escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

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noviembre 01, 2013

volveré, pero no en vida...

Mark Rothko

A la espera de la cita anual con nuestros "Fieles Difuntos", mañana 2 de noviembre [mi celebración mexicana favorita], un poema de Severo Sarduy, escritor y poeta cubano que merecería ser más difundido, y a quien la muerte encontró antes de tiempo en París, ciudad donde escribió la mayor parte de su obra. Estos versos forman parte de sus Epitafios: 

Volveré, pero no en vida
que todo se despelleja
y el frío la cal aqueja
de los huesos. ¡Qué atrevida
la osamenta que convida
a su manera a danzar!
No la puedo contrariar:
la vida es un sueño fuerte
de una muerte hasta otra muerte
y me apresto a despertar.

~~~~

 ***

abril 10, 2012

en el mar de lo desconocido...

María Magdalena en la Gruta. Jules-Joseph Lefevre 
[Museo El Ermitage. San Petersburgo]

“No conoce el mar quien vigila el mar. No conoce el mar quien se acerca a su orilla para contemplar el paisaje. Sólo conoce el mar quien se zambulle en él, quien asume sus riesgos y olvida el mar en el mar. Quien se pierde en lo desconocido como en una mujer se pierde el amor…”  [Mahmud Darwish, Memoria para el Olvido.]
______________

Bienaventurados seamos los trasnochados e insomnes, porque nuestro será el reino de la resurrección.

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Estaré unos días lejos del blog, a manera de un buen descanso para ustedes, a la vez que conjuro contra el anquilosamiento de las ideas de quien esto escribe.


***

octubre 04, 2009

prueba


 Jean Jullien



El mundo va para un lado y yo voy para el otro... así ¿cuándo nos vamos a entender?
Esto no es un post, tan sólo una prueba de edición... con la nueva plantilla y por eso tiene cerrada la opción de comentarios (además de que en realidad no hay nada que comentar). Es eso; nunca una grosería de mi parte.



"ya ves
nada es serio ni digno de que se tome en cuenta
nos hicimos jugando todo el mal necesario

ya ves, no es una carta esto,

nos dimos esa miel de la noche, los bares,
el placer boca abajo, los cigarrillos turbios
cuando en el cielo raso tiembla la luz del alba

ya ves,
y yo sigo pensando en ti,

no te escribo, de pronto miro el cielo, esa nube que pasa
y tú quizás allá en tu malecón mirarás una nube
y eso es mi carta, algo que corre indescifrable y lluvia.

Nos hicimos jugando todo el mal necesario,
el tiempo pone el resto, los oseznos
duermen junto a una ardilla deshojada"
[Julio Cortázar]


mayo 18, 2009

otro clima... otra ciudad

"Yo no me encuentro a mí mismo donde me busco. Me encuentro por sorpresa cuando menos lo espero" Montesquieu


La cosa es no estar a gusto con nada; si hace calor, es a causa del sopor, el calcinante sol y los más de 30 grados de temperatura -a las tres de la tarde- de este mayo, que no es un mes ni revolucionario ni poético y menos, romántico. Y si llueve o hace mucho frío, lo mismo. La cuestión es que uno siempre desea lo que no puede tener. Peor aún, desea a destiempo lo que ya ha tenido. Hablando de lluvias, nubes y soles... los científicos y los filósofos (y mi abuela que no era ni lo uno, ni lo otro), han coincidido al señalar que la influencia del clima es tan amplia, que lo mismo determina la forma de ser y la vida política de un país (
Montesquieu
), que el carácter del alma y las pasiones del corazón de los hombres. Lo que quizá ni los científicos ni los filósofos habían previsto, es que el cambio climático vendría a modificar y complicar este asunto; al grado de que en la actualidad, las estaciones se confunden y combinan no solo en el transcurrir del año, sino en un mismo día. En lo que escribo, desde mi ventana he visto al cielo mutar del grisáceo al azul claro y luego regresar a la primera tonalidad; mientras que el viento fresquito, ha dejado lugar a un calorcito tibio y luego ha vuelto al frescor inicial. Esto en menos de una hora. Si los vuelcos del corazón y los malestares del alma siguieran este cambiante ritmo, estaríamos más desorientados de lo que ya estamos. No todos, desde luego. Los seres templados y serenos se cuecen aparte; son inmunes a los vaivenes climáticos y ambientales. Llueva, truene o relampaguee; arda el sol veraniego o queme el frío invernal, ellos permanecen inmutables. Siempre me he preguntado de que estarán hechos y a veces, hasta los he envidiado.

Pero dejando de lado a esos seres templados y serenos; nosotros, los simples mortales, vemos como las variaciones climáticas trastocan nuestro ánimo y nuestros recuerdos. Una lluvia atípica, un cielo gris, un viento inesperado, bastan para detonar la memoria y traernos recuerdos, lugares y personas que creíamos olvidados. Más que el calor primaveral, quizá sea el viento otoñal el que con mayor frecuencia acarree turbulencias a los sentidos y a la memoria. Será porque rememorar encarna nostalgia y melancolía; algo casi siempre asociado al otoño (estación del año favorita de quien esto escribe, por cierto). Y no queda otra que aprender a vivir con ello; no obstante, hay ocasiones que la turbulencia de los movimientos emotivos y memoriosos parecen insoportables; tanto, que
uno desearía volar a otro sitio, irse lejos y permanecer en ese lugar hasta que la calma regrese. Si fuera así de sencillo como cambiar de lugar, el borrar recuerdos, apagar ardores y dolores, la vida sería como "coser y cantar"... en una permanente mudanza. Pero no; huir de los recuerdos no resulta fácil y las más de las veces, intentarlo es un esfuerzo tan desgastante como inútil. Yo me he mudado alguna vez; más que por huir de los recuerdos, por huir de una situación insoportable; me fui de un extremo a otro de esta caótica e inmensa ciudad. Y de nada me sirvió; él me encontró. Claro, si hubiera cruzado el océano, quizá no le habría resultado sencillo dar conmigo y es probable que el miedo que me agobiaba en ese entonces, se habría atenuado frente a la incertidumbre de estar sola en otro lugar. Pero con atenuantes inciertos o no, el miedo y la desazón estarían conmigo; lo mismo en la casa familiar, en mi departamento o en una ciudad distante. Estaban en mi y ni cambiando de país me dejarían. Eso lo entendí después, cuando al cabo de viajar y patear calles lejanas, sumergirme en museos y lugares extraños, al llegar a dormir a una cama que no era la mía, lo recuerdos volvían.

Viajar a otra tierra, nadar en otro mar, no sirve de gran cosa cuando se carga tanto dentro de uno. Eso ya lo dijo, e infinitamente mejor dicho, Kavafis. Y yo ya lo he comprobado. Pero como soy necia y tengo alma viajera, en este momento nada me gustaría más que irme lejos; bien lejos... pero sé que no lo haré. No hasta que esté convencida de que no lo hago por huir, ni pensando que la vida en otro sitio puede ser... lo que no es aquí.



"Dices: Iré a otra tierra, hacia otro mar
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,
Y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.
Donde vuelvo los ojos sólo veo
las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí".

No hallarás otra tierra ni otro mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad es siempre la misma. Otra no busques –no la hay–
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra"

Konstantin Kavafis: La ciudad



enero 21, 2009

días de humo

No sé cuándo fue la última vez que me emocioné con un discurso político y le creí al hombre que lo decía; es más, no recuerdo si alguna vez le he creído a algún político, menos que me haya emocionado con él. Me pasa la Obamanía por todos lados y me sorprendo de no compartirla, pese a despreciar a George Bush por sobre todos los sátrapas de esta tierra. Yo siempre tan afín a las causas perdidas y adoradora de los héroes improbables, veo la Obamanía global e intento recordar cuándo fue la última vez que sentí algo parecido. Lo más cercano, y a kilómetros, fue mi hoy desaparecida U2manía; esa que me llevó a formarme por horas en las taquillas del Azteca para un concierto en 1997, escuchar sus discos todo el día y ver en su baterista Larry Mullen Jr., al Dios Gaélico de mis sueños (él sigue estando buenísimo, que eso no se quita como si fuera gripa). Los políticos deben ser los seres en los que menos confío; llaméense como se llamen, tengan el color de piel que tengan y así sean los poseedores de la sonrisa del millón. Eso debe ser común a muchas personas; pero en alguien egresado de Ciencias Políticas, el que la política te provoque dolores de cabeza y nauseas a partes iguales, ya no lo ha de ser tanto. Dice mi papá que me volví escéptica y perdí la fe en los políticos por culpa de las historias que me contaba mi abuela. Quizá tenga razón. Somos oriundos de la región serreña donde incubó una de las primeras guerrillas de este país, allá por los años 60 y 70 del siglo pasado [guerrilla outsider, sin uniformes a la moda ni armas sofisticadas financiadas sabe Dios por quién; liderada por maestros rurales y no por farsantes encapuchados que posan para la portada de Quien y Gatopardo y dan entrevistas en directo en el canal de las estrellas]. Mientras los demás niños crecieron escuchando historias de aparecidos, yo crecí escuchando increíbles historias de apóstoles de la educación, que por la mañana daban clases en la destartalada primaria rural y por la tarde hacían asambleas en las que hablaban de revoluciones, en búsqueda de caminos políticamente incorrectos, que les ayudasen a cambiar el jodido presente y negro futuro de esa región, dejada por Dios en manos de los gobernantes caciquiles del sempiterno PRI. Escuché de sus acciones de héroes equivocados, de sus actos, algunos violentos, pero nada comparables a la sarta de mentiras que cuenta la historia oficial para así justificar la represión y la guerra sucia de los años 70's. También supe que al final de cuentas de nada sirvió, los guerrilleros fueron apresados, torturados, encarcelados y asesinados; la región siguió igual de jodida y continuó siendo gobernada por el hijo del hijo del cacique en turno. Cambiaran de color de partido, pero no dejan de ser los mismos miserables de siempre

Y como si con esas historias no hubiera yo tenido suficiente, no tuve mejor ocurrencia que meterme a la Facultad de Ciencias Políticas. Tras cuatro años, salí convencida de que los políticos del mundo real distaban mucho de los idealizados por Max Weber y además, distorsionaban y desprestigiaban a Maquiavelo el padre la Ciencia Política Moderna y no un estulto, como suelen ser la mayoría de los políticos de este país. La política: el arte de negociar; debe ser conocimiento, experiencia y aprendizaje. Pero para mí, la política es parecida al amor: encarna honestidad y valor. Se requiere honestidad para reconocer cuando no es lo adecuado y valor para cambiar y alejarse; se necesita más valor y honestidad, para seguir ahí a pesar de todo, contra todo; sin condescender ni traicionar.

Y no obstante mis escepticismos, a veces quisiera confiar en algún político; creer que de verdad tiene, no solo buenos deseos, sino intenciones reales de llevarlos a cabo; que tras sus encendidos y poéticos discursos hay algo más que las hermosas palabras nacidas de la pluma de un joven y ardoroso poeta. Lástima que gobernar bien a un país, requiera algo más que poesía encendida y buenas intenciones; lástima que para el amor, la más ardorosa poesía no sea suficiente.

Pero me gustan los poetas…

""Cada vez que nos dan clases de amnesia
como si nunca hubieran existido
los combustibles ojos del alma
o los labios de la pena huérfana
cada vez que nos dan clases de amnesia
y nos conminan a borrar
la ebriedad del sufrimiento
me convenzo de que mi región
no es la farándula de otros

en mi región hay calvarios de ausencia
muñones de porvenir/arrabales de duelo
pero también candores de mosqueta
pienos que arrancan lágrimas
cadáveres que miran aún desde sus huertos
nostalgias inmóviles en un pozo de otoño
sentimientos insoportablemente actuales
que se niegan a morir allá en lo oscuro"

[El gran simulacro Mario Benedetti, fragmento]


UP DATE Y para poner pies en polvorosa… es decir, en la tierra...

Emir Sader: Obama y nosotros

octubre 05, 2008

estados de ánimo

[Renoir, Dejeuner des canotiers]

Los estados de ánimo o desánimo son extraños y caprichosos; van y vienen; suben y bajan... a su santo entender. A menudo me atrapan y me llevan por donde se les pega la gana y yo, sin oponer mucha -más bien ninguna- resistencia, me dejo llevar [como diría el clásico: flojita y cooperando]. Seguro eso no es algo digno de presumir, uno no debería exhibir estas veleidades temperamentales; más apropiado, decir que maneja y controla dichas veleidades... aunque sea una vil pose y mentira. Lástima que eso no vaya conmigo.

Mis estados anímicos pueden variar de las épocas abiertamente cursis y kitsch, a las de ser insoportablemente acidita, para luego transmutarme en la melancólica y nostálgica -mi favorita, para qué negarlo- y de ahí puedo asentarme en una especie de existencialismo démodé; hasta un buen día, con o sin motivo aparente, arribar a breves temporadas de insensata, irresponsable y tonta felicidad. Y a veces, como el clima en la Ciudad de México, vivo todos los estados de ánimo en un solo día.

Y por supuesto que para cada estado de ánimo, para cada etapa emocional y temperamental, un tipo de música, un estilo de poesía o de literatura.

Si yo fuera poeta, todo este choro incoherente y sinsentido lo habría expresarlo de una manera hermosa. No lo soy. Pecata-Minuta. Por algún lado leí que las confusiones, más dosis elevadas de sensibilidad y un cúmulo de emociones exacerbadas, dan para grandes poemas. Quizá un día de éstos también a mí me den para lograr semejante cosa. Mientras ese gran momento llega -si es que lo hace-, no encuentro mejor manera de decir como me siento hoy, que tomando prestada la pluma de Mario Benedetti.

Que tengan una buena semana


A veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.

Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.

A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.
Pero hoy me siento apenas

como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires,
te mires al mirarme.

[Estados de Ánimo
Mario Benedetti]

octubre 19, 2007

Arthur Rimbaud, ángel caído de talento precoz

Jean Nicolas Arthur Rimbaud (Charleville, Francia, 20de octubre de 1854 – Marsella, 10 de noviembre de 1891)

SENSACIÓN

Iré, cuando la tarde cante, azul, en verano,
herido por el trigo, a pisar la pradera;
soñador, sentiré su frescor en mis plantas
y dejaré que el viento me bañe la cabeza.

Sin hablar, sin pensar, iré por los senderos:
pero el amor sin límites me crecerá en el alma.
Me iré lejos, dichoso, como con una chica,
por los campos, tan lejos como el gitano vaga
.

Marzo de 1870

Lo confieso: siento una inocultable debilidad por los “ángeles caídos”; los individuos señalados con el dedo flamígero de la gazmoñería y la corrección social, esos son los que más me atraen; salvo contadísimas excepciones, los niños buenos, políticamente correctos y blandengues me provocan flojera. En cambio, esos seres oscuros y a la vez luminosos; desafiantes, rebeldes; generalmente defenestrados por la hipocresía y la doble moral social; me provocan una mezcla de admiración y seducción espontánea....

Maldito entre los malditos, genial y perverso; angelical y demoníaco; qué no se ha dicho de Arthur Rimbaud. Espíritu sensible, vocación autodestructiva, perverso, egoísta; seductor y arrogante, Arthur Rimbaud encarna, creo, el arquetipo absoluto del “Enfant terrible.






















Su historia de amor con el poeta Paul Verlaine, 10 años mayor que él, es también arquetípica del
amour fou; se amaban y se odiaban; se acariciaban y se golpeabas, se destruían mutuamente. Sin embargo, para la gran mayoría en esa historia el “malo de la película” era el precoz Rimbaud, quien a los 16 años encantó y asombró con su talento poético al ya consagrado Paul Verlain [bueno, es de creer que también quedó impresionado con la arrogante belleza de ese adolescente].

Arthur escribió la mayoría de sus poemas entre los 16 y los 20 años. Después su vida personal se vio marcada por la desgracia, su comportamiento al margen de todo, equívocos y los desencuentros; algo de lo que no me interesa hablar, al menos no hoy que es su cumpleaños; ya sus detractores se han dado gusto calificándolo como un delincuente y con peores adjetivos.
A ese respecto me voy a guardar mi opinión, mi intención no es establecer juicios, ni condenar a nadie; mucho menos a Rimbaud, pues, como ya lo dije, adoro a los ángeles caídos.

Hoy 20 de octubre (nació 10 días después que su contemporáneo Oscar Wilde, también, bajo el signo de libra) se cumplen 153 años del nacimiento de este extraordinario
enfant terrible; cuya vida terrena fue breve, como breve, pero rica y perdurable fue su obra poética.

Una Temporada en el Infierno -

Antaño, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde corrían todos los vinos, donde se abrían todos los corazones.

Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la injurié.

Yo me he armado contra la justicia.

Yo me he fugado. ¡Oh brujas, oh miseria, odio, mi tesoro fue confiado a vosotros!

Conseguí desvanecer en mi espíritu toda esperanza humana. Sobre toda dicha, para estrangularla, salté con el ataque sordo del animal feroz.

Yo llamé a los verdugos para morir mordiendo la culata de sus fusiles. Invoqué a las plagas, para sofocarme con sangre, con arena. El infortunio fue mi dios. Yo me he tendido cuan largo era en el barro. Me he secado en la ráfaga del crimen. Y le he jugado malas pasadas a la locura.

Y la primavera me trajo la risa espantable del idiota.

Ahora bien, recientemente, como estuviera a punto de exhalar el último ¡cuac! pensé en buscar la llave del antiguo festín, en el que acaso recobrara el apetito.

Esa llave es la caridad. ¡Y tal inspiración demuestra que he soñado!

"Tú seguirás siendo una hiena, etc... declara el demonio que me coronó con tan amables amapolas. "Gana la muerte con todos tus apetitos, y con tu egoísmo y con todos los pecados capitales".

¡Ah! ¡por demás los tengo! Pero, caro Satán, os conjuro a ello, ¡menos irritación en esos ojos! Y a la espera de las pocas y pequeñas cobardías que faltan, desprendo para vos, que amáis en el escritor la ausencia de facultades descriptivas o instructivas, unas cuantas páginas horrendas de mi carnet de condenado.

mayo-agosto 1873 Jean Arthur Rimbaud

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El cine también se ha interesado en su vida y como lo que vende es el morbo, lo que ha gustado para ser llevado a la pantalla ha sido su relación con Paul Verlaine,

Total Eclipse

Género: Drama
UK, FRA, BEL, ITA - 1995 - 107 min.

Directora: Agnieszka Holland
Intérpretes: Leonardo DiCaprio (Arthur Rimbaud), David Thewlis (Paul Verlaine), Romaine Bohringer (Mathilde la esposa de Verlaine)


La directora polaca Agnieszka Holland realizó esta coproducción en 1995; centrando su mirada en la tormentosa relación amorosa de Rimbaud y Verlaine. Entre los reparos (varios) que yo le pongo a al film están, obvio, que Rimbaud sea representado por el divo hollywoodense DiCaprio, que esté hablado en inglés y que la directora no intente, ni tantito, profundizar en la compleja personalidad de ambos poetas; con lo cual resulta una visión, para mi gusto, un tanto superficial. Ni siquiera es un drama homo-erótico, en ese sentido es muy light; creo que los momentos de mayor intensidad dramática son los protagonizados por Mathilde (una convincente Romaine Bohringer) y Verlaine, mientras que a Rimbaud de pronto lo deja ver como un superfluo, arrogante, odioso y abusivo adolescente.






agosto 22, 2007

De lluvias, negruras y hororres

No puedo evitar que la lluvia citadina trastoque mi estado de ánimo, me dan ganas de estar en cualquier parte (bueno cualquiera, cualquiera lo que se dice cualquiera, no) menos en mi oficina. Tampoco puedo evitar sentir cierta melancolía, añoranza por días lluviosos ocurridos en otro tiempo, en otro espacio. Hoy ha llovido intermitentemente durante todo el día, al menos desde las 7:00 AM en que salí de mi casa así ha estado y no parece que vaya a mejorar. A la par que el clima decae, mi mente se torna sombría, idónea como para componer el poema más lúgubre que sea posible, pero no puedo. Hay quien dicen que para sentirse poeta no hace falta llamarse Charles Baudelaire o Jorge Luis Borges, que es cosa de estar un poco loco y dejarse ir. Creo que eso no es cierto; al menos en mi caso no funciona, la poesía simplemente no se me da; lo de estar medio loca, sí, pero con eso no me basta. Mejor recurrir a otros que sin apellidarse Baudelaire o Borges, han sido poetas, escritores y, por supuesto, han estado medio locos, o quizá demasiado lúcidos.


Eres el horror...

Eres el horror de la noche
te amo como se agoniza
eres frágil como la muerte.

Te amo como se delira
sabes que mi cabeza muere
eres la inmensidad del temor

Eres bella como matar es bello
con le corazón desmesurado me ahogo
tu vientre está desnudo como la noche
.


Tengo frío...

Tengo frío en el corazón y tiemblo
desde las profundidades del dolor te llamo
con un grito inhumano
como si pariera.

Tu me ahogas como la muerte
lo sé desgraciadamente
sólo te encuentro agonizando
eres bella como la muerte.

Todas las palabras me ahogan
.


Georges Bataille

septiembre 20, 2006

Borges infinito

Confieso mi profunda vergüenza por ser tan ignorante en materia poética. Por alguna extraña razón (extraña en alguien tan proclive a la cursilería y la chilladera tipo plañidera, como soy yo), la poesía no ha sido mi lectura favorita. Debo decirlo con todas sus letras: me remuerde la conciencia. Últimamente he tratado de empezar el camino de la reparación, será largo y sinuoso, espero no desfallecer. No obstante, el no saber gran cosa de poesía no significa carecer de sensibilidad para apreciarla, vaya si que leo algo de Borges, hasta una ignorante de mi tamaño no puede dejar que exclamar, al más puro estilo mexicano y con la venia de otro grande, Octavio Paz: ¡Que chingonería! Aquí un pequeño ejemplo del genio infinito de Jorge Luis Borges


EL REMORDIMIENTO

He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz.

Cumplida no fue su joven voluntad.
Mi mente se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado
.