escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

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junio 15, 2008

La celebración no me gusta... el motivo, sí














Las celebraciones del día de la madre y día del padre -fundamentalmente, aunque también incluye al 14 de febrero-, no solo no me enloquecen de felicidad, sino que no me gustan nada. No sé porque, pero nunca me he sentido muy bien con eso de “tener que” felicitar y demostrarles amor a mi padre o a mi madre porque es su día. Olvidémonos de lo detestable que resulta la publicidad apabullante previa a esas dos fechas, a que el festejo sea visto como un mero juego comercial; concedamos que el libre mercado funciona así, se mueve así, a base de incentivos y chantajes. Creo que ese no es el problema mayor. Lo terrible, para mí, es que tal parece necesitamos que el calendario nos recuerde que tenemos padre y madre; nos recuerde que ellos existen, que son nuestros progenitores y por ende, debemos celebrarlos, y ser buenos hijos... aunque sea ese día. O sea, no importa si el resto del año uno tiene una mala comunicación o pésima relación con sus papás, ese día, solo por ser su día y como por arte de magia, uno se vuelve el hijo prodigo y los progenitores, padres y madres modelo. Y todos nos besamos, hacemos una comilona, damos regalitos y hasta nos echamos algún sentido discursito y somos bien felices... aunque sea ese día.

No niego que alguna vez me sentí mal cuando externé mi opinión al respecto, delante de algunos amigos o compañeros; uf, no faltó quien me mirara como si fuera una desalmada. Y sí, me hicieron sentir incómoda, no porque me creyera de pronto alguien carente de sentimientos, sino porque me molestó ser juzgada así. Que le voy a hacer, una es como es. Y que no le encanten estos asuntos de festejos paternales y maternales, no significan que una sea una mala hija, o que “no tenga corazón”. Yo por mi parte, a mi padre lo adoro y tengo una excelente comunicación con él [me divierte tanto cuando me recuerda su receta para tener un corazón perfecto: una cucharada de aceite de olivo extra virgen -de acuerdo- un diente de ajo grande –horror- y una copa de vino tinto –súper de acuerdo- “eso te lo tomas todos los días y tu corazón nunca te dará problemas... bueno a menos que te enamores de un imbécil, porque entonces m’hijita ya no respondo”]. Igual sucede con mi madre, quien, mujer al fin, sabe perfectamente que el corazón femenino suele peligrar más merced a los imbéciles... que a los males cardiovasculares.


febrero 24, 2008

Solo o acompañado

¿Como prefieres dormir?

La idea original de este tema nació de un link visto en el blog de
Pez, en el que se hablaba con mayor amplitud sobre el tema, yo solo he tomado una pequeña parte.


















Una mujer como yo, que por más desencantada que se encuentre no deja de ser cursi de un día para otro; que continúa persistiendo en la necedad de ser una romántica démodé, o como quieran llamarme. La cosa es que aquí su humilde escribiente, siempre había tenido la peregrina idea de que, después de hacer el amor con un hombre que realmente le importaba, lo segundo mejor era dormir con él. Y ahora resulta que para ellos, para los hombrecitos, no necesariamente es beneficioso.

Según unos científicos austriacos, para los hombres es nocivo dormir acompañados [Compartir cama "cansa el cerebro], ya que al compartir cama y “pelear por las sabanas” disminuye la calidad de su sueño pues se incrementa la producción de las hormonas del estrés con lo que... -aquí viene lo peor- se ve afectada su aptitud para el conocimiento. Válgame, o sea que si un hombre duerme acompañado a diario puede volverse un poquitín tonto.

Lo gracioso del asunto es que en las mujeres... el efecto nocivo de dormir acompañadas es menor. Siguiendo a estos científicos, parece ser que al razón de esto estriba en que las mujeres estamos más acostumbradas a lidiar con obstáculos e inconvenientes, llámense peleas por cobijas, ronquidos o patadas bajo al sábanas (o bajo la mesa), razón por la cual dormir con o sin pareja, no nos afecta mayormente y una vez que logramos conciliar el sueño podemos hacerlo profundamente. Mientras que el sueño de los hombres será menos reparador del cansancio; eso sí, ellos consiguen recordar mejor sus sueños... si antes de dormir hicieron el amor.

Después de leer semejante nota, lo único que cabe esperar es que no nos vayan a salir con una nueva moda... justificada en aras de la salud y el conocimiento masculino; algo así como la readaptación aquella "suprema creación" del foxiato, la inolvidable consigna del Comes y te vas... para trasladarla a un –dicho sea con el debido respeto para mis amables visitantes, sean o no, unos románticos empedernidos, unas “damas de la vela perpetua”, o unos puristas del lenguaje:

“Coges y te vas" Algo que me parece la antítesis, ya no solo del romanticismo, sino del buen gusto y el tacto ¿no?; aunque evidentemente habrá quien lo considere su opción más práctica.

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Dicen que el cine es la fábrica de los sueños, y escribiendo este post me vinieron a la mente los títulos de dos filmes, debido a su relación con el tema. Aclaro que solo el título se relaciona directamente, porque la trama versa más bien sobre la soledad y la falta de opciones de seres marginales, jóvenes que se sienten solos aún sin estarlo... por lo menos en lo que refiere a la proximidad física de otros.

Hei yan quan (2006)- (No Quiero Dormir Solo), del director malayo-taiwanés Tsai Ming Liang. Film de difícil entendimiento calificado, según el crítico en cuestión, o como una gran película, o una mera bomba de nembutal. Yo no la he visto.

J'ai pas sommeil (1994)- (No tengo sueño) de la cineasta francesa Claire Denis, cuya obra fílmica (la que le conozco) se caracteriza por ser todo, menos complaciente.