escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

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mayo 03, 2009

ella

Nunca había estado en un Centro para mujeres sin hogar; pero aquella noche Hugo me había pedido acompañarlo a realizar su visita diaria. Después de intercambiar los saludos y comentarios de rigor con el director del sitio, iniciamos el recorrido; mi amigo entró -y yo tras de él- en cada habitación saludando y haciendo algún comentario a las ocupantes. Al terminar, volvimos a la oficina del director con quien habló brevemente acerca del funcionamiento del lugar y ya estábamos a punto de marcharnos, cuando Hugo se volvió para preguntar por alguien en especial ¿y Ella cómo está, sigue sin querer hablar con nadie? A lo que el director contestó: "mucho mejor, ha salido de su mutismo, si quieres vamos verla" Y fuimos... hasta una habitación situada al final del corredor, lejos de todas las demás mujeres y bajo llave, donde se encontraba Ella. Cuando entramos, estaba abstraída mirando el afiche de alguna paradisíaca playa; transcurridos unos minutos salió de su contemplación y nos dedicó una sonrisa lejana, como si viniera desde la playa en que había estado perdida. Al mirar su rostro me quedé muda. Ahí frente a mí, en ese sitio poblado de mujeres solas, extraviadas y abandonadas, estaba la chica más hermosa que había conocido en mi niñez.

Se llamaba Lilian y había ingresado a la escuela ya avanzado el curso; muy alta, tan diferente a las niñas de once y doce años que llenábamos el salón. A los catorce años apenas cursaría el sexto grado, debido a que el trabajo de su madre les obligaba a viajar constantemente dentro y fuera del país, con la consecuente interrupción de los estudios de la chica. Cuando
Lilian nos fue presentada por la maestra, todas las miradas se quedaron clavadas en ella, admiradas ante su extraña y precoz belleza. No nos convertimos en las grandes amigas -imagino que yo era demasiado niña y boba para ella-, pero si llevamos una buena relación y solía acudir a mi casa a hacer tareas, llegándome a contar de su vida en otras ciudades, del divorcio de sus padres y sobre todo, de su novio Miguel, Un aprendiz músico y pintor con el que me la encontré varias veces cerca del parque y a quien mis imberbes once años veían demasiado viejo para ella. Como era de esperarse, Lilian se convirtió en el sueño de todos los niños de quinto y sexto año; una especie de símbolo sexual adolescente; la chica más popular dentro y fuera del colegio. A ella parecía darle igual, quizá porque esos mocosos de once y doce años, se le hacían demasiado infantiles. Fue reina de la primavera, del equipo de futbol... algo que no le disgustaba y sin embargo, denotaba un cierto desapego por ese tipo de cosas; por casi todo. La única asignatura en la que mostraba entusiasmo era música. Le gustaba mucho cantar y cuando lo hacía, sus azules ojos reflejaban una emoción contagiosa. Desconozco cuáles habrán sido sus sueños, pero recordando el intenso brillo de su mirada mientras cantaba, repaso algunos comentarios sobre los planes (o amenazas) de su madre, quien quería mandarla a vivir con su abuela a Chihuahua; idea que ella aborrecía. Y entonces, fantaseo que Lilian soñaba con cantar y recorrer el mundo... volar.

Tantos años después, cuando ya ni me acordaba de ella, volverla a ver y encontrarla así. ¿Qué hacía la diosa adolescente de mi escuela primaria, refundida en un hogar mantenido gracias a las donaciones públicas y a las buenas intenciones de algunas personas? ¿Qué habría vivido, sufrido y gozado durante todos esos años, para estar convertida en esa mujer ausente? Aparentaba varios años más de los que tenía y su imagen distaba mucho del glamour sexy, con que yo la fantaseaba cantando arriba de un escenario. Cierto que su mirada no había perdido del todo aquel brillo azulino, pero lejos quedaban los destellos de sus ojos mientras cantábamos en el coro de la escuela primaria. Mi amigo y el director del Centro le hicieron algunas preguntas, a las que dio respuestas incoherentes. Unos minutos más tarde salimos del lugar y yo me obligué al silencio, pero cuando ya no pude más le pregunté a Hugo qué sabía de Ella. Su respuesta, totalmente común, no dejó de impactarme: Dieciocho meses atrás, una madrugada Lilian había sido encontrada vagando en el centro de la ciudad, vestida con ropa de cóctel que parecía llevar puesta hacía semanas, hablando incoherencias y totalmente intoxicada por una ecléctica mezcla de drogas. Después de una breve estadía en un hospital, la llevaron al Centro donde permaneció un tiempo en absoluto silencio; inmóvil como un fantasma. Poco tiempo después, se escapó pero uno de los voluntarios se dio a la tarea de encontrarla y lo logró; la regresaron al Centro y por eso ahora la tenían bajo llave y aislada. Ya no había vuelto a intentar escapar, ni daba problemas de ningún tipo; se pasaba el día ensartando chaquiras en hilo y contemplando su afiche de la playa de ensueño; no preguntaba por nadie y en todo ese tiempo nadie la había buscado, pese a que habían publicado sus datos y fotografía en alguna gaceta ciudadana, pues extrañamente Lilian traía identificación, pero no respondió ningún familiar o amigo... como si ella no existiera; como si a nadie le importara.

Ella... convertida en una mujer totalmente extraviada, vaciada de emociones; sola y olvidada. Cualquier futuro, menos ese, habría yo imaginado para la adolescente que cantaba a todo pulmón, mientras sus inmensos ojos azules brillaban intensamente, haciendo volar a más de un ingenuo corazón infantil...

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ADENDA: Estimados y amables visitantes siento mucho no ser capaz de historias divertidas; me encantaría poder ser alegre y jovial en mis relatos. Pero no se me da; la comicidad no es lo mío... salvo que se trate de reírme de mi misma. Por ello, me disculpo si esta historia, de la vida real, les ha causado pesar. En verdad lo lamento.



fotograma de The dreamers, Eva Green.

julio 01, 2008

Todo fuera como remojar la madeleine en el thé

"No sirve de nada ir a la Luna para descubrir otros mundos, hay que descubrir el mismo mundo con los ojos de otros" Marcel Proust


Se dice que una de las obras fundamentales de literatura universal del Siglo XX -En busca del tiempo perdido-, la debemos, o más bien la debe su autor, a un panecito remojado en thé. Según los estudiosos y expertos en la vida y obra de Marcel Proust, el escritor padecía una crisis de inspiración, encontrándose casi aturdido pues por más que se esforzaba no lograba dar con "ese algo", esa chispa indispensable para iniciar la escritura que tanto por tanto tiempo había perseguido. Y cuentan que fue al saborear ese panecillo remojada en thé cuando de un golpe afloraron a su mente recuerdos, sensaciones, sabores. De pronto, Marcel se transportó a los felices días de infancia en casa de su abuela… desayunando madeleines y thé. Y con esa sensación de bienestar, de dicha infantil libre de ataduras, volvió el espontáneo fluir de la imaginación, su memoria sin diques, poderosa la capacidad de transportarse. Como en un torrente no solo volvieron aquellas mañanas de madeleines y thé, también, pudo revivir aquella sensación extraña y reveladora del primer estremecimiento sensual -producido ante la estrecha cercanía de una niña llamada Gilberta. Un sinfín de recuerdos, imágenes, situaciones, sensaciones, emociones, lugares, etc., que le dieron para recuperar poder de escritura, para reencontrarse con su vocación literaria, patentizándolo en los 7 tomos que componen "À la Recherche du Temps Perdu". Y todo gracias a una pequeña madeleine; tan emblemática, que existe la metáfora de la madeleine proustiana para referirse a cualquier objeto, aroma, etc., que funcione como un disparador de la memoria… involuntaria y autónoma. La búsqueda de Proust concluiría, en el Tomo VII, con El tiempo recobrado.



Pues si por madeleines fuera… cada quien tiene las suyas; yo tengo varias (nomás me falta escribir como Proust… pacata minuta).

Una, los cuernitos remojados en café -unas delicias chiquitas a base de harina de arroz y trigo espolvoreadas con azúcar y canela, que mi abuela horneaba en octubre-noviembre para ofrendar a sus difuntos. Ese sabor, la sensación de ese pan deshaciéndose lentamente en la boca, son únicas. Mi otra madeleine sería el olor y sonido del mar por la tarde noche, en mi niñez durante las vacaciones decembrinas en Acapulco, sentada sobre la arena en Pie de la Cuesta mirando el sol rojizo a punto de perderse en el horizonte. Pero no doy para más. Se me disparan recuerdos, vuelven a mí esos días, emociones, momentos, personas, aromas, calorcitos; el bienestar, la sonrisa de mi abuela o la mirada casi idealista de mi padre, diciéndome que lo mejor que podía hacer era leer y leer para viajar a donde yo quisiera. Si me viene eso y me hace sentir bien, pero al mismo tiempo triste, porque esos días quedaron muy atrás, porque mi abuela ya no está para hacerme cuernitos, porque hace años que no vivo con mi papá ni camino junto a él a la orilla del mar un atardecer invernal y ya no me dice que lo mejor que puedo hacer es leer, leer. Ahora, hablamos por teléfono y lo escucho decir, casi como en un ruego: "ya no leas tanta cosa que te dispara la mente, por eso estás tan loca m'hijita y te cuesta aceptar este jodido mundo"


Y porque yo no soy escritora como Proust.


Quien fuera Proust, si solo de madeleines se tratara, ahorita en lugar de este simplón post, estaría yo iniciando mi obra cumbre, mi propia historia del tiempo recobrado.


Sitios de interés:


En busca del tiempo perdido –

Marcel Proust –

Madeleine -


junio 22, 2008

Quiero mariposas y pétalos de jazmín

Que sería de mí sin imaginación? No sé y prefiero no saberlo. Vivir sin imaginación debe ser tan triste, como vivir enclaustrado en la realidad. Ignoro la cantidad de ocasiones en que la imaginación me ha sacado de apuros y hasta de la depre; aunque a veces también, no voy a negarlo, me ha jugado malas, muy malas pasadas. Pero al final de cuentas, en el balance sale ganando, y por lejos, la imaginación. Con la imaginación he realizado incontables viajes; he mejorado muchos finales de películas; he cambiado desenlaces de guerras (así como en la novela el Club Dumas de Pérez Reverte, donde merced a sus soldaditos de juguete Lucas Corso logra que Napoleón salga avante en Waterloo); con la imaginación he regresado a lugares que añoro; he traído a mi lado a mi abuela a quien tanto extraño; he mandado al carajo a mi autoritario, racista y limitadísimo gerente español; he imaginado a Arthur Rimbaud a los 17 años y viviendo en la más absoluta desolación, pero escribiendo, cual si los dioses le dictarán, su impresionante Una temporada en el Infierno; he recreado el velorio de mi anciano abuelo paterno (25 años mayor que mi abuela), en el cual le lloraban al unísono su esposa –mi abuela- y las 5 queridas que en ese momento se sentían tan viudas como ella [como en película de Pedro Infante y sin que nadie intentara desgreñarse. Aunque creo que yo no podría ser tan civilizada, me habría encantado estar ahí y filmar a esa seis mujeres llorando juntas por un cabrón que las engañaba a las seis, pero que en algún momento también las hizo felices].

Si es cierto, con mi imaginación y con mi memoria, a veces traicionera, he paleado tantos momentos difíciles; es un prodigio hacer gala de la imaginación... y aunque todo exceso es malo y ser demasiado imaginativo puede significar inmadurez, y porque, casi siempre, volar demasiado alto, trae consigo caídas muy dolorosas, yo amo la capacidad de imaginar y de recordar. Así como la amó Jean-Dominique Bauby- , quien gracias a su imaginación y su memoria, pudo trascender la inmovilidad y el encierro de su cuerpo paralizado y legar Le Scaphandre et le papillon 2007)- ,libro que inspiró la película homónima de Julian Schnabel, en la que por un prodigio de la imaginación el director y el cinematógrafo, el difunto editor en jefe del magazine Elle revive en el cuerpo de Mathieu Almaric, quien le presta cuerpo, voz, coraje y sensibilidad en una las actuaciones más emotivas e impactantes que he visto. Y es así como gracias a su imaginación y a su memoria, Marjiana Satrapi logra revivir el inigualable olor del Mar Caspio, el aroma de los jazmines y la sonrisa de su añorada abuela, o las imágenes de su querida Persepolis 2007) -


Si, la imaginación es un prodigio. Por ello, yo quiero muchas mariposas, como la que vivía dentro de la escafandra que encerraba a Jean-Dominique, que me permitan volar aunque me sienta enclaustrada; y quiero pétalos de jazmín en mi brassiere, para que como a la grand mère de Marji, me hagan sentir dueña de un enorme secreto de seducción y llenen mi día de buena vibra.

Y en caso de que mi imaginación, caprichosa y traicionera, me traiga de pronto a alguien que me duele y que preferiría no recordar, entonces con Jonny Hallyday cantaré:

J’oublierai ton nom… y santo remedio

J'oublierai ton nom - Johnny Hallyday Isabelle Boulay


mayo 19, 2008

Persépolis

Tributo a la memoria… un film irreverente, políticamente incorrecto y femenino…

Persepolis (2007)- es un tributo a la memoria. A la memoria del país que se ama pero que ya no se entiende; a la memoria del país que se ha dejado y en donde, al marcharse, ha quedado parte de la propia historia: el recuerdo del tío asesinado por el gobierno, la adrenalina de las fiestas underground, el inigualable aroma del Mar Caspio, o cosas sencillas e infantiles como los cisnes de miga de pan que el tío hizo para la pequeña Marji. Y Persépolis es un film innegablemente político e irreverente; políticamente incorrecto, ácido y humorístico… pero no un panfleto; la palabra comunismo se escucha más de una vez, pero el film no promueva esa ideología, ni ninguna otra. Y aunque la heroína de Persépolis, Marjane [la otra heroína, es la abuela, un verdadera maravilla… tanto el personaje, como la calidez que logra transmitir con su sola voz esa gran actriz, casi nonagenaria, Danielle Darrieux], se ve orillada a abandonar su país y afincarse en Francia, no se autoproclama como una victima de la persecución política debido a sus ideas contrarias al régimen islamista; no recurre a ese cliché, harto fácil y tentador, pero maniqueo y chantajista. Jamais.


En Persépolis hay una mirada desencantada/sarcástica sobre el sentirse extranjero… en otro país y en el propio. Durante su primera estadía en occidente (Viena, años 80.'s), Marji comprueba que no todo es color de rosa y que si mientras en el fundamentalista Irán las mujeres son ciudadanas de segunda, maltratadas, sobajadas y obligadas a esconderse tras el velo… acá en la civilizada Europa, los extranjeros, como ella, son vistos con una mezcla de condescendencia, racismo y desconfianza. Pero más tarde, de regreso al terruño añorado y no sin amargura, aprenderá que ya no encaja en su patria, pues ahí también -como en occidente-, es vista como un fenómeno, una rara atracción a la que van a mirar familiares y amigos.


Y Persépolis es esencialmente un film femenino. Fe-me-ni-no. No una proclama feminista. Solo el relato de una joven adolescente que sueña con depilarse las piernas y maquillarse (algo prohibido), pero que gusta del pop y el punk provenientes del "occidente decadente". Femenino porque Marjane abreva en las enseñanzas netamente femeninas de mamá grande; enseñanzas que no son conservadoras, ni sermoneantes. Y es un tributo a ella, porque parte del espíritu libertario e insurrecto de Marji está en deuda con esa entrañable grand mère. Y así, en Persépolis hay un tributo a memoria de la grand mère; esa abuela que, como todas las abuelas, deviene fuente de sabiduría; que es más revolucionaria que otros revolucionarios, solo que sin tanta alharaca; una grand mère esencia de feminidad y coquetería, una dama que todas las mañanas pone pétalos de jazmín dentro de su brassière para tener buenas vibras y oler rico durante el día. Súper, como diría Marji.


Y Persépolis es un tributo a la sobrevivencia… de Marjane Satrapi. De ella que perdió parte de su familia durante la revolución; que sobrevivió a ocho años de guerra (cuando Irak invadió Irán); que resistió su primer exilio, pero que se las vio negrísimas tras un primer descalabro amoroso, al cual finalmente se sobrepuso. Ella tuvo que despedirse de su amado Mar Caspio (en una de las escenas más conmovedoras del film) e irse a vivir a Francia, pero sobrevivió y se convirtió en la primera artista-mujer-iraní del cómic, se encontró con un artista del cómic francés -medio punk y underground ¿qué otro podría ser?-, Vincent Paronnaud. Unieron talentos, complicidades y el resultado es esta petite bijou del cine animado, casi artesanal, entre la oscuridad, la insurrección y lo naïf - ,, que logra trascender al cómic que le dio origen: Persépolis.


Dirigido y escrito por Marjane Satrapi et Vincent Paronnaud; hablado por Danielle Darrieux, Catherine Deneuve, Chiara Mastroianni, Simon Abkarian y François Jerosme; musicalizado por Olivier Bernet.


Vista y platicada por Marichuy. Persépolis se estrena comercialmente el próximo 6 de junio… en plena temporada de blockbusters veraniegos plagados de efectos especiales, apantalladores, espectaculares y acompañados de abundante publicidad. Es decir y acorde con las nefastas mañas de los exhibidores mexicanos, esta petite bijou, desde ya está condenarla a dar el semanazo.


Advertencia: Persepolis no es para quienes gustan solo del cine de animación made in hollywood y/o que consideran que la única animación valiosa es la producen Pixar, Disney y DreamWork.


Una reseña de [Persepolis], por Carlos Bonfil


Y este http://cineuropa.org/trailer.aspx?lang=es&documentID=77172, un trailer.