adaptaciones

Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo. No me adaptaré de mi mundo. Me adapto a mí misma. [Anaïs Nin.]

enero 25, 2012

paisaje en la niebla


[El siguiente texto lo escribí hace casi dos años, para su publicación en el blog colectivo Escribidores y Literaturos -recuento de tu ausencia-, por lo que algunos de ustedes ya lo habrán leído allá. Lo traigo acá porque la repentina muerte del cineasta griego Theo Angelopoulos ocurrida ayer me lo recordó: la película de la que hablo en el penúltimo párrafo es Paisaje en la niebla del gran Angelopoulos y uno de mis películas favoritas de toda la vida.]


Como sabes, a lo largo de mi vida he acumulado manías producto de la deformación, más que formación, que artes como la literatura y el cine, sobre todo, han obrado en mí. Y me pasa que no pocas veces termino por proyectarme, buscarme y hasta hallarme –faltaba más- en las historias vividas y contadas por seres ajenos a mí y a mi mundo. No hace falta decirte más, pues esta extravagancia, para no llamarla ridiculez, nos unía… como tantas otras cosas. Sin habernos buscado ni tener en mente –porque no venía al caso- el quimérico hallazgo de nuestraotra mitad, tú y yo nos encontramos; par de extraños, distantes y distintos, que terminaron por descubrirse cercanos y pares en más de un sentido. Aunque no estoy segura que la literatura de Murakami hubiera sido de tu agrado (de Japón nomás Kurosawa y los gadgets, solías decir), algunos de los personajes, escenarios y, en especial, el lánguido aire de melancolía que recorre su Tokio Blues, me saben tanto a ti y, como al personaje central, me llevan a un viaje en el tiempo en el que más que recordarte, intento traerte a mi lado.

«Sin duda, abril es el peor mes para estar solo. En abril, a mi alrededor todo el mundo parecía feliz. La gente se quitaba los abrigos y charlaba en los rincones soleados, jugaba a la pelota, se enamoraba. Yo estaba completamente solo. Naoko, Midori, Nagasawa: todos se habían alejado de mí»
[Watanabe en Tokio Blues, de Hakuri Murakami]

Comparto el sentir de Watanabe; ese que antes, cuando lo leí por primera vez, no entendí porque hasta entonces había vivido en la certeza de que para estar solo no existía mejor ni peor tiempo; que estar solo podía doler o no sin importar la época del año en que ocurriese. Pero este abril, como nunca antes, me duele mirar la vida con el peso de tu ausencia. La mañana presagiaba un día luminoso y cálido, coronado por un cielo azul que de tan perfecto e irreal, parecía salido de un lienzo de Magritte; el meteorológico pronosticó una temperatura máxima de 28° C y sin embargo yo me tuve que poner un sweater de lana para atenuar el frío recorriendo mi ser, por dentro y por fuera. Estás loca, habrías dicho. Cierto, las más de las veces yo también lo creo. Por eso te escribo estas líneas inconexas que el correo no te llevará; al hacerlo, quiero creer –cursi como soy- que desde allá donde estés, asentirás en señal de comprensión a mis locuras. Siempre lo hiciste; sin necesidad de mayores explicaciones, sabía lo mucho que me entendías… que nos entendíamos. Ojalá que estas letras cargaran la emoción de antaño y fueran portadoras de noticias, gratas o ingratas, pero diferentes. No es así; no trato de hacer un recuento de mis empeños; sino asir, como agua entre los dedos, el aroma de aquellos días. Me asiste la absurda pretensión de menguar el dolor que aún me produce extrañarte. Es una imprudencia e inmadurez añorarte de esta forma; es una locura sentir cómo el peso de tu ausencia va haciéndose presente, llenándolo todo...

Dicen que después de la tempestad viene la calma; hoy ocurrió al revés. Pasado el mediodía, la luminosidad matutina sucumbió ante la grisura y humedad acarreadas por las primeras lluvias de primavera, inesperadas visitantas que sirvieron de aderezo a tu recuerdo. Fue entonces -tras la lluvia- que la presencia de tu ausencia cobró sentido casi por completo; pero aún me faltaba algo y decidí ir en su búsqueda. Por eso a vine a este sitio; es aquí, en medio del paisaje volcánico, al cobijo de la vegetación agreste, donde el refugio de nuestra memoria se mantiene intacto. Después de caminar unos minutos, me senté en la misma banca de aquella tarde plomiza de agosto, cuando juntos descubrimos más de un reflejo en el melancólico filme que acabábamos de ver, sintiéndonos tan cercanos a esos niños que, en busca de un padre ausente especie de mito contrapuesto a su infancia desprotegida, emprenden un rudo viaje hacia la temprana adultez. Nos reconocimos en más de un pasaje de aquel trayecto, en el cual el par de chiquillos aspirarían bocanadas de una vida nada parecida a los cuentos de hadas, un reverso a los sueños alimentados en sus noches de soledad y frío, cuando creían que cruzar una frontera geográfica significaría dejar atrás el dolor y el vacío, para adentrarse en el paraíso terrenal, en la vida prometida.

Fue un total reencuentro con el pasado; contigo y con las sensaciones de entonces. Tan vívido y real, que por un momento me estremecí como aquella tarde fría y húmeda, cuando tus inmensos ojos azules, más diáfanos que nunca, rompieron en silenciosas lágrimas que gritaban ya no puedo más… mientras yo me sentía la más torpe del planeta, muda ante tu desahogo, incapaz de decir nada que atenuara un poco tu dolor… el dolor de una vida, el vacío que nada ni nadie logró llenar jamás…

abril de 2010



***

enero 22, 2012

¡wow! ¿cómo dices que se llama?


¿Será este nuestro futuro [o nuestro presente]?


***
imagen tomada de apostillas literarias 


****

El lenguaje es una piel. Yo froto mi lenguaje contra el otro. Mi lenguaje tiembla de deseo. La emoción proviene de un doble contacto: por una parte, toda una actividad discursiva viene a realzar discretamente, indirectamente, un significado único, que es “yo te deseo”, y lo libera, lo alimenta, lo ramifica, lo hace estallar (el lenguaje goza tocándose a sí mismo); por otra parte, envuelvo al otro en mis palabras, lo acaricio, lo mimo, converso acerca de estos mimos, me desvivo por hacer durar el comentario al que someto la relación.

[Roland Barthes. Fragmentos de un discurso amoroso]



*** 


enero 13, 2012

las penas con cine son buenas... las 11 del 2011


Decía François Truffaut que todos tenemos dos «profesiones»: la que ejercemos formalmente para vivir y la de ser críticos de cine [y de lo que se ofrezca, agregaría yo.] A eso me atengo para listar las películas que me sorprendieron en 2011. Toda lista es excluyente, un poco injusta y un mucho caprichosa; a fin de cuentas, al igual que la justicia social, la objetividad es un mito genial. Así que esta selección no se pretende ni remotamente objetiva, ni, mucho menos, calificada.



1. Des Hommes et des Dieux [De Hombres y de Dioses. De Xavier Beauvois. Francia, 2010.] El secuestro y asesinato de ocho monjes franceses ocurrido en 1995 [en las montañas argelinas a manos de presuntos extremistas islamistas] es retomado por Beauvois, quien entrega una historia donde la espiritualidad y compromiso religioso de los representantes de Dios se ve enfrentado con las dudas y flaquezas de los hombres. Bien dirigida, ambientada, fotografiada y magníficamente actuada, Des Hommes et des Dieux es un film profundamente conmovedor que evita caer en chantajismos, sensiblerías o linchamientos. Quien quiera ver un alegato islamofóbico… aquí no lo hallará.

2. Le Gamin au Vélo [El chico de la bicicleta. De Jean-Pierre y Luc Dardenne, Bélgica-Francia. 2011.] Víctima del desamor y abandono paterno, Cyril —el chico de la bicicleta— persigue afanosamente al padre. Un travelling de búsqueda y aprendizaje no exento de errores y decepciones. Dolorosa por momentos, la rudeza de la historia se ve favorecida por una sutil puesta en escena y una formidable actuación del joven protagonista.

3. Carlos [Ídem. De Olivier Assayas. Francia-Alemania, 2010.] La historia del guerrillero venezolano Ilich Ramírez, quien empezó defendiendo la causa palestina para terminar como un terrorista obnubilado por la imagen de sí mismo. Fascinante y vertiginoso retrato de una época convulsa y de uno de sus personajes más polémicos, atractivos y despreciables. El actor venezolano Édgar Ramírez tiene un desempeño impresionante y el director Oliver Assayas muestra gran aplomo para llevar a la escena fílmica esta historia. Dicen que el verdadero Ilich Ramírez —preso de por vida en una cárcel francesa— se enojó porque Assayas lo distorsionó en su film. Ya quisieran otros —terroristas o tiranos— que el cine les devolviera un retrato tan bien realizado.

4.Un Homme qui crie [Un hombre que llora. De Mahamat Saleh. Francia-Bégica-Chad, 2010.] ¿Cómo filmar una historia signada por la fatalidad y la desgracia sin caer en el regodeo morboso del miserabilismo a lo Biutiful? Justo como está filmada la historia del sesentón Adam, quien de campeón nacional de natación en sus mocedades ha devenido encargado de la piscina en un hotel. La lucha de un hombre —padre de un joven de 20 maños—por conservar lo único que la vida no ha conseguido arrebatarle [la dignidad] se ve trastocada fatalmente por los estragos que la guerra deja en la carne de su carne… su hijo. Derrota como padre y como hombre. Lucha por no dejarse hundir en la indignidad. Conmovedora y dolorosa sin aspavientos.

5. Elena. [De Andrei Zvyagintsev. Rusia, 2011.] Elena o la buena madre rusa que es capaz de lo que sea, literalmente lo que sea, por su único hijo, cínico baquetón que lo único que sabe hacer —amén de pedir y estirar la mano— es engendrar hijos. Una tragedia dostoievskiana encarnada por los hijos de la Madre Rusia en tiempos del capitalismo salvaje y la desigualdad social. Sin estridencias ni azotes culposos, la tragedia ocurre y luego… encuentra acomodo.

6. Copie Conforme [Copia Fiel. De Abbas Kiarostami. Francia-Italia-Bégica, 2010.] Tan simple y tan compleja como puede ser el diferenciar una obra original de una copia fiel. Nuestras vidas, las historias que vivimos, ¿qué tanto de originales y qué tanto de copia tienen? ¿Nuestro hoy es sólo una repetición de un ayer ajeno? Juiette Binoche en estado de gracia. Nunca mejor dicho. Hermosa y melancólica.

7. Fish Tank. [Ídem. De Andrea Arnold. Reino Unido-Países Bajos, 2010.] Mía tiene 15 años y una vida sin expectativas, coronada por una pésima relación con su madre [demasiado ocupada en no morir de aburrimiento como para ocuparse de sus hijos.] Mia —prima lejana de Anoine Doinel— busca la forma de salir de ese mundo asfixiante pero los caminos de la cruda realidad son intrincados. El aprendizaje es doloroso. La salida, apenas un incierto comienzo.

8. Bright Star [El Amor de mi vida. De Jane Campion. Reino Unido-Australia-Francia, 2010.] Lejos de alharacas y pretenciosas poses poéticasEl amor de mi vida —historia la trágica relación amorosa entre el poeta John Keats y Fanny Brawne— conjuga poesía, amor y cine. Hermosa, emotiva y romántica… sin ápice de cursilería.

9. Le Havre [De Aki Kaurismäki. Finlandia-Francia-Alemania, 2011.] En el mundo globalizado de hoy, los cuentos de hadas no hablan de príncipes y cenicientas… sino de humanismo. Kaurismäki borda el suyo alrededor de un joven inmigrante perdido en el puerto que da nombre al film. Hermoso, tierno… e irreal. Cachetada con guante blanco a las políticas migratorias y xenofóbicas de Europa [que bien le alcanza a Estados Unidos y… a México.]

10. Beginners [Así se siente el amor. De Mike Mills. Estados Unidos, 2010.] Una historia donde todos son Principiantes: un padre de setenta y tantos que decide confesar al hijo treintón que es homosexual. El hijo treintón que después de tantos reveses amorosos sigue sin saber cómo empezar una relación sin sentir miedo. Una mujer de veintitantos que no aún tema a quedarse en una relación pero quiere intentarlo. Si todas las comedias románticas hollywoodenses fueran como Beginners, yo dejaría de despotricar contra ese género [y contra el hollywoodcentrismo imperante en nuestros cines.]

11. Miss Bala [De Gerardo Naranjo. México, 2011.] Un retrato del horror asentado en México desde que Felipe Calderón—a nombre del Estado Mexicano— declaró la guerra contra el narco sin estar preparado para ello, sin haber leído El Arte de la Guerra, ni a Maquiavelo, y este país se volvió tierra de nadie… territorio dominado por los narco-criminales. Laura, Miss Bala, es el reflejo de nuestro miedo e indefensión.

***