que todo se despelleja
y el frío la cal aqueja
de los huesos. ¡Qué atrevida
la osamenta que convida
a su manera a danzar!
No la puedo contrariar:
la vida es un sueño fuerte
de una muerte hasta otra muerte
y me apresto a despertar.
Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]
“No conoce el mar quien vigila el mar. No conoce el mar quien se acerca a su orilla para contemplar el paisaje. Sólo conoce el mar quien se zambulle en él, quien asume sus riesgos y olvida el mar en el mar. Quien se pierde en lo desconocido como en una mujer se pierde el amor…” [Mahmud Darwish, Memoria para el Olvido.]
"Yo no me encuentro a mí mismo donde me busco. Me encuentro por sorpresa cuando menos lo espero" Montesquieu"Dices: Iré a otra tierra, hacia otro mar
Konstantin Kavafis: La ciudad
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado,
Y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos en esta desolada languidez.
Donde vuelvo los ojos sólo veo
las oscuras ruinas de mi vida
y los muchos años que aquí pasé o destruí".
No hallarás otra tierra ni otro mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás.
Pues la ciudad es siempre la misma. Otra no busques –no la hay–
ni caminos ni barco para ti.
La vida que aquí perdiste
la has destruido en toda la tierra"
No sé cuándo fue la última vez que me emocioné con un discurso político y le creí al hombre que lo decía; es más, no recuerdo si alguna vez le he creído a algún político, menos que me haya emocionado con él. Me pasa la Obamanía por todos lados y me sorprendo de no compartirla, pese a despreciar a George Bush por sobre todos los sátrapas de esta tierra. Yo siempre tan afín a las causas perdidas y adoradora de los héroes improbables, veo la Obamanía global e intento recordar cuándo fue la última vez que sentí algo parecido. Lo más cercano, y a kilómetros, fue mi hoy desaparecida U2manía; esa que me llevó a formarme por horas en las taquillas del Azteca para un concierto en 1997, escuchar sus discos todo el día y ver en su baterista Larry Mullen Jr., al Dios Gaélico de mis sueños (él sigue estando buenísimo, que eso no se quita como si fuera gripa). Los políticos deben ser los seres en los que menos confío; llaméense como se llamen, tengan el color de piel que tengan y así sean los poseedores de la sonrisa del millón. Eso debe ser común a muchas personas; pero en alguien egresado de Ciencias Políticas, el que la política te provoque dolores de cabeza y nauseas a partes iguales, ya no lo ha de ser tanto. Dice mi papá que me volví escéptica y perdí la fe en los políticos por culpa de las historias que me contaba mi abuela. Quizá tenga razón. Somos oriundos de la región serreña donde incubó una de las primeras guerrillas de este país, allá por los años 60 y 70 del siglo pasado [guerrilla outsider, sin uniformes a la moda ni armas sofisticadas financiadas sabe Dios por quién; liderada por maestros rurales y no por farsantes encapuchados que posan para la portada de Quien y Gatopardo y dan entrevistas en directo en el canal de las estrellas]. Mientras los demás niños crecieron escuchando historias de aparecidos, yo crecí escuchando increíbles historias de apóstoles de la educación, que por la mañana daban clases en la destartalada primaria rural y por la tarde hacían asambleas en las que hablaban de revoluciones, en búsqueda de caminos políticamente incorrectos, que les ayudasen a cambiar el jodido presente y negro futuro de esa región, dejada por Dios en manos de los gobernantes caciquiles del sempiterno PRI. Escuché de sus acciones de héroes equivocados, de sus actos, algunos violentos, pero nada comparables a la sarta de mentiras que cuenta la historia oficial para así justificar la represión y la guerra sucia de los años 70's. También supe que al final de cuentas de nada sirvió, los guerrilleros fueron apresados, torturados, encarcelados y asesinados; la región siguió igual de jodida y continuó siendo gobernada por el hijo del hijo del cacique en turno. Cambiaran de color de partido, pero no dejan de ser los mismos miserables de siempreY como si con esas historias no hubiera yo tenido suficiente, no tuve mejor ocurrencia que meterme a la Facultad de Ciencias Políticas. Tras cuatro años, salí convencida de que los políticos del mundo real distaban mucho de los idealizados por Max Weber y además, distorsionaban y desprestigiaban a Maquiavelo el padre la Ciencia Política Moderna y no un estulto, como suelen ser la mayoría de los políticos de este país. La política: el arte de negociar; debe ser conocimiento, experiencia y aprendizaje. Pero para mí, la política es parecida al amor: encarna honestidad y valor. Se requiere honestidad para reconocer cuando no es lo adecuado y valor para cambiar y alejarse; se necesita más valor y honestidad, para seguir ahí a pesar de todo, contra todo; sin condescender ni traicionar.
Pero me gustan los poetas…
""Cada vez que nos dan clases de amnesia
como si nunca hubieran existido
los combustibles ojos del alma
o los labios de la pena huérfana
cada vez que nos dan clases de amnesia
y nos conminan a borrar
la ebriedad del sufrimiento
me convenzo de que mi región
no es la farándula de otros
en mi región hay calvarios de ausencia
muñones de porvenir/arrabales de duelo
pero también candores de mosqueta
pienos que arrancan lágrimas
cadáveres que miran aún desde sus huertos
nostalgias inmóviles en un pozo de otoño
sentimientos insoportablemente actuales
que se niegan a morir allá en lo oscuro"
[El gran simulacro Mario Benedetti, fragmento]
UP DATE Y para poner pies en polvorosa… es decir, en la tierra...
[Renoir, Dejeuner des canotiers]A veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.
Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.
A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.
Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires,
te mires al mirarme.
Jean Nicolas Arthur Rimbaud (Charleville, Francia, 20de octubre de 1854 – Marsella, 10 de noviembre de 1891)Lo confieso: siento una inocultable debilidad por los “ángeles caídos”; los individuos señalados con el dedo flamígero de la gazmoñería y la corrección social, esos son los que más me atraen; salvo contadísimas excepciones, los niños buenos, políticamente correctos y blandengues me provocan flojera. En cambio, esos seres oscuros y a la vez luminosos; desafiantes, rebeldes; generalmente defenestrados por la hipocresía y la doble moral social; me provocan una mezcla de admiración y seducción espontánea....

Una Temporada en el Infierno -
Una noche, senté a
Yo me he armado contra la justicia.
Yo me he fugado. ¡Oh brujas, oh miseria, odio, mi tesoro fue confiado a vosotros!
Conseguí desvanecer en mi espíritu toda esperanza humana. Sobre toda dicha, para estrangularla, salté con el ataque sordo del animal feroz.
Yo llamé a los verdugos para morir mordiendo la culata de sus fusiles. Invoqué a las plagas, para sofocarme con sangre, con arena. El infortunio fue mi dios. Yo me he tendido cuan largo era en el barro. Me he secado en la ráfaga del crimen. Y le he jugado malas pasadas a la locura.
Y la primavera me trajo la risa espantable del idiota.
Ahora bien, recientemente, como estuviera a punto de exhalar el último ¡cuac! pensé en buscar la llave del antiguo festín, en el que acaso recobrara el apetito.
Esa llave es la caridad. ¡Y tal inspiración demuestra que he soñado!
"Tú seguirás siendo una hiena, etc... declara el demonio que me coronó con tan amables amapolas. "Gana la muerte con todos tus apetitos, y con tu egoísmo y con todos los pecados capitales".
¡Ah! ¡por demás los tengo! Pero, caro Satán, os conjuro a ello, ¡menos irritación en esos ojos! Y a la espera de las pocas y pequeñas cobardías que faltan, desprendo para vos, que amáis en el escritor la ausencia de facultades descriptivas o instructivas, unas cuantas páginas horrendas de mi carnet de condenado.
mayo-agosto 1873 Jean Arthur RimbaudTotal Eclipse
Género: Drama
UK, FRA, BEL, ITA - 1995 - 107 min.
Directora: Agnieszka Holland
Intérpretes: Leonardo DiCaprio (Arthur Rimbaud), David Thewlis (Paul Verlaine), Romaine Bohringer (Mathilde la esposa de Verlaine)
No puedo evitar que la lluvia citadina trastoque mi estado de ánimo, me dan ganas de estar en cualquier parte (bueno cualquiera, cualquiera lo que se dice cualquiera, no) menos en mi oficina. Tampoco puedo evitar sentir cierta melancolía, añoranza por días lluviosos ocurridos en otro tiempo, en otro espacio. Hoy ha llovido intermitentemente durante todo el día, al menos desde las 7:00 AM en que salí de mi casa así ha estado y no parece que vaya a mejorar. A la par que el clima decae, mi mente se torna sombría, idónea como para componer el poema más lúgubre que sea posible, pero no puedo. Hay quien dicen que para sentirse poeta no hace falta llamarse Charles Baudelaire o Jorge Luis Borges, que es cosa de estar un poco loco y dejarse ir. Creo que eso no es cierto; al menos en mi caso no funciona, la poesía simplemente no se me da; lo de estar medio loca, sí, pero con eso no me basta. Mejor recurrir a otros que sin apellidarse Baudelaire o Borges, han sido poetas, escritores y, por supuesto, han estado medio locos, o quizá demasiado lúcidos.
Confieso mi profunda vergüenza por ser tan ignorante en materia poética. Por alguna extraña razón (extraña en alguien tan proclive a la cursilería y la chilladera tipo plañidera, como soy yo), la poesía no ha sido mi lectura favorita. Debo decirlo con todas sus letras: me remuerde la conciencia. Últimamente he tratado de empezar el camino de la reparación, será largo y sinuoso, espero no desfallecer. No obstante, el no saber gran cosa de poesía no significa carecer de sensibilidad para apreciarla, vaya si que leo algo de Borges, hasta una ignorante de mi tamaño no puede dejar que exclamar, al más puro estilo mexicano y con la venia de otro grande, Octavio Paz: ¡Que chingonería! Aquí un pequeño ejemplo del genio infinito de Jorge Luis Borges