Soy una emigrada. ¿Puede esa emigrada añorar su lugar de nacimiento y goce de primera infancia, cuando hace tanto lo dejó atrás?Intento revivir en mi mente ese pequeño pueblo serrano donde nací, ocasionalmente consigo recrear la barranca que corría a la orilla del pueblo, atrás de la casa de mis padres; casi puedo escuchar el correr del agua al deslisarse por una pequeña cascada; ver esas florecitas silvestres, con forma de campanitas y color azul casi morado, que mi padre gustaba hacer sonar con la boca a manera de silbato, mientras recorríamos a caballo los caminos que circundaban ese pequeño pueblo. Mi padre, el jinete; yo, un pequeño bultito delante de él, agarrada fuertemente a la cabeza de la silla de montar; asombrada y feliz, con los ojos como plato –eso decía él- descubriendo colores, sonidos y aromas.
¿Cómo puedo recordar algo que sucedió hace tanto tiempo y hasta ese particular silbido de la flor al contacto con la lengua de mi padre; pero sobre todo, cómo puedo añorar esa mezcla de dicha infantil y adrenalina que me producía el galope del caballo?
¿En verdad estoy recordando algo que sucedía cuando yo contaba tres años de edad? ¿O solo es algo que me gusta creer que sucedió, porque en esa época ubico la mayor cercanía física y emocional con mi padre? (a mi hermano no le gustaba andar a caballo, le daba miedo que mi padre lo trajera como un apéndice mientras recorría el campo, a veces a todo galope).
“Cuanto mayor es el tiempo que hemos dejado atrás más irresistible es la voz que nos incita al regreso […] Esta sensación, este deseo invencible de regresar le descubre de golpe la existencia del pasado, el poder del pasado, de su pasado; en la casa de su vida han aparecido ventanas, ventanas abiertas hacia atrás, a lo que ha vivido; ya no podrá concebir su existencia sin esas ventanas.”
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“[Ulises] Durante veinte años no había pensado en otra cosa que en regresar. Pero, una vez de vuelta, comprendió sorprendido que su vida, la esencia misma de su vida, su centro, su tesoro, se encontraban fuera de Ítaca, en sus veinte años de andanzas por el mundo. Había perdido ese tesoro y solo contándolo hubiera podido reencontrarlo” Milan Kunera La Ignorancia

