Hoy me da por divagar en torno a los sueños, mientras añoro las vacaciones que este año ya no tuve. En varias oportunidades he cometido aquí sobre una frase atribuida a Marcel Proust, frase que leí hace tanto tiempo que ya no sé si la leí tal como la recuerdo o si yo le agregué algunos aderezos para acomodarla a mi forma de ver y pensar sobre ciertos temas. (digo atribuida porque quien la citaba no estaba del todo seguro de la autoría). La frase que alguno de ustedes quizá recordará, dice más o menos así (cito de memoria):
escribir
Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]
diciembre 21, 2010
dormir... tal vez soñar
Hoy me da por divagar en torno a los sueños, mientras añoro las vacaciones que este año ya no tuve. En varias oportunidades he cometido aquí sobre una frase atribuida a Marcel Proust, frase que leí hace tanto tiempo que ya no sé si la leí tal como la recuerdo o si yo le agregué algunos aderezos para acomodarla a mi forma de ver y pensar sobre ciertos temas. (digo atribuida porque quien la citaba no estaba del todo seguro de la autoría). La frase que alguno de ustedes quizá recordará, dice más o menos así (cito de memoria):
junio 22, 2010
érase una vez
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febrero 02, 2010
la vida en un hilo
Dispensen por relatarles –y de forma tan simplificada- un cuento ajeno, cuando lejos estoy de ser una reseñadora, pero tanto la historia de Tejamos, tejamos, mano enloquecida, como el mito de Las Moiras y de paso mi relato del insomnio –autocitarse debe ser más imperdonable que reseñar cuentos-, me llevaron a recordar una idea en torno al oficio de escribir, el oficio de soñar (y que quiero pensar, vale lo mismo para los verdaderos escritores, como para los meros aficionados a contar divagaciones o relatos, como es mi caso).
Y sin embargo, el circulo no se cierra ahí, pues la escritura -escribidera o divagación escrita- brinda la oportunidad de ejercerla, temporalmente desde luego, de titiriteros de las vidas de personajes ficticios y al mismo tiempo, de la propia…
«Siempre he dibujado. Escribir, para mí, es dibujar. Anudar las líneas de forma que se vuelvan escritura, o desatarlas de forma que la escritura se convierta en dibujo. De ahí no salgo. Escribo, trato de limitar exactamente el perfil de una idea, de un acto. Al fin y al cabo, acecho fantasmas, encuentro el contorno del vacío, dibujo» [Jean Cocteau, Opium. Diario de una desintoxicación. Editorial Letras Vivas, México, 1999, p. 73]
enero 25, 2010
refugio violentado
----"puerta del ser, despiértame, amanece,
déjame ver el rostro de este día,
déjame ver el rostro de esta noche,
todo se comunica y transfigura,
arco de sangre, puente de latidos,
llévame al otro lado de esta noche,
adonde yo soy tú somos nosotros,
al reino de pronombres enlazados"
[Octavio Paz, Piedra de sol -fragmento]
octubre 29, 2009
en mis sueños
Hasta ahora. Anoche, más bien esta madrugada, tuve un pequeño y extraño, pero gratificante sueño. Soñé con alguien muy querido, muerto desde hace algunos años y al que todavía extraño; pero con quien jamás había podido soñar, por más que todas las noches al acostarme me concentraba en su imagen, con la vana esperanza de que esto influiría en mis ondas cerebrales y yo terminaría soñando con él. Pero nada; nunca sucedió. Y ahora, así de pronto, sin que hubiese pensado en él, lo soñé, tan natural, tan él mismo, tan vivo. Casi como estoy viendo ahora la pantalla de la laptop y de reojo miro el relojito, torturándome porque el tiempo se me termina, lo que significa que ya debo cortar esta divagación para irme a trabajar. Así soñé a mi mejor amigo; vivísimo, con su rostro libre de los estragos de esa enfermedad que lo condujo a la muerte; animoso, cínico; dándome lata como era su costumbre; recordándome que la vida es caraja, dura apenas dos días y con tantita mala suerte, en uno de ellos llueve. Pero sobre todo, repitiéndome que dejar pasar, perder oportunidades, en espera del gran amor de nuestra vida, es un albur de fallido pronóstico.
Me gustó soñarlo, escuchar su voz con ese tonito entre divertido e irónico que solía emplear para decir las cosas importantes... y lo mejor fue escucharme a mí respondiendo a sus bromas y consejas... como antaño, cuando él estaba aquí y yo tenía menos años y más ilusiones...
¿Tendrá algún significado especial, sea psicológico o esotérico, soñar con un muerto de esta forma?
mayo 20, 2009
mientras dormías
La primera imagen de un sonámbulo que viene a la mente, es la de alguien dormido caminando torpemente y con los brazos extendidos al frente. Es decir, la imagen difundida en películas de bajo presupuesto, como las de Capulina y de El Santo. Y con la ayuda de presupuestos más elevados, el cine y la televisión estadounidense, ofrecerán variantes más elaboradas sobre el mismo tema. Por ejemplo: una mujer que vive sola y no tiene novio, marido o amante, repentinamente descubre estar embarazada sin que recuerde o admita haber tenido relaciones sexuales -sean forzadas o consensuadas. La mujer llega a un hospital dónde después de un sinfín de complicados estudios, el héroe de la película -un Dr. House cualquiera-, venturosamente descubrirá que la dama si tuvo relaciones sexuales, pero lo hizo bajo los influjos del sonambulismo y por eso no recuerda nada. Bien para capítulo de teleserie gringa. Pero para la vida real, suena demasiado complicado o forzado. "Es solo de ficción; cómo alguien va a tener una relación sexual y luego no acordarse. Eso solo ocurre en la imaginación de escritores y guionistas", podría pensar alguien ajeno al estudio de los trastornos del sueño. Pero la ciencia siempre… llegando lejos. Cuando en septiembre del año pasado, los investigadores del Instituto Karolinska (Suecia), difundieron las conclusiones de un estudio que demostraba el origen genético de la infidelidad masculina, definido por la presencia, en algunos hombres, del llamado alelo 344, el gen masculino de la infidelidad (y que dio origen a uno de los post más divertido en la historia de este blog, gracias a la alta participación femenina -extrañamente casi no hubo comentaristas hombres) las escépticas de este mundo expresamos nuestras dudas. Quizá la reacción fue motivada más en razón de la "exclusividad masculina" de dicho gen, que de su existencia misma. Y probablemente, de haberse descubierto que el gen de la infidelidad solo se presentaba en las féminas, la reacción habría completamente distinta tanto en hombres como en mujeres.
Y ahora, también desde la óptica científica, se establece la existencia de un padecimiento, variante del sonambulismo, llamado sexomnia. Dicho padecimiento se presenta durante la tercera etapa del sueño –en lo más profundo de la inconsciencia- y provoca que un individuo, hombre o mujer, tenga actividad sexual mientras duerme sin ser consciente de ello, razón por la cual no recuerda nada y es el primer sorprendido cuando alguien le señala lo… activo que estuvo la noche anterior.
"Es probable que se ingrese al lapsus donde usualmente las personas se excitan. En esta etapa puede haber una respuesta sexual y éste parece ser el mecanismo fisiológico que despierta el deseo en algunos noctámbulos",*/
indicó el Dr. Reyes Haro Valencia, Investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México.
aquí el boletín completo */B: 302 El SONÁMBULO PUEDE TENER ACTIVIDAD SEXUAL Y NO RECORDARLO
Quizá el padecer este tipo de trastorno del sueño, no implique necesariamente que uno salga de su casa y vaya por ahí teniendo aventuras sexuales, cuyas consecuencias puedan ser hasta un embarazo no deseado. Pero lo cierto es que este padecimiento, mirado con un poquito de imaginación, bien puede prestarse a nuevas variantes de infidelidad y sin que el infiel pueda ser señalado. Una infidelidad no culposa, podríamos tipificarla y tendrá a la ciencia en su defensa. Pero... y el compañero sentimental ¿cómo podrá estar seguro de que su pareja es en realidad víctima de la sexomnia y no un vil mentiroso e infiel? Digo, está claro que habría que efectuar un diagnóstico médico, pero entre que son peras o manzanas… la duda queda...
mayo 05, 2009
vuelo nocturno
De niña no soñaba con ser Dios, ni princesa; tampoco, con caballeros en corceles blancos corriendo infinidad de peligros, para rescatarla de alguna torre embrujada. Su sueño más recurrente, incluso más allá de la adolescencia, fue igual al de muchos otros niños: volar. Ella soñaba que volaba y en su vuelo podía mirar hacia abajo y ver su cuerpo mientras dormía; como si solo una parte de ella se desprendiera, dejando otra sobre la cama. O como si su cuerpo se desdoblara y así, si alguien la buscaba no se percatara de su fuga. Volaba pero no tenía alas; al menos nunca se vio con alas. Pero si era "consciente" de una sensación maravillosa: flotar y desplazarse al mismo tiempo. Fue su sueño favorito; sobre todo en la niñez y temprana adolescencia; pese a que su duración era corta, hubo noches -las mejores- en que el vuelo se prolongó por largo rato. Lo que nunca variaba era la forma de terminar: una especie de sobresalto le anunciaba que iba cayendo, caída que terminaba al sentir el leve golpeteo de un pie sobre el otro, con el cual llegaba el inevitable y cruel despertar. La mejor parte de su sueño, además de la indescriptible sensación que le producía el poder mirar su cuerpo sobre la cama, era que al volar podía ver paisajes extraños, bosques algo obscuros, el mar... y la soledad. Y es que nunca se soñó volando con alguien más; ni tampoco miró a nadie más que no fuera ella.Alguna vez le platicó de su sueño a Carmelita, una amiga y vecina de la familia; algo excéntrica, pero encantadora, quien gustaba de platicar con ella y regalarle hermosos libros de cuentos. Después de escucharla atentamente, Carmelita dio su veredicto: ese sueño representaba su inocencia y mientras ella no perdiera la inocencia, el sueño acompañaría todas las noches. Y no obstante que ella salió de la niñez, pasó por la adolescencia y finalmente la dejó también, siguió volando por las noches; aunque cada vez de manera más esporádica. Así hasta que una noche, desapareció por completo aquella indescriptible sensación de desprenderse de su cuerpo y surcar los aires sin miedo, ni paracaídas o red de protección.
Imposible determinar, exactamente, cuando perdió la inocencia. En ocasiones piensa que ya no le queda ni una gota; pero en otras, está segura que en algún lugar recóndito, aún guarda algo de aquella niña que no conocía ni imaginaba, la desconfianza o el miedo; mucho menos, la malicia. Y cuando está en plan positivo, piensa que todavía puede revivir aquellos vuelos nocturnos. Será cosa de apapachar lo que queda su inocencia, se dice, para volver a flotar y desplazarse, mientras su cuerpo permanece en la cama durmiendo... para que nadie se percate de su ausencia...
"La libertad es alas
es el viento entre hojas, detenido
por una simple flor; y el sueño
en el que somos nuestro sueño;
es morder la naranja prohibida,
abrir la vieja puerta condenada
y desatar al prisionero:
esa piedra ya es pan,
esos papeles blancos son gaviotas,
son pájaros las hojas,
y pájaros tus dedos: todo vuela."
[Octavio Paz]
ilustración Pepa sueña
marzo 03, 2009
mis últimas palabras...
Decía Federico Engels que las últimas palabras son cosa de tontos; una pretensión de los seres que en vida no dijeron lo suficiente. Y si al decir “lo suficiente”, el filósofo alemán se refería a la trascendencia de lo expresado. desde esa perspectiva, seguro yo seré de quienes, llegada la hora final, pretenderé dejar mis “últimas palabras”. Lo raro es que hasta el día de hoy –o hasta el fin de semana pasado, para mayor exactitud- nunca había pensado en mi epitafio o en las últimas y “trascendentes” palabras que me gustaría decir antes de morir. Quizá se trate de delirios provocados por esas pastillitas amarillas que me recetaron para aliviar un poco las molestias de la gripa, pero la noche del domingo por primera vez en mi santa vida pensé en ello. En principio, solo estuve elucubrando sobre epitafios y últimas palabras; más tarde, me sumí en un sueño un tanto extraño el cual estuvo aderezado con secuencias de una película que vi hace mucho tiempo.
"Muero como he vivido, más allá de mis sueños" [se cuenta que Wilde tenía una copa de champán al lado de su lecho de muerte; quizá sea solo un mito, pero la idea me parece genial y muy de él]
"Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros.
No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos de mi camino, firmamento
que estoy viendo y perdiendo...
Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes."
Despedida, Jorge Luis Borges
enero 26, 2009
del común denominador
Estimados lectores y visitantes esporádicos de este blog:Son contadísimas las ocasiones en las que me permito sucumbir al canto de las sirenas del optimismo y justo hoy que me disponía a intentarlo, vino la terca realidad a contradecirme. Tal pareciera que la tecnología y la imaginación se pusieron de acuerdo para abandonarme al mismo tiempo. Primero y sin que mediara explicación alguna, mi proveedor de Internet tuvo a bien dejarme fuera de la red y luego, para no ser menos, mi imaginación decidió imitarlo. Tengo más de 24 horas intentando extraerle algo digno de ustedes, algo que no me haga sentir pena por mí misma, algo que sea un poco más que un lugar común. Y nomás no lo consigo.
Y en medio de mi sequía imaginativa, pienso que quizá en mayor o menor medida, todos habitamos en un mundo de lugares comunes. Podemos pensar que no es así, pretender que nosotros hacemos la diferencia y que a nuestro pequeño mundo lo rodea la mar de la originalidad; pero en realidad no es así. Ya sea la pobre mujer pueblerina que sueña con tener el orgasmo de su vida, ese que quizá jamás ha tenido; o el hombre maduro soñando con seducir a la chava más buena de su empresa; o el recién egresado de la universidad más cara del país imaginando ascender al pináculo el estrellato empresarial y un día figurar en la lista del Forbes; o el escritor desconocido soñando con ser publicado por una gran firma editorial; o el niño distraído soñando con aprobar matemáticas; o el vendedor ambulante que en plena recesión, sueña con vender toda su mercancía; o el necesitado de un corazón soñando con la aparición del donador compatible… todos ellos, más un incontable y diverso etcétera de seres humanos, habitamos en el lugar común de los sueños. Algunos, alcanzables; otros, no tanto. Pero al final de cuentas, en tanto no se materialicen y sin importar lo elevado o humilde de su naturaleza, esos deseos permanecen en la esfera de los sueños. El mismo lugar donde permanece mi deseo imaginativo.
Alguna vez, hace mucho tiempo ya, leí un libro que bien podría ser totalmente olvidable de no ser porque ahí encontré una cita atribuida a Marcel Proust, el escritor no estaba seguro de su autoría, que me encantó. Aquella cita se me quedó grabada, quizá de manera inexacta, pero no la he olvidado; según recuerda mi memoria recubierta con triple capa de teflón, decía más o menos así:
"nuestros sueños se cumplen, pero se cumplen demasiado tarde, cuando ya se ha ido de nosotros la pasión que nos hizo engendrarlos y la ingenuidad que nos llevó a confundirlos con el sentido mismo de nuestra existencia"
enero 15, 2009
insomnio
Llevaba días sin dormir; el cansancio y las ojeras ya eran inocultables. Por más litros de infusión de 12 flores que bebía y no obstante que de tarde en tarde pudiera sentir que sus ojos se cerraban, llegada la hora de ir a la cama –diez de la noche-, era cosa de poner su cabeza en la almohada para que el ansiado sueño se esfumase. Si en esos días se le hubiese aparecido Aladino el de la lámpara mágica y le ofreciese la consecución de un solo deseo, sin dudarlo ella habría cambiado riquezas o docenas de amantes vigorosos, por una sola y larga noche de sueños. Obviamente Aladino nunca se le apareció, así que después dos semanas sin pegar ojo, decidió que tendría que entretener sus desvelos en algo más que dar vueltas y vueltas en la cama: a la quinceava noche sin dormir fue al armario y sacó aquellas bolas de hilaza que permanecían refundidas en el último rincón desde hacía meses, tomó un gancho y se dispuso a tejer. En principio la pensó como mera terapia para acompañar sus noches en vela por lo que solo se dedicó a dar vueltas de cadenitas, la puntada más simple. Pero a medida que el tejido crecía y el sueño parecía algo lejano, ella se animaba más y empezaba a tejer con puntadas más elaboradas y hasta con pequeños diseños que iban brotando espontáneamente de su mente. Después de un primer cubrecama, más bien sencillo, empezó un mantel para una inexistente mesa de comedor de 12 sillas, al cual fue incorporando diseños un poquito más elaborados, surgidos en desorden al calor de la labor tejedora. Una semana más tarde, el enorme mantel estaba terminado, por lo que se decidió a confeccionar otro cubrecama pero en tamaño king size... para cubrir una cama que tampoco tenía.Tejía con ansiedad, precisión y un despliegue de creatividad que jamás creyó poseer; ella que pasaba de las labores de tejidos y corte y confección impartidas en la escuela secundaria. Pero ahora encontraba en esa actividad tan de mujeres sumisas, una fuente de inspiración, un campo fértil para desarrollar su inventiva y dar rienda suelta a su desbocada imaginación. Tejía y tejía sin necesidad de destejer ni una sola línea y eso que ya ni siquiera miraba la labor para verificar que no hubiese errores. Noche tras noche, como si una fuerza extraña y con vida propia la impulsara, fue creando colchas, manteles, mantillas y un sinfín de labores cada vez más complejas y llenas de figuras que, de haber sido apreciadas por un experto en arte habrían semejado a los lienzos de Kandinsky; pero que juzgadas por su madre parecían producto de una mente extraviada. Pero para ella no eran ni lo uno ni lo otro, ahora -un año después- lo entendía: en los tejidos plasmaba los incontables sueños que su mente había ido elaborando y acumulando en compensación por todos los que no había tenido... por no poder dormir. Un año sin dormir(¡!), ya si acordaba como era eso; hacía mese que ya ni lo intentaba y hasta había cambiado la infusión de 12 flores por jarras de café bien fuerte.
Y de pronto una sensación empezó a apoderarse de ella, cada vez con más fuerza: ya eran tres noches en las que los ojos se le cerraban sobre el tejido; de solo pensar que el insomnio terminara, sintió un gran temor: le aterraba la sola idea de noches enteras durmiendo en lugar de esas que ahora vivía y que tanto disfrutaba. Esas alucinantes jornadas nocturnas en las que gracias al insomnio descubrió imágenes, fuerzas y sensaciones hasta ahora desconocidas, se habían convertido en lo mejor de su existir. No, no quería que el insomnio la abandonara.








