escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

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marzo 10, 2008

días extraños


¿No les ha pasado? Hay días en los que uno se siente como fuera de lugar; como que no acaba de encajar en el entorno que la rodea; fuera de contexto. O así te hacen sentir. Casi como un pobre extraterrestre -de esos que nos pintan las típicas películas de ciencia ficción- que de pronto cae en este planeta y todo le resulta ajeno, extraño, inexplicable; o bien, uno le resulta extraño a sus habitantes. Claro que tampoco hace falta concebirse como un marciano llegado inesperadamente a la tierra, o como un terrícola extraviado en algún lugar de la galaxia para sentirse fuera de lugar. Y probablemente no sea una tragedia, ni nada grave, ni mucho menos algo inusual. Quizá es que uno no se percata de ello porque es algo con lo que ha vivido siempre, con lo que ha convivido tan a gusto, que ni siquiera se había planteado la posibilidad de que fuera una "rareza". Y para "darse cuenta" de tal carácter no se necesitan sucesos extraordinarios. Todo lo contrario. Cualquier insignificancia puede ser el detonante; no hace falta estar en plena crisis existencial. El suceso más simplón pude servir para recordarnos, para enfrentarnos, con una realidad innegable: hay situaciones en las que de plano no encajamos, ni encajaremos jamás… por más que lo intentemos y pongamos cara de circunstancia.

Cualquier cosa puede ser el detonante. Cualquiera. Hasta el escoger la película a ver el fin de semana, puede devenir en una demostración de nuestras rarezas. Y si además, una comete el despropósito de entrar sola al cine, uff, ahí si, más que rara, ha de pasar por enferma o maníaca: "¿pero en serio vas a entrar a ver esa cosa (Eastern Promises (2007)- y sola? estás loca y además, eres una necia; esa película ha de estar bien depresiva y aburrida; de verdad que eres rara y por eso ves puras películas raras…"

Y pues si, yo sola (junto con otros siete raros y necios) entré a ver Eastern promises, mientras ellas dos, mis amigas, se unían a las largas (muy largas) filas de gente "normal" para entrar a ver 10,000 AC, que emnpezba media hora más tarde.


Y ese fue solo el principio, porque durante comida que siguió al cine continuaron aflorando las rarezas (mías, por supuesto); al grado de que a cada momento yo me iba sintiendo más cercana al David Bowie de The Man Who Fell to Earth (1976)-. Caray, y todo por no querer ver 10,000 AC.


Y la cereza en el pastel, cuando a la hora del café, les dije a mis compañeras que de Eastern promises, el que me gustaba no era el galán Vigo Mortenssen, sino el feo narizón Vincent Cassel (quien, de una vez lo aclaro, es uno de mis guilty pleasures -tema éste, de un post pendiente, no importa que signifique copiar la idea a los de CINÉCDOQUE), buuueno casi se les salen los ojos de lo sorprendidas que estaban; y yo, a esas alturas seguramente ya catalogada como el epítome de las rarezas.


Y aunque la inocuidad de mi ejemplo cinematográfico solo me sirva para aminorar la impresión del fuera de lugar, lo cierto es que más allá de mis banalidades sabatinas, dicha sensación existe, y a veces como algo más, casi como una certeza.

Ya para concluir, muy en sintonía, un video del sesentón David Bowie, quien a más de 30 años de haber grabado esta canción (Life On Mars -), aún conserva parte de la belleza andrógina y perturbadora que lo caracterizaba en sus años mozos... y todavía canta.

febrero 24, 2008

Solo o acompañado

¿Como prefieres dormir?

La idea original de este tema nació de un link visto en el blog de
Pez, en el que se hablaba con mayor amplitud sobre el tema, yo solo he tomado una pequeña parte.


















Una mujer como yo, que por más desencantada que se encuentre no deja de ser cursi de un día para otro; que continúa persistiendo en la necedad de ser una romántica démodé, o como quieran llamarme. La cosa es que aquí su humilde escribiente, siempre había tenido la peregrina idea de que, después de hacer el amor con un hombre que realmente le importaba, lo segundo mejor era dormir con él. Y ahora resulta que para ellos, para los hombrecitos, no necesariamente es beneficioso.

Según unos científicos austriacos, para los hombres es nocivo dormir acompañados [Compartir cama "cansa el cerebro], ya que al compartir cama y “pelear por las sabanas” disminuye la calidad de su sueño pues se incrementa la producción de las hormonas del estrés con lo que... -aquí viene lo peor- se ve afectada su aptitud para el conocimiento. Válgame, o sea que si un hombre duerme acompañado a diario puede volverse un poquitín tonto.

Lo gracioso del asunto es que en las mujeres... el efecto nocivo de dormir acompañadas es menor. Siguiendo a estos científicos, parece ser que al razón de esto estriba en que las mujeres estamos más acostumbradas a lidiar con obstáculos e inconvenientes, llámense peleas por cobijas, ronquidos o patadas bajo al sábanas (o bajo la mesa), razón por la cual dormir con o sin pareja, no nos afecta mayormente y una vez que logramos conciliar el sueño podemos hacerlo profundamente. Mientras que el sueño de los hombres será menos reparador del cansancio; eso sí, ellos consiguen recordar mejor sus sueños... si antes de dormir hicieron el amor.

Después de leer semejante nota, lo único que cabe esperar es que no nos vayan a salir con una nueva moda... justificada en aras de la salud y el conocimiento masculino; algo así como la readaptación aquella "suprema creación" del foxiato, la inolvidable consigna del Comes y te vas... para trasladarla a un –dicho sea con el debido respeto para mis amables visitantes, sean o no, unos románticos empedernidos, unas “damas de la vela perpetua”, o unos puristas del lenguaje:

“Coges y te vas" Algo que me parece la antítesis, ya no solo del romanticismo, sino del buen gusto y el tacto ¿no?; aunque evidentemente habrá quien lo considere su opción más práctica.

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Dicen que el cine es la fábrica de los sueños, y escribiendo este post me vinieron a la mente los títulos de dos filmes, debido a su relación con el tema. Aclaro que solo el título se relaciona directamente, porque la trama versa más bien sobre la soledad y la falta de opciones de seres marginales, jóvenes que se sienten solos aún sin estarlo... por lo menos en lo que refiere a la proximidad física de otros.

Hei yan quan (2006)- (No Quiero Dormir Solo), del director malayo-taiwanés Tsai Ming Liang. Film de difícil entendimiento calificado, según el crítico en cuestión, o como una gran película, o una mera bomba de nembutal. Yo no la he visto.

J'ai pas sommeil (1994)- (No tengo sueño) de la cineasta francesa Claire Denis, cuya obra fílmica (la que le conozco) se caracteriza por ser todo, menos complaciente.





septiembre 27, 2007

Généalogies d'un crime, más allá del bien y del mal

Para el navegante Pedro Miguel,
a cuya generosidad debo haber disfrutado este film, imposible de conseguir en México
.

























Généalogies d'un crime (Genealogías de un crímen)/Francia, 1997/ Dirección: Raúl Ruiz/Guión: Pascal Bonitzer y Raúl Ruiz/Producción: Paulo Branco/Fotografía: Stefan Ivanov/Montaje: Valeria Sarmiento/Música: Jorge Arraigada/
Elenco
Catherine Deneuve-Jeanne/Solange
Michel Piccoli-Georges Didier
Melvil Poupaud-René
Andrzej Seweryn-Christian
Bernadette Lafont-Esther
Monique Mélinand-Louise

¿Es posible detectar desde la infancia las tendencias criminales de un ser humano? ¿Los asesinos están predestinados a serlo desde el mismo momento de su nacimiento? Con esta interrogante, cuyo guión se inspiró en un hecho ocurrido en Viena durante la década de los 20’s, el cineasta chileno (exiliado en Francia desde el golpe de estado de Pinochet) Raúl Ruiz realizó un inquietante y, por momentos, complejo film donde se analiza el crimen desde dos ángulos opuestos: ¿el acto criminal es instintivo, casi consubstancial al ser humano?, o bien, se llega a este como consecuencia de factores externos, como la manipulación familiar y social, que nos conducen a repetir historias?

Sinopsis. Un juez convence tramposamente a Solange (Catherine Deneuve) -abogada criminalista, especializada en casos perdidos- de tomar bajo su cargo la defensa de René, un joven acusado de asesinar a su tía Jeanne, prestigiada psicóloga freudiana, quien lo adoptó en su casa al quedar huérfano de niño. Para poder adentrarse en el caso casi perdido, todo apunta a la culpabilidad de René (Melvil Poupaud), Solange se adentra en el diario de la muerta, descubriendo así el pormenorizado registro analítico-interpretativo del comportamiento del muchacho; entre otras cosas, se enterará que la tía había advertido en su sobrino de 5 años, una ingénita propensión hacia el crimen. Solange no actúa libremente, por un lado están las presiones del juez, quien cree firmemente en la culpabilidad del “monstruoso” René y maliciosamente puso a Solange a defenderlo porque da por seguro que será derrotada. A otro lado, se encuentran los psicólogos Georges Didier (Michel Piccoli) y Christian (Andrzej Seweryn), ambos enarbolando teorías contrarias, que intentarán influir en Solange para la resolución del caso. Finalmente, está el personaje más importante: el espíritu de la muerta Jeanne (otra vez Catherine Deneuve), quien, por decirlo así, se adentra en Solange para guiarla o manejarla, según se mire, en sus investigaciones.

Con esos elementos, el director va desarrollando una historia de manipulación, superposición de personajes y roles; incluso, una deconstrucción de la teoría freudiana; pero sobre todo, una representación teatral, un tanto paródica (sobre los hechos y circunstancias que rodearon al asesinato de la psicóloga y que permitan determinar la culpabilidad de René) dentro de la película. A diferencia de la mayoría los filmes de crimen y misterio, al transcurrir la historia de Genealogías de un crimen, ya no será tan importante saber si René es culpable, o no lo es –en mi opinión, la cinta no lo establece en forma definitiva, dejando ese veredicto al espectador-, sino que asistamos a esa intrincada recreación de dobleces, simulaciones y manipulaciones humanas, en la cual personajes y espectadores participamos. Lo único claro en esta cinta es que nada es lo que parece; al final de cuentas, como en la vida, todos interpretamos diversos papeles, acorde a las circunstancias.


Con excepción del juez, todos los personajes (la abogada, la psicóloga muerta, los otros dos psicólogos y los “actores” de la representación teatral, incluida una singular ama de llaves, atípica a los filmes de misterio), representan dócilmente los distintos roles que les determina el vaivén de la historia; dejando claro, eso sí, que todos, en mayor o menor medida, son manipuladores y manipulados; todos tienen dobleces, aunque quizá ninguno como la abogada/psicóloga muerta, Solange/Jeanne. Mientras Solange es rubia, clásica en el vestir y en el actuar; manipulada por su madre; dubitativa y parece creer en la inocencia del muchacho; su contrapunto, Jeanne, es pelirroja, sofisticada, abiertamente manipuladora, aunque tan bien manipulada de/por René. En cuanto a René, es un personaje complejo, pese a ser presentado como un joven agradable, aparentemente inofensivo y confundido, sin una guía de vida formal y carente de nociones sobre la moral. René y Jeanne han manteniendo una relación ambigua, oscilante entre lo materno afectivo y el amour fou; pero queda claro que ella se ha dedicado a atestiguar (¿o inducir?) el comportamiento del chico y así probar su hipótesis sobre lo instintivo de la criminalidad. Parecería que al vaticinar la propensión criminal de René, la psicóloga se dedicó a ir registrando el proceso evolutivo por medio del cual el niño huérfano se convirtió en un joven asesino; pero quizá también, la psicóloga encaminó lo actos del chico, hasta que finalmente el crimen sucedió, sin que ella hubiera intentado hacer nada por evitarlo. De esa forma, los papeles de victima y victimario se intercambian, y ya no sabemos si René es uno u otro, mientras que Solange/Jeanne transita de la victima a la cómplice, para finalmente convertirse en victimaria del muchacho.

Finalmente, pienso que el director NO pretende establecer un culpable único y definitivo (más bien me parece que Raúl Ruiz está del lado de René -o del muy joven Melvil Poupaud, en ese tiempo uno de sus actores fetiche). Por otro lado, tampoco es sencillo catalogar este filme: no es propiamente un thriller, aunque por momentos lo parezca; quizá podría ser una comedia (en el sentido de la Comedia humana de Balzac); o sencillamente, un falso drama. En cualquier caso, el resultado es una película inquietante y no tan fácil de digerir (un critico del diario español El País, dijo que el adjetivo pedante le quedaba corto), pero eso si, muy interesante.

septiembre 20, 2007

Dos hombres, dos

Dejaré un poco de lado a las maravillosas –y a veces trágicas mujeres-, y hablaré brevemente de los seres que más me gustan en esta vida: HOMBRES. Ana (http://www.agavetequil-ana.com/wordpress/) me comentaba hace días que, para aligerar la cotidianeidad, nos caería bien algo de hedonismo. Yo, “atenta a las insinuaciones” (por no decir que nada más estaba esperando el pretexto), tomo nota de su agradable sugerencia y dejo este post sobre dos hombres que, pese a ser muy diferentes entre sí, guardan similitudes. Ambos han destacado en sus respectivos quehaceres profesionales y, también, están de muy buen ver. La razón de su selección es por simple equidad, al tenista lo escogió Ana y al cineasta yo.

Roger Federer, o la maestría tenística personificada.

Servicio potente, derecha fuerte, revés preciso y bolea certera. Son las características determinantes para el posicionamiento como number one del tenis mundial, de este hombre nacido en Basilea Suiza un 8 de agosto de 1981.



















A los 26 años de edad, Roger Federer es el tenista más exitoso de los últimos tiempos; su palmarés luce impresionante, incluyendo triunfos en las citas tenísticas más importantes del mundo. En este 2007, de los cuatro torneos que constituyen el Grand Slam (Abierto de Australia, Roland Garros en Francia, Abierto de USA y Wimbledon), solo se le escapó el torneo de Roland Garros pues perdió la final ante el español Rafael Nadal, quien ha dominado el torneo parisino en los últimos tres años. Ello quiere decir que (exceptuando la arcilla francesa, que no se le ha dado muy bien), el suizo es casi imbatible en cualquier tipo de cancha


François Ozon, le enfant terrible ecléctico

De este réalisateur parisino, próximo a arribar a la cuarentena (nació el 15 de noviembre de 1967), podría decirse que en cada nuevo film se presenta como un cineasta diferente. Lo mismo aborda la tragicomedia (Sitcom, donde, sin la menor concesión saca del clóset los esqueletos de una familia clasemediera); el cine de horror (Amantes criminales); la seducción que pone en jaque las preferencia sexuales, en Gotas de agua sobre rocas calientes, film basado en una pieza teatral de Rainer Werner Fassbinder; la admiración-codicia-odio- como motivadores del crimen en Regardé la mer; el musical-camp de Ocho mujeres, en donde tras una aparente frivolidad, se escarba en las opacidades femeninas, dándose el lujo de conjuntar a ocho estrellas del cine francés de 3 generaciones; el drama de misterio en Bajo la arena, en donde explora el dolor del abandono amoroso; el juego de espejos y transposición de personalidades, en el thriller engañoso de Swimming pool; la amargura y dureza de la ruptura amorosa, por no decir la inviabilidad de la pareja a largo plazo, en Cinco veces dos, 5X2; la melancolía minimalista en el drama terminal de El tiempo que queda; o el melodrama novelesco de Angel, film presentado este año en el festival de Berlín, donde se relata el ascenso y caía de una joven escritora inglesa durante la época victoriana.

Además de esos largometrajes, François Ozon tiene en su haber una serie de buenos cortometrajes, siendo el más reciente Un lever de rideau (que no conozco) y uno de los mejores, Un vestido de verano (una joyita de cine abiertamente gay).



Pese a su eclecticismo, creo que el cine de François Ozon conserva ciertas características distintivas, más allá de la provocación de sus primeros trabajos, o de la casi perenne acidez de su mirada. Considero que dichas constantes serían: su hábil dirección de actores; su inclinación hacia las mujeres, pues salvo Le temps qui reste, protagonizada por el guapo Melvil Poupaud (en esta foto, en medio del cineasta y de Jeanne Moreau ), en la mayoría de sus filmes, las mujeres son el eje de la historia; que en casi todos sus trabajos la música juega un papel importante, logrando un maridaje perfecto con la trama, enfatizando así los distintos matices de las historias (se desataca la armonía lograda con las composiciones del que parece ser su músico de cabecera, Philippe Rombi; aunque también está su gusto por el estonio Arvo Part); finalmente, la exploración de la ambigüedad sexual.

Sobra decir que François Ozon es uno de mis cineastas favoritos, aunque directamente nunca haya ganado ningún premio importante (sus actores sí), a mi me encanta; me gustan todas sus películas, unas más que otras, pero todas. En mi opinión son especialmente recomendables, Regardé la mer, Bajo la arena, Swwiming pool y Cinco veces dos. Sobre Le temps qui reste, en lo personal me gustó mucho, una parte de la crítica le crucificó por ser demasiado minimalista y suave. Creo que se excedieron, si bien es cierto que comparada con Regardé la mer, la mirada del cineasta es menos ácida, de ninguna manera llega a la lacrimogenería y sensiblería propias de los dramas terminales gringos
.

Filmografía de Ozon

Un lever de rideau ( corto de 30 min, 2006), Angel (2006), Le Temps qui reste (2005), Swimming pool - Juegos Perversos (2004), Cinco veces dos, 5 x 2 (2003), 8 Mujeres (2001), Gotas de agua sobre piedras calientes (2000), Bajo la arena (2000), Regardé la mer (mediometraje de 55 min, 2000), Amantes criminales (1999), Sitcom (1998),





agosto 14, 2007

La otra cara del ex-camarada























Mi querido Pedro Miguel (http://www.navegaciones.blogspot.com/) me envió el link de un álbum fotográfico para alimentar mi hedonismo. Ahí aparece esta foto, despistada como soy, a la primera vista no daba crédito de quien es este hombre, ¿será porque ni reparé en su rostro? Tachado de intransigente, hay quien dice que la mirada de sus azules ojos es tan gélida como el clima de algunas zonas en su hermoso país… viéndolo aquí no pareciera tan frío. Quien diría que al ex camarada Putin (hoy Zar petrolero) le gusta presumir anatomía.
Estas fotos son para ti mi querido champy y dáte de santos, no vayan a pensar que este es el Blog de Putin y que yo tengo fantasías con él.