¿Qué país es el más feliz (sus ciudadanos dicen serlo) y qué país es más el menos feliz? De la cual se obtuvo como resultado que Nigeria es el país más feliz de la tierra y Francia el campeón del bonjour tristesse.

“(…) Resulta imposible evaluar la dicha al margen de cada sociedad. Las ilusiones son tan cambiantes como los países. Quienes saben que las cosas podrían estar mejor no se declaran satisfechos. En este sentido, el descontento es un atributo de la conciencia crítica. (...) 'Sólo un cretino es feliz de tiempo completo', comenta Umberto Eco. (...)”

Desconozco cuáles son los parámetros de medición para algo tan subjetivo e intangible como me parece es la felicidad. Asimismo, no sabría decir si en la encuesta visualiza a la felicidad como un estado o si su conceptualización considera las intermitencias en donde se alternan momentos dichosos con otros que no lo son tanto. Como sea, llama la atención eso a lo que alude el título del artículo de Villoro: que los cinco países más felices –con cierta excepción en lo que respecta a Brasil, rankeado en tercer lugar-, lejos están de ser altamente desarrollados o de caracterizarse por una distribución de la riqueza medianamente equitativa. Al respecto, dice Villoro:

“(…) en Nigeria la alegría no es el resultado de una vida satisfecha sino la promesa de que la vida es posible. De manera equivalente, en Francia, cierta dosis de nihilismo no es un síntoma de suicidio sino el sofisticado requisito para la aceptación. En el fondo, ser alegre en Nigeria se parece bastante a ser triste en Francia. En ambos casos la adaptación viene de un problema: donde hay carencia, hay expectativa…”

Concluyo antes de perderme en el laberinto de mis divagaciones: No soy miembro del Club de los optimistas felices, no creo en la felicidad como un único concepto absoluto, tampoco como un estado duradero. En lo que sí creo es en los golpes –casi siempre inesperados- de felicidad. Por lo general pequeños, pero a veces no tan breves. Sé que para muchos la felicidad está directamente relacionada con la paz interior. No es exactamente mi caso. No que necesariamente deba vivir en constante zozobra para sentirme dichosa; pero tanta paz como que me pasma. Necesito cierta dosis de emoción, de adrenalina. Esto no equivale a requerir acontecimientos extraordinarios. Es posible que las cosas más sencillas, nada grandilocuentes, sucesos que bien podrían ser considerados como pequeñeces, invisibles, me provoquen ese golpe. Y sin embargo... si los de Gallup me hubiesen encuestado, tal vez mis respuestas habrían tenido más cercanía con los franceses que con los nigerianos, porque yo soy de las que hasta cuando llora como Magdalena… disfruta. A mí la melancolía, la dicha de estar triste, me sienta bien.



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diciembre 15, 2009

olvidar así...



He gastado mi vida en olvidarte y recordarte, en huirte y perseguirte. Octavio Paz

Muy a mi pesar, tengo que admitir que los fines de año afectan mi estado de ánimo. No; no voy a sacar a relucir al grinch que llevo dentro (no parece ser muy bien visto el tener expresiones contrarias a la bonhomía y felicidad navideñas; así que los grinch navideños, deberemos mantener en secreto nuestras melancolías y demás sentires ajenos a la algarabía decembrina, ello para no ensombrecer la dicha ajena y de paso, proteger nuestra integridad... no vaya a ser que nos sorrajen en plena cara una reproducción metálica del nacimiento y acabemos... como Il Cavaliere,). Mi estado de ánimo se afecta debido a que es en esta época cuando me da por pensar y hasta reflexionar (bueno, al menos hacer el esfuerzo) en todas las cosas que a lo largo del año se me han ido acumulando: encuentros gratos e ingratos, desencuentros, errores, pérdidas, madureces e inmadureces, omisiones y un sinfín de hechos que tal vez sería preferible dejar en el olvido...

No sé quién tuvo la brillante idea de establecer el estigma de que las mujeres maduramos (emocionalmente) con mayor rapidez que los hombres; tampoco sé, qué tanto fundamento científico tiene esta creencia ni si en verdad, la madurez emocional está directamente relacionada con el sexo y no necesariamente con la edad biológica. Lo cierto es que de pronto se volvió casi una obligación. ¿Será que exista una tabla de medición, para determinar hasta qué grado de madurez es el idóneo? Mi abuela afirmaba que nunca se es demasiado maduro para encarar las dificultades de la vida y por el contrario, su hermano mayor solía decir que, en ocasiones, tanta madurez... lejos de allanar el camino lo vuelve más difícil, pues el exceso de buen juicio nos convierte en seres demasiado preocupados por no equivocarnos, con lo cual corremos el riesgo de no vivir con total plenitud. A saber quién de los dos tenía la razón; tal vez ambos, acorde a sus particulares experiencias. El caso es que heme aquí, a 16 días de terminar este 2009, preguntándome si todo lo que me ha pasado en este año -que no ha sido, ni de lejos, el mejor de mi existencia- ha sido a causa de una falta o un exceso de madurez, buen juicio, sensatez. Y aunque en el fondo, sé que no me ayudará gran cosa tal discernimiento -en caso de lograrlo-, igual ocupo buena parte de mis escasos ratos de tranquilidad pensando en ello. Eso, en lugar de olvidar y punto; así, como quien le da vuelta a la página de un cuaderno de notas... sin pensar que por más páginas que adelante, lo apuntado hojas atrás... ahí permanecerá (salvo que se decida deshojar el cuaderno con tal de no volver a leer lo pasado).



Hay de olvidos a olvidos; unos buscados afanosamente y otros, casi forzados; unos más necesarios... en tanto que otros... son imposibles.

Quien fuera él, para poder olvidar así. Quien fuera ella, para que alguien le pidiese olvido de esta forma y aún con el riesgo de que después de haber inspirado semejante poema, lejos de olvidarle, su recuerdo se enquistara hasta lo más profundo de ese mar infinito en el que él la invita a perderse para olvidarlo... como si la blanca espuma pudiese formar una bruma en la memoria y en la piel...



"Cierra los ojos y a oscuras piérdete
bajo el follaje rojo de tus párpados.
húndete en esas espirales
del sonido que zumba y cae
y suena allí, remoto,
hacia el sitio del tímpano,
como una catarata ensordecida.

Hunde tu ser a oscuras,
anégate la piel,
y más, en tus entrañas;
que te deslumbre y ciegue
el hueso, lívida centella,
y entre simas y golfos de tiniebla
abra su azul penacho al fuego fatuo.

En esa sombra líquida del sueño
moja tu desnudez;
abandona tu forma, espuma
que no sabe quien dejó en la orilla;
piérdete en ti, infinita,
en tu infinito ser,
ser que se pierde en otro mar:
olvídate y olvídame.

En ese olvido sin edad ni fondo,
labios, besos, amor, todo renace:
las estrellas son hijas de la noche"

[Olvido, Octavio Paz]


imagen: Le Jockey perdu, René Magritte

diciembre 12, 2009

milagros (imposibles) guadalupanos



El fervor guadalupano rebasa mi escasa capacidad de entendimiento. Más allá de la debilidad de mis creencias religiosas (en el entendido de que nací en una familia católica típica... es decir, las que recurren a Dios sólo en momentos de profunda angustia y desazón), no acabo de aprehender a esos miles de peregrinos flagelándose, llorando e implorando a la Patrona de México. Supongo que los mueve la Fe, la devoción religiosa, tan parecida a la pasión desesperada (todas las grandes pasiones son desesperadas: no tienen ninguna esperanza, porque en ese caso no serían pasiones, sino acuerdos, negocios razonables, comercio de insignificancias. Sándor Márai), la ausencia de salidas y hasta la nada sutil manipulación mediática, diseñada para dar justo en el centro de su fanatismo religioso. Aún así, dadas las condiciones actuales del país; partícipes como somos de su alarmante degradación en todos los ámbitos, de la depauperación no sólo de los pobres de siempre, sino también de las clases medias, corresponsables -así sea por omisión- del actuar de una clase política gobernante más hundida que nunca en los pantanos de la inmundicia (y esto, en un país que jamás se ha distinguido por su pulcritud política), uno podría pensar que el pueblo mexicano ya habría aceptado lo dejado de la mano de Dios que está... como para seguir a la espera de alguna respuesta de su parte o de los Santos, Vírgenes y demás acompañantes. En pocas palabras, que ya habría perdido la Fe. Pero no. Tal como sucedió en octubre pasado, cuando la afluencia de feligreses al Templo de San Hipólito durante la Celebración (más focalizada en la Ciudad de México) a San Judas Tadeo, rebasó todas las previsiones... una vez más, la Basílica de Guadalupe se ha visto colmada (cinco millones de fieles) de peregrinos -no pocos, haciendo enormes sacrificios físicos y económicos para poder trasladarse desde sus lugares de origen- en busca del milagro anhelado... como si aún fuese posible creer en milagros. No lo entiendo y creo que jamás podré hacerlo. Cada quien sus plegarias, sus pesares y sus apremios. Quizá el verdadero milagro -no sólo para los devotos guadalupanos o de San Judas Tadeo, sino para todos los mexicanos- consista en no haber perdido la esperanza de que en este país tan violentado, carente de rumbo, imaginación y certidumbres... tan lejos de Dios... y tan cerca del pacifista reino de Barack Obama, todavía sea posible un cambio para bien. O tal vez, lo único realmente milagroso... sea que, pese a los muchos empujones que se han propinado, México no se haya ido (por completo) por el despeñadero...

Pero la Fe mueve montañas, dicen:

"Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios. Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía. La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio. Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de fe." Augusto Monterroso, La fe y las montañas (incluido en La oveja negra y demás fábulas, México, Era, 1969)

octubre 12, 2009

vuelo nocturno (otro)


 Partir c’est mourir un peu, mourir c’est partir tout à fait

Mientras se ubicaba en el último lugar de la fila indicada para documentar su equipaje, miró su reloj de pulsera: faltaban exactamente tres horas para que saliera su avión. En esos momentos, aunque no quisiera admitírselo ni a ella misma, aún albergaba la esperanza de que viniera; ingenuamente creía que tal vez llegara a la última hora (como en las películas); si no para pedirle que desistiera de su ida, al menos para intentar una despedida más civilizada. Fantaseaba semejante disparate aunque sin imaginar cuál sería su hipotética reacción. La fila era tan larga como ruidosa la sala; para entretener el tiempo de espera de su enorme bolso de mano sacó Doctor Zhivago; pero nada más verlo se arrepintió de no haber llevado consigo una lectura más ligera y sobre todo, alegre. El amor accidentado de Lara y Yuri Zhivago, el frío casi permanente que parece traspasar las páginas de la historia, no resultaban lo más aconsejable para su estado de ánimo. Por un instante pensó en encargar su lugar (como si estuviera en la tortillería) para ir a comprar alguna revista, pero en seguida desistió; después de todo, con lectura dramática o con los artículos de alguna publicación de cine (si tenía la suerte de encontrarla), su cabeza seguiría dándole vueltas al mismo tema. Así que mejor intentaría concentrarse en las desventuras de esos rusos.

"Y al cabo de los años y los años,
vuelve a mí tu voz para turbarme.
Leí toda la noche tu mensaje
viniendo de ti como a través de un sueño"/ El Alba (fragmento) tomado de Doctor Zhivago de Boris Pasternak

Conforme la fila avanzaba y ella se acercaba al mostrador de la Aerolínea, la pequeña esperanza de que él llegara se iba esfumando; curiosamente, el tiempo de aguardar por su turno que en otras circunstancias se le habría hecho eterno, en esos momentos se le estaba yendo con mayor velocidad de la deseada. Entre más pronto se documentara más rápido se despediría de su vana ilusión de verle aparecer. Un oficial de la aerolínea que creyó ver exceso de kilos en su equipaje, la  sacó de su inútil ensoñación cuando le preguntó si no deseaba pesarlo de una vez a fin de evitarse una sorpresa desagradable a la hora de documentarla y no supo quién se sorprendió más, si el empleado o ella, al ver que aún le faltaban 700 gramos  para llegar al máximo permitido. Una preocupación menos, le dijo él con una sutil sonrisa que ella intentó devolver sin mucho éxito. El peso de su maleta era lo que menos le preocupaba; sus esfuerzos estaban concentrados en ser lo más discreta posible para que nadie notara sus constantes y ansiosas miradas hacia el pasillo de acceso a esa sala... inútil esfuerzo de discreción... ni asomo de su arribo. El flujo de la fila continuaba a tan buena velocidad, que cuando se dio cuenta ya estaba frene a  una amable Señorita quien gentilmente le preguntó si deseaba asiento de ventanilla o pasillo, antes de entregarle su pase de abordar y desearle buen viaje. Muy bueno no lo creo, se respondió ella mentalmente antes de darle las gracias y dirigirse algo contrariada hacia el área de embarque; sus pasos denotaban con claridad su estado de ánimo, como si al caminar y quizá contra su voluntad, pisoteara los restos de esperanza que aún conservaba unas horas antes, cuando arribó al Aeropuerto.

A las ocho de la noche con cincuenta minutos el Vuelo 439 se enfiló hacia la pista de salida antes de tomar velocidad y minutos más tarde despegó con un movimiento suave; apenas empezó a tomar altura, dando ese giro con el que parece dar una vuelta completa a la Ciudad, ella posó su frente sobre la ventanilla desde la cual podían apreciarse las luces citadinas. Pero no miraba las luces, ni siquiera buscaba distraerse tratando de identificar los edificios que iban dejando a su paso. Esa noche su mirada y su mente estaban ubicadas en un espacio muy distinto... si así de fácil como se alejaban las luces y la propia Ciudad, todo pudiese dejarse atrás, sepultado bajo las sombras de la oscuridad, sería fantástico... pensaba mientras continuaba con la vista fija en la nada...
 
"Tú eres el bien de un paso que es funesto
cuando, aún más que un mal, vivir da nausea.
La audacia es la raíz de la belleza
y es lo que nos atrae el uno al otro"/ El otoño (fragmento), tomado de Doctor Zhivago de Boris Pasternak

Eran las nueve de la noche con treinta minutos y en un bar de la Terminal Aérea de donde minutos antes había despegado el vuelo 439, un hombre bebía en silencio su tercer vodka. Hacía más de tres horas que estaba sentado en el mismo sitio; solo, como ausente, sin percatarse del ruido emanado de la pantalla de videos ni de la escandalosa plática de un grupo de adolescentes festejando quién sabe qué cosa. Cuando llegó ahí, apenas tomó asiento, posó su mirada ansiosa en la pantalla electrónica que anunciaba las salidas y llegadas de los distintos vuelos; pero desde hacía cuarenta minutos había dejado de interesarse en dicha secuencia para concentrarse en sus tragos. Bebía con lentitud, sumido en sus pensamientos y con los ojos deambulando por algún sitio totalmente alejado del entorno que le rodeaba... quizá atisbando al interior del avión que aún surcaba el cielo mexicano, pero que en unas horas estaría cruzando el océano...

octubre 04, 2009

prueba


 Jean Jullien



El mundo va para un lado y yo voy para el otro... así ¿cuándo nos vamos a entender?
Esto no es un post, tan sólo una prueba de edición... con la nueva plantilla y por eso tiene cerrada la opción de comentarios (además de que en realidad no hay nada que comentar). Es eso; nunca una grosería de mi parte.



"ya ves
nada es serio ni digno de que se tome en cuenta
nos hicimos jugando todo el mal necesario

ya ves, no es una carta esto,

nos dimos esa miel de la noche, los bares,
el placer boca abajo, los cigarrillos turbios
cuando en el cielo raso tiembla la luz del alba

ya ves,
y yo sigo pensando en ti,

no te escribo, de pronto miro el cielo, esa nube que pasa
y tú quizás allá en tu malecón mirarás una nube
y eso es mi carta, algo que corre indescifrable y lluvia.

Nos hicimos jugando todo el mal necesario,
el tiempo pone el resto, los oseznos
duermen junto a una ardilla deshojada"
[Julio Cortázar]


agosto 31, 2009

reencuentros y aprendizajes

En alguna ocasión ya he mencionado en este blog, que yo bien podría emular a Milan Kundera, escribiendo mi propia versión, Región 4, de El Libro de los amores ridículos. Ridículos, intensos, absurdos y fallidos; grandes e inolvidables también, todos cabrían ahí. Quizá no haya mayor absurdo que escribir sobre un amor fallido; y es posible también, que no existan muchos ex amantes que no hayan hecho, así sea someramente, el ridículo alguna vez en su vida. Uno por amor, suele cometer cualquier cantidad de tonteras, claro que sólo se da cuenta (o más bien lo admite) de ello, cuando dicho amor ha pasado a formar parte de su historial.

Mi historia de absurdos amorosos, sin duda tendrá espacio para una variante bastante incómoda, en ocasiones: los reencuentros; esos reencuentros anhelados e inesperados. Reencontrarse con alguien que significó, para bien y  para mal, mucho en tu vida, las más de las veces no resulta sencillo, por más que uno diga que lo tiene controlado, que ya nada siente, si las cosas cerraron  mal, si la relación concluyó entre equívocos y malas interpretaciones, volverse a encontrar es una experiencia difícil y aunque a la larga no deja de ser formativa y más enriquecedora de lo que uno podría suponer, en su momento... cuesta encararla.  


Volver a verlo  fue peor de lo que imaginaba; pese a saber que no resultaría sencillo, creí que si bien para mi podría ser difícil, por la forma en que la relación concluyó, para él no lo sería tanto; dueño de un envidiable autocontrol, daba por supuesto que él podría enfrentarlo mejor. En ambas suposiciones me equivoqué; en cuestiones de amores y desamores, suponer no es de fiar. 


Y de esto, de los reencuentros que suelen anhelarse secretamente, pero que luego, por alguna jugada del destino, del azar o de tu corazón, cuando inesperadamente suceden ya no resultan lo que pensabas, trata mi colaboración de este mes en el blog colectivo de Escribidores y literaturos, por si gustan pasar a leerla reencuentro





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abril 17, 2009

seres intangibles

Anoche hablaba por teléfono con mi padre y de pronto la plática derivó en una especie de lamento de parte de éste, pues mis hermanas se la "viven pegadas" a la computadora. “Pero no porque estén estudiando, m´hijita”. No; nada de eso, insistía mi padre, “tus hermanas se la pasan platicando, con seres que nadie, ni siquiera ellas, ha visto nunca y de quienes hasta su nombre desconocen” Pobrecitas, me dan ternura... parecen loquitas…

……………………….

Usted me pregunta si no estaré un poco loca; si a mi edad no me da pena platicar con alguien a quien no puedo ver, ni tocar, casi como se hace con los amigos imaginarios, cuya existencia solo es tolerable hasta cierto punto y siempre y cuando, uno no rebase los ocho años de edad.

Pues mire usted si seré alrevesada, pero sucede que de pequeña nunca tuve un amigo imaginario. Extraño pensará usted, siendo como era yo, una niña solitaria. Pero así fue. Con tantos cuentos infantiles ingeridos y digeridos (desde la ñoñez de los patitos Hugo, Paco y Luis, pasando por las hadas y princesas de Charles Perrault, hasta llegar a las tristísimas historias de Hans Christian Andersen), ni quién pensara en amigos imaginarios. Y resulta que ahora, lejanos ya mis días de jardín de niños y escuela elemental, vengo a tener lo que podría ser un símil del amigo imaginario. ¿Le parece anacrónico? Pues más se lo parecerá saber que me gusta esta relación con mi imaginario amigo... imaginario. Aunque imaginario, lo que se dice imaginario, no es; más bien yo diría que es intangible -así como el amor, para que me entienda. Ese amigo tiene nombre y apellido; sexo y preferencia sexual; rostro, cuerpo, sentimientos e imaginación. Que yo no pueda verlo, menos tocarlo, no evita que él esté por ahí, en algún lugar más allá del ciberespacio.

Insistirá usted ¿pero en concreto, cómo sabes que existe? La respuesta es simple, lo sé por sus palabras, por el tiempo que se toma en leer y comentar las mías. Y sobre todo, porque en muchas ocasiones la fuerza, la pertinencia o la ternura de esas palabras, ha contribuido a mejorar mi día; ya sea arrancándome una sonrisa, haciéndome reflexionar o, por qué no decirlo, ayudándome recordar que bajo mi capa de cinismo y aparente sobriedad, late el corazón de una sentimental y chillona incurable.

Así que ya no me pregunte, ni insista en llevarme a ver a ese señor de bata blanca en cuya oficina hay un diván y una gran foto de un tal Dr. Sigmund Freud. Se lo repito, ese amigo no está en mi imaginación y además, ya le dije que no es imaginario; es intangible.

Ah… casi me olvidaba decirle otra cosa... no es uno solo; en realidad son varios seres, más de los que usted se pueda imaginar…

……………………………………
Gracias a todos ustedes, seres intangibles pero reales, por estar aquí y aguantar mis divagaciones, cinismos, desánimos y cursilerías varias.




Y para que vean que no soy ninguna una amiga imaginaria, aquí estoy... después de estilizar mi cabello y no, no traigo el camisón, ni estoy medio dormida... es que el aire caliente de la secadora me lastima los ojos.


abril 14, 2009

a fuerza de escribirlo sucede?

Mi ánimo no anda en sus mejores días; sé que debería ser lo suficientemente discreta para guardármelo, en lugar de usarlo como justificación para no postear ninguna de mis acostumbradas divagaciones; pues, de hacerlo, acabaría posteando algo bastante tristón y quienes hacen el favor de pasar por aquí, no tienen ninguna necesidad de andar leyendo cosas así... ya con sus propios pesares tendrán suficiente, como para encima venirlos a complementar con las desventuras ajenas. Aunque este blog unca ha pretendido ser “un club motivacional” y su lema jamás ha sido "únete a los optimistas”, creo que todo tiene sus límites… hasta la tristeza. Entonces, ustedes se preguntarán y con justa razón ¿y si la anfitriona no está de ánimo, por qué mejor no va y mete su cabecita en la arena o simplemente hace mutis, en lugar de estar escribiendo estas insensateces? Eso sería lo más prudente… si la anfitriona fuera una personita prudente.
Pero hablando de las cosas que suceden sin que uno las desee -como andar un poquito desanimada-, recientemente me topé con esta cita:
"a fuerza de escribir cosas horribles [éstas] acaban sucediendo” *Michel Simon en Drôle de drame

¿Extremismo? ¿Un escritor demasiado desencantado con la vida, o quizá solo demasiado realista, que nos quiere vender su visión del infortunio? No lo sé. Cuesta creer que los novelistas, cuentistas, ensayistas, etc., cuya temática recurrente está dominada por el infortunio, en lugar de que al escribir exorcicen sus demonios internos –como cabría pensar-, lo que hagan sea vaticinar hechos que tarde o temprano sucederán. Escritores, no adivinos, que a través de sus letras pre-dibujan el futuro... un futuro de desgracias y miserias.

Lo que la cita no mencionaba, era si a fuerza de escribir cosas bellas o de describir la felicidad, éstas también acaban sucediendo. De ser así, bastaría con evitar escribir el horror y las tragedias para conjurar su advenimiento; sustituyéndolos por la escritura de cosas lindas y placenteras. La fórmula perfecta para un mundo feliz. ¡Y a vender pedazos de futuro radiante se ha dicho!... ¿Se lo envolvemos para regalo?

Y para no romper el tono no-feliz, aunque libre de las desventuras de la anfitriona, termino con otra cita que contradice o quizá complementa a la primera; ustedes dirán.
"Estabas orgullosa de que yo fuera escritor. A tu juicio, no hay nada mejor. Fuiste tú la que me enseñó a leer y me inculcó el amor a los libros. Pero no te gustó la clase de escritor en que me he convertido, el tipo de libros que he escrito. Habrías querido que fuera un escritor como, no sé, Érik Orsenna : un hombre feliz o que, en todo caso, lo parece. A mí también me habría gustado. No he podido elegir. Recibí como legado el horror, la locura y la prohibición de expresarlos. Pero los he expresado. Es una victoria". Emmanuel Carrère Una novela rusa pág. 293-294







foto: Rock-n-roll sur les-quais de París Paul Amasy

marzo 28, 2009

señal inequívoca de que la recesión llegó

"No hay mejor forma de evasión que la de escudarse en el propio carácter, porque nadie cree en el" Dostoievski, Los demonios.


Si la profesión más antigua del mundo está en crisis, es señal inequívoca de que estamos en una fuerte recesión mundial.

Qué cosas, en México que nos sentíamos muy felices, tan a la vanguardia, pues por fin se ha tomado en serio la idea de una Ley de precio único para el libro. Pero qué va. Cuál vanguardia, cuál modernidad. Tal parece que siempre iremos a la zaga. Nosotros aquí peleando por el precio de un libro, mientras que en la civilizada Alemania, la discusión entre empresarios, trabajadoras y políticos es realmente seria: el establecimiento de una tarifa única abaratada, para los servicios profesionales sexuales [en la tierra de Goethe, la prostitución es una profesión legalmente reconocida desde 2001 y según algunas organizaciones, en ella laboran alrededor de 400,000 mujeres -del numero de hombres no se habla, por cierto]. Pero dicha propuesta ha causado una fuerte polémica y no porque los alemanes sean mojigatos -ni que fueran panistas mexicanos-, sino porque los políticos han salido en defensa de las sexo-servidoras, pues si bien entienden que la finalidad es evitar que el negocio del sexo se venga abajo, consideran que aprobar una tarifa única resulta casi inmoral, un absurdo y un atentado contra de las salud de las prostitutas, además de significar una mayor depauperación de su nivel de vida.

Aquí la nota original: se abarató el sexo

Y mientras los clubs de prostitución buscan atraer clientela con ofertas como esta del Pussy Club de Berlin:
"Sexo con todas nuestras modelos, tanto y tan seguido como quieras (y puedas agregaría yo), en las posiciones variaciones que quieras, con todas las que quieras a al vez"

Las organizaciones sociales y políticas han salido en defensa de las trabajadoras:
El sexo barato es una consecuencia de la pauperización social de Berlín; cuanto más pobres se vuelven los clientes, más bajan los burdeles sus precios, a costa de las mujeres
señaló la portavoz de la asociación Hydra de apoyo a prostitutas en Berlín, Marion Detlef.

Si el cliente se encierra cinco veces con una mujer en un dormitorio, pagando para eso sólo 70 euros, la mujer apenas gana algo. Sólo gana el club, pero no la mujer
expresó la portavoz de política de la mujer del Partido Verde de Alemania, Anja Kofbinger.

Es notorio, al menos para mí, que mientras en Alemania el Partido Verde aboga por ese tipo de cosas, acá en México, su mediocre símil esté pugnando por el establecimiento de la pena de muerte...

En fin, cuando en México pueda discutirse abierta y civilizadamente sobre ese tipo de temas, empezaré a creer que hemos dejado de ser un pueblo mojigato, doblemoralino e hipócrita, temeroso llamar a las cosas por su nombre. Ups, ya me desvíe, este simplón post de fin de semana era únicamente para resaltar, por si hiciera falta, que estamos en recesión mundial...


NOTA esta canción está fuera de lugar, lo sé, pero está aquí como una muestra de reconocimiento especial a la Secretaría de Gobernación (Ministerio del Interior del Gobierno Mexicano), cuya nueva demostración de proverbial estupidez, ha servido para corroborar cuántos fans tiene Manu Chao en este país . ¡!Salud Manu¡!


marzo 03, 2009

mis últimas palabras...

Decía Federico Engels que las últimas palabras son cosa de tontos; una pretensión de los seres que en vida no dijeron lo suficiente. Y si al decir “lo suficiente”, el filósofo alemán se refería a la trascendencia de lo expresado. desde esa perspectiva, seguro yo seré de quienes, llegada la hora final, pretenderé dejar mis “últimas palabras”. Lo raro es que hasta el día de hoy –o hasta el fin de semana pasado, para mayor exactitud- nunca había pensado en mi epitafio o en las últimas y “trascendentes” palabras que me gustaría decir antes de morir. Quizá se trate de delirios provocados por esas pastillitas amarillas que me recetaron para aliviar un poco las molestias de la gripa, pero la noche del domingo por primera vez en mi santa vida pensé en ello. En principio, solo estuve elucubrando sobre epitafios y últimas palabras; más tarde, me sumí en un sueño un tanto extraño el cual estuvo aderezado con secuencias de una película que vi hace mucho tiempo.
En mi sueño yo dormía, pero de pronto me despertaba sentada en una vía de tren situada en medio de la nada; allá en el lugar más solo del mundo, por donde no se veía venir ningún tren, ni circular a persona alguna. Y yo sentada ahí en plena vía, pensando en lo bueno que sería cambiarme -temporalmente o para siempre quizá, no lo recuerdo- por otra persona y habitar en un lugar tan distante como distinto al de mi entorno actual. Pero no había forma de trasladarme, pues frente a mí solo estaba esa vía desierta, a los lados la nada y el tren no daba señales de acercarse…
[la película con la que relaciono mi sueño se desarrolla en un pueblo recóndito y frío, donde dos hombres mayores cuya disparidad sería absoluta de no ser por la coincidencia generacional, establecen una improbable relación amistosa. Uno es un misterioso y callado fuereño, llegado en tren hasta ese pueblo con la encomienda de robar el banco local; el otro parece habitar ahí desde siempre y es un profesor de poesía jubilado y algo parlanchín, que también deberá cumplir con un compromiso importante: operarse del corazón… el mismo día que el otro planea robar el banco. En algún momento de la historia, cada uno de estos hombres, especula con cambiarse por el otro: el poeta fantasea con ser un asaltante y el asaltante se imagina como maestro de literatura.] fin del spoiler.
Desperté como a las tres de la mañana, sin que el tren hubiera llegado y sintiendo un frío tremendo. Pero como tardé en volver a conciliar el sueño, pensé en que si tuviera que dictar mis últimas palabras y a falta de originalidad, de momento –digo, a lo mejor en unos años se me ocurre algo decente- me quedo con las que se atribuyen al moribundo Oscar Wilde:


"Muero como he vivido, más allá de mis sueños"
[se cuenta que Wilde tenía una copa de champán al lado de su lecho de muerte; quizá sea solo un mito, pero la idea me parece genial y muy de él]




"Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros.

No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos de mi camino, firmamento
que estoy viendo y perdiendo...
Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes."


Despedida, Jorge Luis Borges


febrero 11, 2009

no más amarguetas


No faltará quien piense que quienes nos quejamos de la excesiva comercialización y bombardeo de mensajes alusivos al día del amor y la amistad, lo hacemos debido a que no tenemos ningún noviecito, marido, amante, esposa, novia, etc.; todos lindos y amorosos. Pues, de tenerlos, lejos de andar con nuestros despotriques, estaríamos esperando con ansías el 14 de febrero, para así festejar... como mandan los cánones.

T'a bueno pues, ya no voy a despotricar. He decidido que ya no me voy a enojar por ese constante bombardeo de mensajes que invitan no solo al consumo, sino también al autoengaño; ni tampoco volveré a poner cara de circunstancia cuando al pagar mis manzanas o botella de agua en el supermercado, la señorita cajera me ofrezca, toda linda y con sonrisa de gomina, una divina caja (en forma de corazón but of course) de chocolates rellenos de cerezas al licor, esos que nomás de verlos me empalagan. Total, cada quien se "autoterapea" como mejor puede. Es más, ya ni siquiera me enojaré cuando alguien me pregunte "y tu Chuyita ¿ya encontraste tu otra mitad?" Independientemente de que no sabía que yo solo soy media persona, qué caso tiene ponerse a discutir con alguien que busca pareja, pensando que así será una persona completa? Ninguno.

No más amarguras pues; Marichuy se pone cursi y kitsch -algo que dicho sea de paso, no le cuesta ningún trabajo- y hasta acepta con una sonrisa cínica, este bonito mensaje enviado por los "amigos" de Myspace, donde se nos invita a navegar en sus generosas aguas virtuales, en busca, no del tiempo perdido, sino de la media naranja faltante... que les sea leve el viaje a los que se animen. Besitos.


Y nada de amarguras... bueno casi nada, un chocolate amargo, oscuro, très noir, es uno de mis mayores placeres culposos comestibles y siempre, siempre, será bienvenido.

Deténte, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.

Si al imán de tus gracias atractivo
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero,
si has de burlarme luego fugitivo?

Mas blasonar no puedes satisfecho
de que triunfa de mí tu tiranía;
que aunque dejas burlado el lazo estrecho

que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.

[Sor Juana Inés de La Cruz Contiene una
fantasía
]


febrero 09, 2009

comprando pildoras de la felicidad

Uno lo sabe, estamos en febrero; no importa que uno sea como el grinch de San Valentín o que pretenda olvidarlo, la mercadotécnica se encargará de que no lo consiga: éste es el mes del amor y la amistad. Anteriormente, solo el 14 de febrero se festejaba el día del amor y la amistad, no sé cuando se extendió al mes completo; supongo que así garantizaban un mayor consumo, pues no obstante que el eslogan repita "regala afecto no lo compres", uno sabe que la idea es comprar y regalar algo material. Ya sé que estoy diciendo pura perogullada, ustedes perdonarán, pero ayer fui objeto de tal acoso por parte de las afanosas vendedoras de toda clase de objetos, que estuve a punto de comprar algún regalito para festejar el St. Valentine's day, con tal de que me dejaran de ofrecer mercadería y ante la pena de mandar a los vendedores al demonio (en lenguaje mexicano, por supuesto). Era el sábad0 al medio día cuando entré a famoso centro comercial ubicado al sur de la Ciudad de México, no iba de compras solo pretendía hacer algunos pagos y como ese es el único sitio donde las sucursales bancarias abren en fin de semana, no me quedaba más remedio que ir a ese sitio. Uf, la de placebos o modernas y sui géneris píldoras de la felicidad que me ofrecieron. Y lo pero, fue que de nada servía responder "no tengo pareja", la oferta incluye productos que prometen ayudarle a conseguir el galán o galana de sus sueños. Por si alguien se interesa (uno nunca sabe), un par de ejemplos de las muchas chácharas pro-amor que me ofrecieron ayer:


Un aparatoso brassiere para realzar los pechos (carísimo, pero "hacer que tus pechos se vean mucho más grandes de lo que en realidad son, no tiene precio", insistía la vendedora). Cuando le dije que amén de cara, esa cosa se miraba muy incómoda y que además, ni novio con quien presumirla tenía, ella me reviró : "con este brassiere que realzará tus encantos, no habrá hombre que no te note..." O sea que si no tengo novio, es porque hasta ahora no he usado esa prenda... haberlo sabido antes.




Esencia par atraer el amor. "Es como los polvos del ven a mí que se utilizaban antes, pero más fácil de utilizar, simplemente póntelo como si te pusieras tu perfume favorito y además tiene la ventaja de que no parecerá brujería, como si lo aparenta con los antiguos polvos", me dijo muy segura una dama disfrazada de madame esotérica. Tú, te la pones todas las mañanas... et voilà!!! serás irresistible", decía ella. Más allá de mi escepticismo esotérico, sinceramente creo que para lo único que ha de servir esa cosa... será para alejar a la gente, pues francamente ¡¡¡huele espantoso!!! Eso si, de lejos fue el producto más barato de todos los que me ofrecieron ayer y de funcionar, sería la mejor relación producto/precio.




Y por supuesto, lo que no podía faltar: me ofrecieron amor amor; pero no vayan a pensar que había personitas vendiendo caro su amor. No desde luego que no; ese Centro, además de ser el santuario del consumo, es un templo de la corrección política. El amor, amor, me lo ofrecieron en forma de perfume [el poema me lo ofrecí yo]:

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos olas
y la noche es océano.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos piedras
y la noche desierto.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces raíces
en la noche enlazadas.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces navajas
y la noche relámpago.

Dos cuerpos frente a frente
son dos astros que caen
en un cielo vacío.

[Dos cuerpos, Octavio Paz]



Conclusión: si uno, además de desemparejado, anda instalado en el grinch de San Valentín, será mejor que ni se aparezca por algún Centro Comercial. Así se evitará la pena de que los promotores del día -mes- del amor y la amistad, le restrieguen en la cara que no solo anda falto de poder adquisitivo, sino también de pareja.





Ilustración: Cupido dormido de Gabriel Fernández; diario argentino Los Andens

febrero 06, 2009

qué le vamos a hacer...
























"Qué íbamos a hacer, la puerta estaba bajo guardia
Qué íbamos a hacer, estábamos encerrados
Qué íbamos a hacer, la ciudad estaba bajo custodia
Qué íbamos a hacer, ella estaba hambrienta

Qué íbamos a hacer, estábamos desarmados
Qué íbamos a hacer, al caer la noche desierta
Qué íbamos a hacer, teníamos que amarnos."

(Toque de queda, Paul Éluard)




Será que nos ha faltado estar encerrados tras una puerta bajo guardia y en una ciudad custodiada... o que aún no nos hemos encontrado al caer la noche desierta, estando yo hambienta y tu desarmado... pero todavía no nos hemos amado... qué le vamos a hacer.