
Hombres… hombres. Me olvido de la envidiable emoción y optimismo del presidente mexicano. Mejor dedico unas líneas a los segundos seres más interesantes de este planeta: los hombres (no necesito aclarar que los más interesantes y adorables somos las mujeres). No voy a despotricar, cual pseudo-feminista en fuera de lugar, en contra de los adorables –remarquemos que no siempre eh?- hombrecitos. Nada de eso, a lo que me refiero es a un film alemán, ligero pero más que correcto y disfrutable Männer... (1985), que fue dirigido por una mujer, la cineasta hamburguesa (de Hamburgo pues) Doris Dörrie; el tema es la siempre llamativa (cinematográficamente hablando) infidelidad femenina.
La historia es simple: Julios es un individuo cuya vida parecería inmejorable: en sus cuarenta’s está convertido en un profesionista dedicado y exitoso -con atractiva secretaria, buena ropa y coche bonito, incluidos-; también se encuentra felizmente casado con Paula, una mujer agradable que no parece darle problemas, no obstante que él es irremediablemente mujeriego. Julius tiene la vida anhelada por más de uno de sus congéneres. Y de pronto, el despreocupado hombre nota distinta a Paula, más feliz de lo normal; algo no le cuadra al marido y decide actuar… espiándola para descubrir que hace su dulce esposita mientras el trabaja (y mantiene relaciones sexuales con la amante en turno, of course). Por supuesto que ocurre lo usual en estos casos: Paulita está muy entretenida con Stefan, un talentoso diseñador gráfico, aunque sin trabajo; desenfadado y anti-solemne; amante de la vida al aire libre, soñador, medio hippie… y encantador; casi como escapado del mayo del ‘68. Es decir, la antítesis de Julius, pero éste, que será muy mujeriego pero nunca tonto, no está dispuesto a dejarse ganar la esposa por un desempleado desaliñado dedica su tiempo a pasear en bicicleta… con Pula.Cierto que la trama no peca de originalidad; pero el tratamiento de la directora alemana dá como resultado un film fresco, ágil y sutilmente irónico. Sin necesidad de recurrir a gritos estentóreos, dramones lacrimógenos, discursos moralinos ni falsamente feministas/machistas, Doris Dörre posa su mirada irónica, casi conmiserada sobre un trío singular: un Julios preocupado, pero no obnubilado (al fin alemán, supongo); una Paula que no es una depredadora de hombres, ella solo busca poner algo de emoción en su rutinario matrimonio, alguien diferente a lo que tiene en casa (como hacen la mayoría de los hombres infieles, según dicen las estadísticas); y en un amante que resulta atrayente y encantador por ser opuesto al marido. Pero el neocornudo, lejos de reaccionar típicamente yendo a ponerle unos golpes al causante de su cornamenta, decide hacerse su amigo y así averiguar qué gracia, qué encanto pudo ver su esposa en semejante perdedor. Y la ocasión se presenta que ni mandada a hacer, pues el desempleado Stefan necesita aligerar sus gastos y decide anunciar en renta una habitación de su casa; ante esto, Julios se invente un viaje de negocios y se mude temporalmente con el amante de su mujer, para descubrir sus fortalezas y debilidades y utilizarlas en su favor. Lo primero que hace es “conseguirle” trabajo, con ello, Stefan debe abandonar su desenfadado estilo de vida, comenzando a transformarse en un profesionista responsable y formal, sin mucho tiempo para filosofar ni andar en bici con Pula. En pocas palabras, el seductor amante pasa ser… otro Julios, perdiendo con ello todo su atractivo ante Paula; porque vamos, eso de tener un amante igual al marido, ni al caso. La moraleja pareciera ser que ya ni en los amantes puede una confiar. Al fin hombres... hombres; pero para ponerle solución al asunto y con la pena… au revoir Stefan.
La película me encantó, con todo y que el ganón de la historia es Julios, pues al mismo tiempo que aleja a su esposa del amante, consigue un amigo y además, vuelve a las andadas (durante el desarrollo de su plan, no tenía mucho chance para nuevos amoríos). Y ya solo como mero asunto de equidad, una esperaría que Paula encontrara durante sus caminatas matutinas algún otro hombre interesante… uno que no sucumbiera ante los cánticos del éxito empresarial también gorgoreados por su marido. Que se hiciera de un nuevo amante, de preferencia un idealista insobornable en el que si se pueda confiar.
Película sin complicaciones, pero en verdad muy agradable, bien narrada y actuada, no exenta de humor pero sin chocarreros baratos y con personajes bastante atractivos. Ah, y más atractiva que las caídas bursátiles.





