escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

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septiembre 07, 2009

desnudeces

Un somero vistazo al historial del desnudo femenino "artístico", nos llevaría a creer que este ha sido, mayoritariamente, una cuestión masculina. Desde el mito griego existente en torno a la creación de la mujer perfecta, La Venus de Milo, mediante la unión de los pedazos de muchas mujeres imperfectas, tal parecería que su representación e interpretación ha estado a cargo -casi siempre- de hombres. Es una perogrullada afirmar que la perfección y belleza son cuestión de apreciación totalmente subjetivas, permeadas por los usos y costumbres de cada época determinada, pero así es. Sin embargo, me atrevería a decir que ha existido un hilo común: la idealización de la imagen femenina. No sólo en lo concerniente a la belleza, también en lo que respecta a la actitud. En un varias de las obras artísticas (no todas desde luego), lo que prima es una especie de pasividad, cuando no de sometimiento de la mujer ahí plasmada; aspecto que no ha obstado para que el cuerpo femenino, más ampliamente la mujer, haya simbolizado también, conceptos bastante ingratos y hasta combativos. Pero en la mayoría de esas representaciones, la mujer funge más como objeto, no como sujeto. Un cuerpo no completamente desnudo, recubierto por el velo de los prejuicios e ideales del imaginario masculino; la femineidad llevada, en algunos casos, hasta la sublimación de la belleza... por la gracia de un arte hecho por hombres (es pertinente puntualizar que no pretendo, ni remotamente, asumir una suerte de feminismo relamido ni mucho menos hard; simplemente expongo lo que mis subjetivos ojos ven).

Pero no es de arte antiguo ni moderno, mucho menos de feminismo trasnochado de lo que quería escribir aquí... que de eso nada sé; pasa que en algún momento de mi divagación se me atravesó este impresionante lienzo de Paul Gustave Doré y su contemplación me condujo por otros lares. En realidad, me interesaba divagar sobre la eterna dicotomía entre el desnudo a secas y el llamado desnudo artístico. Al parecer siempre habrá de clasificarse, y así aprobar y/o descalificar, a unos como manifestaciones artísticas y a otros como simples encueres, sin importar que unos y otros se hagan a cambio de dinero. Los caminos del arte son tan inescrutables e inclasificables... como los del Señor.

A primera vista sería fácil pensar que en estos tiempos, en los que quitarse la ropa ha dejado de ser sinónimo de indecencia y novedad (excluyendo los complejos entramados del mundo islámico), los desnudos femeninos, como las femme fatale, habrían perdido parte de su carácter transgresor y de su gracia; dada su sobreabundancia en el caso de los desnudos y el franco desvío de su significado y alcance, en lo concerniente al termino mujer fatal. Pero no, al menos no del todo. Aún con la difícil competencia que ha venido a significar el Internet, las damas siguen posando faltas de ropa (o con escasas prendas) para revistas que continúan vendiéndose bien. Será porque al final del día -como dicen los neoliberales-, el cuento es el mismo y el morbo sigue siendo nuestro motor. 

¿Existe una edad apropiada para desnudarse; una en la cual -más allá de los aspectos meramente estéticos- no se vea mal hacerlo? A simple vista, en una sociedad empecinada en privilegiar a la juventud como su valor supremo y esencial, la edad "idónea" para quitarse la ropa frente a la lente de un experto, sin que las voces denostadoras (que siempre van a existir) emerjan, serían qué... ¿los 20's? ¿aceptable un poco antes y no tanto un mucho después?


Pues no, este mundo amante de la juventud guarda espacio y gusto para todo. Basta con recordar la gran cantidad de mujeres famosas, bien entradas en sus cuarenta o más, que han decidido destaparse en el más amplio sentido  del término. Una de ellas, la actriz Sharon Stone quien recientemente cumplió 51 años y no encontró mejor forma de festejarlo, que celebrándose a sí misma posando escasa de ropita para la revista Paris Match. Y al menos para mis subjetivos ojos, no son sus poses desinhibidas o sus atuendos tipo dominatriz, lo más desafiante de ella en ese amplio reportaje, sino la frase que aparece en la portada de la revista gala: J'ai 50 ans... et alors? 

La mujer a los cincuenta, se quita la ropa (o la reduce a su mínima expresión) y se asume como objeto de la lente pero, sobre todo, como sujeto de la obra fotográfica. Quizá sólo sea un masaje a su autoestima, un simple capricho o una forma de desafiar a más de uno (aunque en el reportaje de marras reniegue de esto último), lo cierto es que la provocadora de los instintos más básicos, no acepta darse por derrotada en un medio dominado por veinteañeras. ¿Equivocada, ególatra, arrogante, desubicada y hasta desesperada? No me corresponde a mí determinarlo; pero en todo caso, nos diría ella... et alors?




Paul Gustave Doré, Andrómeda,
Sharon Stone fotografiada por Alix Malka

junio 14, 2009

cadencia al andar

Primer tiempo. Abril caminaba de manera única; nunca he vuelto a ver a alguien caminar así. Más que caminar, parecía flotar. Cuando atravesaba la explanada de la Facultad, era casi imposible no voltear a mirarla; todos parecían pendientes de su andar y lo seguían hasta que se perdía en algún pasillo, o descendía por las escalinatas que conducían al estacionamiento. Siempre sola, acompañada por esas miradas a las que ella parecía ajena. Yo también era presa del arrobamiento generado a su paso; no me empujaba el deseo o la envidia, que parecían ser el común de todos los demás mirones. A mí, ella me provocaba una sensación mezcla de fascinación e intriga. Y es que a decir verdad, en algo tenían razón las señoritas de la pasarela [un grupito de niñas que parecían mimetizadas unas con otras y que acostumbraban llegar a clase de siete de la mañana, vestidas y maquilladas como para sesión de modelaje], quienes no ocultaban su recelo y envidia hacia Abril: ella no era especialmente bella, ni tampoco poseedora de una figura espectacular. Pero era justamente eso, lo que la volvía más fascinante, al menos para mí. Me intrigaba y no podía dejar de preguntarme, qué era lo que hacía tan especial a una mujer de apariencia nada extraordinaria. No sé en qué cambiaría las cosas, el que yo supiera dónde radicaba la magia de Abril; pero eso no impedía que yo siguiera preguntándomelo. Supongo que a los 19 años, lo que en el fondo me interesaba, era averiguar si ese no sé qué de Abril... podía aprenderse. Y la respuesta la tuve de dónde menos la hubiera esperado: de parte del único hombre, al que nunca me tocó ver presa del embelesamiento Abrilino, Luis. El chico más brillante de mi generación, cuyas participaciones en clase de Teoría Social deslumbraban a todos, incluyendo al profesor. Sucedió una extraña mañana, en la que yo estaba tan absorta en la lectura de un libro, que ni cuenta me dí cuando Abril cruzó frente a mi y tampoco sentí cuando Luis se sentó a mi lado en la misma jardinera. Sólo me percaté de su presencia, al escuchar su voz diciéndome: "¿sabes qué es lo que la hace casi irresistible? Y sin esperar mi reacción, continuó: la cadencia; esa mujer camina con una cadencia pasmosa, su andar no es rápido, ni provocativo o forzado; es cadencioso y por eso resulta inevitable seguirlo con la mirada. ¿Eso era todo? Su explicación me dejó un poco decepcionada. Viniendo de él, yo me hubiera esperado un discurso casi filosófico, en torno a ese no sé qué poseído por ciertas mujeres, que las vuelve seductoras, pese a no encajar en esos caprichosos y estereotipados cánones de belleza, impuestos a golpe de publicidad. Pero no; solo eso dijo y cambiando por completo de tema, me hizo una inusitada oferta: "Si hay algo que no entiendas de La Fenomenología del Espíritu, tú nada más dímelo y yo con gusto te lo explico." Un envidiable ofrecimiento, pero en ese momento... a mi me interesaba más desentrañar los secretos de La Cadencia... que adentrarme en las profundidades de la Filosofía Hegeliana.

Segundo tiempo. Algunos abriles después, experimenté mi propio andar, más pasmoso que cadencioso; pero eso sí, sin perder el ritmo. Eran las siete de la mañana de un lunes y yo me dirija a una entrevista laboral en Toluca, por lo que debía tomar un autobús en la Terminal Poniente, ubicada en el metro Observatorio. Siguiendo las instrucciones de un amigo, de evitarme el peligroso cruce peatonal, salí de la estación del Metro por la planta alta, lo que implicaba bajar una larga escalinata, que no habría tenido mayor problema de no existir tres pequeños detalles: no tenía barandales, yo traía altos tacones y al pie de la escalera, se encontraba un nutrido grupo de hombres desempleados, quienes en espera de algún contratista, entretenían su tiempo revisando al personal que pasaba por ahí... y a esa hora, la única despistada que tuvo esa peregrina idea... fui yo. Los silbidos iniciaron nada más descender el primer escalón, por lo que los siguientes 49 los bajé bajo una atronadora silbatina, a la que trataba de no prestar atención para no perder el paso y caerme. Creo que nunca he bajado unas escaleras con tal parsimonia. Por fin llegué al último escalón, pero la cosa no mejoró, pues los hombres estaban sentados a ambos lados, como formando una valla, y yo tenía que cruzar forzosamente en medio de ellos para poder andar el trecho que me faltaba para la Terminal. Los silbidos continuaban, pero por algún milagro de la divinidad, yo no perdí la cadencia de mis pasos, no corrí, ni los miré a ellos e hice caso omiso de sus dichos; así seguí caminando los veinte metros más largos de mi vida, hasta que por fin llegué al mostrador de los autobuses ETN y compré un boleto para el primer camión con dirección a Toluca que saliera.

Por supuesto que mi andar cadencioso o parsimonioso de aquella mañana, nada tenía que ver con el de la embelesadora Abril. Lo mío fue mero instinto de supervivencia, pero mantener una pasmosa cadencia, me salvó de precipitarme escaleras abajo, en un vano intento por huir de los silbidos de... algo así como 100 hombres...

agosto 12, 2008

Ni pénélopes, ni putes

Ni Putes ni Soumises, es el nombre de una polémica organización francesa, ahora extendida a otros países europeos como España, cuyo principal objetivo es combatir la violencia y discriminación de cualquier tipo en contra de la mujer.


Pero putes et soumises, vienen a ser dos categorías extremas en las que hemos sido encajonadas las mujeres. Como si la vida solo pudiera verse en blanco o negro; bueno o malo; oscuridad o luz. Un extremo u otro, pero sin rozar lo que hay entremedio. Únicamente dos opciones: ser la fiel Penélope que se queda 20 años en casa tejiendo y destejiendo, mientras aguarda el regreso de Ulises. O ser la mujer que decide que la vida es más que tejer y destejer… en la espera de un hombre; la mujer que toma el control de su vida y en el camino puede toparse y relacionarse con uno o varios hombres, pero sin supeditarse a ninguno. En alguna época no muy lejana, este segundo tipo de mujer fue considerada casi como une pute. Aún hoy, se sigue admirando a Ulises porque salió al mundo, luchó guerras, vivió aventuras -y seguro conoció a muchas mujeres; fue, vio y venció y ya viejo volvió triunfante a Itaca... donde lo aguardaba la fiel Penélope, quien consumió su juventud entre tejidos y destejidos, supeditando su existencia a ese hombre que no estuvo a su lado para amarla, entenderla y se le reconoce como el epítome de la lealtad y sumisión femenina [y por increíble o chocante que resulte y aunque ahora ya nadie teja, con las adaptaciones pertinentes... aún hay muchas Penélopes aguardando el regreso o la llegada de un hombre, no para compartir con él, sino para supeditarse a él].


En tanto, a una mujer extraordinaria como Lou Andreas-Salomé, inteligente, liberal, adelantada a su tiempo, valiosa por si misma; admirada, amada y respetada por personajes como Friedrich Nietzsche, Rainer Maria Rilke y Sigmund Freud, se le recuerda justo por eso, por estos hombres y no por su pensamiento y su pluma [escribió como 15 libros,; un ejemplo, el estudio sobre la filosofía de Nietzsche Friedrich Nietzsche in seinen Werke]. A ella que nunca supeditó su existencia a la de un hombre, que supo amarlos en libertad y cuya pasión por los hombres jamás suprimió la que tenia por la vida... se le recuerda por su relación con ellos. Al final de sus días, ya medio ciega continuaba escribiendo, viajando, haciendo estudios... sola... la llamaban “la bruja”


Pues NO. De ninguna manera el amor a un hombre significa la pérdida de la propia identidad, el sacrificio de una misma en pos de ese amor; la pasión por un hombre jamás debe cancelar la pasión por la vida.


Y pensar que en pleno siglo XXI, todavía hay hombres que piensan y buscan lo contrario... yo recientemente me topé con uno... Ah y aclaro, no soy una feminista extraviada, ni hago panfletos incendiarios, ni nada parecido...


Ni pénélope, ni pute. Mejor une sorcière (bruja) como Lou.

Andres Calamaro El día de la mujer

julio 16, 2008

Ser como se es

Soy curiosa y a veces no me puedo quedar callada; en ocasiones navegando llego a sitios en los que leo algo que ya sea que comparta o no lo haga en absoluto, pero que me motiva a expresar mi opinión. Generalmente son sitios de cine o cosas relacionadas con la cultura popular. Y hasta ahora eso jamás me ha acarreado consecuencias nocivas. Todo lo contrario, por ese medio he podido conocer a gente estupenda, con la que he desarrollado una buena y fructífera relación... pero siempre hay una primera vez. Y de esa primera vez se derivaron sucesos que me llevaron a casi recriminarme por andar opinando y sobre todo, contestando correos de desconocidos; pero lo hecho, hecho está. La WEB, que tan importante y casi imprescindible se nos ha vuelto, que nos ha posibilitado acercarnos a personas y sitios con los que de otra forma quizá nunca estableceríamos contacto, en algún momento debe pasarnos la factura, pequeños cobros que, por desafortunados o desagradables que parezcan, son solo una experiencia más.

La confusión, el enojo, la desagradable sorpresa, el constatar que si el mundo es un pañuelo, este universo de la red es todavía más pequeño y puede jugarnos una mala pasada; me llevaron a sopesar la conveniencia de:

a) ausentarme de la red por un buen tiempo; no tanto por huir de él, sino para aprender un poco a no necesitar más de lo que se debe este aparato y este medio de comunicación.

b) a tal grado estaba molesta conmigo que llegué a creer que debía volverme desconfiada, algo que nunca he podido ser -tengo la pésima costumbre de creer en la gente y no esperar que detrás de un saludo amable, del envío de un abrazo o beso virtual, haya algo oscuro o retorcido.

Pero luego recapacité: la primera opción es casi imposible de llevar a cabo, debido a mi trabajo casi siempre estoy conectada a la Web -con las restricciones del caso porque en mi oficina no puedo bloguear ni ver videos. Y la segunda, más que difícil, me parece injusta para conmigo. Pienso que para bien y para mal, soy como soy, tengo una esencia y no voy a permitir que absurdos acontecimientos, o acciones de otras personas, quizá mas solas o confundidas que yo misma -por más que en un primer momento me hayan provocado molestia y llevado a proferir una que otra maldición- vengan a cambiar mi forma de pensar, afecten mi manera de ver y creer en las personas; modifiquen esa esencia. No; eso no lo voy a hacer. No lo valen, ni él, ni los hechos en sí. Y además, sigo pensando que en el fondo lo suyo no fue con mala intención, fue algo así como lanzar dardos al aire -dos que yo sepa, pero pueden ser más- con la intención de que uno, o los dos, dieran justo en el blanco. Afortunadamente ninguno lo hizo, pues en el caminos se cruzaron... en este pequeño mundo de la red.

Y no hizo blanco además, porque yo seré muy confiada y hasta absurdamente ingenua...pero soy bien tímida.

y para quitar cualquier mal sabor y azotarse con gracia y por algo que valga la pena: Calamaro al dos por uno

Algo contigo Andrés Calamaro



Nostalgia Andrés Calamaro

abril 02, 2008

Sévérine y Tess d'Urberville

Imágenes de dos hermosas mujeres

Lo mío son los hombres, pero eso no quita que admire y hasta envidie –a qué negarlo- la belleza y personalidad de algunas representantes de mi sexo. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, quien sabe si en todos los casos... En el cine, las más de las veces ocurre así; claro, con las excepciones y los asegures del caso.

No voy a hacer ninguna apología, ni reseña, ni nada parecido, de Sévérine y Tess d'Urberville, es decir de las mujeres que hay detrás de ambos personajes. Simplemente mencionaré que ambas quedaron marcadas por dichos personajes, por algunas imágenes de los mismos... para siempre y para bien o para mal, según se mire. En general, la “critica especializada” -lo que sea que este término tan odiosito signifique- nunca las ha considerado como grandes actrices. No obstante, en algún momento de sus respectivas carreras, antes o después, ellas hicieron click con el director, el personaje y el film indicados y entonces, su desempeño actoral estuvo a la par de su belleza.


Porque la hipocresía y la simulación social no pasan de moda. DOS PELÍCULAS tan distintas y distantes; sin embargo, con algo en común: tratar sobre hermosas mujeres que desde distinto lugar y estrato social, son víctimas tanto de sus miedos y frustraciones, como de la hipocresía y los perjuicios sociales de su entorno y de su tiempo.
















Belle de jour (1967) - Catherine Deneuve/Sévérine. (Luis Buñuel/1967) Una película sobre el deseo femenino, donde las fantasías eróticas de una mujer insatisfecha e infeliz, son llevadas hasta los limites de la perversión, en medio de la hipocresía de la pequeña burguesía parisina.




















Tess (1979) - Natassjia Kinski/Tess d'Urberville (Roman Polanski/1979) Una película sobre la inocencia traicionada; en donde el giro que dará la vida de la joven campesina Tess la llevará a la desgracia. A ella, que apenas intentaba sobrevivir en medio de la hipócrita y clasista sociedad de la Inglaterra victoriana.

febrero 24, 2008

Solo o acompañado

¿Como prefieres dormir?

La idea original de este tema nació de un link visto en el blog de
Pez, en el que se hablaba con mayor amplitud sobre el tema, yo solo he tomado una pequeña parte.


















Una mujer como yo, que por más desencantada que se encuentre no deja de ser cursi de un día para otro; que continúa persistiendo en la necedad de ser una romántica démodé, o como quieran llamarme. La cosa es que aquí su humilde escribiente, siempre había tenido la peregrina idea de que, después de hacer el amor con un hombre que realmente le importaba, lo segundo mejor era dormir con él. Y ahora resulta que para ellos, para los hombrecitos, no necesariamente es beneficioso.

Según unos científicos austriacos, para los hombres es nocivo dormir acompañados [Compartir cama "cansa el cerebro], ya que al compartir cama y “pelear por las sabanas” disminuye la calidad de su sueño pues se incrementa la producción de las hormonas del estrés con lo que... -aquí viene lo peor- se ve afectada su aptitud para el conocimiento. Válgame, o sea que si un hombre duerme acompañado a diario puede volverse un poquitín tonto.

Lo gracioso del asunto es que en las mujeres... el efecto nocivo de dormir acompañadas es menor. Siguiendo a estos científicos, parece ser que al razón de esto estriba en que las mujeres estamos más acostumbradas a lidiar con obstáculos e inconvenientes, llámense peleas por cobijas, ronquidos o patadas bajo al sábanas (o bajo la mesa), razón por la cual dormir con o sin pareja, no nos afecta mayormente y una vez que logramos conciliar el sueño podemos hacerlo profundamente. Mientras que el sueño de los hombres será menos reparador del cansancio; eso sí, ellos consiguen recordar mejor sus sueños... si antes de dormir hicieron el amor.

Después de leer semejante nota, lo único que cabe esperar es que no nos vayan a salir con una nueva moda... justificada en aras de la salud y el conocimiento masculino; algo así como la readaptación aquella "suprema creación" del foxiato, la inolvidable consigna del Comes y te vas... para trasladarla a un –dicho sea con el debido respeto para mis amables visitantes, sean o no, unos románticos empedernidos, unas “damas de la vela perpetua”, o unos puristas del lenguaje:

“Coges y te vas" Algo que me parece la antítesis, ya no solo del romanticismo, sino del buen gusto y el tacto ¿no?; aunque evidentemente habrá quien lo considere su opción más práctica.

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Dicen que el cine es la fábrica de los sueños, y escribiendo este post me vinieron a la mente los títulos de dos filmes, debido a su relación con el tema. Aclaro que solo el título se relaciona directamente, porque la trama versa más bien sobre la soledad y la falta de opciones de seres marginales, jóvenes que se sienten solos aún sin estarlo... por lo menos en lo que refiere a la proximidad física de otros.

Hei yan quan (2006)- (No Quiero Dormir Solo), del director malayo-taiwanés Tsai Ming Liang. Film de difícil entendimiento calificado, según el crítico en cuestión, o como una gran película, o una mera bomba de nembutal. Yo no la he visto.

J'ai pas sommeil (1994)- (No tengo sueño) de la cineasta francesa Claire Denis, cuya obra fílmica (la que le conozco) se caracteriza por ser todo, menos complaciente.





noviembre 07, 2007

De (anti)heroínas, Nikita

A través del cine vivimos la fantasía, soñamos, desarrollamos nuestra imaginación, nos identificamos con algunos personajes, nos enamoramos de ellos, los odiamos, los envidiamos, los adoptamos como héroes, etc. Al posibilitarnos vivir, a través de esos héroes y heroínas, aventuras y situaciones impensables, ciertas películas, ciertas historias y ciertos personajes le agregan sabor y emoción a nuestras (sin ofender, hablo de mi) convencionales existencias.

Son incontables los niños, y no tan niños, los que se identifican con los súper héroes, mayoritariamente los creados por la industria del entretenimiento estadounidense; superman, los4 fantásticos, Batman, el hombre araña, harry potter; etc. Ellos, más que ellas, han soñado con ser “el héroe de la película” -y no precisamente como el gober precioso- y salvar al mundo de los malosos. Casi todos esos superhéroes tienen en común ser, con sus más y sus menos, políticamente correctos, socialmente convenientes y mayoritariamente… hombres; o sea, la heroicidad es una cuestión masculina, las mujeres debemos aspirar a ser las salvadas, no las salvadoras. Quizá debido esto, con excepción de Batman (por oscuro y ambiguo, supongo), los súper héroes gringos nunca me han llamado la atención; lo mío son los antihéroes, los personajes socialmente inconvenientes y políticamente incorrectos.


Nikita solo hay una

Tengo algunos antihéroes favoritos, también alguna anti-heroína, no muchas pues no abundan; pero una es especial pues se trata de uno de los personajes femeninos –cinematográficos- más interesantes que he conocido: NIKITA; la original, la que Luc Besson creó cuando su imaginación aún era pródiga y el éxito internacional no lo había trastocado. Anoche (gracias a mi querido champy me enteré que en la tienda de Slim la tenían) me reencontré con ella después de años de haberle visto por primera vez. Me dio gusto que a más de 15 años de haber surgido, Nikita se conserve de manera excelente; el film ha envejecido bien.


Sinópsis
Tras un violento asalto a una farmacia, acompañando a su novio y a otros amigos, Nikita mata, innecesariamente pues todo está perdido, a un policía y es sentenciada a cadena perpetua, la cual le será conmutada si acepta enterrar su antigua personalidad y convertirse, tras una ardua preparación, en una asesina profesional bajo las órdenes el servicio secreto francés. Ante la disyuntiva, pese a no quererlo, la chica -de 20 años- acepta el ominoso trato, con lo cual su vida dará un giro hacia lo impensable.

El film está bien construido, bien actuado y bien narrado; no hay sentimentalismos, no hay exceso de violencia, ni tampoco rocambolescas vueltas de tuerca; tiene un ritmo constante a lo largo de sus 117 minutos. Un aspecto muy interesante de la historia es que contrapone -sin falsos aires de denuncia- dos formas de practicar la violencia, de matar; lo que no significa que haya asesinos buenos y malos. Simplemente hace remarcable lo que ya sabemos, en tanto el Estado detenta el monopolio de la violencia y del uso de la fuerza, si en su nombre se mata, en forma por demás deliberada y planeada, se trata de un acto de justicia, de un servicio a la patria; algo políticamente correcto. Si esa misma persona lo hiciera al margen el Estado, entonces, sin importar ni las motivaciones de uno u otro acto de matar, esa misma persona será un asesino y acabará en la cárcel. Así de simple, mientras se mate a quien le ordene el Estado, el servicio secreto (se tenga licencia para matar), se estará actuando bien. Y eso es lo que debe aceptar y hacer Nikita.

El personaje que da titulo al film es, como decía, muy interesante, presenta a una joven mentalmente frágil que va de uno a otro extremo del espectro emocional; se trata de una chica sin gran preparación intelectual, muy sensible y dotada de gran sentido común -y no exenta de encanto. Una chica farmaco-dependiente e inestable, que una noche mata sin siquiera meditarlo, como un acto de impotencia, a sabiendas de que no hay salida posible; alguien así, es el blanco perfecto para ser utilizado, manipulado y -una vez que ya no sea útil- desechado por el Estado.

De Nikita me encanta la puntería que tiene con las armas y su fragilidad emocional; dispara con precisión pero se está muriendo de miedo; no teme demostrarle a Marco que lo ama, a pesar de saber que no tiene futuro su relación; odia y quiere a Bob con la misma intensidad; desprecia lo que hace, pero lo ejecuta con profesionalismo; es decir, es la eterna contradicción personificada. Sin duda, a la construcción de este fascinante personaje contribuyó la espléndida interpretación de Anne Parillaud, bien secundada por Tcheky Karyo en el papel de Bob, su mentor; así como por Jean-Hugues Anglade, en el papel de Marco, su novio.

El que yo tenga como una de mis favoritas a una anti-heroína, a una asesina, no solo es socialmente inconveniente, seguramente también es digno de psicoanálisis; pero sucede que yo no le hago a eso, así que...no me preocupo. Además, en esta época de ligerezas, neoliberalismos; en este mundo globalizado e individualista, tener predilección por este personaje es casi (como diría Juliette Binoche luego de posar desnuda para el Playboy) un acto de militancia, de rebeldía, una cierta forma de pasión gregaria.


NIKITA

D: Luc Besson,
FRANCIA-ITALIA, 1990
I: Anne Parillaud, Jean-Hugues Anglade, Tcheky Karyo, Jeanne Moreau, Jean Reno, Roland Blanche, Marc Duret, Philippe Leroy-Beaulieu, Jacques Boudet,

G: Luc Besson
Fotografía: Thierry Arbogast
Música: Eric Serra, Extractos de: "Pequeña música nocturna" de Wolfgang Amadeus, Mozart
Duración: 117 minutos



septiembre 06, 2007

George Sand, mujer insumisa y apasionada

"Pasamos como sombras sobre un fondo de nubes que el sol apenas y rara vez atraviesa y gritamos sin cesar a este sol que nada puede hacer. A nosotros nos corresponde despejar nuestras nubes” George Sand
George Sand, nacida el 1° de julio de 1804 en Paris con el nombre de Amadine-Aurore-Lucile-Lucie Dupin de Francueil, fue una mujer excepcional; escritora y periodista liberal y dueña de convicciones sociales y políticas firmes.

Se distinguió por su actuación en pos de la libertad de pensar, de ser y de hacer; pero sobre todo, por ejercer esas libertades. En una época en que las mujeres cumplían funciones mas decorativas y reactivas que proactivas, George Sand sorprendió y escandalizó, en más de una forma, a la conservadora sociedad francesa del siglo XIX. Firmaba sus novelas con seudónimo masculino, se vestía como hombre, fumaba puro, antes de obtener el divorcio abandonó a su marido, tenía un círculo de amigos mayoritariamente masculino en el que se incluían escritores como Victor Hugo, Honoré de Balzac, los Dumas (padre e hijo) Gustave Flaubert, el pintor Eugène Delacroix, y el músico Franz Liszt, entre otros.

Quizá más que por sus novelas, Gerorge Sand es recordada por su turbulenta forma de vivir, hay quien dice que puso más imaginación a su vida que en sus obras literarias. Y por supuesto, es famosa por la respetable colección de amantes que se le atribuyen; los connotados: el poeta y aristócrata Alfred de Musset y Frédéric Chopin

George Sand fue al mismo tiempo una romántica convencida (sus noveleas y su vida así lo dejan ver), que se atrevió amar mucho y a varios hombres; teniendo el carácter para abandonarlos cuando la relación estaba agotada. Irreverente e insumisa, no reparó en expresar sus desacuerdos e inconformidades con la Iglesia, con la doble moral social y hasta algunas normas políticas. Como era de esperarse en ese tiempo (bueno, en el siglo XXI todavía pasan estas cosas), esto le granjeo muchas enemistades, criticas, ser denostada y vilipendiada; atreviéndose incluso a hacerle señalamientos por su una aparente ambigüedad sexual. Quizá por esto último alguien dijo:

"No es hombre ni mujer, sino un ser que piensa"

Entre sus novelas más famosas se encuentran
Indiana (1832)
Valentine (1832)
Un invierno en Mallorca (1841)
Horace (1841)
La pequeña Fadette (1849)
El marqués de Villemer (1861)
Histoire de ma vie (1855)
Contes d’une grand mere (1873)

Su vida ha motivado la realización de algunos filmes, personalmente he visto un francés y otro polaco, en los que se reseñan sus apasionados y tormentosos romances con Musset y Chopin, respectivamente.


Los amantes del siglo (Les enfants du siecle). France 1999. Dir. Diane Kurys. Con: Juliette Binoche en el papel de George Sand y el camaleónico Benoît Magimel (el mismo que en 2001 personificaría a Walter, el jovencito amante de Isabelle Huppert en La Pianista) como Alfred de Musset.

Chopin, pragnienie milosci, (Chopin, un amor imposible) Polonia, 2002. Dir Jerzy Antczac, con Piotr Adamczyk en el papel de Frédéric Chopin y Danuta Estenka como George Sand

Sin ser malas -las dos están bien ambientadas y solventemente interpretadas-, al poner énfasis en sus apasionados romances, ambas películas dejan un poco de soslayo su importancia como escritora (aunque en el film francés se profundiza un poco más al respecto) y mujer insumisa, que practicó la congruencia entre su sentir, decir, ser y hacer.




imagen George Sand en los jardines de Luxemburgo, París

abril 23, 2007

Punto de lectura

En otras circunstancias el Post de hoy habría estado dedicado a las elecciones presidenciales de la República Francesa, lamentablemente, la experiencia personal obtenida durante el pasado proceso electoral mexicano me dejó tan desesperanzada que no tengo ánimos ya para esas cosas y menos después de ver los resultados de ayer, pues pese a la altísima participación (85% de un universo de electores de alrededor de 44.5 millones) del electorado francés, los resultados para la candidata del Partido Socialista, Ségolène Royal, no son buenos pues obtuvo apenas el 25% de los sufragios contra 31% del derechista Nicolas Sarkozy; y aunque tendrán que ir a segunda vuelta por no haber registrado mayoría, los augurios para la Ségo no son nada alentadores, lo cual me da tristeza, pues Sarkozy es en su país casi como el Bush galo, con el agravante de que el francés es muy inteligente y preparado e intransigente, sus banderas son la seguridad, el empleo y el freno a la excesiva inmigración; en pocas palabras el ex Ministro del Interior es un perfecto hijo de p…

Así que después de esta mala noticia mejor me apresto a dar atención a la invitación que me hizo mi amiga bloguera Lorena (http://rincon-lorena.blogspot.com) de transcribir la página 123 del libro que actualmente estemos leyendo, es decir la que esto escribe y otras tres invitadas por Lore.


LA HORA SIN DIOSAS
Autor: BEATRIZ RIVAS
Editorial EDICIONES ALFAGUARA
(Punto de Lectura)
México 2006
333 pp



Sinopsis
Tres mujeres que se atrevieron a vivir bajo sus propias reglas. La más importante: ser fieles a sí mismas. Daniel Ponty, desde su vejez, dicta a su nieta sus memorias y le hace saber detalles íntimos de su vida, que fue privilegiada, pues pudo conocer y estar cerca de personajes cuyos nombres son ahora parte de la historia, entre ellos sus tres amores: Lou Andreas-Salomé, Hannah Arendt, Alma Mahler; pero además Rilke, Nietzsche, Freud, Benjamin, Klimt, Rodin... Cada uno dejó huella en él, ya sea porque conmovió sus sentimientos o porque le dejó enseñanzas invaluables. La trama nos hace conocer, sobre todo a las tres mujeres mencionadas y sus ideas sobre el amor, el arte, la vida, la intimidad.

Trascripción pagina 123 [corresponde a la época en que el narrador (Daniel Ponty) estuvo en contacto con Alma Mahler en la ciudad de Viena; en esta escena el narrador platica con Alma Mahler]


***********
Un diario íntimo es el último lugar
al que hay que acudir
si se quiere conocer la verdad sobre un apersona.
Nadie se atreve a consejas en el papel
las últimas verdades,
por lo menos en lo que se refiere al amor
Lawrence Durrell

---- ¿Lou Andreas Salomé?---- Pegunta sorprendida.

---- Sí. Somos amigos desde hace muchos años ----- pronuncio la palabra “amigos” con un dejo de ironía.

Entiende la insinuación y sonríe. Abre los ojos y pregunta todo sobre ella (Lou Andreas Salomé). Su fama es creciente y su presencia en Viena, polémica. Platico generalidades sobre su vida y me detengo en nuestro encuentro en París; nuestros meses de re-conocernos. Quiere saber detalles íntimos, pero me doy cuenta de que aprueba, tácitamente mi respuesta:

---Los caballeros no tenemos memoria.

Comienza a mirarme sin perder detalle: labios, rodillas, torso. Nuestros cuerpos empiezan a tutearse, a reconocerse, como si hubiéramos sido (¿en otra vida, tal vez?) viejos amantes. Fue el día que me contó algunos detalles de su pasado, haciendo énfasis en la noche que conoció a Gustav Mahler, precisamente en casa de Bertha Zuckerkandl, entre estas mismas paredes. Cuando entramos al tema de los sueños y los planes, decide que es hora de partir.

Me despido de su falda en tafetán negro, de su piel maltratada y del veneno azul de sus ojos, con la promesa del reencuentro mañana mismo.

---Sí, mañana.