escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

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febrero 18, 2008

De mujeres I

Inocencia













Son las tantas de la noche y yo sin dormir, pensando en la inocencia y todo por culpa del film homónimo Innocence. Al ver este inquietante y atípico film me quedó dando vueltas en al cabeza este concepto [según el diccionario de la RAE, el significado sería:

inocencia. (Del lat. innocentĭa). f. Estado del alma limpia de culpa. 2. 3. Candor, sencillez. ~. ]

y su relación con la historia recién vista. Pero la ópera prima de Lucile Hadzihalilovic-, escrita, dirigida por ella y actuada únicamente por mujeres, más que de la pérdida de la inocencia en el sentido al apunta la RAE, trata sobre el dolor/temor/desasosiego que provoca el crecimiento femenino. La historia se desarrolla en un colegio aislado en medio de la campiña, al cual asisten niñas de 6 a 12 años para ser instruidas por dos maestras: Edith (Hélène de Fougerolles) en lo referente a los estudios de ciencias naturales, básicamente biología, y Eva (Marion Cotillard), para la instrucción más importante, el ballet, en torno al cual se desarrolla gran parte de la metáfora de ésta película. Mientras dura su preparación, las niñas no pueden salir, permanecen encerradas como preservándolas de cualquier influencia nociva externa; las niñas saldrán del colegio justamente cuando lleguen a la edad reproductiva.

El film va mostrando las distintas formas de enfrentar la tragedia de crecer, o la de no crecer, por parte e las niñas: hay alguna que no quiere hacerlo porque sabe que tendrá que salir/enfrentar un mundo desconocido y siente temor. En contrapartida, otras que desean apurar su desarrollo para abandonar su encierro imaginado que el mundo exterior será mejor; una de las niñas escapa y la huída es mostrada como una marcha hacia lo desconocido: la niña brinca la enorme barda, para finalmente perderse en el bosque.

Por lo que toca al transcurrir del tiempo, este es mostrado lo mismo mediante el flujo constante del agua, que con la metamorfosis de una oruga devenida en una hermosa mariposa, a través del cruce de una estancia a otra por la puerta de un enorme reloj de péndulo (este aspecto tiene el doble significado de maduración e introducción a un espacio prohibido a las menores) , o mediante el cambio de las estaciones.











A remarcar la sutileza con que se maneja el autodescubrimiento de la sexualidad, la complicidad femenina, las necesidades afectivas, la inseguridad y también ¿por qué no? la envidia y cierta malicia. Sin caer jamás en lo grotesco, en lo melodramático o sensiblero. Y todo en medio de iniciáticos pasos de ballet acompasados por la música de Prokofiev. Y siempre, siempre, mariposas: en el laboratorio de biología, en la campiña, en el cuarto de una de las maestras (Edith) que las colecciona disecadas, quizá como símbolo de su propia libertad coartada, pues las maestras tampoco pueden salir. Y en el ballet, instruidas por Eva, las niñas más grandecitas usan trajes coronados por unas hermosas y blancas alas de mariposa, simbolizando en esta imagen que cada niña pasará de ser una pequeña oruga a convertirse en una mariposa lo suficientemente fuerte para poder volar con sus propias alas y conocer el mundo.

Y a todo esto ¿cuándo perdemos la inocencia? Quizá nunca, por lo menos no del todo. Pues así como se supone (no soy, júrolo, adicta a Freud) todos llevamos dentro una parte del niño que fuimos, también tendríamos que preservar en algún sitio un reducto de nuestra inocencia; claro está que con el significado/conceptualización que cada quien guste darle.


Innocence. Bélgica/Francia/Gran Bretaña/ 2004
Dirección: Lucile Hadzihalilovic.
Guión: Lucile Hadzihalilovic (sobre la novela Mine-Haha de Frank Wedekind, de 1888)
Música: Leos Janacek/Sergei Prokoviev/Pietro Galli/Richard Cooke











enero 23, 2008

Ambiente y hombres… hombres

Ambiente. Estoy pasando por unos días extraños, medio áridos... en más de un sentido; pero con todo y mi ligero desgano, no pude evitar admirarme al ver que, mientras la aldea global se estremecía con los desplomes bursátiles y la anunciada recesión económica generalizada, acá en nuestro país FCH se declaraba emocionado y motivado ante tales emergencias. Me pareció encomiable su actitud, tan propositiva, tan digna de un seminario motivacional de Miguel Angel Cornejo. Caray, quien fuera Felipito para sentir aunque sea tantita de su emoción.



Hombres… hombres. Me olvido de la envidiable emoción y optimismo del presidente mexicano. Mejor dedico unas líneas a los segundos seres más interesantes de este planeta: los hombres (no necesito aclarar que los más interesantes y adorables somos las mujeres). No voy a despotricar, cual pseudo-feminista en fuera de lugar, en contra de los adorables –remarquemos que no siempre eh?- hombrecitos. Nada de eso, a lo que me refiero es a un film alemán, ligero pero más que correcto y disfrutable Männer... (1985), que fue dirigido por una mujer, la cineasta hamburguesa (de Hamburgo pues) Doris Dörrie; el tema es la siempre llamativa (cinematográficamente hablando) infidelidad femenina.

La historia es simple: Julios es un individuo cuya vida parecería inmejorable: en sus cuarenta’s está convertido en un profesionista dedicado y exitoso -con atractiva secretaria, buena ropa y coche bonito, incluidos-; también se encuentra felizmente casado con Paula, una mujer agradable que no parece darle problemas, no obstante que él es irremediablemente mujeriego. Julius tiene la vida anhelada por más de uno de sus congéneres. Y de pronto, el despreocupado hombre nota distinta a Paula, más feliz de lo normal; algo no le cuadra al marido y decide actuar… espiándola para descubrir que hace su dulce esposita mientras el trabaja (y mantiene relaciones sexuales con la amante en turno, of course). Por supuesto que ocurre lo usual en estos casos: Paulita está muy entretenida con Stefan, un talentoso diseñador gráfico, aunque sin trabajo; desenfadado y anti-solemne; amante de la vida al aire libre, soñador, medio hippie… y encantador; casi como escapado del mayo del ‘68. Es decir, la antítesis de Julius, pero éste, que será muy mujeriego pero nunca tonto, no está dispuesto a dejarse ganar la esposa por un desempleado desaliñado dedica su tiempo a pasear en bicicleta… con Pula.

Cierto que la trama no peca de originalidad; pero el tratamiento de la directora alemana dá como resultado un film fresco, ágil y sutilmente irónico. Sin necesidad de recurrir a gritos estentóreos, dramones lacrimógenos, discursos moralinos ni falsamente feministas/machistas, Doris Dörre posa su mirada irónica, casi conmiserada sobre un trío singular: un Julios preocupado, pero no obnubilado (al fin alemán, supongo); una Paula que no es una depredadora de hombres, ella solo busca poner algo de emoción en su rutinario matrimonio, alguien diferente a lo que tiene en casa (como hacen la mayoría de los hombres infieles, según dicen las estadísticas); y en un amante que resulta atrayente y encantador por ser opuesto al marido. Pero el neocornudo, lejos de reaccionar típicamente yendo a ponerle unos golpes al causante de su cornamenta, decide hacerse su amigo y así averiguar qué gracia, qué encanto pudo ver su esposa en semejante perdedor. Y la ocasión se presenta que ni mandada a hacer, pues el desempleado Stefan necesita aligerar sus gastos y decide anunciar en renta una habitación de su casa; ante esto, Julios se invente un viaje de negocios y se mude temporalmente con el amante de su mujer, para descubrir sus fortalezas y debilidades y utilizarlas en su favor. Lo primero que hace es “conseguirle” trabajo, con ello, Stefan debe abandonar su desenfadado estilo de vida, comenzando a transformarse en un profesionista responsable y formal, sin mucho tiempo para filosofar ni andar en bici con Pula. En pocas palabras, el seductor amante pasa ser… otro Julios, perdiendo con ello todo su atractivo ante Paula; porque vamos, eso de tener un amante igual al marido, ni al caso. La moraleja pareciera ser que ya ni en los amantes puede una confiar. Al fin hombres... hombres; pero para ponerle solución al asunto y con la pena… au revoir Stefan.


La película me encantó, con todo y que el ganón de la historia es Julios, pues al mismo tiempo que aleja a su esposa del amante, consigue un amigo y además, vuelve a las andadas (durante el desarrollo de su plan, no tenía mucho chance para nuevos amoríos). Y ya solo como mero asunto de equidad, una esperaría que Paula encontrara durante sus caminatas matutinas algún otro hombre interesante… uno que no sucumbiera ante los cánticos del éxito empresarial también gorgoreados por su marido. Que se hiciera de un nuevo amante, de preferencia un idealista insobornable en el que si se pueda confiar.


Película sin complicaciones, pero en verdad muy agradable, bien narrada y actuada, no exenta de humor pero sin chocarreros baratos y con personajes bastante atractivos. Ah, y más atractiva que las caídas bursátiles.