escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

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febrero 19, 2013

las cosas

Anne-Julie Aubry

“Creían que les bastaba andar para que sus pasos fueran una felicidad. Pero se encontraban solos, inmóviles, un poco vacíos. Una llanura gris y helada, una estepa árida: no se levantaba ningún palacio a las puertas de los desiertos, ninguna explanada les servía de horizonte (…)”

—Georges Perec, ‘Las Cosas’.


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julio 05, 2010

de evasiones y catarsis





Dice un amigo que bloguear es el mejor sucedáneo del psicoanalista... e infinitamente más barato que éste. Quizá no llegue a tanto, pero no hay duda que resulta un medio efectivo, hasta un punto, para la evasión y la catarsis. La libertad de escribir lo que a uno se le antoje, sin límite de extensión, tema o estilo, ni censura de por medio, posibilita la experimentación en materia de escritura, al tiempo que permite descargar los pesares propios y ajenos. De todo hay en ella viña del Señor Blogger y sin duda una de sus vetas más socorridas es la bitácora personal. Esos blogs en lo que uno, voyeur al fin, puede atisbar desde las rendijas de la pantalla las dichas y quebrantos de seres desconocidos, quienes comparten con lujo de detalle sus chocoaventuras diarias. Desafortunadamente, no a todos se nos da la desinhibición catártica. Me refiero a los relatos en primera persona que narran sucesos reales, no a las fantasías escritas, muy meritorias en tanto producto de la imaginación, pero en definitiva pertenecientes a otra categoría de escritura. Por lo que no nos queda más que evadirnos mediante relatos mitad ficción-mitad realismo, que nos ayuden a seguir sin voltear al lado de la realidad. Y a eso me he dedicado la mayor parte del tiempo de mi vida bloguera: a hacer como que no me entero de lo que pasa, social y políticamente hablando, a mi alrededor; a habitar en el país del no pasa nada. Sin duda una posición muy cómoda; sin embargo, eso no evita que de pronto me reproche el haberme vuelto tan evasiva Sin duda una posición muy cómoda; sin embargo, eso no evita que de pronto me reproche el haberme vuelto tan evasiva (lo cual no deja de ser una tontera, habida cuenta la mayor parte del tiempo los mexicanos –quizá con fines de preservación- pareciéramos vivir en la inopia y tal vez sin mayor asomo de culpa) y es entonces cuando no me queda más que acogerme al remedio temporal de la catarsis. Y justo cuando transito por esta etapa de cuestionamientos anti-evasivos, me ha llegado una invitación, a la que no pude negarme, para escribir un texto alusivo a la celebración del Bicentenario Independentista. Enorme reto escribir sobre algo que no me convence, pero que como ciudadana de este país me atañe... aunque no lo quiera. Y es que desde el inicio de la algarabía celebratoria oficialista, lo único que he podido pensar es en la mala jugada del destino o de nuestra historia -o tal vez de nosotros mismos-, quien ha querido que los festejos por el bicentenario de Independencia Nacional y el centenario de la Revolución Mexicana, vayan a ser encabezados por un grupo de criollistas que representan la antítesis del espíritu independentista y revolucionario, por no decir a la esencia de la contrarrevolución y el aliento reaccionario. Y como si eso no fuera suficiente infortunio, la conmemoración ocurre cuando el país se halla hundido en el fango político, la violencia criminal y la ignominia de la desigualdad socio-económica. Con este panorama es difícil compartir los ánimos festivos oficialistas, que parecieran querer ocultar nuestras miserias bajo el artificio de relumbrón, tan retórico como falaz. Mientras no muy lejos del escenario de cartón piedra -pero fotogénico-, los saldos de la guerra anticrimen nos restriegan, día tras día, muerto tras muerto, nuestro fracaso nacional, dejándonos como único consuelo la esperanza de que el fondo del fango ya no esté lejos y que pronto habremos de tocarlo y entonces tomar el impulso necesario para emerger...
.....

"Soy el llanto invisible
de millares de hombres.

Soy la ronca miseria,
la gris melancolía,
el fastidio hecho carne.
Yo soy mi corazón desamparado y negro.

Ciudad, invernadero,
gruta despedazada.

Bajo tu sombra, el viento del invierno
es una lluvia triste, y los hombres, amor,
son cuerpos gemidores, olas
quebrándose a los pies de las mujeres
en un largo momento de abandono
-como nardos pudriéndose."                    
                                         (Efraín Huerta, Declaración de amor –fragmento)


Post Scriptum. Ustedes disculparán esta catarsis tan localista  


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mayo 18, 2010

vivir en el éter

La vida es una novela, dicen. Y vivirla, o más bien sobrevivir a ella, todo un arte. Así que, supongo, no será tan disparatado preguntarse conforme a qué estilo será más adecuado o funcional, ejercer el llamado oficio de vivir. Si se tiene la, ya no sé si buena o mala, costumbre de leer el periódico, nada más empezar a hojearlo podría llegar a creerse que los reporteros y, en su caso, editorialistas (me refiero exclusivamente a las notas y análisis sobre México) son adeptos al hiperrealismo; a la realidad sin retoque, la realidad pura, cruda, dura y, si se puede, hasta un tanto acentuada en sus aspectos menos favorables. Y por el contrario, si por alguna extraña casualidad –o práctica masoquista- se tiene oportunidad de escuchar el discurso de algún gobernante, o de leer sus declaraciones sobre el mismo tema, y hasta en el mismo periódico, donde minutos atrás se han encontrado ejemplos del estilo hiperrealista, no sería nada difícil pensar que lo suyo –su estilo preferido- es el photoshop, la realidad alterada, retocada, adelgazada donde le sobre y aumentada donde le falte; en una palabra, embellecida… como para portada de revista "para caballeros" (digresión: siempre que leo/escucho este término en referencia a las publicaciones que muestran a mujeres con poca o nula ropa, me da risa, será porque, ignorante de mí, no conozco ninguna "revista para damas"). Los primeros –los hiperrealistas, llamémosles- se empeñan en no disimular, ni un ápice, atributos, pero sobre todo defectos y carencias de la realidad y los segundos –los del photoshop- buscan convencernos, a toda costa, de que aunque no lo parezca las cosas son bastante mejor de lo que se ven y que todo es cuestión de percepción. Y en el fondo no les falta razón… todo es cuestión de percepción, sensibilidad, vocación por el masoquismo –a últimas fechas, leer el periódico ha devenido en un acto más que valiente casi masoquista-, o de una formidable habilidad para la evasión.

Apenas ayer, yo me preciaba de no formar parte de los seguidores de lo que yo llamo la filosofía hellokittyana; mostrándome casi orgullosa por vivir en un sitio muy distante del país de las maravillas en el cual parecen habitar los hellokittyanos, para quienes sin importar qué tan duro esté el temporal, cuán oscuro se encuentre el camino o tapizado de balas y muertos esté el suelo, sólo existe la parte buena de la vida, la color de rosa. Y aunque sigo sin ser parte integrante de ese grupo, a veces me pregunto si no seré yo quien viva en el error. Cómo no hacerlo, si mientras hay ocasiones en las que uno no quisiera ni asomar la nariz por la ventana, a ellos nada parece enturbiarles su vida de placidez y "felicidad": siempre con su mejor sonrisa en la boca; siempre prestos a responder a cada lamento nuestro con la frase apropiada (léase positiva, lo que sea que signifique eso), una para cada situación y por distintas que parezcan, en el fondo tan iguales. Y sin perder ni por un segundo su expresión de afabilidad, a lo más que llegan, ya muy contrariados, es a pedirnos silencio y decirnos que a ellos no les interesa saber sobre temas o hechos trágicos e ingratos. Y si hasta ayer me asumía sin mayores cuestionamientos en mi vocación realista sin adjetivos, de pronto he empezado a tener dudas y por momentos he llegado a creer que quizá vivir en una burbuja a donde no asome la violencia, ni la muerte, traición, desamor ni ninguna otra de las muchas desgracias que a diario ocurren... sea lo mejor. Así de simple… sólo evadirse y dejar que el mundo ruede hasta estrellarse, como dice Mafalda.

«Que la vida es una trampa lo hemos sabido siempre: nacemos sin haberlo pedido, encerrados en un cuerpo que no hemos elegido y destinados a morir. En compensación, el espacio del mundo ofrece una permanente posibilidad de evasión»
Milán Kundera, El arte de la novela



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abril 11, 2010

el universo del amor


"Reconozco que la razón se confunde frente al prodigio del amor, frente a esa extraña obsesión por la cual la carne, que tan poco nos preocupa cuando compone nuestro propio cuerpo, y que sólo nos mueve a lavarla, a alimentarla y llegado el caso, a evitar que sufra, puede llegar a inspirarnos un deseo tan apasionado de caricias, simplemente porque está animada por una individualidad diferente de la nuestra y porque presenta ciertos lineamientos de belleza sobre los cuales, por lo demás, los mejores jueces no se han puesto de acuerdo. Aquí la lógica humana se queda corta, como en las revelaciones de los Misterios. Y no se ha engañado la tradición popular que siempre vio en el amor una forma de iniciación, uno de los puntos de contacto de lo secreto y lo sagrado. La experiencia sensual se asemeja además de los Misterios en que la primera aproximación produce en el no iniciado el efecto de un rito más o menos aterrador, escandalosamente alejado de las funciones familiares del sueño, del beber y del comer, objeto de bromas, de vergüenza o de terror. Al igual que la danza de las ménades o el delirio de los coribantes, nuestro amor nos arrastra a un universo diferente" Fragmento de Memorias de Adriano. Marguerite Yourcenar


NOTA: entrada de prueba


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marzo 15, 2010

música para una tarde de verano

Luis Barragán (estanque)

Un hombre sin recuerdos es un hombre perdido. Armand Salacrou

En este largo fin de semana, la temperatura en la Ciudad de México anticipa la fiereza del verano que seguirá a la primavera ya aposentada entre nosotros... en pleno fin del invierno. Y bajo este sol casi canicular, nada como el hallazgo de un remanso de frescor... para aislarse, evadirse, no pensar en nada… sólo dejarse invadir lentamente por el sosiego desprendido de las notas del piano, en donde un singular dueto “reinterpreta" la melodía de Yann Tiersen




"¿Qué misterioso viaje
te indujo a mi calor? Yo florecía
en el múltiple aroma de un estío
fugaz, efímero y superficial"
[Salvador Novo]

febrero 27, 2010

sueños y despechos

Paul Delvaux La robe de mariée (1976)

Después del efecto, al parecer no del todo grato, producido por mi entrada anterior, cuyo tema principal, aunque no lo parezca, era la culpa y no el filme Antichrist -al cual me referí porque buena parte de su trama gira justamente en torno a la culpa-, en desagravio, hoy pensaba publicar una entrada simpática... pero no pude. Ante ustedes debo reconocer mi incapacidad para relatar chistoretes o situaciones cómicas o harto llamativas. Y por si mis propias carencias no fueran suficientes, esta mañana me tocó escuchar, sin yo pedirlo, una ingrata historia sobre despechos a causa de traiciones amorosas; tema difícil de encarar a las siete de la mañana y en ayunas. Me sucede algo curioso: por alguna razón desconocida, tengo imán (o no sé cómo llamarlo) para que la gente, de buenas a primeras, me cuente sus dramas o, diría mi madre, para que se confiesen conmigo, sin esperar absolución. La historia, escuchada mientras el auto atravesaba el sur de la ciudad en medio del pesado trafico matutino, no tendría nada de original de no ser porque quien me la contó (y vivió en primera persona), es la última mujer de quien uno esperaría algo así: siempre luce tan serena -casi irrita su calma-, camina como si flotara, habla con voz suave y pausada y, lo más importante, jamás la he escuchado quejarse de nada, trátese del pesado tráfico automovilístico, la crisis económica, su castrante jefe laboral o la deteriorada situación del país (todo lo contrario a mí -je). Y de pronto, me vengo a encontrar a mujer atormentada, dolida, con demasiada rabia acumulada, muy resentida (con razón, a juzgar por la historia escuchada), con ganas de gritar al mundo su despecho y de paso, hacer uso de su sagrado derecho a la venganza. Afortunadamente para mí, que tras su confesión me quedé muda, su relato terminó justo cuando habíamos llegado a mi destino, apenas con tiempo suficiente, antes del cambio de luces en el semáforo, para despedirme de ella y bajar de su automóvil; sin embargo, me quedé con el tema dando vueltas…

Entre los muchos lugares comunes, casi aceptados como verdades no oficiales, hay quien dice que en esta vida pocas cosas son más peligrosas que una mujer despechada, pues, acotan esos ¿quejumbrosos, exagerados o víctimas?, sus reacciones pueden resultar –casi- letales. Lo que llama la atención no es el despecho –debe ser tan viejo como la humanidad-, sino que la mayoría de las veces se habla del despecho femenino y poco o nada del masculino. Las experiencias terribles o por lo menos más incómodas, relacionadas despechos en materia de amores, en la mayoría de los casos son referidas a mujeres. Como si despecharse fuera una cuestión concerniente a nosotras, o -en otro cliché- como si la mayoría de los engaños y traiciones amorosos fuesen en contra de la mujer. En tanto que los despechos referidos al ámbito laboral, profesional, afectarían en mayor medida a los hombres. Pero, dicen, el hombre despechado –a causa de amores truncos o asuntos profesionales-, normalmente no exhibe en público su rabia, pesar y demás sentimientos negativos derivados de la traición, engaño, desprecio, etc. Y no es alegato de género; más bien, una especie de confirmación de una vieja creencia: que en nuestras culturas latinas, machistas y doblemoralinas, los hombres no se permiten manifestaciones de dolor y resentimiento que empañen su fortaleza viril. Mientras que las mujeres, casi por generalidad, tendemos a exteriorizar el dolor, el coraje… y el despecho… sin que medie pudor alguno, y más aún, cuando el despecho ha sido causado por una traición que une lo amoroso a lo profesional. Supongo que debe tenerse muy alto y templado el orgullo (y un carácter férreo), para poder controlarse y así evitar, a los demás y a nosotras, la pena de algún (o más de uno) desfiguro o de algo mucho peor.

Aunque, me temo, en ocasiones... demasiado orgullo... puede resultar contraproducente 

 [Despecho: Resentimiento por algún desengaño, menosprecio u ofensa (o abandono)
Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe]

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Y para finalizar, un mini cuento del escritor mexicano René Avilés Fabila que nada tiene que ver con el despecho. Ojalá no les parezcas demasiado naïf.
 
Señora, Señorita: Lo que siempre quiso y pensó imposible: píldoras mejores que el mismísimo prozac, pues estas maravillosas pastillitas le prometen felicidad… hasta en sueños. Qué digo prometen, le aseguran placer constante y variado. Hablamos del bonito invento científico de las pastillas sweet dreams, las cuales inducen sueños a la medida de sus fantasías más inconfesables; es decir, no sólo le permitirán disfrutar de dulces sueños, sino también de otros un poquito más picantes... para equilibrar el exceso de dulzura… y todo mientras usted duerme a pierna suelta:

"Usted señora, no necesita engañar a su marido, con nuestro nuevo producto sweet dreams puede conservar la felicidad que le prometió durante la ceremonia matrimonial. Basta con tomar una pastilla antes de dormir y podrá tener maravillosos sueños eróticos: hacer el amor con un hombre fuerte, musculoso o esbelto e intelectual. Asimismo, podrá viajar por exóticos países en compañía de su héroe favorito, ser poseída en la jungla africana o en un elegante hotel francés. Y esto mientras su esposo, henchido de comida y alcohol, ronca estrepitosamente a su lado. Este producto no es nocivo para la salud, a lo sumo causa hábito"


René Magritte, La voix du sang (1961)


febrero 12, 2010

vivir sin mitos

¿Para qué sirven los «mitos»? Probablemente para nada trascendental; o tal vez, tan sólo para entretener nuestras, a veces, áridas existencias. No obstante, si como decía Albert Camus «Los mitos sirven para que la imaginación los anime», con eso ya cumplieron una función que, sin ser trascendental, no deja de ser importante en la medida en que nos ayuda a desarrollar la imaginación y, con un golpe de suerte, la creatividad. Quizá por ello, desde que el mundo es mundo, y griegos y romanos inventaron (casi) todo lo digno de ser inventado, hemos vivido y convivido con mitos y mitologías; así como con un sinfín de seres y objetos, tangibles e intangibles, a los que hemos otorgado la categoría de míticos. Útiles o absolutamente inútiles; totalmente imaginarios o casi vivientes, los mitos son parte de nuestra vida, al punto que les hemos dado carta de naturalización. Así que cuando alguien, desde la Atalaya de su sabiduría científica o desde su proba Santidad, nos sale con que eso con lo que crecimos, en lo que creímos y que hasta nos ayudó a sobrevivir, no sólo no existe sino que... ni a mito llega, resulta inevitable no sentirse algo decepcionados.

Mitos científicos. A inicios de este 2010, científicos británicos del King's College determinaron –después de un estudio aplicado a 1800 mujeres heterosexuales gemelas- que el Punto G femenino… por poco ni a mito genial llegaba. Por un lado, se carece de bases científicas que prueben su existencia y por el otro, empeñarse en seguir creyendo en él, puede ser tan irresponsable como nocivo, dada la "fuerte presión y posible frustración" a la que se verán sometidas las féminas que busquen el Punto G... sin jamás encontrarlo. O sea, después de haber vivido -desde hace más de 50 años- en la creencia de su existencia y de que su búsqueda llegó a convertirse en una aventura casi excitante por sí misma, resulta que todo fue un error y una pérdida de tiempo, un despropósito eso de andar a la busca del Punto G perdido. De esta desmitificación, hace poco más de un mes. Pero como en esta vida nada es concluyente, ni siquiera los descubrimientos científicos, ya hubo una refutación para los científicos al servicio de su Majestad: científicos galos consideran que decretar la inexistencia del Punto G femenino, es una falta de respeto a las mujeres y a sus creencias (e ilusiones, quizá). Así lo declaró, en el marco de la celebración del Día G -si los modistos tienen su Semana de la Moda, los ginecólogos parisinos celebran su Día G, nomás faltaba-, el cirujano Pierre Foldes, experto en reconstrucción de clítoris. En tanto, su colega Sylvain Mimoun afirmó que cuando menos el 60% de las mujeres sí lo tienen, y que para hallarlo (e incrementar el número de felices poseedoras, suponemos), sólo es necesaria una adecuada interacción [existe también, el hallazgo de unos científicos italianos, quienes afirman haber localizado al Punto G… mediante ultrasonido]. Pero... ¿y las principales afectadas? pues aquí nomás, a la espera de que los científicos decidan… dónde tenemos… eso que se supone nosotras tenemos (si es que lo tenemos).

Mitos celestiales. Desde hace cuando menos dos mil años, sabíamos de la existencia de un algo tan indefinible como etéreo, pero no por ello menos "real", llamado limbo. Fervientes cristianos o no, hemos creído que en alguna parte ignota se localiza ese algo que encarna la calma, el resguardo, la evasión y el alivio temporal. Lo mismo si se busca alejarse de la cruenta realidad, estacionándose temporalmente en otra dimensión, que si se creé en el pecado y la redención -y en que aún sin tener pase automático al cielo, ello no significa irse al infierno directo y sin escalas-; en cualquier caso, el limbo funciona como representación del espacio donde el sufrimiento y la crueldad no existen. Un Mito, sí; uno al que la imaginación -Camus dixit- ha animado... por los siglos de los siglos; demasiado tiempo como para que un buen día –después de sesudos estudios, suponemos-, el Jerarca máximo de la Iglesia Vaticana viniera a rompernos la ilusión y decretara que a partir de ese momento (2005), el limbo no existía. Como quien dice: déjense de ilusiones redentoras; el paraíso sí existe (digresión: hablando de ganarse la entrada al paraíso, me acordé de un film que al Vaticano, y a Washington, debe causarles cero gracia: Paradise Now ; bueno y polémico), pero sólo unos cuantos agraciados serán dignos de entrar en él, es decir, los seres más impolutos –ahora así que sabrá Dios cómo sea eso de ser impoluto- o, en su defecto, los amigos del Jefe Supremo, pues... así en la tierra como en el cielo… las relaciones públicas (palancas en caló mexicano) resultan fundamentales.

No conclusiones. Supongamos, sin conceder, que el Punto G y el limbo (y de una vez el infierno) no existen. Supongamos, también sin darlo por sentado, que su carta de defunción es lo mejor que pudo pasarnos en términos de funcionalidad y simplificación de la vida, pues así dejaremos de "perder el tiempo" en la búsqueda de inexistentes detonantes de dichas efímeras (¿hay de otras?), así como de ilusorios sitios para hipotéticas redenciones. ¿De verdad era tan nociva la existencia de estos mitos cuasi-reales, como para concluir que estamos mejor sin ellos? Digo, ya con vivir a pesar de y con los estragos de la recesión financiera, las facturas de la vida y demás desesperaciones es suficiente, como para encima tener que aceptar, sin chistar, que un alemán santificado (Ratzinger, no el Alzheimer) y unos ingleses fríos y sofisticados, nos quieran dejar sin ilusorios atenuantes. Y además, sin siquiera proporcionarnos algún tipo de sucedáneo a cambio [¿acaso no, cuando se les quita alguna droga a los adictos se les brinda una especie de sustituto no dañino, a fin de que su proceso de desintoxicación no les resulte tan cruento?]






imagen: Paul Delvaux Les phases de la lune III (1942)


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julio 21, 2009

terapeutas

Dicen que en épocas de incertidumbre -y no sólo económica- el ser humano busca consuelo a través de distintos caminos, en especial en aquellos relacionados con las religiones y las suertes adivinatorias; ambos con gran variedad de opciones, por cierto. En lo que al camino de la divinidad se refiere -al menos aquí en México-, durante los últimos tiempos la oferta se ha acrecentado de manera significativa, estimándose que en la actualidad hay registradas al rededor de seis mil asociaciones religiosas, las cuales intentan ganar el mayor número de adeptos, empleando para ello los más diversos mecanismos propagandísticos. Al parecer han quedado lejos los tiempos en que la Fe y devoción religiosa se llevaban con discreción, buscando ante todo el contacto con la espiritualidad. Lo de hoy es la promoción, como si de un producto consumible se tratara; darse a conocer, ofrecerse al publico y convencerlo -mediante la exposición de sus inescrutables bondades- de las ventajas de adherirse a tal o cual Credo... y la gente, ávida y necesitada de depositar sus esperanzas en lo que sea, les cree y se afilia... aún cuando la Fe y la disposición a creer en divinidades también se encuentran en crisis, el negocio de la Fe sigue en expansión... y no es el único.

En materia de crisis económica traducida en desempleo, no todo es desconsuelo; hay alternativas para enfrentarla y atenuar sus efectos negativos... al menos para algunos. Un ejemplo de esas alternativas son las artes adivinatorias. Aunque la época en que las opciones se reducían a la lectura del Tarot y los residuos del café turco, ha quedado muy superada, lo clásico nunca pasará de moda. Y pese a la creencia de que los tiempos no están para desperdiciar el dinero en la lectura del Tarot, para algunas personas, lejos de ser un desperdicio monetario resulta de gran ayuda, ya que les proporciona -así sea por breve tiempo- un cierto alivio. Es como ir a terapia, pero en lugar de pasarse una hora hablando mientras la terapeuta se limita a escucharlos, la lectora del Tarot, una especie de
fabuladora, es quien habla y dice lo que el paciente -cliente con dolencias e inquietudes del alma y corazón- quiere y necesita escuchar. Claro que hay lectoras de todo tipo.

Madame Yamamoto. Frente al cliente -paciente- está la lectora/adivinadora interpretando la posición que al azar van tomando las cartas tras ser tiradas [diría Stéphane Mallarmé: una tirada de dados jamás abolirá al azar]. Para no dejar todo a la imaginación, un ejemplo real, actual y cercano: Madame Yamamoto, una Lic. en Relaciones Internacionales que habla tres idiomas y se encuentra desempleada desde hace un buen tiempo. En lugar de lamentarse por su falta de relaciones públicas -indispensables para hacer carrera en la diplomacia mexicana-, ella decidió sacar provecho de sus conocimientos no oficializados mediante diplomas universitarios: la lectura del Tarot Egipcio y Marsellés y de paso invertir los papeles... dejando de gastar su dinero en las lecturas las cartas a que era tan adepta, para dedicarse a cobrar por ello.

Como suele suceder en las pequeñas empresas familiares, Mme. Yamamoto empezó leyendo las cartas a sus amigas más cercanas, pero poco a poco y de boca a boca, su fama y clientela fueron creciendo. A tal grado que hoy día, su vida económica y laboral parecen tranquilas. No tiene que lidiar con ningún jefe necio ni aguantar de todo por miedo a ser despedida; ella decide su horario -no se levanta a las cinco de la mañana como yo- y número máximo de clientes que recibirá y aunque como en cualquier negocio hay días flojos, frente a un mal lunes estarán los martes y viernes, días cabalísticos para las artes adivinatorias y durante los cuales la demanda es tal que en ocasiones... debe reservarse hasta con dos semanas de anticipación. Vaya que hay crisis: hace rato yo no recibo aumento de sueldo y seguro que Mme. Yamamoto también ha resentido el incremento en el costo de la vida, pues de los 180 pesos que cobraba al inicio de su nueva carrera, ha pasado a 500 pesos mexicanos por lectura (unos 35 dólares o 26 euros, al tipo de cambio del viernes pasado). Y tiene clientas tan desesperadas -y sin apuros económicos es de suponer-, que asisten a consulta dos veces por semana, todo para que ella les repita lo que ya saben: que sus maridos los engañan con la secretaria o con la socia o hasta con la comadre. Mme. Yamamoto se defiende, diciendo que no goza haciendo sufrir a sus clientas, pero que tampoco va a mentirles y que además, si quieren ir a consultarla a diario para escuchar lo mismo... con la esperanza de que la situación haya cambiado... ella no va a quitarles la ilusión.

Yo, que debo ser muy materialista y nada esotérica, preferiría emplear esos mil pesos en la adquisición de otros placebos, cuyo disfrute fuese más perdurable que las palabras con que Mme. Yamamoto endulza, y a veces agria, los angustiosos oídos de sus clientas. Así que me encuentro a la búsqueda de alternativas terapéuticas distintas de las opciones religiosa o cabalística, pero que al igual que éstas... sirvan para atenuar el desasosiego y de paso ver si es posible extraerles otro tipo de beneficio, pues como Madame Yamamoto... yo también debo enfrentar la crisis...



Post scriptumen en el siguiente enlace un video del escritor y cineasta Alejandro Jodorowsky, quien habla sobre el Tarot.
http://www.youtube.com/watch?v=4qLIpXTR-e0



junio 03, 2009

como en una película

La recesión nos pasa facturas por los desastres financieros que otros causaron, el costo de la vida y el desempleo se incrementan y los impuestos nos agobian, mientras los guardianes de la corrección política crecen exponencialmente. No sé qué resulte más difícil, si librarse de las autoridades hacendarias, afanadas en perseguir a los pequeños causantes -mientras los peces gordos evaden sumas millonarias con todas las facilidades-, o sacudirse sermones que nos recuerdan la proximidad del fin del mundo y la imperiosa necesidad de regresar al buen camino… donde sea que se localice. Mi primo dice que tengo imán para los impolutos guardianes de la moral y el "buen comportamiento". Trátese de los infatigables Testigos de Jehová, los encuestadores del Periódico Reforma o los candidatos a puestos de elección popular, todos llaman a mi teléfono o a mi puerta. De los encuestadores es fácil deshacerse; los promotores religiosos, basta con inventarse algún credo -yo he transitado del islamismo a la herejía- para que huyan; eso sí, suelen ser muy persistentes. En cuanto a los aspirantes al Congreso, suelen ser más complicados. Hace tres años, un candidato a diputado local por mi Distrito, llegó a mi puerta justo cuando yo regresaba a casa. Lo hubiera despedido en un santiamén, pero cuando lo escuché diciendo: "mi partido y yo te prometemos hacer lo imposible para evitar que esa "inmoral" Ley de las Sociedades en Convivencia –que legaliza la unión civil, no matrimonio, entre personas del mismo sexo-, sea aprobada en esta ciudad", me fastidió. Sin ser beneficiaria de la citada Ley, yo estaba a su favor; así que le dediqué varios minutos al sujeto. Fui filosa, irónica y un poquito cínica, mientras el hombre (con facha y lenguaje de acólito) abría desmesuradamente sus ojos. Ya no recuerdo qué tanto le dije al pobre, lo único que no he olvidado es que al final, me mordí la lengua para no concluir mi alegato con algo que siempre he tenido ganas de soltarle a esos hipócritas: "en lugar de preocuparse por la sexualidad ajena, los de su Partido deberían ocupare de la propia; les hace falta una buena cogida". Después de alusiones a su hipocresía, oscurantismo y espíritu retrógrada, referirme a las (no comprobadas) carencias sexuales de sus correligionarios, hubiera sido demasiado. Ingenuamente creí que ya me había librado del susodicho [aún sin mi voto, él arribó al Congreso Local y la citada Ley fue promulgada pese al voto en contra de su Partido]. Craso error; justo hoy se volvió a cruzar en mi camino cuando yo salía hacia mi oficina. En busca de una diputación federal, hacía proseletismo matutino; pero esta mañana ni tiempo le di para explicarse. Tomé el primer taxi que pasó, mientras él alistaba su discurso sobre la moral, la seguridad ciudadana y el buen manejo de la economía; lo imagino, tras leer su slogan partidario. Yo también sueño despierta y me autoengaño, me daban ganas de gritarle, pero el taxista ya había arrancado.


Yo también sueño despierta y me autoengaño. De decirle esto al candidato, no habría mentido. Soñar despiertos es de las pocas cosas gratas y ricas, que aún podemos hacer con total desinhibición; es libre de impuestos y se encuentra a salvo de los guardianes moralinos. Con el plus de que los sueños pueden manipularse y reelaborarse, editando, cortando y adicionando escenas aquí y allá. Y por supuesto, escribirles variados finales, tal como si elaboráramos diversas versiones del guión de una misma película. Qué sería de nuestra vida sin el cine? Quizá no siempre ni con todo el cine... hay cada bodrio; pero en ciertas ocasiones, una película nos ayuda a soñar que la vida podría ser mejor. Si fuese posible escribir y reescribir la vida, como se hace con un guión cinematográfico, sería maravilloso. Ya he citado en este blog una de mis frases favoritas, debida al historiador del cine mexicano Emilio García Riera:


"el cine es mejor que la vida" [casi siempre, me atrevo a acotar]


En mi película, políticos como los mexicanos no existirían; tampoco, los guardianes de la corrección política y la moralina barata; ni por supuesto, los temidos "terroristas fiscales". La película de esta vida pública, mexicana y mundial me atrevo a pensar, empecinada en inmiscuirse en nuestro quehacer privado so pretexto de "salvaguardar la seguridad ciudadana", debería tomar lección de ese pequeño ideario planteado por Emilio García Riera en su autobiografía:


"Voy a proponer una definición hipotética y muy personal de la política: debería ser el arte de hacer a la vida como el cine. Dicho de otro modo: el quehacer político que me ha preocupado desde niño y me preocupará, creo, hasta la muerte, debería convertir a la vida humana en algo más justo, más satisfactorio y menos aburrido; algo con sentido y con estilo, como una buena película." Emilio García Riera. El cine es mejor que la vida. Ed. Cal y Arena. México 1990.



No debería ser tan difícil; quizá solo haga falta encontrar a un buen Guionista y a un estupendo Director... con Mayúsculas ambos.


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Imagen: La isla del tesoro. René Magritte, 1942

mayo 05, 2009

vuelo nocturno

De niña no soñaba con ser Dios, ni princesa; tampoco, con caballeros en corceles blancos corriendo infinidad de peligros, para rescatarla de alguna torre embrujada. Su sueño más recurrente, incluso más allá de la adolescencia, fue igual al de muchos otros niños: volar. Ella soñaba que volaba y en su vuelo podía mirar hacia abajo y ver su cuerpo mientras dormía; como si solo una parte de ella se desprendiera, dejando otra sobre la cama. O como si su cuerpo se desdoblara y así, si alguien la buscaba no se percatara de su fuga. Volaba pero no tenía alas; al menos nunca se vio con alas. Pero si era "consciente" de una sensación maravillosa: flotar y desplazarse al mismo tiempo. Fue su sueño favorito; sobre todo en la niñez y temprana adolescencia; pese a que su duración era corta, hubo noches -las mejores- en que el vuelo se prolongó por largo rato. Lo que nunca variaba era la forma de terminar: una especie de sobresalto le anunciaba que iba cayendo, caída que terminaba al sentir el leve golpeteo de un pie sobre el otro, con el cual llegaba el inevitable y cruel despertar. La mejor parte de su sueño, además de la indescriptible sensación que le producía el poder mirar su cuerpo sobre la cama, era que al volar podía ver paisajes extraños, bosques algo obscuros, el mar... y la soledad. Y es que nunca se soñó volando con alguien más; ni tampoco miró a nadie más que no fuera ella.

Alguna vez le platicó de su sueño a Carmelita, una amiga y vecina de la familia; algo excéntrica, pero encantadora, quien gustaba de platicar con ella y regalarle hermosos libros de cuentos. Después de escucharla atentamente, Carmelita dio su veredicto: ese sueño representaba su inocencia y mientras ella no perdiera la inocencia, el sueño acompañaría todas las noches. Y no obstante que ella salió de la niñez, pasó por la adolescencia y finalmente la dejó también, siguió volando por las noches; aunque cada vez de manera más esporádica. Así hasta que una noche, desapareció por completo aquella indescriptible sensación de desprenderse de su cuerpo y surcar los aires sin miedo, ni paracaídas o red de protección.

Imposible determinar, exactamente, cuando perdió la inocencia. En ocasiones piensa que ya no le queda ni una gota; pero en otras, está segura que en algún lugar recóndito, aún guarda algo de aquella niña que no conocía ni imaginaba, la desconfianza o el miedo; mucho menos, la malicia. Y cuando está en plan positivo, piensa que todavía puede revivir aquellos vuelos nocturnos. Será cosa de apapachar lo que queda su inocencia, se dice, para volver a flotar y desplazarse, mientras su cuerpo permanece en la cama durmiendo... para que nadie se percate de su ausencia
...



"La libertad es alas
es el viento entre hojas, detenido
por una simple flor; y el sueño
en el que somos nuestro sueño;
es morder la naranja prohibida,
abrir la vieja puerta condenada
y desatar al prisionero:
esa piedra ya es pan,
esos papeles blancos son gaviotas,
son pájaros las hojas,
y pájaros tus dedos: todo vuela."


[Octavio Paz]



ilustración Pepa sueña

abril 27, 2009

lágrimas y chocolates

Y usted ¿cómo cura la depresión pasajera?

Anoche me tocó ejercer de paño de lágrimas; amargas lágrimas fueron vertidas sobre mi hombro por alguien a quien aprecio mucho. Una situación terrible para mi, porque evidenció una vez más, mi torpeza en la materia. ¿Qué puede hacerse o decirse cuando alguien llega a tu casa en un mar de lágrimas, por causa de un tercero? Por mas ecuánime que una quiera ponerse e intente atenuar con palabras el pesar de un ser querido, es imposible hacerlo; estuve a punto de repetirle una frase que leí por ahí y que me aprendí como si de un Mantra se tratase.

"Cuando un hombre que está vivo te hace llorar, hay que dejarlo. Sólo se llora por los amantes muertos" Clara Obligado

Pero no lo hice; me limité a escuchar sus lamentos, darle apapachos y pasarle una caja de pañuelos desechables. Y cuando atiné a decirle algunas cosas, una vez que su llanto cesó, estas fueron estúpidas e inútiles en su mayoría. En casos así, una se siente la peor de las compañías, la más tonta de las amigas; una quisiera enarbolar sentidos discursos en los que el ser desconsolado encontrara un poco de alivio a su penar. Pero no puede. Y mientras veía como lloraba y bebía traguitos de vino (que también llevó a mi casa, junto con su mar de llanto) yo me acordaba de esas tragicómicas imágenes que pueblan el cine y la televisión; esas que nunca me ha tocado presenciar, menos protagonizar, en la vida real.

En muchos programas de televisión y filmes estadounidenses, el nivel de depresión femenina se mide en función del tamaño del bote de helado que acompaña a la protagonista. Tanto si la dejó el marido, novio o amante, como si se peleó con su madre o ésta le dijo que nunca la había querido; porque perdió su empleo o padece síndrome premenstrual... pero casi de manera inevitable, la chica de la película termina en la cocina con un gran bote de helado, el cual devora como posesa [
el mejor amigo de la depresión femenina]. Dejando de lado los análisis médicos, científicos y/o psicológicos, en los que de manera seria se analizan los vacíos emocionales/afectivos y su relación con los desórdenes alimenticios, siempre que uno ve a la rubia espectacular llorando a lágrima viva mientras se engulle una libra de helado, no puede evitar decirse que eso sólo puede ocurrírseles a las mentes brillantes de Hollywood, porque en la vida real nadie puede tener estómago para sentarse a devorar medio kilo de helado, cuando acaba de encontrar a su pareja en la cama con otra/otro (además de que tontamente imagina que a las rubias o castañas espectaculares... esas cosas no les pasan). En lo que mi concierne, ante un hecho intempestivo de naturaleza semejante, la primera sensación que registro es una especie de nudo en la garganta, acompañado de cierto nivel de crispación; de tal suerte que no concibo ánimos para atragantarme de helado. Claro que cada quien curará sus depresiones y paleará o engañará sus pesares de manera distinta. Quizá llorar mientras se come helado, resulte menos ingrato que sólo llorar desconsoladamente junto a una caja de pañuelos desechables y a una amiga inútil... como yo.

En mi caso, yo lloro para destrabar el nudo de mi garganta, pero lo hago en privado; después podrán venir otras formas de desahogo y más tarde, cuando lo haya superado, quizá hasta escriba un post narrando mis tragedias... mientras me como un chocolate amarguísimo; digo, nada más para ver si es cierto que el
chocolate puede excitar más que unbeso apasionado... y luego no quieren que la gente busque consuelo o sustitutos... en la comida.


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En fin. México en emergencia sanitaria y yo divagando en los dramas de mujeres al borde de un ataque depresivo...

marzo 30, 2009

intrusos, smulaciones y cataplasmas

Intrusos. Algún duende del ciberespacio hizo que en los «Feed RSS» de mi blog se colaran unos post rarísimos, cuyo origen y temática me son completamente ajenos. Pero como soy una inútil de tiempo completo en la materia, no tengo la menor idea de cómo deshacerme de ellos, así que tendré que esperar en que así como llegaron desaparezcan. A menos, claro, que alguna alma caritativa de mis amables lectores me haga del favor de iluminarme para poderme deshacer de esos intrusos.

Simulaciones. A diez mil kilómetros de mis superfluas preocupaciones cibernéticas, en una húmeda ciudad europea se han reunido unos señores muy bien vestidos y poderosos, ferreros defensores del libre mercado, para hablar del tema de moda: la recesión mundial. Y la reunión será lo que suelen ser este tipo de reuniones: una pasarela que incluye sesión de palmaditas en la espalda, enriquecida en esta ocasión con el besamanos al recién ungido inquilino de la Casa Blanca y la degustación de algún vino de la mejor cosecha. Luego simularán la búsqueda de soluciones para la recesión mundial... por ejemplo, salvar de la quiebra a sus amigos baqueros y empresarios y todos saldrán felices y contentos, satisfechos por haber cumplido con su deber histórico...

Ah... y todo con cargo al dinero de los contribuyentes, por su puesto... que alguien debe pagar la crisis...


Cataplasmas. Como no sé de, ni pretendo buscar ningún remedio para la crisis de la economía global, lo cual no significa que yo no lo necesite, seguiré el consejo de Dostoievski evadiéndome o escudándome en mi propio carácter, aunque con algo de ayuda de la poesía de Jaime Sabines

"No hay mejor forma de evasión que la de escudarse en el propio carácter, porque nadie cree en el". Dostoievski, Los Demonios

"Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón."

Jaime Sabines



imagen Bières de le Meuse, Alphonse Mucha

febrero 04, 2009

deseos en reposo

Mi cerebro necesita una especie de refresh... o más bien, yo necesito un refresh absoluto; pero como esto último resulta más complicado, lo dejaremos en el de mi cabecita. Esto no necesariamente significa echar la flojera mental, más bien es una especie de ejercicio recreativo de la memoria -dicen los científicos que es el mejor antídoto para prevenir la irrupción del Alzheimer prematuro-, complementado con el goce de escribir sobre cosas que disfruto mucho, pero que sé no son placeres compartidos por todo mundo.



Por ejemplo, escribir sobre libros o viajes. Ahora estoy leyendo un libro llamado Praga en tiempos de Kafka [Patrizia Runfola, Bruguera 2006], lo que me permite ejercer al mismo tiempo dos placeres: leer y viajar. Y es que a través de sus letras la escritora italiana, una apasionada amante de Praga y de Kafka, logra que uno viaje en el tiempo y en el espacio, en un melancólico recorrido por esas callejuelas bellas y misteriosas; que se siente en esos cafés hoy desaparecidos y sea partícipe de las tertulias donde se reunían literatos, músicos y artistas; o logre imaginarse en esos recónditos lugares de la Ciudad Vieja o el barrio de techos rojos de la Malá Strana y sienta el fluir del río Moldava mientras atraviesa el Puente de Carlos. Eso y más logra Runfola, pero no como en un viaje turístico, desde luego; lo suyo es un viaje al tiempo ido, a la época en que floreció el mundo literario, poético y musical en la capital de Bohemia; un tiempo en el que pese a naturales diferencias, convivieron y departieron alemanes, checos y judíos. Y aunque el fantasma de Kafka transita a lo largo de la obra, creo que su verdadero hilo conductor es la melancolía y la añoranza por ese tiempo luminoso y enriquecedor de principios del siglo pasado. Es eso lo que hace maravilloso este recorrido por el mundo y los tiempos del autor de La Metamorfosis: que uno viaje con la mente y logre detenerse en instantes e imágenes irrepetibles, esas que jamás vio ni verá y que no obstante ello, los pueda sentir muy cerca, muy dentro... tal como se es consciente de los deseos adormecidos...

Entre las maravillas que descubrí gracias a la autora, se destacan estos versos que hablan de los deseos adormecidos:

"Sentados junto a la misma lámpara
mirábamos el mismo libro.
Mejilla con mejilla y mano en la mano,
una eternidad profunda nos abraza.
Siento el latido suave de tu corazón,
ninguno de los dos ha hablado en una hora
ni ha mirado al otro a los ojos.
Hemos adormecido los deseos."


[Stille Gluck -Felicidad tranquila- del compositor
y poeta checo Hugo Salus]

Así como esta, para mí, desconocida y amorosa remembranza de Praga, escrita en 1912 por Guillaume Apollinarire [a quien los escritores y artistas de la llamada vanguardia checa se lamentaban haber descubierto un poco tardíamente]:

"Estás en el jardín de un hotel de los alrededores de Praga
Estás feliz sobre la mesa hay una rosa
Y observas en lugar de escribir tu cuento en prosa
La cetonia que duerme en el corazón de la rosa
Lleno de espanto te ves dibujando en las ágatas de San Vito
Te morías de tristeza el día que ahí te viste
Te pareces a Lázaro enloquecido por la luz del día

Las manecillas del reloj del barrio judío van al revés
Y también tu en la vida retrocedes lentamente

Cuando subes a Hradchin y por las noches

Escuchas cantar en las taberna canciones checas"

Y melancolía, desde el prólogo

"Kafka ha sido y aún lo es, el mensajero por excelencia –por paradójico que parezca- de esa riqueza sin fondo, esta intensidad inaudita, esa multitud de talentos en lenguas y perspectivas divergentes, pero siempre animados por esa relación íntima y conmovedora con esta Praga donde cada piedra, por ínfima que sea, habla de un pasado soberbio, trágico e inquietante y de un porvenir en el que se han visto frustradas las esperanzas, aún las más pequeñas, pese a la inmensa fuerza creadora de la que en aquel entonces fue la fuente inestimable de vida"

Gerard-Georges Lamire, en el prólogo


Y yo aquí, yo seguiré adormeciendo mis deseos viajeros... mientras escucho las notas con las que Bedrich Smetana homenajeó a su Patria, en este caso al Río Moldava:




Imagen: Praga, la entrada a La ciudad vieja desde el Puente de Carlos IV


Aqui una reseña profesional: Praga en tiempos de Kafka: Runfola

enero 12, 2009

morir es nada

¿Cobardes y egoístas, o terriblemente valientes? Para una gran mayoría, el suicida es un cobarde; mientras que para los menos, es alguien con mucho valor; también, un egoísta que no piensa en los demás. Yo no tengo una opinión contundente, me parece una decisión que atañe únicamente a quien la toma y que solo quien llega a ella, sabe lo que siente. Dicho en términos coloquiales, solo el que carga la cruz, sabe cuánto le pesa. Punto. Ni aprobación ni condena.

No obstante, a mi que jamás me ha pasado por la cabeza tomar semejante camino, el suicidio siempre me ha inquietado. Lo que me perturba es la idea de
l estado anímico del ser humano, justo en el momento de tomar la decisión de acabar con su vida.

Hasta dónde habrá llegado su nivel de hartazgo; hasta dónde descendido sus esperanzas y sueños, la posibilidad de un asidero o una vía de escape. Absoluta la inexistencia de motivos para seguir adelante, aún con la desesperación a cuestas, como decía Margueritte Duras refiriéndose al oficio de escribir. Y hasta dónde el nivel de desgaste de las ganas de ser y estar; del deseo como tal. ¿Qué nivel de temperatura habrá de tener la sangre en el momento de llevar a cabo el suicidio? ¿Muerte a sangre fría, o en un bullir de adrenalina con la sangre ardiendo con todo? A saber, creo que en el fondo por mucho que me inquiete, prefiero seguir imaginándolo, sin corroborar nada.

Pero leyendo notas de prensa recientes, no puedo evitar preguntarme si existirán diferencias de fondo entre los suicidas; si merced a los motivos de su decisión, haya categorizaciones entre suicidas heroicos y otros más vulgares. Al leer sobre el suicidio del multimillonario alemán Adolf Merckle, quien optó por arrojarse al paso de un tren debido a la perdida de millones de euros, cursi que soy, la primera imagen que acudió a mi mente fue la de Ana Karenina poniendo fin al dolor provocado por sus infelices amores con el Conde Bronsky. Uno lee esa escena en la novela -o la ve en el film- y lo siente como algo muy romántico. Pero uno lee la nota del suicida alemán y lo primero que piensa es cuán ambiciosos y cobardes pueden ser muchos empresarios y especuladores financieros. Que un multimillonario -que desde luego no iba a morirse de hambre- se quite la vida de esa forma, parece todo menos romántico, ya ni se diga algo heroico. Y sin embargo el método es el mismo. Y si uno lee sobre el anterior suicidio motivado por la actual crisis financiera global, la cosa no varía mucho: el aristócrata francés Rene Thierry Magon de la Villehuchet [que había dejado en manos de Bernad L. Madoff 1500 millones de dólares de varios clientes de su firma Access International Advisors y millones que por supuesto, se fueron por el caño del fraude perpetrado por el especulador estadounidense] se cortó las venas en su oficina de Manhattan (imagino que debido al temor de enfrentar los reclamos de sus clientes y quizá hasta la vergüenza social).

Uno lee y reafirma su idea: "encima de extremadamente ambiciosos, los dos empresarios europeos eran un par de cobardes" ¿Será? Después de todo, ambos eligieron como método el mismo utilizado por cientos de mujeres dolientes de amores desgraciado, no solo en la literatura o el cine, sino en la vida real. ¿Qué es lo que enaltece a las heroínas suicidas? ¿El amor? ¿Será? Creo que uno no muere de amor, en todo caso será por falta de. Que cientos de mujeres hayan decidido quitarse la vida a causa de un hombre que las hacía desgraciadas, me parece tan terrible e inconcebible; pero es algo que ocurre y continuará pasando mientras existan mujeres y hombres e historias de desamor. No obstante, a diferencia de Ana Karenina y sobre todo de Emma Bovary, las mujeres suicidas por amor de la vida real, más que una idea de cursi romanticismo y hasta cierta empatía, me provocan una profunda tristeza y coraje; casi la misma sensación que me provocan ese par de millonarios suicidas. No soy quien para juzgar, pero pienso que ningún hombre que la haya tratado mal y hasta humillado, merece que una mujer se quite la vida por él y entre más desgraciada la haya hecho... menos digno es de semejante acto.

Claro que al final de cuentas, chacun sa vie et san mort; chacun doit se faire sa raison personnelle... hay tantos motivos que orillan a los seres humanos a tomar una decisión de tal naturaleza. Pero centrándome en los dos que he comentado aquí, que algunas mujeres pierdan las ganas de vivir por no poder estar junto al ser amado; o que para algunos hombres, la pérdida de miles de millones y de algo de estatus, signifique una vergüenza y escollo insuperables... me parece lamentable. Quizá más en el caso de ellas, pero ambos casos son tristes; porque si las ganas de vivir de uno dependen de un hombre -o mujer-, o del lugar que se ocupe en la lista del Forbes, debe ser algo sumamente triste.

Por mi parte, lo repito: de amor nadie se muere; se muere de desamor y quizá hasta de tristeza (o tiricia); pero yo opto por los lapsos de frivolidad y de azotes cursis y kitsch... que de esos no creo morirme y pueden resultar tan catárticos.


diciembre 29, 2008

sorpresas... en la pantalla

Uno de mis mayores placeres es el cine, por lo cual yo solía postear "reseñas de películas"; dejé de hacerlo porque llegó un momento que ya solo escribía sobre películas, cuando la principal premisa de este blog es la mezcla de diversos tópicos. Pero como estamos a tres días de cerrar el año, es decir en pleno surgimiento de ene listados con "las mejores películas" exhibidas durante 2008, yo aprovecharé para comentar sobre dos que, contra todos mis temores y prejuicios (no ser de mi género favorito e incluso contar -uno de ellos- con la recomendación del Vaticano) me sorprendieron en más de un sentido, dejándome una gratísima impresión. El hilo común entre ambos filmes, amén de su origen francés, es basarse en experiencias personales no muy gratas, trasladas al libro antes que al cine.

Persepolis (Francia USA 2007)- Film basado en la novela gráfica homónima creada por la iraní Marjane Satrapi, quien vive exiliada en Francia desde 1994 [donde la rebelde jovencita Marji se convirtió en Mme. Satrapi, la primera mujer-artista-iraní del cómic]. En su nueva patria, Satrapi conoció a un artista del cómic francés -medio punk y underground ¿qué otro podría ser?-, Vincent Paronnaud, con quien unió talentos y complicidades para dar lugar a esta petite bijou del cine animado; casi artesanal, entre la oscuridad, la insurrección y lo naïf Abiertamente autobiográfico, Persépolis es un tributo a la memoria del país añorado, pero a la vez lejano porque ya no se parece al de la niñez; un país que pasó de la opresión del Sha Mohammad Reza Pahlavi, a la represión de los revolucionarios islamistas. Y es un tributo a la memoria para no perder ese fragmento de vida dejado ahí; sin grandilocuencias, el film es también, una añoranza de esas pequeñas cosas, como los cisnes de miga de pan que le hacía el tío asesinado por los revolucionarios, la adrenalina de las fiestas underground, el inigualable aroma del Mar Caspio o el olor de los pétalos de jazmín que la abuela ponía en su brasier; un tributo a esa abuela, entrañable cómplice, mujer más revolucionaria que todos esos intelectuales iraníes progresistas... solo que sin tanta alharaca. Memoria visual, emocional y olfativa. Un film innegablemente político y femenino, pero no un panfleto feministoide; deliciosamente incorrecto, irreverente, ácido, desencantado y honesto, pues aunque la heroína Marjane Satrapi se vio orillada a abandonar su país, no se autoproclama como una victima de la persecución política del régimen islamista; nunca recurre a ese cliché, harto fácil y tentador, pero casi siempre maniqueo y chantajista y la "civilizada Europa", tampoco se dibuja como el mundo ideal o una suerte de tierra prometida. Persépolis representa también -quizá sin ser la intención de sus creadores-, un tributo a la sobrevivencia y al exilio: en un mundo tan distante al suyo, Marjane Satrapi logró desarrollar una forma de expresión artística, mediante la cual ejercita su memoria... para no olvidar quién es ni de dónde viene.



Parsépolis "eye of tiger" cantado por Chiara Mastroianni




Le Scaphandre et le papillon, (Francia-USA 2007)-; presentada en México con el ridículo titulo de El llanto de la mariposa, fue dirigida por el cineasta neoyorquino Julian Schanabel, a partir de las memorias del periodista galo Jean-Dominique Bauby, quien fuera editor en jefe de la revista de moda Elle. Bon vivant, frívolo y mujeriego, a quien la vida le cambió para siempre una tarde de diciembre de 1995, día en que sufrió un accidente vascular mientras conducía su auto; permaneció en coma durante 20 días para despertar víctima de un extraño padecimiento llamado locked-in-syndrome: no podía moverse, hablar, comer o respirar sin asistencia. Presa de un encierro que en su imaginación asemejaba a la escafandra que usan los busos, pero con la mente más vivaz y ágil que nunca, como el aleteo de una mariposa, Jean-Do solo podía comunicarse mediante el parpadeo de su ojo izquierdo con el cual dictó letra por letra sus impresiones sobre la experiencia del encierro en si mismo. Para ello, los doctores del hospital Berck-sur-la Mer idearon un alfabeto especial a partir de las letras más empleadas en el idioma francés, ante las que Jean-Do asentía o negaba mediante uno o dos parpadeos; 365 días e infinita paciencia requirió la realización del libro. Historia idónea para construir una película melodramática y edificante, donde el protagonista sea elevado a la santidad, La escafandra y la mariposa resultó muy distinta. Esta vez Julian Schnabel respetó el humor negro del texto original y no fue pretencioso ni ególatra; apoyándose en su otra profesión, la de pintor, realizó un filme pleno de libertad imaginativa. Mediante un relato en primera persona y de forma por demás atractiva y original, presentó el punto de vista de ese hombre encerrado e inmovilizado; logrando así algo muy distante a las visiones lacrimógenas y chantajistas típicas en este tipo de historias. Una mirada conmovedora, pero no sensiblera; irónica y por momentos casi cruel, con más de un destello de humor negro, pero siempre vivaz. Ese viaje por la memoria de Jean-Do fue trasladado a espléndidas imágenes surgidas de la lente del cinematógrafo polaco Janusz Kaminski, aderezado por una ecléctica banda sonora y apoyado en buenas actuaciones de todo el elenco, sobresaliendo el actor que encarna a Jean-Dominique Bauby, un enorme Mathieu Amalric que no requirió excesos para hacernos sentir, a veces con su sola voz, partícipes de los viajes de su angustiosa e inquieta mente.



La escafandra y la mariposa




DE NINGUNA MANERA ESTOY DICIENDO QUE ESTAS SON LAS MEJORES PELÍCULAS DE 2008, ÚNICAMENTE QUE ME SORPRENDIERON GRATAMENTE, YA QUE NO ESPERABA GRAN COSA DE NINGUNA. Y COMO DICEN POR AHÍ, chacun son cinéma