escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

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septiembre 22, 2008

por eso no soy vidente

Sería bueno poder ver más allá de lo evidente. Saber por anticipado como nos va a pintar la vida y poder revestirnos con la indumentaria adecuada; endurecerla o ablandarla según lo requiera la ocasión. No es tan simple; como las relaciones amorosas, la vida es una especie de juego de azar en el que no podemos controlar todo... por más que lo intentemos, ordenemos y planeemos, casi siempre surgen imprevistos que dan al traste con nuestras más depuradas previsiones. Al menos yo, como los meteorólogos, nunca le atino al clima que me tocará enfrentar. Puedo planear cosas que atañen a mi vida profesional, darle un sentido de orden a mi vida cotidiana. Pero planear los vuelcos de mi corazón, los desórdenes del alma? Imposible. El corazón late más fuerte cuando algo o alguien se lo provoca y sin que podamos controlarlo; el alma se sienta, se eleva, se deja ir o se apaga, ajena nuestros deseos. Si no se puede hacer un plan de altas y bajas para un órgano tan físico como el corazón, mucho menos para algo tan etéreo como el alma.

Arthur Rimbaud pensaba que podía uno volverse un vidente, ver lo que casi nadie podía ver.

Digo que hay que ser vidente, hacerse vidente.
El poeta se hace vidente por un largo, inmenso y razonado desarreglo
de todos los sentidos. Todas las formas de amor, de sufrimiento,
de locura; busca por sí mismo, agota en sí todos los venenos,
para no quedarse sino con sus quintaesencias. Inefable tortura
en la que necesita de toda la fe, de toda la fuerza sobrehumana, por
la que se convierte entre todos en el enfermo grave, el gran criminal,
el gran maldito, — ¡y el supremo Sabio! — ¡Porque alcanza lo desconocido!
¡Porque se ha cultivado el alma, ya rica, más que ningún otro! Alcanza
lo desconocido y, aunque, enloquecido, acabara perdiendo la inteligencia de
sus visiones, ¡no dejaría de haberlas visto!
Que reviente saltando hacia cosas inauditas o innombrables: ya vendrán
otros horribles trabajadores; empezarán a partir de los horizontes
en que el otro se haya desplomado.

[Jean Arthur Rimbaud,
Cartas del Vidente. Segunda carta
Mayo de 1871 –a los 17 años]


Antes de los 17 años, edad que tenía Rimbaud cuando escribió esa carta, se mira fácil pensarlo y hasta hacerlo; los impulsos adolescentes son así. No obstante, su idea de procurarse un cuidadoso y razonado desarreglo de los sentidos, parece contradictoria y compleja, tan solo escucharla. Los desarreglos, los desbarajustes del corazón y de los demás sentidos, son eso. Entonces, cómo lograr que un desorden casi integral, que un disfrute sin razón ni medida de los goces y vivencias riesgosos no provoquen en nosotros el efecto contrario al buscado y lejos de convertirnos en “sabios” y videntes, como proponía Rimbaud, nos atrapen en sus torbellinos placenteros y adictivos, apartándonos de la visión y conocimiento quintaesencial
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Yo tengo, o he tenido, desarreglos en todos mis sentidos;
he pasado por alguna forma de locura, aunque sea momentánea;
he padecido más de un sufrimiento amoroso;
he intentado exploraciones en la búsqueda de la quintaesencia,
pero no me he vuelto vidente…

será porque no he cultivado mi alma lo suficiente,
ni he agotado en mi todos los venenos,
o quizá es que me ha faltado tener fe,
pero no soy vidente...
será porque tampoco soy poeta.

Por eso no soy vidente.

octubre 19, 2007

Arthur Rimbaud, ángel caído de talento precoz

Jean Nicolas Arthur Rimbaud (Charleville, Francia, 20de octubre de 1854 – Marsella, 10 de noviembre de 1891)

SENSACIÓN

Iré, cuando la tarde cante, azul, en verano,
herido por el trigo, a pisar la pradera;
soñador, sentiré su frescor en mis plantas
y dejaré que el viento me bañe la cabeza.

Sin hablar, sin pensar, iré por los senderos:
pero el amor sin límites me crecerá en el alma.
Me iré lejos, dichoso, como con una chica,
por los campos, tan lejos como el gitano vaga
.

Marzo de 1870

Lo confieso: siento una inocultable debilidad por los “ángeles caídos”; los individuos señalados con el dedo flamígero de la gazmoñería y la corrección social, esos son los que más me atraen; salvo contadísimas excepciones, los niños buenos, políticamente correctos y blandengues me provocan flojera. En cambio, esos seres oscuros y a la vez luminosos; desafiantes, rebeldes; generalmente defenestrados por la hipocresía y la doble moral social; me provocan una mezcla de admiración y seducción espontánea....

Maldito entre los malditos, genial y perverso; angelical y demoníaco; qué no se ha dicho de Arthur Rimbaud. Espíritu sensible, vocación autodestructiva, perverso, egoísta; seductor y arrogante, Arthur Rimbaud encarna, creo, el arquetipo absoluto del “Enfant terrible.






















Su historia de amor con el poeta Paul Verlaine, 10 años mayor que él, es también arquetípica del
amour fou; se amaban y se odiaban; se acariciaban y se golpeabas, se destruían mutuamente. Sin embargo, para la gran mayoría en esa historia el “malo de la película” era el precoz Rimbaud, quien a los 16 años encantó y asombró con su talento poético al ya consagrado Paul Verlain [bueno, es de creer que también quedó impresionado con la arrogante belleza de ese adolescente].

Arthur escribió la mayoría de sus poemas entre los 16 y los 20 años. Después su vida personal se vio marcada por la desgracia, su comportamiento al margen de todo, equívocos y los desencuentros; algo de lo que no me interesa hablar, al menos no hoy que es su cumpleaños; ya sus detractores se han dado gusto calificándolo como un delincuente y con peores adjetivos.
A ese respecto me voy a guardar mi opinión, mi intención no es establecer juicios, ni condenar a nadie; mucho menos a Rimbaud, pues, como ya lo dije, adoro a los ángeles caídos.

Hoy 20 de octubre (nació 10 días después que su contemporáneo Oscar Wilde, también, bajo el signo de libra) se cumplen 153 años del nacimiento de este extraordinario
enfant terrible; cuya vida terrena fue breve, como breve, pero rica y perdurable fue su obra poética.

Una Temporada en el Infierno -

Antaño, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde corrían todos los vinos, donde se abrían todos los corazones.

Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la injurié.

Yo me he armado contra la justicia.

Yo me he fugado. ¡Oh brujas, oh miseria, odio, mi tesoro fue confiado a vosotros!

Conseguí desvanecer en mi espíritu toda esperanza humana. Sobre toda dicha, para estrangularla, salté con el ataque sordo del animal feroz.

Yo llamé a los verdugos para morir mordiendo la culata de sus fusiles. Invoqué a las plagas, para sofocarme con sangre, con arena. El infortunio fue mi dios. Yo me he tendido cuan largo era en el barro. Me he secado en la ráfaga del crimen. Y le he jugado malas pasadas a la locura.

Y la primavera me trajo la risa espantable del idiota.

Ahora bien, recientemente, como estuviera a punto de exhalar el último ¡cuac! pensé en buscar la llave del antiguo festín, en el que acaso recobrara el apetito.

Esa llave es la caridad. ¡Y tal inspiración demuestra que he soñado!

"Tú seguirás siendo una hiena, etc... declara el demonio que me coronó con tan amables amapolas. "Gana la muerte con todos tus apetitos, y con tu egoísmo y con todos los pecados capitales".

¡Ah! ¡por demás los tengo! Pero, caro Satán, os conjuro a ello, ¡menos irritación en esos ojos! Y a la espera de las pocas y pequeñas cobardías que faltan, desprendo para vos, que amáis en el escritor la ausencia de facultades descriptivas o instructivas, unas cuantas páginas horrendas de mi carnet de condenado.

mayo-agosto 1873 Jean Arthur Rimbaud

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El cine también se ha interesado en su vida y como lo que vende es el morbo, lo que ha gustado para ser llevado a la pantalla ha sido su relación con Paul Verlaine,

Total Eclipse

Género: Drama
UK, FRA, BEL, ITA - 1995 - 107 min.

Directora: Agnieszka Holland
Intérpretes: Leonardo DiCaprio (Arthur Rimbaud), David Thewlis (Paul Verlaine), Romaine Bohringer (Mathilde la esposa de Verlaine)


La directora polaca Agnieszka Holland realizó esta coproducción en 1995; centrando su mirada en la tormentosa relación amorosa de Rimbaud y Verlaine. Entre los reparos (varios) que yo le pongo a al film están, obvio, que Rimbaud sea representado por el divo hollywoodense DiCaprio, que esté hablado en inglés y que la directora no intente, ni tantito, profundizar en la compleja personalidad de ambos poetas; con lo cual resulta una visión, para mi gusto, un tanto superficial. Ni siquiera es un drama homo-erótico, en ese sentido es muy light; creo que los momentos de mayor intensidad dramática son los protagonizados por Mathilde (una convincente Romaine Bohringer) y Verlaine, mientras que a Rimbaud de pronto lo deja ver como un superfluo, arrogante, odioso y abusivo adolescente.