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Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

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noviembre 07, 2007

De (anti)heroínas, Nikita

A través del cine vivimos la fantasía, soñamos, desarrollamos nuestra imaginación, nos identificamos con algunos personajes, nos enamoramos de ellos, los odiamos, los envidiamos, los adoptamos como héroes, etc. Al posibilitarnos vivir, a través de esos héroes y heroínas, aventuras y situaciones impensables, ciertas películas, ciertas historias y ciertos personajes le agregan sabor y emoción a nuestras (sin ofender, hablo de mi) convencionales existencias.

Son incontables los niños, y no tan niños, los que se identifican con los súper héroes, mayoritariamente los creados por la industria del entretenimiento estadounidense; superman, los4 fantásticos, Batman, el hombre araña, harry potter; etc. Ellos, más que ellas, han soñado con ser “el héroe de la película” -y no precisamente como el gober precioso- y salvar al mundo de los malosos. Casi todos esos superhéroes tienen en común ser, con sus más y sus menos, políticamente correctos, socialmente convenientes y mayoritariamente… hombres; o sea, la heroicidad es una cuestión masculina, las mujeres debemos aspirar a ser las salvadas, no las salvadoras. Quizá debido esto, con excepción de Batman (por oscuro y ambiguo, supongo), los súper héroes gringos nunca me han llamado la atención; lo mío son los antihéroes, los personajes socialmente inconvenientes y políticamente incorrectos.


Nikita solo hay una

Tengo algunos antihéroes favoritos, también alguna anti-heroína, no muchas pues no abundan; pero una es especial pues se trata de uno de los personajes femeninos –cinematográficos- más interesantes que he conocido: NIKITA; la original, la que Luc Besson creó cuando su imaginación aún era pródiga y el éxito internacional no lo había trastocado. Anoche (gracias a mi querido champy me enteré que en la tienda de Slim la tenían) me reencontré con ella después de años de haberle visto por primera vez. Me dio gusto que a más de 15 años de haber surgido, Nikita se conserve de manera excelente; el film ha envejecido bien.


Sinópsis
Tras un violento asalto a una farmacia, acompañando a su novio y a otros amigos, Nikita mata, innecesariamente pues todo está perdido, a un policía y es sentenciada a cadena perpetua, la cual le será conmutada si acepta enterrar su antigua personalidad y convertirse, tras una ardua preparación, en una asesina profesional bajo las órdenes el servicio secreto francés. Ante la disyuntiva, pese a no quererlo, la chica -de 20 años- acepta el ominoso trato, con lo cual su vida dará un giro hacia lo impensable.

El film está bien construido, bien actuado y bien narrado; no hay sentimentalismos, no hay exceso de violencia, ni tampoco rocambolescas vueltas de tuerca; tiene un ritmo constante a lo largo de sus 117 minutos. Un aspecto muy interesante de la historia es que contrapone -sin falsos aires de denuncia- dos formas de practicar la violencia, de matar; lo que no significa que haya asesinos buenos y malos. Simplemente hace remarcable lo que ya sabemos, en tanto el Estado detenta el monopolio de la violencia y del uso de la fuerza, si en su nombre se mata, en forma por demás deliberada y planeada, se trata de un acto de justicia, de un servicio a la patria; algo políticamente correcto. Si esa misma persona lo hiciera al margen el Estado, entonces, sin importar ni las motivaciones de uno u otro acto de matar, esa misma persona será un asesino y acabará en la cárcel. Así de simple, mientras se mate a quien le ordene el Estado, el servicio secreto (se tenga licencia para matar), se estará actuando bien. Y eso es lo que debe aceptar y hacer Nikita.

El personaje que da titulo al film es, como decía, muy interesante, presenta a una joven mentalmente frágil que va de uno a otro extremo del espectro emocional; se trata de una chica sin gran preparación intelectual, muy sensible y dotada de gran sentido común -y no exenta de encanto. Una chica farmaco-dependiente e inestable, que una noche mata sin siquiera meditarlo, como un acto de impotencia, a sabiendas de que no hay salida posible; alguien así, es el blanco perfecto para ser utilizado, manipulado y -una vez que ya no sea útil- desechado por el Estado.

De Nikita me encanta la puntería que tiene con las armas y su fragilidad emocional; dispara con precisión pero se está muriendo de miedo; no teme demostrarle a Marco que lo ama, a pesar de saber que no tiene futuro su relación; odia y quiere a Bob con la misma intensidad; desprecia lo que hace, pero lo ejecuta con profesionalismo; es decir, es la eterna contradicción personificada. Sin duda, a la construcción de este fascinante personaje contribuyó la espléndida interpretación de Anne Parillaud, bien secundada por Tcheky Karyo en el papel de Bob, su mentor; así como por Jean-Hugues Anglade, en el papel de Marco, su novio.

El que yo tenga como una de mis favoritas a una anti-heroína, a una asesina, no solo es socialmente inconveniente, seguramente también es digno de psicoanálisis; pero sucede que yo no le hago a eso, así que...no me preocupo. Además, en esta época de ligerezas, neoliberalismos; en este mundo globalizado e individualista, tener predilección por este personaje es casi (como diría Juliette Binoche luego de posar desnuda para el Playboy) un acto de militancia, de rebeldía, una cierta forma de pasión gregaria.


NIKITA

D: Luc Besson,
FRANCIA-ITALIA, 1990
I: Anne Parillaud, Jean-Hugues Anglade, Tcheky Karyo, Jeanne Moreau, Jean Reno, Roland Blanche, Marc Duret, Philippe Leroy-Beaulieu, Jacques Boudet,

G: Luc Besson
Fotografía: Thierry Arbogast
Música: Eric Serra, Extractos de: "Pequeña música nocturna" de Wolfgang Amadeus, Mozart
Duración: 117 minutos