mercredi, juillet 02, 2008

Todo fuera como remojar la madeleine en el thé

"No sirve de nada ir a la Luna para descubrir otros mundos, hay que descubrir el mismo mundo con los ojos de otros" Marcel Proust


Se dice que una de las obras fundamentales de literatura universal del Siglo XX -En busca del tiempo perdido-, la debemos, o más bien la debe su autor, a un panecito remojado en thé. Según los estudiosos y expertos en la vida y obra de Marcel Proust, el escritor padecía una crisis de inspiración, encontrándose casi aturdido pues por más que se esforzaba no lograba dar con "ese algo", esa chispa indispensable para iniciar la escritura que tanto por tanto tiempo había perseguido. Y cuentan que fue al saborear ese panecillo remojada en thé cuando de un golpe afloraron a su mente recuerdos, sensaciones, sabores. De pronto, Marcel se transportó a los felices días de infancia en casa de su abuela… desayunando madeleines y thé. Y con esa sensación de bienestar, de dicha infantil libre de ataduras, volvió el espontáneo fluir de la imaginación, su memoria sin diques, poderosa la capacidad de transportarse. Como en un torrente no solo volvieron aquellas mañanas de madeleines y thé, también, pudo revivir aquella sensación extraña y reveladora del primer estremecimiento sensual -producido ante la estrecha cercanía de una niña llamada Gilberta. Un sinfín de recuerdos, imágenes, situaciones, sensaciones, emociones, lugares, etc., que le dieron para recuperar poder de escritura, para reencontrarse con su vocación literaria, patentizándolo en los 7 tomos que componen "À la Recherche du Temps Perdu". Y todo gracias a una pequeña madeleine; tan emblemática, que existe la metáfora de la madeleine proustiana para referirse a cualquier objeto, aroma, etc., que funcione como un disparador de la memoria… involuntaria y autónoma. La búsqueda de Proust concluiría, en el Tomo VII, con El tiempo recobrado.



Pues si por madeleines fuera… cada quien tiene las suyas; yo tengo varias (nomás me falta escribir como Proust… pacata minuta).

Una, los cuernitos remojados en café -unas delicias chiquitas a base de harina de arroz y trigo espolvoreadas con azúcar y canela, que mi abuela horneaba en octubre-noviembre para ofrendar a sus difuntos. Ese sabor, la sensación de ese pan deshaciéndose lentamente en la boca, son únicas. Mi otra madeleine sería el olor y sonido del mar por la tarde noche, en mi niñez durante las vacaciones decembrinas en Acapulco, sentada sobre la arena en Pie de la Cuesta mirando el sol rojizo a punto de perderse en el horizonte. Pero no doy para más. Se me disparan recuerdos, vuelven a mí esos días, emociones, momentos, personas, aromas, calorcitos; el bienestar, la sonrisa de mi abuela o la mirada casi idealista de mi padre, diciéndome que lo mejor que podía hacer era leer y leer para viajar a donde yo quisiera. Si me viene eso y me hace sentir bien, pero al mismo tiempo triste, porque esos días quedaron muy atrás, porque mi abuela ya no está para hacerme cuernitos, porque hace años que no vivo con mi papá ni camino junto a él a la orilla del mar un atardecer invernal y ya no me dice que lo mejor que puedo hacer es leer, leer. Ahora, hablamos por teléfono y lo escucho decir, casi como en un ruego: "ya no leas tanta cosa que te dispara la mente, por eso estás tan loca m'hijita y te cuesta aceptar este jodido mundo"


Y porque yo no soy escritora como Proust.


Quien fuera Proust, si solo de madeleines se tratara, ahorita en lugar de este simplón post, estaría yo iniciando mi obra cumbre, mi propia historia del tiempo recobrado.


Sitios de interés:


En busca del tiempo perdido

Marcel Proust –

Madeleine -


dimanche, juin 29, 2008

Esa eterna búsqueda

“Si este placer prohibido tiene un castigo eterno,
Es un precio que vale la dicha de tenerte
Y fundir en tu abrazo el amor y la muerte.”

Sed non satiata

Charles Baudelaire

[fragmento]



Haciendo un recuento de lo que voy leyendo y comentado en los blogs amigos, constato que las preocupaciones, búsquedas o lamentos amorosos, es algo compartido por varios. Sea para mostrar lo felices que son, o bien para lamentase de los desengaños sufridos, relatar rompimientos, sueños y fantasías secretas; anhelos no realizados; lo cierto es que el tema amoroso importa, preocupa y ocupa a los blogueros.


Amor, desamor, soledad. Uno pensaría que en estos tiempos donde las comunicaciones fluyen, donde hay más libertadas sociales y familiares que antaño; cuando se vive con reglas y normas menos rígidas, no existirían tantas dificultadas para conectarse con alguien, ni habría tantos desencuentros amorosos, ni tantos seres solitarios buscando del amor. Pero basta con conectarse a Internet, para encontrarse con un montón de sites que ofrecen ayuda para encontrar pareja; y basta con googlear alguna combinación como soledad/amor, para que se desplieguen miles de ítems, referidos a la melancolía, al desamor, a la desolación, al abandono, etc.


Y tampoco sería tan difícil creer que en esta sociedad hipermaterialista, individualista y egoísta, el amor importa menos que las tasas de interés, el desempleo, los precios del petróleo, las variaciones macroeconómicas, etc. Pero sucede que sí importa y basta con hojear periódicos, revistas, para encontrarse con un montón de anuncios clasificados de personas, hombres y mujeres, buscando y ofreciendo compañía, ya sea amistosa o con fines amorosos; ofrecen o buscan amor; sí, como como quien ofrece o busca un empleo, una casa, un automóvil.


Y uno pensaría que después de tantos desencuentros, relaciones rotas, seducciones fallidas, engaños y desengaños, ya no tendría caso seguir intentándolo, pero sucede que si. Y hombres y mujeres se aventuran en citas a ciegas, asisten a cafés, bares, foros, donde se reúnen solteros y solteras con la esperanza de que entre todos esos solitarios, encuentran a alguien para ellos.


Así que no queda más remedio que aceptarlo, a pesar de todo. Pese a los vacíos existentes, los intentos fallidos, la desesperanza que a veces nos pueda inundar y de los miedos que tengamos, el amor todavía importa y todavía le da sentido a nuestra existencia. Aunque a veces sea apenas un lamento, un anhelo desesperado, está ahí.



Y el cine, en medio de los blockbusters veraniegos que inundan las salas mexicanas con improbables héroes todo poderosos, también se da un pequeño espacio para la búsqueda amorosa.


Pasiones privadas en lugares públicos

En la Ciudad Luz menos luminosa y más melancólica que recuerde; bajo una perenne nieve que parece congelar hasta los corazones, seis seres anhelantes persiguen al amor.


A los 84 años, Alain Resnais, en complicidad con el cinefotógrafo Eric Gautier, ha hecho gala de un dominio narrativo y movimientos de cámara formidables; ha observado a sus personajes desde todos los ángulos posibles, derribando techos, inclusive; y fundiendo hábilmente teatro y cine, ha construido una esplendida tragicomedia de encuentros y desencuentros, simulaciones y miedos. Una película bella, elegante; una anticonvencional trama de pasiones fugaces, seducciones improbables, fallos constantes y hasta algún pasaje de soft-core sublimado por la venia divina. Una búsqueda amorosa que resulta vana, porque el amor se diluye entre los incesantes copos de nieve que caen sobre París. Y esta historia de desolación amorosa tan parisina, bien podría ser universal, pues la soledad acompañada y el medio al amor son males globales.


Pasiones privadas en lugares públicos [Coeurs/ Francia-Italia 2006/ Dir. Alain Resnais. G. Jean Michael Ribes, sobre la obra teatral de Alan Ayckbourn/ Fot. Eric Gautier/ Diseño Arte Jean-Michel Ducourty/ Mús. Mark Snow/ Con Sabine Azema, Laura Morante, Pierre Arditti, André Dussollier, Isabelle Carré, Claude Rich]



Aquí un lamento amoroso,



Johnny Hallyday - Derriere L'amour


jeudi, juin 26, 2008

Mua, mua, mua… con el alma y con mucho sabor

Hay momentos en que el alma más serena, la más dueña de sí misma, se abandona a violencias que le exigen las potencias subalternas de la imaginación.
Alexandre Dumas

Yo no sabría decir con exactitud si mi alma es la más serena, la más dueña de sí misma; pero casi podría aventurar que no es tal. Pero tampoco violenta, creo; en todo caso se mueve más hacia la intensidad… aunque no siempre. Eventualmente he llegado a sentir que mi alma se queda como en pausa. No. No en pausa, más bien como en piloto automático. Y en esas ocasiones, contadas pero no por ello menos indeseables, las cosas que hago, únicamente las hago porque tengo que hacerlas, porque no me queda de otra. Muy triste, pero así es. No hay nada mejor que hacer todo poniendo en ello el alma; se disfruta más, se goza haciendo las cosas, uno se siente mejor, no pesa hacer nada por arduo que sea. Pero no siempre puede ser así.

Supongo que es como besar. Ca dépend pero no se besa siempre con las mismas ganas… a la misma persona; o no siempre se tienen ganas de besarla. Ya no se diga besar a personas, conocidos, que no son ni sus familiares ni sus amigos. Besos sociales, se les llama y son terribles, pero no siempre se pueden evitar. No resulta fácil rechazar el ósculo que algún conocido intenta darnos como saludo o como despedida… delante de todo mundo, sin quedar como un grosero, así que se aguantan el deseo de evadirlo y va el muac al aire… aunque salga más falso que una moneda de tres pesos. Y ya no sabe que es peor, si ser grosero o ser hipócrita.


Caray, con lo bonito, agradable y rico que es besar… y tener que andar simulando hasta en eso. Debería estar contraindicado dar besos desganados, insípidos o forzados. Mejor no besar y san se acabó. Aunque no siempre se pueda besar “con toda el alma”, eso que no quita que se bese con ganas, con cariño, con emoción; o con muuuchas ganas, muuucho cariño, muuucha emoción… con mucho sabor. Con eso de que ahora hay saborizantes artificiales hasta para los besos, imagino que uno puede comprarse o comprarle a su pareja (o mejor, traerlo en la bolsa… por si acaso, nunca se sabe cuando pueden necesitarse ciertos adminículos), una barra de su sabor preferido para darse una pasadita antes de… y a besar con mucho sabor se ha dicho. Medio artificioso me parece esto, pero resulta que a muchas personas le gusta. De no ser así, el mercado no ofrecería tanta variedad de sabores: fresa, kivi, menta fresca, moras, cítricos, cereza, chocolate, caramelo, miel, anís, canela, a distintos licores (a mi se me antojó un grand marnier… nomás porque hace frío) y un sinfín de sabores más que honestamente desconozco. ¿Y habrá labiales que provoquen ganas de besar; algo así como el equivalente a las drogas estimulantes? Sería interesante conocerlas; mera curiosidad científica, por supuesto.

Pero hay otras variedades de besos que quizá –todavía- no tengan sucedáneos artificiales: castos, delicados, dulces, empalagosos, intensos, tiernos, cariñosos, amorosos, apasionados, furiosos, quemantes, gélidos, insulsos (como café descafeínalo, se me figuran estos), besos que matan y besos que dan vida (como el de la bella durmiente, supongo), besos con sabor a olvido y besos con sabor a mentira; besitos, besos y besotes, etc.

Uf, creo que necesito hacer un Diplomado en besos… porque me falta conocer cientos de arquetipos; mejor aquí paro… dejo la palabra a mis amables visitantes… ilústrenme por favor

Lo que si me queda claro sin necesidad de ningún diplomado, es que un buen beso, un beso dado y compartido con ganas, no necesita de saborizantes artificiales; un gran beso, un beso así, no tiene precio…
… y para todo lo demás está MasterCard…


Y sin embargo... me envenenan los besos que no he dado. Joaquín Sabina [Hugo Benitez, mil gracias]




lundi, juin 23, 2008

Quiero mariposas y pétalos de jazmín

Que sería de mí sin imaginación? No sé y prefiero no saberlo. Vivir sin imaginación debe ser tan triste, como vivir enclaustrado en la realidad. Ignoro la cantidad de ocasiones en que la imaginación me ha sacado de apuros y hasta de la depre; aunque a veces también, no voy a negarlo, me ha jugado malas, muy malas pasadas. Pero al final de cuentas, en el balance sale ganando, y por lejos, la imaginación. Con la imaginación he realizado incontables viajes; he mejorado muchos finales de películas; he cambiado desenlaces de guerras (así como en la novela el Club Dumas de Pérez Reverte, donde merced a sus soldaditos de juguete Lucas Corso logra que Napoleón salga avante en Waterloo); con la imaginación he regresado a lugares que añoro; he traído a mi lado a mi abuela a quien tanto extraño; he mandado al carajo a mi autoritario, racista y limitadísimo gerente español; he imaginado a Arthur Rimbaud a los 17 años y viviendo en la más absoluta desolación, pero escribiendo, cual si los dioses le dictarán, su impresionante Una temporada en el Infierno; he recreado el velorio de mi anciano abuelo paterno (25 años mayor que mi abuela), en el cual le lloraban al unísono su esposa –mi abuela- y las 5 queridas que en ese momento se sentían tan viudas como ella [como en película de Pedro Infante y sin que nadie intentara desgreñarse. Aunque creo que yo no podría ser tan civilizada, me habría encantado estar ahí y filmar a esa seis mujeres llorando juntas por un cabrón que las engañaba a las seis, pero que en algún momento también las hizo felices].

Si es cierto, con mi imaginación y con mi memoria, a veces traicionera, he paleado tantos momentos difíciles; es un prodigio hacer gala de la imaginación... y aunque todo exceso es malo y ser demasiado imaginativo puede significar inmadurez, y porque, casi siempre, volar demasiado alto, trae consigo caídas muy dolorosas, yo amo la capacidad de imaginar y de recordar. Así como la amó Jean-Dominique Bauby- , quien gracias a su imaginación y su memoria, pudo trascender la inmovilidad y el encierro de su cuerpo paralizado y legar Le Scaphandre et le papillon 2007)- ,libro que inspiró la película homónima de Julian Schnabel, en la que por un prodigio de la imaginación el director y el cinematógrafo, el difunto editor en jefe del magazine Elle revive en el cuerpo de Mathieu Almaric, quien le presta cuerpo, voz, coraje y sensibilidad en una las actuaciones más emotivas e impactantes que he visto. Y es así como gracias a su imaginación y a su memoria, Marjiana Satrapi logra revivir el inigualable olor del Mar Caspio, el aroma de los jazmines y la sonrisa de su añorada abuela, o las imágenes de su querida Persepolis 2007) -


Si, la imaginación es un prodigio. Por ello, yo quiero muchas mariposas, como la que vivía dentro de la escafandra que encerraba a Jean-Dominique, que me permitan volar aunque me sienta enclaustrada; y quiero pétalos de jazmín en mi brassiere, para que como a la grand mère de Marji, me hagan sentir dueña de un enorme secreto de seducción y llenen mi día de buena vibra.

Y en caso de que mi imaginación, caprichosa y traicionera, me traiga de pronto a alguien que me duele y que preferiría no recordar, entonces con Jonny Hallyday cantaré:

J’oublierai ton nom… y santo remedio

J'oublierai ton nom - Johnny Hallyday Isabelle Boulay


jeudi, juin 19, 2008

Deseando amar...?

Vivimos llorándolo, extrañándolo, maldiciéndolo; soñándolo, anhelándolo. Unos más, otros menos. De manera casi genérica los seres humanos buscamos el amor. Y en el proceso, tendemos a idealizar al ser que deseamos amar y que nos ame; lo visualizamos, los imaginamos aún antes de conocerlo. Como Madame Bovary, confeccionamos el traje “perfecto” que deberá vestir el objeto -hombre-mujer- amoroso de nuestros ensueños. A los 14, 15 años, creo normal que una(o) sueñe con un amor ideal, física y emocionalmente; casi el príncipe azul de los cuentos de hadas. A los 15, después es absurdo. Y en contrasentido de idealizaciones, otras veces somos crudamente realistas, no soñamos un ideal amoroso y es posible que lleguemos a concebirse el amor, no como un sentimiento vital, sino como mero alivio a la soledad, carente de pasiones y angustias. No sé que sea más dañino, si esperar demasiado del amor, de una relación; o no esperar nada; llegar a descreer, pensar que conforme se avanza en la adultez, para que las relaciones funcionen y perduren deben poner en segundo plano el romanticismo, la pasión y vehemencia adolescentes, dando lugar al equilibrio y sosiego amorosos.


Y quien sabe hasta que grado sea cierto que el amor, el acto de amar a otro, nos hace mejores seres humanos pues requiere despojarse de egoísmos y miedos; porque encarna entrega y renunciación. Lo que si cierto es que, en ocasiones el amor, una relación amorosa, es algo profundamente egoísta. Mientras escribo esto, compruebo una vez más que no soy la más indicada para hablar del tema, me falta sentido poético, romanticismo, para expresar claramente lo que siento y pienso mientras escribo. Y es que por alguna deformación o limitación, o las dos cosas, cuando quiero hablar de relaciones amorosas, casi siempre acabo ejemplificando con una película. Ups, esto debe ser peor que soñar con el príncipe azul…


Hablando de mis deformaciones y limitaciones, como el titulo de ese post es el de un film, recuerdo algunas historias de amor; elección que no se pretende quintaesencia de nada; solo una personalísima listita de algunas de “mis películas de amor favoritas”; casi todas de amour fou; me encantan, quizá, por cierta identificación con uno o varios de sus elementos; no son las mejores, o más representativas, apenas una minúscula aproximación al vasto universo cinematográfico amoroso


Desando Amar [Fa yeung nin wa (2000] - de Won Kar Wai Hong Kong | France 2000/ con Tony Leung Chiu Wai y Maggie Cheung.-Una bellísima historia de amor/desamor; conmovedora, delicada y melancólica. Un hombre y una mujer engañados por sus respectivos cónyuges se vuelven amigos, llegando a sentir una pasión intensa, un amor en estado puro sin atreverse a ir más allá, un poco por los reparos morales, otro por un extraño sentido de ética y de negación a vulgarizar su amor, a ser como los demás. Este film es de una sensualidad sutil, exquisita, asombrosa y conjuga maravillosamente emotividad, intensidad, contención, tristeza; además, posee una apreciable banda sonora.


La princesa y el guerrero (Krieger und die Kaiserin, Der (2000)-, de Tom Tykwer. Alemania 2000/ con Franka Potente y Benno Fürmann. Cuento de hadas postmoderno, originalísima variante del amour fou; los enamorados viven en un pabellón psiquiátrico. Él es un asaltabancos obligado a hacerse pasar por loco; ella, una enfermera no muy cuerda, que se asume como protectora de los huérfanos de amor. Ambos son un poco como el héroe dispuesto a salvar a su amada(o), aún así sea de si mismo. Amar requiere de valor y arrojo; jugársela por una relación es como un salto al vacío.


Jeux d'enfants (2003) (Juego de niños/Atrévete a amar) de Yann Samuell. Francia-Bélgica; con Guillaume Canet y Marion Cotillard. Provisto de un manejo de cámara audaz, Samuell cuenta una historia de amor-amistad a medio camino entre la fantasía y la dura realidad que impone el miedo al amar. Por momentos, romántica y hasta dulce; en otros, rayana en la crueldad. Es la historia de dos que se aman desde la infancia, pero que se viven negándolo, retándose y dañándose… amigablemente, como en un juego de niños, cada vez más fuerte . Pero ellos, como en La princesa y el guerrero, tendrán que perder sus miedos, jugársela literalmente, para permanecer juntos.


Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004) (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos/ de Michel Gondry/ USA/ con Jim Carrey y Kate Winslet. Dos locos talentosos, Michel Gondryy Charlie Kaufman, se juntaron y crearon una singular trama; una historia de amor tan romántica, como diferente y por momentos, dolorosa. La premisa de que el ser amado un día decida borrarte… para siempre; borrar todo vestigio tuyo, aunque para ello tenga que defragmentar su cerebro, debe ser lo más doloroso que hay. Gondry, un loco con una gran imaginación y talento visual, me dio un logro mayúsculo: hacer que el insufrible Jim Carey, por una vez me fuera casi querible.


En el tintero quedan varias, tantas que no terminaría, desde L’amour fou, (1969), de Jacques Rivette; La femme d'à côté - (1981), de François Truffaut-, Oci ciornie (1987), de Nikita Mikhalkov, hasta Un homme et une femme (1966)-de Claude Lelouch -quizá la única de mi listado que podría considerar con “final feliz”. Faltan muchísimas, tantas como formas de ver y entender el amor hay, que en el amor cinematográfico no hay limites; ejemplo? dos filmes de loco amor, más allá de la preferencia sexual: Chun gwong cha sit (Happy Together), Hong Kong (1997), de Won Kar Wai con Tony Leung Chiu Wai y Leslie Cheung -atribulado, apasionado y tormentoso amor entre dos jóvenes hongkoneses; y Les Nuits fauves, (1992) (Las noches salvajes, Francia-Italia/ de Cyril Collard, con Cyril Collard y Romaine Bohringer), de la que ya he comentado. Doliente y vital, carente de cualquier atenuante, esta singular historia de amor tiene al SIDA como un participante más.

[y no incluyo Secreto en la Montaña, que a todo mundo gusta].

lundi, juin 16, 2008

La celebración no me gusta... el motivo, sí














Las celebraciones del día de la madre y día del padre -fundamentalmente, aunque también incluye al 14 de febrero-, no solo no me enloquecen de felicidad, sino que no me gustan nada. No sé porque, pero nunca me he sentido muy bien con eso de “tener que” felicitar y demostrarles amor a mi padre o a mi madre porque es su día. Olvidémonos de lo detestable que resulta la publicidad apabullante previa a esas dos fechas, a que el festejo sea visto como un mero juego comercial; concedamos que el libre mercado funciona así, se mueve así, a base de incentivos y chantajes. Creo que ese no es el problema mayor. Lo terrible, para mí, es que tal parece necesitamos que el calendario nos recuerde que tenemos padre y madre; nos recuerde que ellos existen, que son nuestros progenitores y por ende, debemos celebrarlos, y ser buenos hijos... aunque sea ese día. O sea, no importa si el resto del año uno tiene una mala comunicación o pésima relación con sus papás, ese día, solo por ser su día y como por arte de magia, uno se vuelve el hijo prodigo y los progenitores, padres y madres modelo. Y todos nos besamos, hacemos una comilona, damos regalitos y hasta nos echamos algún sentido discursito y somos bien felices... aunque sea ese día.

No niego que alguna vez me sentí mal cuando externé mi opinión al respecto, delante de algunos amigos o compañeros; uf, no faltó quien me mirara como si fuera una desalmada. Y sí, me hicieron sentir incómoda, no porque me creyera de pronto alguien carente de sentimientos, sino porque me molestó ser juzgada así. Que le voy a hacer, una es como es. Y que no le encanten estos asuntos de festejos paternales y maternales, no significan que una sea una mala hija, o que “no tenga corazón”. Yo por mi parte, a mi padre lo adoro y tengo una excelente comunicación con él [me divierte tanto cuando me recuerda su receta para tener un corazón perfecto: una cucharada de aceite de olivo extra virgen -de acuerdo- un diente de ajo grande –horror- y una copa de vino tinto –súper de acuerdo- “eso te lo tomas todos los días y tu corazón nunca te dará problemas... bueno a menos que te enamores de un imbécil, porque entonces m’hijita ya no respondo”]. Igual sucede con mi madre, quien, mujer al fin, sabe perfectamente que el corazón femenino suele peligrar más merced a los imbéciles... que a los males cardiovasculares.


vendredi, juin 13, 2008

De cursis y perdidos

A veces se pierde la inspiración, a veces se pierde el ánimo; pero otras, simplemente se tiene la sensación de estar perdido. Y a veces, además de sentirse perdido, se anda un poco (o demasiado) cursi y le da por escuchar canciones que más de uno, en su sano juicio, considerará melcochozas y fresas. Pues con la pena, porque hoy me tocó a mi sentirme así, a medio camino entre el extravío y la cursilería. Y como a cada estado de ánimo, una música, Michel Bublè me viene que ni mandado a hacer.

Ruego a mis amables visitantes me dispensen por este extravío, pero esta mañana un poco gris... necesito de esta canción. Dicen por ahí que Michel Bublè compuso esta letra, justo cuando tenía el corazón un tanto maltrecho... casi como el mío, lástima que yo no compongo como él.


Lost

(Michel Bublè/Jann Arden/Alan Chang)

I can\'t believe it\'s over
I watched the whole thing fall
And I never saw the writing that was on the wall
If I\'d only knew
The days were slipping past
That the good things never last
That you were crying

Summer turned to winter
And the snow it turned to rain
And the rain turned into tears upon your face
I hardly recognize the girl you are today
And God I hope it\'s not too late
It\'s not too late

\'Cause you are not alone
I\'m always there with you
And we\'ll get lost together
Until the light comes pouring through
It\'s when you feel like you\'re done
And the darkness has won
Babe, you\'re not lost
When your world\'s crashing down
And you can\'t bear the cross
I said, babe, you\'re not lost

Life can show no mercy
It can tear your soul apart
It can make you feel like you\'ve gone crazy but you\'re not
Things have seemed to change
There\'s one thing that\'s still the same
In my heart you have remained
And we can fly fly fly away

\'Cause you are not alone
And I am there with you
And we\'ll get lost together
Until the light comes pouring through
It\'s when you feel like you\'re done
And the darkness has won
Babe, you\'re not lost
And the world\'s crashing down
And you can not bear the cross
I said, baby, you\'re not lost
I said, baby, you\'re not lost
I said, baby, you\'re not lost
I said, baby, you\'re not lost






Besitos y un rico fin de semana, aunque sea pasado por agua, pórtense mal, que ya en su otra vida tendrán tiempo de sobra para comportarse como niños buenos.

mercredi, juin 11, 2008

Ya llovió desde aquel tiempo hasta hoy

Normalmente no me gusta andar en la calle cuando llueve. Será porque [aunque suene a cliché] a mi la lluvia me provoca un estado de ánimo mezcla de romanticismo y melancolía… y no es que me moleste. Todo lo contrario, me gusta. Más el estado de melancolía, que la lluvia en si misma –una tromba como la acaecida el viernes pasado en el sur de la Ciudad, me pareció todo, menos propiciatoria del romanticismo o la melancolía.

Y dicen pro ahí que las lluvias torrenciales arrasan con casi todo, pero hay algo que ni la tormenta más larga e intensa consigue llevarse: los recuerdos. Al menos en lo que a mi respecta, lejos de alejármelos, la lluvia me hace evocar momentos, imágenes, circunstancias que creía olvidados.

Como ayer cuando el amanecer frío y lluvioso me remontó a una lejana mañana de junio, también lluvioso, en otra época y en otro lugar. De pronto, el tiempo retrocedió y me vi de nuevo en aquella ciudad, aquel mediodía cuando soplaba un viento frío que arrastraba consigo la perenne llovizna. Y en aquel tiempo, en aquel lugar, no me molestaba estarme mojando, ni sentir frío; yo caminaba sin prisas, sin molestias, casi disfrutándolo, pese al viento que volaba mi boina y a la lluvia que golpeaba suavemente mi rostro; yo proseguía mis pasos lánguidos, mientras cruzaba el puente sobre el río de aguas ennegrecidas por los residuos de la famosa cervecería situada en uno de sus costados. Caminaba y pensaba cuánto había soñado con estar ahí, poder caminar por esas calles y cruzar ese río, como para que ahora que por fin lo estaba haciendo, una llovizna y un viento me vinieran a echar a perder el momento. Eso no. Y seguí caminado, disfrutando y mojándome.

Y como es la vida, lo que son las circunstancias, pues ayer mientras recordaba aquella mañana de junio, me dolía dejar mi cama, me pesaba meterme a la regadera y tener que vestirme... tan solo porque afuera hacía frío y lloviznaba ligeramente; porque, en lugar de caminar con pasos lánguidos sobre el puente que cruza el río ennegrecido, tendría que caminar con prisa por las calles húmedas y resbalosas de la ciudad de México, para dirigirme ya no a la taberna ubicada en una pequeña callecita cercana a la Catedral, sino a mi oficina situada en la avenida más larga de México. Y ya no sé si fue la lluvia, si fue el viento o si fue el frío que me recorría por todo el cuerpo, aún estando vestida como para invierno, pero ayer añoré como nunca el viejo puente que cruza aquel río de aguas ennegrecidas.


....................

Y Manu Chao no tiene nada que ver ni con la lluvia, ni con aquella ciudad, pero si un poco con aquel tiempo, quizá por eso esta canción, por increíble que parezca, me pone algo melancólica.


Si me das a elegir... me quedo contigo



lundi, juin 09, 2008

Y el muso no llegó, pero aquí estoy yo



















Mis queridos visitantes, el muso no me llegó a inspirar. Bueno, tampoco es que me haya quedado aquí sentadita medio meditando –medio queridos, medio, porque una que es dispersa siempre tendrá muchos temas bulléndole al mismo tiempo en su cabecita loca- mientras aguardaba la graciosa aparición del muso de mis sueños (uff ¿así o más cursi?, ustedes dispensarán, pero yo voy de la acidez a la cursilería con suma facilidad y sin escalas) y como además de dispersa, soy desesperadita, decidí que no disponía de su tiempo para seguir aguardando su llegada. En esas estaba, cuando de pronto voilà, Charles Baudelaire frente a mí. Ustedes dirán. “a esta pobre, no solo le falta inspiración, también le urge un ajuste de tornillos”; no, no estoy enloqueciendo –digo, no más de lo normal-, lo que quise decir –Rubencito Aguilar dixit- es que, en la pantalla, fui a encontrarme con un documento que escribí hace tiempo, ya no recuerdo para qué, donde inserté un texto de Baudelaire que me encanta,

Les Fenêtres

Quien desde fuera mira a través de una ventana abierta, jamás ve tantas cosas como quien mira una ventana cerrada. No hay objeto más profundo, más misterioso, más fecundo, tenebroso y deslumbrante que una ventana tenuemente iluminada por un candil. Lo que la luz del sol nos muestra siempre es menos interesante que cuanto acontece tras unos cristales. En esa oquedad radiante o sombría, la vida sueña, sufre, vive.

Por sobre las olas de los tejados, acierto a entrever a una mujer madura, arrugada ya, pobre, perpetuamente enfrascada en su tarea y que nunca sale. Con su rostro, con su atuendo, con sus gestos, con apenas nada, he reconstruido la historia de esta mujer, o quizá fuera mejor decir su leyenda, y de vez en cuando, entre lágrimas, me la recito a mí mismo.

De haber sido un pobre anciano, habría reconstruido la suya con la misma naturalidad.

Y me acuesto, satisfecho de haber vivido y padecido en la piel de otros.

Y tal vez me digan: "¿Cómo sabes que esa leyenda es la verdadera?". ¡Qué me importa la realidad que se halle fuera de mí, si me ha ayudado a vivir, a sentir que soy y lo que soy.


Mis propias ventanas. En lo que a mí respecta creo que, guardando las debidas distancias por supuesto, lo dicho por el gran Baudelaire aplica un poco las relaciones que establecemos en estos tiempos de la comunicación virtual; de voyeurismo virtual, donde vemos y nos gusta que nos vean. A veces hacemos amigos virtuales con los que sentimos de pronto tal confianza, una especie de conexión espiritual, emocional, o como quieran llamarla, que no tenemos el menor reparo en contarles ese tipo de cosas que ni a nuestra(o) mejor amiga(o), nos atreveríamos a decir. Así el teclado que nos separa, la distancia de pocos o miles de kilómetros, nos reviste de una desinhibición, que de otra forma nos sería –al menos a mí- muy difícil de ejercer. No obstante, por contradictorio que pueda parecer, persiste algo del misterio y entonces la relación se vuelve más interesante, creo. Y en ocasiones, ese nuevo amigo virtual con el que se intercambian historias, nos permite introducirnos un poco en su propia historia, nos da la oportunidad de atisbar un poco a través de la oquedad de su propia ventana cerrada, apenas iluminada por un candil. Y entonces, con lo que nos deja entrever, vamos construyendo historias paralelas, y a veces hasta padecemos sus penas, sus angustias o nos enojamos con quienes les hacen daño; pero también gozamos y festejamos sus alegrías y hasta compartimos sus sueños.

Y no importará mucho que nunca nos encontremos tête a tête con ellos; porque si la relación se vuelve más estrecha –tan estrecha como la distancia real y virtual que nos separa nos deje-, lo importante será lo que nos ha permitido imaginar a nosotros y lo que la historia contada por ellos, más lo que nuestra imaginación le haya adicionado, nos ha ayudado para enriquecer nuestras propias vivencias.

Y en ocasiones, hasta sea mejor no encontrarnos tête a tête con nuestros amigos virtuales, porque se corre el peligro -si uno tiende a admirar o idealizar de más a las personas, ya sea por lo que escriben o lo que logran transmitirnos-, de crearse demasiadas expectativas... y de decepcionarse, y lo que es peor, decepcionado a ellos. Quizá sea mejor mantener el misterio, la magia y quedarnos con nuestra idea, con esa imagen de ellos que nosotros nos hemos creado, para no terminar, cual Penélope, diciendo mientras lo vemos:

Tu no eres quien yo espero.


PS aunque no hubo un muso inspirador, este post le debe no solo a Charles Baudelaire, también está en deuda con la más reciente entrada de SABINA, LA DE KUNDERA y con un nuevo amigo virtual, que no viene a comentar aquí, pero algo me comenta por otro conducto. Si lee esto, espero que sepa que a él me refiero.



jeudi, juin 05, 2008

En busca del muso perdido














"[El café] provoca un estado de excesiva excitación cerebral que se manifiesta por una notable locuacidad, acompañada en ocasiones por una acelerada asociación de ideas. [ ...] "

Lewis Lewin, Phantastica:
Narcotic and Stimulating Drugs, 1931


Pues el Dr. Lewis Lewin debió acotar su máxima: yo tomo harto café y me siento árida


La titular de este blog, o sea yo mera, pasa por una etapa de aridez, motivo por el cual prefiere ahorrarles la pena a sus ambles visitantes y no postear ninguna tontería. Ahorita se encuentra en busca de la inspiración y del tiempo perdido... o en su defecto, de alguien que la inspire. Lo que ocurra primero. Pero a como se vislumbra el panorama, es más fácil que solita encuentre la inspiración y hasta algo del tiempo perdido, antes que se encuentra con ese alguien que se la provoque.

C’est la vie, pues como dijo mi amado Charles Baudelaire:

"Esta vida es un hospital en el que cada enfermo está poseído por el deseo de cambiar de cama."

Y yo ya me aburrí de la mía.