escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

junio 06, 2016

receta infalibe para un best seller…

Antes de que dejar morir por completo este blog, copypasteo este divertido y cruel cuento del gran escritor brasileño Rubem Fonseca.


​​​​(Merchant of Dreams. Ray Caesar)


Best seller. Rubem Fonseca
"La calle del pecado no vendió nada."
"¿Cómo que no vendió nada?"
"Fracasó."
"Yo leí en el periódico que era uno de los más vendidos."
"Pagamos para que saliera esa nota. Pero de nada sirvió."
"Puta madre."
"Nuestra bodega está llena de Calles del pecado. Tienes que escribir una novela autobiográfica que cuente la historia de alguien de tu familia con una enfermedad grave, una enfermedad que haga sufrir mucho a la persona, algo maligno que no sea mortal. ¿Entiendes? Eso es lo que los lectores quieren ahora, una historia que tenga veracidad. Nadie quiere ya leer ficción. La ficción se acabó. Eso es lo que vende. ¿Hay alguien así en tu familia?"
"Sí."
"¿Alguien cercano, una persona muy querida?"
"Sí."
"¿Puedes decirme quién es?"
"No, no, por ahora es un secreto."
"No hay problema. Manos a la obra."
En realidad yo no tenía ningún pariente enfermo de gravedad ni nada parecido. Soy huérfano, nunca conocí a mis padres. No tengo hermanos. La tía que me crio ya murió. Soy soltero y no vivo con las mujeres con las que cojo. Vivir con alguien acaba con el amor, el respeto, el deseo. La frase de mi editor "nuestra bodega está abarrotada de Calles del pecado" no salía de mi mente. ¿Qué podía inventar ahora en mi libro? ¿Una madre paralítica y débil mental? ¿Un hijo autista o con síndrome de Down? Ya se han escrito varios libros sobre eso. ¿Un padre loco, amarrado con una camisa de fuerza, preso en el sótano de la casa, comiendo papilla de maíz tres veces al día? ¿Un hijo que nace sin piernas y sin brazos?
Pensé que esta última era la mejor idea, que podría desarrollarse así:
Mi hijo nació sin brazos y sin piernas. Su madre quedó tan deprimida que se mató, cortándose las muñecas dentro de la tina. No, no, cortarse las muñecas no tiene dramatismo. ¿Dándose un tiro en la cabeza? ¿Cómo, cómo? ¡Puta madre!
Recordé que tenía en el estante un libro del sociólogo Durkheim con el título de El suicidio. Me costó mucho trabajo encontrarlo, mis libreros son un desastre, son como los libreros y los cajones de todo escritor. Finalmente lo encontré.
Para Durkheim, la tasa de suicidio es mayor entre los solteros, viudos y divorciados que entre los casados; la mayoría de las veces, el individuo portador de la "idea del suicidio" casi nunca sobrevive; es mayor entre las personas sin hijos; es mayor entre protestantes que entre católicos y judíos.
Esa mierda no me interesaba. Pero leí el libro hasta el final, pasé la noche leyendo, la frase de mi editor "nuestra bodega está abarrotada de Calles del pecado" me había quitado el sueño completamente.
Al final del libro Durkheim enlista los diferentes tipos de suicidio:
Suicidio egoísta: el individuo se mata para dejar de sufrir, como, por ejemplo, al término de una relación con otro individuo.
Suicidio altruista: algunos sociólogos contemporáneos han usado este análisis para explicar a los kamikaze y los hombres-bomba.
Suicidio anómico: cuando las normas sociales y leyes que gobiernan la ciudad no corresponden a los objetivos de vida del individuo. Toda vez que el individuo no se identifica con las normas de la sociedad, el suicidio pasa a ser una alternativa de escape.
La claridad del día entraba por mi ventana cuando terminé de leer el libro. ¡Puta madre! Una pérdida de tiempo. La mierda de Durkheim no me dio ninguna idea interesante para poder matar a mi mujer. Me enojé tanto que tiré el libro al piso y lo pateé varias veces.
Mi mujer del libro tenía que matarse al descubrir que su hijo, nuestro hijo, no tenía piernas ni brazos.
Entonces se me ocurrió algo: ¿qué tal rociándose el cuerpo con gasolina y prendiendo un cerillo? No era mala idea.
Mi mujer estaba tan desesperada que roció con gasolina la bata que usaba —se pasaba el día en bata, vagando por la casa—, buscó una caja de cerillos pero no la encontró, luego fue hasta la estufa, que enciende automáticamente, y puso el brazo en la llama. El fuego fue incendiando la bata poco a poco, y mi mujer, desesperada, salió corriendo de la casa, gritando como loca, hasta caer muerta en la calle.
Claro, voy a revisar este texto. Escribir es corregir, corregir, corregir. Cada revisión que uno hace mejora el texto.
Puta madre, eso hice con Calle del pecado, ¿cómo pudo fracasar el pinche libro?
Discúlpenme si estoy diciendo muchas groserías. Siempre las digo al hablar y peor aún, siempre escribí en mis libros las palabrotas más obscenas. Quien crea que padezco el síndrome de Tourette que se chingue, que se vaya a la chingada.
Me quedé furioso, estancado mental y psicológicamente. Desde antes ya no dormía bien, angustiado con la revelación de que la que consideraba mi mejor novela, Calle del pecado, había fracasado. Y ahora, con este bloqueo que estaba sufriendo, mi agonía, mi sufrimiento aumentaban.
Entonces tuve otra idea. Ésa era buena. Yo, el escritor, cuento en el libro que estoy sufriendo de las facultades mentales, que estoy loco, mierda, y decido matarme.
Soy un escritor, el libro así comienza, y siento que estoy enloqueciendo. El único sentimiento que abrigo en mi corazón y mi mente es el odio. Odio a todos, me odio a mí mismo, tengo ganas de salir a matar personas y después matarme prendiendo fuego a mi ropa.
El principio del libro va a ser así. Claro que será corregido. Escribir es corregir, corregir, corregir. Cada revisión que se hace mejora el texto. Creo que ya dije eso. ¿O no lo dije? Jódanse si lo dije y jódanse si no lo dije.
Siempre ensayo lo que voy a escribir frente al espejo. En Calle del pecado, en la escena en que el personaje principal intenta suicidarse saltando desde una ventana, yo, ensayando, me trepé al armario y salté a la duela del cuarto para tener una idea de la sensación de la caída. Me rompí varios huesos de los pies —el pie tiene un chinguero de huesos— pero escribí una escena memorable.
Entonces, ensayé prenderle fuego a la ropa. Rocié bastante gasolina en mi ropa, necesitaba sentir el olor del propio cuerpo cubierto de gasolina. Tomé un cerillo y lo encendí —claro que no iba a acercar el cerillo encendido a mi cuerpo. Pero no sé qué pasó porque sí lo acerqué y me convertí en una antorcha.
En el hospital, recibí la visita de mi editor.
"Los médicos dicen que te salvaste de milagro. Las personas que sufren quemaduras como las tuyas mueren siempre. Todos los periódicos destacaron el acontecimiento. Hasta en el exterior lo publicaron. Te estoy guardando todos los recortes. La televisión también dio la noticia en todos los noticieros durante varios días. Está en YouTube, en Facebook, en todas partes."
"Jódase", conseguí decirle entre los vendajes que me envolvían el rostro.
"Ahora, la mejor noticia de todas. Calle del pecado se convirtió en un best seller. Ya lo reimprimimos dos veces."
Miré a mi editor, tenía cara de ser un hijo de puta, todos los editores son unos hijos de puta.
"Váyase a la chingada", le dije.
Cerré los ojos. Escuché el ruido del hijo de puta saliendo del cuarto.


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marzo 08, 2016

del oficio de soñar…


​[Nicoletta Ceccoli]

"[...] Mi oficio (también en el sueño lo ejerzo) es conjurar y exorcizar. ¿A qué hora empezó la desgracia? No quiero saberlo. No quiero más que un silencio para mí y las que fui, un silencio como la pequeña choza que encuentran en el bosque los niños perdidos. Y qué sé yo qué ha de ser de mí si nada rima con nada..."

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Alejandra Pizarnik, de Extracción de la piedra de locura

 



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noviembre 20, 2015

párrafos ajenos sobre el horror…

Distorsión # 60 (foto de André Kertèsz)

Por Jesús Silva-Herzog Márquez [17/nov./2015]

Dudo del sentido de estos párrafos. Hay momentos para callar. Soy incapaz de articular una idea sobre el horror de París. ¿Qué podría agregarse a los testimonios, las imágenes; al llanto?

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Releo un poema de Wislawa Szymborska y pienso en la incomprensible frialdad de los criminales, la planeación de su infierno, en el azar que reparte la muerte y la salvación. Es un poema sobre un criminal que observa, desde lo lejos, el bar donde estallará una bomba. Explotará a la 1:20 de la tarde. Faltan cuatro minutos y el terrorista observa a los que entran y los que salen. Una mujer con chamarra amarilla entra al bar, un hombre de anteojos sale. Dos minutos antes pasa una niña con una cinta verde en el pelo. De pronto, un camión la tapa. ¿Habrá entrado? ¿Habrá seguido su camino? Sólo se sabrá cuando vayan sacando los cuerpos. A la 1: 20, puntualmente, la bomba explota.

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Mato, luego existo. Ése es el cogito nihilista, decía André Glucksmann. Existencia a través de la muerte del otro-o la de uno mismo-. De todos los atributos de Dios, el fanático se queda con uno solo: la ira. A Glucksmann pudieron enterrarlo unas horas antes de los crímenes del viernes 13. Combatió el optimismo: quiso que viéramos el mal.

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El crimen que no se esconde:

"En el nombre de Alá, el Compasivo, el Misericordioso

El Todopoderoso dijo: "¡Y ellos pensaron que sus fortalezas iban a defenderlos de Allah! Pero Allah les llegó desde un lugar del cual no esperaban y arrojó el terror en sus corazones para que destruyeron sus viviendas con sus propias manos y las manos de los creyentes. Así que estén advertidos con sus propios ojos".

En un ataque bendito para el que Allah facilitó todas las causas para el éxito, un fiel grupo de soldados del Califato (que esperemos Allah dignifique y los lleve a la victoria) lanzaron un ataque, apuntando a la capital de la prostitución y la obscenidad, el portador de la bandera de la Cruz en Europa, París. Este grupo de jóvenes creyentes, que se divorciaron del mundo y avanzaron contra su enemigo esperando ser muertos por la causa de Allah, en apoyo de su religión y de su Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él y sus aliados). Ellos atacaron a sus enemigos y lo hicieron confiados en que Allah les permitirá salir victoriosos y con sus manos infundieran terror en los corazones de cruzados en su propia tierra, en donde ocho hermanos envueltos en cinturones con explosivos y armados con rifles de asalto, atacaron diversos sitios que fueron elegidos con precisión en el corazón de la capital de Francia, incluyendo el Estadio de Francia durante el partido de futbol entre los equipos de Francia y Alemania -ambas son naciones de la cruzada- y donde se encontraba el imbécil de Francia (Francois Hollande).

Ellos también atacaron el Centro de Conferencias Bataclan, donde cientos de paganos se habían reunido en una fiesta del vicio y la prostitución, así como otras áreas en los distritos 10, 11 y 18 de manera coordinada. Así París tembló bajo sus pies, y sus calles estaban constreñidas sobre ellos, y el resultado de los ataques fue la muerte de no menos de 100 cruzados y otros más heridos. Todas las alabanza y gratitud para Allah.

Dios ha otorgado a nuestros hermanos su deseo y les dio lo que querían, porque ellos detonaron sus cinturones en las reuniones de los incrédulos después de quedarse sin municiones, le pedimos a Alá que los acepte entre los mártires. (.) Este ataque es solo el principio de la tormenta y es una advertencia para aquellos que quieran prestar atención.

Alá es grande".


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Albert Camus veía en el terrorismo la aparición de un nuevo crimen: el crimen lógico. La filosofía (o la teología, agregaríamos hoy) es la coartada irrebatible. Para entender nuestro tiempo sugería Camus, había que comprender los resortes del crimen de doctrina. Los tiempos del fanatismo son los tiempos del asesinato. La ideología que niega al otro decreta su exterminio.***


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http://www.am.com.mx/opinion/leon/parrafos-ajenos-sobre-el-horror-19089.html

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