No sé cuándo fue la última vez que me emocioné con un discurso político y le creí al hombre que lo decía; es más, no recuerdo si alguna vez le he creído a algún político, menos que me haya emocionado con él. Me pasa la Obamanía por todos lados y me sorprendo de no compartirla, pese a despreciar a George Bush por sobre todos los sátrapas de esta tierra. Yo siempre tan afín a las causas perdidas y adoradora de los héroes improbables, veo la Obamanía global e intento recordar cuándo fue la última vez que sentí algo parecido. Lo más cercano, y a kilómetros, fue mi hoy desaparecida U2manía; esa que me llevó a formarme por horas en las taquillas del Azteca para un concierto en 1997, escuchar sus discos todo el día y ver en su baterista Larry Mullen Jr., al Dios Gaélico de mis sueños (él sigue estando buenísimo, que eso no se quita como si fuera gripa). Los políticos deben ser los seres en los que menos confío; llaméense como se llamen, tengan el color de piel que tengan y así sean los poseedores de la sonrisa del millón. Eso debe ser común a muchas personas; pero en alguien egresado de Ciencias Políticas, el que la política te provoque dolores de cabeza y nauseas a partes iguales, ya no lo ha de ser tanto. Dice mi papá que me volví escéptica y perdí la fe en los políticos por culpa de las historias que me contaba mi abuela. Quizá tenga razón. Somos oriundos de la región serreña donde incubó una de las primeras guerrillas de este país, allá por los años 60 y 70 del siglo pasado [guerrilla outsider, sin uniformes a la moda ni armas sofisticadas financiadas sabe Dios por quién; liderada por maestros rurales y no por farsantes encapuchados que posan para la portada de Quien y Gatopardo y dan entrevistas en directo en el canal de las estrellas]. Mientras los demás niños crecieron escuchando historias de aparecidos, yo crecí escuchando increíbles historias de apóstoles de la educación, que por la mañana daban clases en la destartalada primaria rural y por la tarde hacían asambleas en las que hablaban de revoluciones, en búsqueda de caminos políticamente incorrectos, que les ayudasen a cambiar el jodido presente y negro futuro de esa región, dejada por Dios en manos de los gobernantes caciquiles del sempiterno PRI. Escuché de sus acciones de héroes equivocados, de sus actos, algunos violentos, pero nada comparables a la sarta de mentiras que cuenta la historia oficial para así justificar la represión y la guerra sucia de los años 70's. También supe que al final de cuentas de nada sirvió, los guerrilleros fueron apresados, torturados, encarcelados y asesinados; la región siguió igual de jodida y continuó siendo gobernada por el hijo del hijo del cacique en turno. Cambiaran de color de partido, pero no dejan de ser los mismos miserables de siempreY como si con esas historias no hubiera yo tenido suficiente, no tuve mejor ocurrencia que meterme a la Facultad de Ciencias Políticas. Tras cuatro años, salí convencida de que los políticos del mundo real distaban mucho de los idealizados por Max Weber y además, distorsionaban y desprestigiaban a Maquiavelo el padre la Ciencia Política Moderna y no un estulto, como suelen ser la mayoría de los políticos de este país. La política: el arte de negociar; debe ser conocimiento, experiencia y aprendizaje. Pero para mí, la política es parecida al amor: encarna honestidad y valor. Se requiere honestidad para reconocer cuando no es lo adecuado y valor para cambiar y alejarse; se necesita más valor y honestidad, para seguir ahí a pesar de todo, contra todo; sin condescender ni traicionar.
Pero me gustan los poetas…
""Cada vez que nos dan clases de amnesia
como si nunca hubieran existido
los combustibles ojos del alma
o los labios de la pena huérfana
cada vez que nos dan clases de amnesia
y nos conminan a borrar
la ebriedad del sufrimiento
me convenzo de que mi región
no es la farándula de otros
en mi región hay calvarios de ausencia
muñones de porvenir/arrabales de duelo
pero también candores de mosqueta
pienos que arrancan lágrimas
cadáveres que miran aún desde sus huertos
nostalgias inmóviles en un pozo de otoño
sentimientos insoportablemente actuales
que se niegan a morir allá en lo oscuro"
[El gran simulacro Mario Benedetti, fragmento]
UP DATE Y para poner pies en polvorosa… es decir, en la tierra...



















