"La vejez es un naufragio", dijo Chateaubriand y sin pretender corregirlo, podemos decir: la vida entera lo es.
Los buenos deseos son como los regalos, cuando se eligen -por los motivos o aniversarios que sean o sin que medie alguno- para un ser querido, en dicha elección, generalmente influyen un par de aspectos: primeramente, se busca darle algo que (creemos) le gustará y le hará sentirse bien querido y "feliz" y también, evitamos regalarle algo que a nosotros no nos gustaría recibir (un poco como en ese refrán de "no hagas a otros lo que no te gustaría que te hicieran a ti). No obstante que la "fórmula" de los obsequios tenga su lógica, siempre existe el riesgo de no atinar en el regalo, por lo que el destinatario, lejos de sentirse "feliz" al recibirlo, más bien sea presa de una gran incomodidad, no sólo porque el objeto en cuestión le resulte completamente desagradable, sino porque llevado por su buena educación, tendrá que poner cara de que la cosa esa le encantó, aunque por dentro esté preguntándose cómo fuimos capaces de reglarle unos calzones bombachos... estampados con rojísimos corazoncitos (nuestro deseo intrínseco, nada influido por la mercadotecnia, es que encuentre el amor). Y si eso nos pasa con nuestros familiares, amores, amigos y conocidos (durante tres años, tuve un novio que adoraba regalarme docenas y docenas de rosas rojas, sin saber que yo... odio las rosas rojas; las flores en general y las rosas en particular, me fascinan -comprarlas y recibirlas- pero NUNCA rosas rojas), qué no sucederá con los amigos virtuales. Esos, a los que una quisiera brindarles algún tipo de obsequio, como muestra de sincero agradecimiento por haberse tomado la molestia de leerla. Decía Napoleón que los peores ladrones no son lo que nos quitan algún objeto, sino los que nos arrebatan el bien más valioso que tenemos: nuestro tiempo. Y entonces, cómo agradecer a ustedes el que hayan gastado parte de ese preciado e irreemplazable bien, recalando en este blog? El año pasado, en esta misma fecha, escribía yo sobre los artilugios y rituales acostumbrados para despedir el año que termina y recibir al nuevo. Rituales con los que se busca ahuyentar las malas vibras, decirle adiós a la tiricia y favorecer "la buena suerte" para el año que inicia. Y tal vez, no siendo muy original desde luego, uno de mis mejores deseos para ustedes volvería ser que a la media noche de este 31 de diciembre, quienes la padecen, se despidan para siempre -o por lo menos por un largo rato- de la tiricia que los acompañó en este, no tan grato, 2009. No obstante, siguiendo lo que decía yo al principio, puede ser que a ustedes no les haya acompañado la tiricia o bien, que no deseen desprenderse de ella. En ese caso, sólo me quedaría hacer votos para que la conserven, si así se sienten bien o que la conozcan, si nunca la han padecido; creo que un poco de saudade o tiricia, sabe bien... de vez en cuando.
La semana anterior comentaba yo, en el blog del poeta lumpenpo », algo que viene al caso en este último post del año que en unas horas llegará a su fin. Y por ello, no sin asomo de pudor aunque no el suficiente para evitarlo, me despido de ustedes con una reelaboración del citado comentario... después de todo, no hace mucho comentábamos aquí que los blogueros somos una especie de náufragos cibernéticos, sobre todo cuando perdidos en la inabarcable mar de la Web, así, más llenos de dudas que de certezas, lanzamos mensajes sin destinatario definido y aún a sabiendas de que posiblemente se perderán en la inmensidad del océano virtual.
De una náufraga a otros náufragos:
En incontables ocasiones, he deseado ser un naufrago sin propiedades ni patrones; perdido sin rumbo en la ignota e inmensa mar (la agreste e indomable mar de mis sueños). Las obligaciones de la vida diaria (mezquina y monótona), los patrones (a imagen y semejanza de la vida diaria), las deudas que acarrean las no-propiedades, más los lastres que llevo conmigo desde tiempos inmemoriales, me hacen desear irme, sólo así, sin rumbo fijo ni límites de tiempo y naufragar sin miedo ni presiones de ningún tipo en ese sitio lejano y desconocido, donde los deberes y trabas de la monotonía no me constriñan. Si pudiera realizar un deseo de año nuevo para mí... sería ese.
Pero como sé que ustedes, difícilmente anhelarán semejante disparate (la insensatez no es generalizada), sólo puedo desearles que en 2010... sus naufragios terminen y que por fin, después de haber surcado tantos mares y haber sobrevivido, quizá, a más de un mal de amores, logren arribar al puerto anhelado, a la tierra soñada donde el amor verdadero sea posible... aunque perdure lo mismo que un suspiro... mejor arder, gozar y padecer por lo que dure su llama, a vivir eternamente en la tranquilidad de su ausencia.
De una náufraga a otros náufragos:
En incontables ocasiones, he deseado ser un naufrago sin propiedades ni patrones; perdido sin rumbo en la ignota e inmensa mar (la agreste e indomable mar de mis sueños). Las obligaciones de la vida diaria (mezquina y monótona), los patrones (a imagen y semejanza de la vida diaria), las deudas que acarrean las no-propiedades, más los lastres que llevo conmigo desde tiempos inmemoriales, me hacen desear irme, sólo así, sin rumbo fijo ni límites de tiempo y naufragar sin miedo ni presiones de ningún tipo en ese sitio lejano y desconocido, donde los deberes y trabas de la monotonía no me constriñan. Si pudiera realizar un deseo de año nuevo para mí... sería ese.
Pero como sé que ustedes, difícilmente anhelarán semejante disparate (la insensatez no es generalizada), sólo puedo desearles que en 2010... sus naufragios terminen y que por fin, después de haber surcado tantos mares y haber sobrevivido, quizá, a más de un mal de amores, logren arribar al puerto anhelado, a la tierra soñada donde el amor verdadero sea posible... aunque perdure lo mismo que un suspiro... mejor arder, gozar y padecer por lo que dure su llama, a vivir eternamente en la tranquilidad de su ausencia.
Les dejo un abrazo y mi gratitud por haberse tomado el tiempo para leerme durante 2009.
"Y aún me atrevo a amar
el sonido de la luz en una hora muerta,
el color del tiempo en un muro abandonado.
En mi mirada lo he perdido todo.
Es tan lejos pedir. Tan cerca saber que no hay"
[Mendiga voz, Alejandra Pizarnik]
Lucien Clergue, Nu d'Agon, 1971
"A falta de perdón, deja venir el olvido" Alfred de Musset








