escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

diciembre 10, 2018

tiempos idos…



Dicen que las cosas materiales van y vienen. Eso dicen (no necesariamente todas las pérdidas materiales se recuperan). Con las personas es otro cantar. Si bien hay quienes van y vienen a lo largo de nuestra vida, hay otros que se van sólo una vez y jamás regresan. Curiosamente, o no, casi siempre son esos seres a los que más añoramos, aun a sabiendas de que no hay nada que podamos hacer para cambiar eso. Tengo una amiga que siempre está recordándome lo importante que es aprender a dejar ir. Ojalá fuera tan fácil como se dice o escribe. 

 

De todas las pérdidas, descontando a las personas queridas, quizá la del tiempo sea la más dura. Duele añorar tiempos idos y el tiempo perdido. También añoro los días en que posteaba tres veces por semana e intercambiaba opiniones e ideas con otros blogueros. Fueron buenos y enriquecedores tiempos. Difícil no recordarlos con nostalgia.


Estos meses he recordado mucho una frase que mi abuela acostumbraba repetirme de tanto en tanto: "al tiempo perdido, los santos le llorar". Cuando era niña esa frase no me decía gran cosa, sólo con el paso de los años empecé a darle la importancia debida. Tal vez un poco tarde pero qué le voy a hacer. Y aunque lloriquear por esas pérdidas no conduce a nada, no puedo evitar lamentarme por el tiempo que perdí preocupándome innecesariamente, el tiempo que gasté peleando batallas sinsentido, el tiempo invertido en nimiedades, el tiempo desperdiciado en gente que me lastimó irremediablemente o a quien yo lastimé, el tiempo que pasó sin darme cuenta, el tiempo que no volverá…


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febrero 16, 2018

sacudidas…


Trabajo en un ambiente tenso, bajo presión constante y soy aprehensiva. Y hay días peores. Hoy fue uno de esos. Entre presiones laborales y contratiempos adicionales, me sentía muy angustiada pensando en cómo resolver varias cosas (todas a la vez, por supuesto, porque aprehensiva y terca). Hasta que sonó la alerta sísmica, luego llegó el temblor —que pareció más largo de lo que fue— y el nerviosismo extremo de una compañera. Y con ello, como por arte de magia, la claridad que me permitió ver las cosas en su justa dimensión. Los contratiempos laborales, tecnológicos y monetarios, así como los malos modos de mi prepotente jefe, se vuelven ceniza ante el poder de la naturaleza, ante las imágenes de la tragedia que vienen a la mente nomás escuchar el “alerta sísmica, alerta sísmica…” 

Y sí, la vida es demasiado corta, y los temblores tan constantes e impredecibles, como para malgastarla preocupándose por contratiempos laborales. 


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diciembre 31, 2017

my way…


En en el último día del año, una canción que ha devenido todo un cliché cada 31 de diciembre. No importa. Esta versión (en voz de la gran Shirley Bassey) tiene la particularidad de ser parte de la película más controvertida que vi en 2017: Nocturama. No necesariamente la mejor, pero sí la más impactante. Filmada en 2015 con la intención de ser incluida en el Festival de Cannes 2016, lo cual —dado el tema y la ocurrencia de los terribles atentados del 13 de noviembre de 2015 en Paris— no sucedió, la película fue condenada a una muy reducida distribución comercial (a México ni siquiera llegó hasta que Netflix la subió a su plataforma). El punto es que a tres días de haberla visto no logro sacarme de la cabeza varias secuencias, una de ellas la de este video.


Sobre Nocturama: Un grupo de jóvenes se erigen en “enemigos del Estado (francés)” cuando deciden poner cuatro bombas en igual número de sitios emblemáticos de París. Lo interesante, e imagino que inaceptable para todos sus detractores, es que ninguno de estos jóvenes es un yihadista, ni siquiera abiertamente religioso y, peor aún, entre ellos hay varios, digamos, "100% franceses", clasemedieros y universitarios. Con estos elementos, coctel perfecto para un film tendencioso y moralino, el director consigue algo diferente y notable. Un retrato que no sólo evita la sordidez, el chantajismo y la condescendencia, sino que además pone sobre la mesa algo por todos conocido pero que a nadie le gusta escuchar: el capitalismo neoliberal será salvaje y seductor o no será; así como que los motivos del terrorismo son insondables. Pues aunque a muchos les cueste entenderlo, como a buena parte de la opinión pública y crítica especializada estadounidense, no todos los terroristas buscan alcanzar el paraíso mediante sus actos (tal como los escolares estadounidenses que matan a medio centenar de compañeros nomás porque esa mañana amanecieron deprimidos, o de malas). En pocas palabras: Nocturama no es, ni pretende serlo, la película más encantadora del mundo. Pero tampoco es una provocación sin sentido. En fin, ya saben lo que dicen: cada quien su cine...

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Que 2018 sea un buen año para todos (y que los mexicanos sobrevivamos a las insufribles campañas electorales y a la elección presidencial, por supuesto).

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