Nunca había estado en un Centro para mujeres sin hogar; pero aquella noche Hugo me había pedido acompañarlo a realizar su visita diaria. Después de intercambiar los saludos y comentarios de rigor con el director del sitio, iniciamos el recorrido; mi amigo entró -y yo tras de él- en cada habitación saludando y haciendo algún comentario a las ocupantes. Al terminar, volvimos a la oficina del director con quien habló brevemente acerca del funcionamiento del lugar y ya estábamos a punto de marcharnos, cuando Hugo se volvió para preguntar por alguien en especial ¿y Ella cómo está, sigue sin querer hablar con nadie? A lo que el director contestó: "mucho mejor, ha salido de su mutismo, si quieres vamos verla" Y fuimos... hasta una habitación situada al final del corredor, lejos de todas las demás mujeres y bajo llave, donde se encontraba Ella. Cuando entramos, estaba abstraída mirando el afiche de alguna paradisíaca playa; transcurridos unos minutos salió de su contemplación y nos dedicó una sonrisa lejana, como si viniera desde la playa en que había estado perdida. Al mirar su rostro me quedé muda. Ahí frente a mí, en ese sitio poblado de mujeres solas, extraviadas y abandonadas, estaba la chica más hermosa que había conocido en mi niñez.Se llamaba Lilian y había ingresado a la escuela ya avanzado el curso; muy alta, tan diferente a las niñas de once y doce años que llenábamos el salón. A los catorce años apenas cursaría el sexto grado, debido a que el trabajo de su madre les obligaba a viajar constantemente dentro y fuera del país, con la consecuente interrupción de los estudios de la chica. Cuando Lilian nos fue presentada por la maestra, todas las miradas se quedaron clavadas en ella, admiradas ante su extraña y precoz belleza. No nos convertimos en las grandes amigas -imagino que yo era demasiado niña y boba para ella-, pero si llevamos una buena relación y solía acudir a mi casa a hacer tareas, llegándome a contar de su vida en otras ciudades, del divorcio de sus padres y sobre todo, de su novio Miguel, Un aprendiz músico y pintor con el que me la encontré varias veces cerca del parque y a quien mis imberbes once años veían demasiado viejo para ella. Como era de esperarse, Lilian se convirtió en el sueño de todos los niños de quinto y sexto año; una especie de símbolo sexual adolescente; la chica más popular dentro y fuera del colegio. A ella parecía darle igual, quizá porque esos mocosos de once y doce años, se le hacían demasiado infantiles. Fue reina de la primavera, del equipo de futbol... algo que no le disgustaba y sin embargo, denotaba un cierto desapego por ese tipo de cosas; por casi todo. La única asignatura en la que mostraba entusiasmo era música. Le gustaba mucho cantar y cuando lo hacía, sus azules ojos reflejaban una emoción contagiosa. Desconozco cuáles habrán sido sus sueños, pero recordando el intenso brillo de su mirada mientras cantaba, repaso algunos comentarios sobre los planes (o amenazas) de su madre, quien quería mandarla a vivir con su abuela a Chihuahua; idea que ella aborrecía. Y entonces, fantaseo que Lilian soñaba con cantar y recorrer el mundo... volar.
Tantos años después, cuando ya ni me acordaba de ella, volverla a ver y encontrarla así. ¿Qué hacía la diosa adolescente de mi escuela primaria, refundida en un hogar mantenido gracias a las donaciones públicas y a las buenas intenciones de algunas personas? ¿Qué habría vivido, sufrido y gozado durante todos esos años, para estar convertida en esa mujer ausente? Aparentaba varios años más de los que tenía y su imagen distaba mucho del glamour sexy, con que yo la fantaseaba cantando arriba de un escenario. Cierto que su mirada no había perdido del todo aquel brillo azulino, pero lejos quedaban los destellos de sus ojos mientras cantábamos en el coro de la escuela primaria. Mi amigo y el director del Centro le hicieron algunas preguntas, a las que dio respuestas incoherentes. Unos minutos más tarde salimos del lugar y yo me obligué al silencio, pero cuando ya no pude más le pregunté a Hugo qué sabía de Ella. Su respuesta, totalmente común, no dejó de impactarme: Dieciocho meses atrás, una madrugada Lilian había sido encontrada vagando en el centro de la ciudad, vestida con ropa de cóctel que parecía llevar puesta hacía semanas, hablando incoherencias y totalmente intoxicada por una ecléctica mezcla de drogas. Después de una breve estadía en un hospital, la llevaron al Centro donde permaneció un tiempo en absoluto silencio; inmóvil como un fantasma. Poco tiempo después, se escapó pero uno de los voluntarios se dio a la tarea de encontrarla y lo logró; la regresaron al Centro y por eso ahora la tenían bajo llave y aislada. Ya no había vuelto a intentar escapar, ni daba problemas de ningún tipo; se pasaba el día ensartando chaquiras en hilo y contemplando su afiche de la playa de ensueño; no preguntaba por nadie y en todo ese tiempo nadie la había buscado, pese a que habían publicado sus datos y fotografía en alguna gaceta ciudadana, pues extrañamente Lilian traía identificación, pero no respondió ningún familiar o amigo... como si ella no existiera; como si a nadie le importara.
Ella... convertida en una mujer totalmente extraviada, vaciada de emociones; sola y olvidada. Cualquier futuro, menos ese, habría yo imaginado para la adolescente que cantaba a todo pulmón, mientras sus inmensos ojos azules brillaban intensamente, haciendo volar a más de un ingenuo corazón infantil...
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ADENDA: Estimados y amables visitantes siento mucho no ser capaz de historias divertidas; me encantaría poder ser alegre y jovial en mis relatos. Pero no se me da; la comicidad no es lo mío... salvo que se trate de reírme de mi misma. Por ello, me disculpo si esta historia, de la vida real, les ha causado pesar. En verdad lo lamento.
fotograma de The dreamers, Eva Green.

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