escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

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marzo 03, 2009

mis últimas palabras...

Decía Federico Engels que las últimas palabras son cosa de tontos; una pretensión de los seres que en vida no dijeron lo suficiente. Y si al decir “lo suficiente”, el filósofo alemán se refería a la trascendencia de lo expresado. desde esa perspectiva, seguro yo seré de quienes, llegada la hora final, pretenderé dejar mis “últimas palabras”. Lo raro es que hasta el día de hoy –o hasta el fin de semana pasado, para mayor exactitud- nunca había pensado en mi epitafio o en las últimas y “trascendentes” palabras que me gustaría decir antes de morir. Quizá se trate de delirios provocados por esas pastillitas amarillas que me recetaron para aliviar un poco las molestias de la gripa, pero la noche del domingo por primera vez en mi santa vida pensé en ello. En principio, solo estuve elucubrando sobre epitafios y últimas palabras; más tarde, me sumí en un sueño un tanto extraño el cual estuvo aderezado con secuencias de una película que vi hace mucho tiempo.
En mi sueño yo dormía, pero de pronto me despertaba sentada en una vía de tren situada en medio de la nada; allá en el lugar más solo del mundo, por donde no se veía venir ningún tren, ni circular a persona alguna. Y yo sentada ahí en plena vía, pensando en lo bueno que sería cambiarme -temporalmente o para siempre quizá, no lo recuerdo- por otra persona y habitar en un lugar tan distante como distinto al de mi entorno actual. Pero no había forma de trasladarme, pues frente a mí solo estaba esa vía desierta, a los lados la nada y el tren no daba señales de acercarse…
[la película con la que relaciono mi sueño se desarrolla en un pueblo recóndito y frío, donde dos hombres mayores cuya disparidad sería absoluta de no ser por la coincidencia generacional, establecen una improbable relación amistosa. Uno es un misterioso y callado fuereño, llegado en tren hasta ese pueblo con la encomienda de robar el banco local; el otro parece habitar ahí desde siempre y es un profesor de poesía jubilado y algo parlanchín, que también deberá cumplir con un compromiso importante: operarse del corazón… el mismo día que el otro planea robar el banco. En algún momento de la historia, cada uno de estos hombres, especula con cambiarse por el otro: el poeta fantasea con ser un asaltante y el asaltante se imagina como maestro de literatura.] fin del spoiler.
Desperté como a las tres de la mañana, sin que el tren hubiera llegado y sintiendo un frío tremendo. Pero como tardé en volver a conciliar el sueño, pensé en que si tuviera que dictar mis últimas palabras y a falta de originalidad, de momento –digo, a lo mejor en unos años se me ocurre algo decente- me quedo con las que se atribuyen al moribundo Oscar Wilde:


"Muero como he vivido, más allá de mis sueños"
[se cuenta que Wilde tenía una copa de champán al lado de su lecho de muerte; quizá sea solo un mito, pero la idea me parece genial y muy de él]




"Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros.

No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos de mi camino, firmamento
que estoy viendo y perdiendo...
Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes."


Despedida, Jorge Luis Borges