Líbranos, Señor,
de encontrarnos
años después,
con nuestros grandes amores.
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Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

“Hallarse en un agujero, en el fondo de un agujero, en una soledad casi total y descubrir que sólo la escritura te salvará. No tener ningún argumento para el libro, ninguna idea de libro es encontrarse, delante de un libro. Una inmensidad vacía. Un libro posible. Delante de nada [...] Escribir es tratar de saber lo que uno escribiría si uno escribiera .” Marguerite Duras Escribir
Quisiera tener una varita mágica para dar con las palabras precisas, solo las necesarias y decirte en pocas líneas, algo tan simple como que hoy estuve pensando mucho en ti. Es extraño, porque sin ser tu cumpleaños ni ningún otro aniversario, todo el día te he estado recordando. Cuánto tiempo ha pasado ya desde tu partida; tanto desde la última vez que nos vimos. Y sin embargo, con solo cerrar los ojos puedo mirar los tuyos; volver a sonreír como si te tuviera enfrente, contagiada de la chispa, de ese brillo casi inocente que destellaban tus ojos cuando estabas contento; cuando nos reíamos a carcajadas de cualquier nimiedad, sin importarnos que la gente a nuestro alrededor pensara que estábamos locos y que eramos unos mal educados por reírnos tan fuerte. De haber sabido, me hubiera reído con más fuerza; con tanta, que aún hoy me quedaran restos de aquellas risas, para palear las ganas infinitas de llorar que siento cuando pienso en los últimos días antes de tu partida. Pero no te preocupes, ya no hago dramas; hace tiempo que deje pelearme con la vida y de reclamarle al destino por lo sucedido. Pero de continuar haciéndolo, creo que tu no me lo reprocharías; entendías como nadie mi forma de ser. Hasta hoy, sigues siendo el único hombre que no se ha asustado al ver llorar a una mujer. Y cómo hacerlo, sin en el fondo éramos tan parecidos. Aún recuerdo como si fuera ayer, aquella lluviosa tarde -como la de hoy-, cuando vimos un viejo film de Theo Angelopoulos, Paisaje en la niebla. Cómo lloramos, en silencio, pero desconsoladamente, mientras veíamos las desventuras de ese par de niños griegos, quienes en ese viaje iniciático en busca de un padre inexistente, conocerían más penas y miserias que las producidas por la pobreza que dejaban atrás. Creo que tu y yo nos sentíamos un poco como ese par de huérfanos; sabedores de que buscábamos algo que quizá no existía, dejábamos atrás la tibieza del hogar familiar, para ir en pos de un sueño que bien a bien no había seguridad de encontrar.[Ciel Brouillé, Charles Baudelaire. Fragmento]
Tu mirar se diría, que en un vapor se pierde;
tu mirar misterioso -¿es azul, gris o verde?-,
alternativamente tierno, cruel, soñador,
refleja la indolencia del cielo y su color.
Recuerdas esos días blancos, tibios, velados,
que hacen fundirse en lágrimas los pechos hechizados,
cuando los nervios, víctimas del mal que nos agita,
muy despiertos, se burlan del alma que dormita.
"Y después ya no supo qué decirle. Y después se lo dijo. Le dijo que era como antes, que todavía la amaba, que nunca podría dejar de amarla, que la amaría hasta la muerte."Creo que nada vuelve a ser como antes; aún así, encuentro algo bueno en esa casi imposibilidad (para dejar un resquicio a los optimistas): queda la nostalgia, la melancolía; sensación que para la mayoría equivale a depresión, para mi no lo es.
No puedo evitar que la lluvia citadina trastoque mi estado de ánimo, me dan ganas de estar en cualquier parte (bueno cualquiera, cualquiera lo que se dice cualquiera, no) menos en mi oficina. Tampoco puedo evitar sentir cierta melancolía, añoranza por días lluviosos ocurridos en otro tiempo, en otro espacio. Hoy ha llovido intermitentemente durante todo el día, al menos desde las 7:00 AM en que salí de mi casa así ha estado y no parece que vaya a mejorar. A la par que el clima decae, mi mente se torna sombría, idónea como para componer el poema más lúgubre que sea posible, pero no puedo. Hay quien dicen que para sentirse poeta no hace falta llamarse Charles Baudelaire o Jorge Luis Borges, que es cosa de estar un poco loco y dejarse ir. Creo que eso no es cierto; al menos en mi caso no funciona, la poesía simplemente no se me da; lo de estar medio loca, sí, pero con eso no me basta. Mejor recurrir a otros que sin apellidarse Baudelaire o Borges, han sido poetas, escritores y, por supuesto, han estado medio locos, o quizá demasiado lúcidos.
Edward Munch, Melancolía
Para yz