Es innegable el encanto seductor que ejercen y han ejercido los llamados "antihéroes", creados por la literatura y el cine. Desde Julien Sorel.... hasta el personaje novelístico o cinematográfico de su preferencia, hay cierto tipo de criminales con los que uno simpatiza; seres complejos, cuyo comportamiento "negativo" obedece a una serie de circunstancias y no a simples respuestas mecánicas y de quienes casi de manera inevitable, uno termina prendado... en lugar de preferir al bueno o buena de la historia (yo conozco a varias/varios enamorados de Julien Sorel). Pero en la vida real, resulta imposible imaginar un sentimiento de simpatía por un asesino y casi lo mismo, creer que existan asesinos románticos. ¿De verdad es posible que alguien que ha hecho del asesinato su modus vivendi, tenga buen corazón?Hace tiempo cayó en mis manos una novela tan ligera como breve, llamada Diario de un killer sentimental (del escritor chileno Luis Sepúlveda). En un principio, el killer parecería inspirado en el personaje protagónico del filme Le Samouraï de Jean Pierre Melville, pues como éste, se trata un hombre muy solo, silencioso, infalible e higiénico en sus ejecuciones. Un ser inanimado, que sólo cobra vida cuando sus contratistas le encargan un nuevo trabajito. Alguien carente de vida propia y amistades y quien, por supuesto, no se permite mostrar sentimientos -si es que los tiene. Mientras se mantenga así, todo marchará a la perfección. Pero como se deja adivinar desde el título, se enamora y entonces, ese hombre disciplinado cuyos actos son regidos bajo un estricto código de comportamiento -gracias al cual jamás ha cometido el mínimo error-, se encuentra cometiendo toda clase de errores e incluso, exhibiéndose como un ser débil y fantasioso que sueña con retirarse pronto y envejecer junto a la mujer que ama... "frente al mar de Bretaña." El enamoramiento, su primer gran traspié, transformó a ese frío asesino en un ser romántico y cursi; pues según lo reconoce el mismo, su minón -la novia- le ha comido el cerebro [¿dejándoselo como queso gruyere, a caso?]
Desde luego que la trama de la novelita, resulta inverosímil por dónde se le mire, pero eso no obsta para despertar alguna curiosidad. Si bien la novia del killer, es descrita como una chica bella, coqueta, llena de encantos y hasta con cierta dosis de inocencia... resulta demasiado joven e inexperta para trastocar la emociones de alguien como él: un hombre de mundo, sumamente maduro y acostumbrado a lidiar -y salir victorioso- con ejemplares femeninos y masculinos de mayor envergadura, como para venir a perder la cordura por una veinteañera, quien para colmo... ni siquiera sabía hacer el amor. En pocas palabras, resulta casi imposible imaginarse a un experimentado asesino profesional, frío y calculador, como alguien sentimental y enamorado, susceptible de perder el control sobre sus "actos profesionales".... a causa de una mujer y ni siquiera de lo que podría llamarse una "mala mujer" -que sería más entendible-, sino de una joven casi inocente y medio intelectual.
Entonces -ya fuera de la novela- y suponiendo que los asesinos sí se enamoren, surge una duda: lo que motiva esa "vulnerabilidad" en el asesino... ¿es algún tipo de falla de su sistema limbico; falla que les conduce a un mal manejo en el control de sus emociones y de sus respuestas ante estas?
Lo pregunto, partiendo del hecho de que un asesino profesional -aún sin ser del tipo de psicópata, como los que suelen irrumpir en las escuelas gringas para asesinar a decenas de personas, sin que en apariencia medie motivo alguno- debe tener un funcionamiento cerebral, en materia de control de sus emociones/respuestas, muy distinto al que tenemos las demás personas, que no vamos por la vida matando congéneres para ganarnos el sustento y que en cambio, sí somos capaces de romanticismos y cursilerías pasados de moda, tales como enamorarnos de personajes literarios o cinematográficos.
Es decir que... algunos asesinos sí son románticos ¿?





