escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

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diciembre 17, 2009

dale de comer al gato


Pie de foto imaginado por mí, que adoro a los gatos (de preferencia cartujos):

Se conocieron un día cualquiera en una calle sin nombre; se miraron a los ojos y creyeron hallarse cada uno en la mirada del otro. Pensaron estar muy enamorados... juraron amarse eternamente, vivir juntos y felices por siempre. Tenían todo para lograrlo... hasta la casa de sus sueños (gato no-cartujo incluido), sólo que olvidaron considerar un pequeño detalle (no la maledicencia de los días o el peso de la monotonía)... el futbol...



octubre 20, 2009

disculpa inconveniente


Antes que nada, preciso aclarar que esta entrada de ninguna manera pretende ser una proclama feminista. Nada más ajeno a mi ánimo. En todo caso, sería más fácil conferirle una lejana, lejanísima, aproximación con algún cuestionamiento de tipo existencial, de esos que surgen de vez en cuando y sin un motivo aparente (con la venia del existencialismo verdadero, por tratarse de algo menos trascendental).

Términos emparentados o nacidos de las emociones, todos femeninos: (luna), fragilidad, insatisfacción, locura, cordura, ternura, dureza, tristeza, alegría, melancolía, nostalgia, furia, bonhomía, indiferencia, sensibilidad, comprensión, frialdad, pasión... uff y así ad infinitum hasta llegar (faltaba más) a la histeria, cuya raíz griega ya trae a la femineidad indexada [su original en francés, la hystérie, es también femenino al igual que  la mer y la voiture (coche), a diferencia de nuestro idioma]. Más allá del ámbito científico, de las determinantes del Sistema Límbico, resulta significativo (al menos a mí me lo parece) que la mayoría de dichos vocablos, "emocionales" por llamarlos de alguna forma, sean femeninos.

Y quizá sea a consecuencia del octubrino y frío fin de semana recién vivido, justo a mi medida; o posiblemente, a que el otoño, mi estación favorita, generalmente me pone un tanto pensativa, casi reflexiva (ja!); o tal vez, a que siempre que hablo con cierta persona, sus palabras, sus consejas, sus buenos deseos para conmigo me dejan una sensación, más que de aceptación sin cuestionamientos, de un asentimiento resignado. Como si yo le simbolizara el karma que todos debemos cargar en la vida y que por ende, si no respondo al idílico modelo que alguna vez soñó para mí (y menos al que la sociedad me determinó de antemano), tiene que aceptarlo… simplemente porque la vida es así o, peor aún, porque es su deber natural. 

Siguiendo con esta divagación "otoñal-existencialista" y ya sea por una u otra razón o sin motivo alguno, en medio de mis cavilaciones llegué a una que resulta poco grata y probablemente suene demasiado anticuada, pero no por ello es menos cierta: aún en pleno Siglo XXI persiste esa manía de justificarse por todo; cuando no, de disculparse por ser como se es y no como los demás esperarían/desearían que uno fuera. Cual si existiera una fuerza superior que nos condujera (a hombres y mujeres, pero me temo que más a nosotras) a ir por la vida pidiendo dispensas por no ser un montón de cosas, por mencionar algunas: ni disciplinados ni dóciles; calladitos ni obedientes; creyentes y menos devotos; madrecitas abnegadas ni esposas sumisas o maridos ejemplares; crédulos ni condescendientes y así un largo etcétera de “incumplimientos” sociales y familiares, ante lo cual se llega a  sentir una especie de culpabilidad (aunque no se admita abiertamente) y por ende la obligación de ofrecer, cuando menos, una explicación... incluso, en el caso de las mujeres, hasta por no ser... feministas recalcitrantes (porque hay quienes piensan que una, por el sólo hecho de ser mujer debe serlo). Claro que no es una generalidad y habrá quienes jamás hayan resentido la mínima presión externa ni experimentado la incómoda sensación de verse a sí mismos como objetos de una observancia desaprobatoria y menos aún, de sentir la necesidad de excusarse por no responder a los patrones sociales establecidos. Lo que no estoy tan segura, es si estos afortunados son mayoría o si por el contrario, son la excepción que confirma la regla. De cualquier manera, tengo la impresión de que esa manía, debilidad o cómo se le quiera tipificar, y que más parecería propia de principios del siglo pasado, no resulta nada sencillo de dejar atrás...  ojalá sea sólo mi imaginación.

“Lo que hace que nos desesperemos es que queremos encontrar un sentido universal a toda la vida y que acabamos por decir que es absurda, ilógica, carente de sentido. No hay un sentido universal, cósmico, que valga para todo, solamente hay el sentido que nosotros damos a nuestra vida, un sentido individual, una historia individual, como una novela personal, un libro para cada uno de los seres humanos. Cuando se busca una unidad absoluta se comete un error. Lo que me parece justo es dar el mayor sentido posible a la propia vida.” Anaïs Nin


Esta canción tiene un cierto dejo de panfleto feminista, pero… necesitaba justificar el título de esta entrada, jajá

"Soy una mujer inconveniente
Tienes que tomarlo relajadamente
No te amo más que a mis gatos
Pero te amo mucho de a ratos.

[...]
Soy una mujer inconveniente
De ésas que son fieles relativamente
Dicen que no tengo moralina
Porque me desnudo en la cocina
Dicen que no tengo moraleja
Me gustan muchísimas... cosas."


[Fragmento de la canción Soy una mujer inconveniente de Liliana Felipe]



Lienzo de Paul Gauguin

febrero 26, 2009

en ayunas... ni angustiarse, ni morise

Tenía días sintiendo un dolor en la parte media de esófago y aunque el malestar no alcanzaba una intensidad insoportable, tampoco mostraba intensiones de desaparecer. Más que un dolor, lo que sentía era una especie de vacío, como si tuviera un boquete entre el estómago y el esófago; así que tras dos semanas de padecimiento y aún sin estar muy convencida, decidió buscar un remedio profesional.

El Doctor Servando Tovilla era el médico de su familia desde que ella tenía uso de razón… y lo que era más importante, salvo su ginecólogo, era el único que ella conocía. Eso de no ser acha
cosa tiene sus bemoles, se dijo mientras hacía la cita telefónica y respondía a la pregunta de la recepcionista:

¿Cuándo fue la última vez que nos visitó?


--No recuerdo bien, quizá desde mi operación del apéndice hace… ¿cinco años? Después de un suspiro desaprobatorio por parte de la recepcionista, la cita quedó confirmada para el viernes a las seis de la tarde.

Y llegó el viernes por la tarde y la hora de su cita con el doctor; el consultorio estaba ubicado en la antigua Colonia Roma, que tras los graves daños provocados por el terremoto de 1985, había vuelto a renacer, quedando casi igual que antes del siniestro. El Doctor Tovilla estaba en sintonía con esa colonia, pues no obstante algunos cambios inevitables, parecía inmune a las modas y al paso del tiempo.

No ser achacosa tiene sus bemoles, se repetía mientras sentía un leve cosquilleo nervioso, minutos antes de entrar al consultorio. ¿Y si tengo algo grave? ¿Y si ahora, que ya no tengo apéndice, me encuentra otra cosa que extraer? [la última vez que había estado en ese consultorio aquejada por un fuerte dolor abdominal, solo había salido para abordar el elevador que la subió a la clínica, donde dos horas más tarde le fue extraído su apéndice, tan rosado como dilatado y casi a punto de explotar]

--Y a qué debo al sorpresa? No me digas que te duele algo, mujer. Fue la pregunta a modo de saludo, por parte del médico.


Tras mencionarle su preocupante dolorcito en “la boca del estómago”, el doctor procedió a interrogarla y examinarla acuciosamente; una hora más tarde le daba su diagnóstico:


--Pues de esto no te vas morir, segurísimo; es más, ni siquiera tienes algún padecimiento orgánico tipo gastritis, ulcera, ni inflamación de nada. De hecho, estás muy sana.


Y entonces ¿mi dolor a qué se debe? Pero igual me va a recetar algo para quitármelo ¿verdad?


--No. Más que recetarte, voy a prohibirte. Tu dolorcito, que no es un dolorcito precisamente, lo debes a los muchos berrinches y angustias que haces y siempre en ayunas, por lo que todo se te va directo al estómago, sin que haya ningún atenuante de por medio. Así que desde hoy, te prohíbo estrictamente que te angusties, enojes y leas el periódico antes de haber desayunado algo más que un café negro.


¿Y ya? Preguntó ella, visiblemente decepcionada.


--Sí, ya con eso, contestó él doctor, pero al ver su expresión agregó:

--Para que te quede claro de una buena vez: si quieres enojarte, angustiarte, enterarte de las desgracias del mundo o ingerir cualquier tipo de remedio, incluido veneno para matar lo que sea, primero desayunas bien.

.......................................................

Los tiempos cambian o una se hace vieja. En la infancia, el doctor le diagnostica la ausencia de enfermedad, le da una paletita y finaliza la consulta con un cariñoso pellizco en las mejillas. Ahora, en la moderna adultez, ya no hay paletita ni pellizco en los cachetes, solo la recomendación de que si uno desea enojarse...o tomar cicuta para emular a Sócrates, o cianuro, si es cursi como la que esto escribe y prefiere rememorar a Emma Bovary... nomás no lo haga en ayunas, no vaya a dañarse la flora intestinal....

........................

Adenda. Leyendo la mayoría de sus amables comentarios, creo entender a los hombres cuando piden: “a mi dime las cosas claramente y déjate de tontas metáforas”. Hoy, es claro que no me expliqué bien: Este post no era sobre la importancia del desayuno diario; tampoco, una invitación a la toma de cicuta, desde luego. Solo pretendía ironizar sobre la “efectividad” de la medicina en relación con ciertos malestares que, sin ser estomacales o gastrointestinales, se reflejan en esa especie de vacío (boquete que llamo yo) sentido en la boca del estómago. Un vacío que no se alivia con la deglución de alimento alguno, ni con cicuta o cianuro... aunque las endorfinas que dicen genera el chocolate amargo, puedan acarrear un alivio pasajero…



"Ahí está lo que fue: la terca espada
del sajón y su métrica de hierro,
los mares y las islas del destierro
del hijo de Laertes, la dorada
luna del persa y los sin fin jardines
de la filosofía y de la historia,
el oro sepulcral de la memoria
y en la sombra el olor de los jazmines.
Y nada de eso importa. El resignado
ejercicio del verso no te salva
ni las aguas del sueño ni la estrella
que en la arrasada noche olvida el alba.
Una sola mujer es tu cuidado,
igual a las demás, pero que es ella."

[Al triste, Jorge Luis Borges]





imagen: cicuta mácula

diciembre 23, 2008

por si acaso... gracias

"Padre Nuestro que estás en los cielos, quédate allí. Y nosotros nos quedaremos sobre la tierra, que a veces es tan linda"
[Jacques Pérvert]

Este no es un post; en todo caso, no uno en forma. Solo se trata de una pequeña tontera que de seguro nadie va a leer, pero que yo necesitaba expresar.

Como ya se habrán dado cuenta por mi entrada anterior, al gordo del traje rojo no lo quiero y solo porque estoy contra de la pena de muerte (sugerida recientemente por un par de impresentables políticos mexicanos, como medida punitiva ante la violencia y criminalidad en nuestro país; de ahí que haya colocado esa consigna que ven por aquí) y el asesinato, es que no lo mato de propia mano. Eso iría en contra de mis principios; así que solo le dí una aporreadita virtual. No obstante, si alguien tuviese la peregrina idea de mandar a Santa al otro mundo y aún en contra de mis principios, no seré yo quién para juzgar sus actos, menos para cuestionar sus razones... ya estaría de Dios como decía mi católica abuela, jeje.

A juzgar por varios de los comentarios a mi entrada anterior, muchos de los que han hecho el favor de pasar por aquí pensarán que yo soy Madame Vinagreta. Bueno, aunque ya quedamos que tampoco soy un dulcecito, me veo precisada a aclarar que yo no odio a la Navidad per se... solo a toda esa parafernalia que le rodea. Debo admitir también -confesión no pedida- que con las festividades navideñas a las que de plano no puedo sacarles la vuelta, me pasa como en esas relaciones de pareja de amor odio: me choca toda la tragazón que les acompaña -lamento este término tan coloquial, pero así lo siento más auténtico-, pero bien que le entro y claro, en enero me entran los remordimientos/arrepentimientos y es cuando empiezo a maldecir los comelitones decembrinos... como si alguien me hubiese obligado a zamparme toda esa comida (perdonen la fusilería, pero algunas mujeres nos angustiamos por estas cosas)

Aclarado el punto y suponiendo que alguien de ustedes que no ande de vacaciones/fiestas, llegase a pasar por este sitio y leyera estas tonteras, quiero expresarles mi más sincera gratitud. Gracias a todos ustedes por haberme aguantado a lo largo del año 2008, pero sobre todo, gracias por tomarse el tiempo para leerme y comentar. En verda
d se los agradezco mucho. Para mí, este fue un año blogueril muy enriquecedor pues me permitió "conocer" nuevos blogueros, encontrar nuevas "amistades virtuales", acceder a blogs estupendos y leer a magníficos escritores; tanto aquí en México, como en Sudamérica. Así pues, muchas gracias a todos ustedes por esta oportunidad... y una disculpa por este tonto no post.


Besitos y abrazotes

A, del blog Hedonista Yo? me hizo el favor de invitarme como colaboradora para su especial navideño "La muerte de Santa". Si les interesa, aquí está mi texto:

La venganza de Santa


UPDATE Si tu eres de los que sufres la navidad, aquí una ayuda

1) Solamente una vez: No es la canción de Agustín Lara, es un mantra que hay que repetir cada vez que la cosa se pone complicada, difícil, aburrida, enfadosa o todo junto: solamente una vez al año, solamente una vez al año. La virtud de la Navidad una vez que pasa nos deja descansar 335 días de corridito [...] y lo mejor, durante once meses no volveremos a oír un solo villancico (la mejor prueba de que los villancicos son horrorosos es que nadie los toca entre enero y noviembre).

2) Sorriso e fuga: (en español, sonrisa y fuga). El manejo de la sonrisa es fundamental en épocas navideñas. Nadie acepta una cara que no denote felicidad en "las fiestas". Poner cara no digamos seria, simplemente normal, en estas épocas es sinónimo de frustración, desencanto, animadversión, desprecio. Puedes incluso ser calificado de descreído y ateo, lo cual, aunque sea cierto, es una flojera tener que discutir con quien no te importa ni le importas. Así que lo mejor es congelar la sonrisa (esto ha de practicarse en el espejo para asegurar que sea convincente) y fugar el pensamiento. Todo, hasta las celebraciones navideñas, tienen un lado positivo ¿cuándo tienes tiempo de pensar en tanta tontería sin que tú mismo te estés recriminando perder el tiempo en esas burradas?

El artículo completo aquí: Guía para sobrevivir la navidad, Diego Peterson Farah http://www.milenio.com/node/136503

junio 08, 2008

Y el muso no llegó, pero aquí estoy yo



















Mis queridos visitantes, el muso no me llegó a inspirar. Bueno, tampoco es que me haya quedado aquí sentadita medio meditando –medio queridos, medio, porque una que es dispersa siempre tendrá muchos temas bulléndole al mismo tiempo en su cabecita loca- mientras aguardaba la graciosa aparición del muso de mis sueños (uff ¿así o más cursi?, ustedes dispensarán, pero yo voy de la acidez a la cursilería con suma facilidad y sin escalas) y como además de dispersa, soy desesperadita, decidí que no disponía de su tiempo para seguir aguardando su llegada. En esas estaba, cuando de pronto voilà, Charles Baudelaire frente a mí. Ustedes dirán. “a esta pobre, no solo le falta inspiración, también le urge un ajuste de tornillos”; no, no estoy enloqueciendo –digo, no más de lo normal-, lo que quise decir –Rubencito Aguilar dixit- es que, en la pantalla, fui a encontrarme con un documento que escribí hace tiempo, ya no recuerdo para qué, donde inserté un texto de Baudelaire que me encanta,

Les Fenêtres

Quien desde fuera mira a través de una ventana abierta, jamás ve tantas cosas como quien mira una ventana cerrada. No hay objeto más profundo, más misterioso, más fecundo, tenebroso y deslumbrante que una ventana tenuemente iluminada por un candil. Lo que la luz del sol nos muestra siempre es menos interesante que cuanto acontece tras unos cristales. En esa oquedad radiante o sombría, la vida sueña, sufre, vive.

Por sobre las olas de los tejados, acierto a entrever a una mujer madura, arrugada ya, pobre, perpetuamente enfrascada en su tarea y que nunca sale. Con su rostro, con su atuendo, con sus gestos, con apenas nada, he reconstruido la historia de esta mujer, o quizá fuera mejor decir su leyenda, y de vez en cuando, entre lágrimas, me la recito a mí mismo.

De haber sido un pobre anciano, habría reconstruido la suya con la misma naturalidad.

Y me acuesto, satisfecho de haber vivido y padecido en la piel de otros.

Y tal vez me digan: "¿Cómo sabes que esa leyenda es la verdadera?". ¡Qué me importa la realidad que se halle fuera de mí, si me ha ayudado a vivir, a sentir que soy y lo que soy.


Mis propias ventanas. En lo que a mí respecta creo que, guardando las debidas distancias por supuesto, lo dicho por el gran Baudelaire aplica un poco las relaciones que establecemos en estos tiempos de la comunicación virtual; de voyeurismo virtual, donde vemos y nos gusta que nos vean. A veces hacemos amigos virtuales con los que sentimos de pronto tal confianza, una especie de conexión espiritual, emocional, o como quieran llamarla, que no tenemos el menor reparo en contarles ese tipo de cosas que ni a nuestra(o) mejor amiga(o), nos atreveríamos a decir. Así el teclado que nos separa, la distancia de pocos o miles de kilómetros, nos reviste de una desinhibición, que de otra forma nos sería –al menos a mí- muy difícil de ejercer. No obstante, por contradictorio que pueda parecer, persiste algo del misterio y entonces la relación se vuelve más interesante, creo. Y en ocasiones, ese nuevo amigo virtual con el que se intercambian historias, nos permite introducirnos un poco en su propia historia, nos da la oportunidad de atisbar un poco a través de la oquedad de su propia ventana cerrada, apenas iluminada por un candil. Y entonces, con lo que nos deja entrever, vamos construyendo historias paralelas, y a veces hasta padecemos sus penas, sus angustias o nos enojamos con quienes les hacen daño; pero también gozamos y festejamos sus alegrías y hasta compartimos sus sueños.

Y no importará mucho que nunca nos encontremos tête a tête con ellos; porque si la relación se vuelve más estrecha –tan estrecha como la distancia real y virtual que nos separa nos deje-, lo importante será lo que nos ha permitido imaginar a nosotros y lo que la historia contada por ellos, más lo que nuestra imaginación le haya adicionado, nos ha ayudado para enriquecer nuestras propias vivencias.

Y en ocasiones, hasta sea mejor no encontrarnos tête a tête con nuestros amigos virtuales, porque se corre el peligro -si uno tiende a admirar o idealizar de más a las personas, ya sea por lo que escriben o lo que logran transmitirnos-, de crearse demasiadas expectativas... y de decepcionarse, y lo que es peor, decepcionado a ellos. Quizá sea mejor mantener el misterio, la magia y quedarnos con nuestra idea, con esa imagen de ellos que nosotros nos hemos creado, para no terminar, cual Penélope, diciendo mientras lo vemos:

Tu no eres quien yo espero.


PS aunque no hubo un muso inspirador, este post le debe no solo a Charles Baudelaire, también está en deuda con la más reciente entrada de SABINA, LA DE KUNDERA y con un nuevo amigo virtual, que no viene a comentar aquí, pero algo me comenta por otro conducto. Si lee esto, espero que sepa que a él me refiero.



junio 01, 2008

La objetividad es una quimera

Salir del clóset. Normalmente asociamos esta expresión a las de las personas que tienen una preferencia sexual distinta a la heterosexual, pero que no lo han asumido públicamente. O al menos eso pensaba yo. Pero sucede que hoy, buscando información sobre una vieja película española Cómo ser mujer y no morir en el intento – , me vine a encontrar un blog, también español, cuyo lema es: "Sal YA del ARMARIO, DI que eres de DERECHAS" y que se llama precisamente Cómo Ser de Derechas y no Morir en el intento. Y más por curiosidad que interés, porque cero afinidad -como dice una amiga bloguera, también española, por la derecha solo para manejar... siempre que uno viva en Londres y tenga un aston martin, aunque sea sin James Bond-, me puse a leer al asar y, como es de imaginar, el blog se dedica básicamente a criticar todo lo que hace el gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero, a despotricar en contra su partido, PSOE -, contra todo lo que huela a izquierda, incluso más allá de las fronteras españolas; así como exudar una inocultable nostalgia por el pasado, por la monarquía y por temas semejantes. O sea, igualito que aquí en nuestro país; con la diferencia, hay que decirlo, de que, al menos en se sitio Web, quienes escriben parecen tener un poquito más de imaginación que sus pares mexicanos –supongo que en México habrá blogs y publicaciones donde se vea y se lea a la inteligencia de la derecha nacional, pero yo todavía no conozco ninguna, excepción quizá de Letras Libres y eso con sus bemoles, porque luego publican cada cosa más digna del Salinas News (La Crónica de Hoy - ), que de una revista que se presume heredera de la tradición intelectual de Octavio Paz (su cantaleta de “somos herederos de una tradición intelectual que por más de dos decenios encarnó en la revista Vuelta de Octavio Paz”, no garantiza que el poeta les haya heredado su talento, ni su sensibilidad).

En fin, el punto es que la mayoría de las veces, cuando criticamos -of course que me incluyo-, hechos, situaciones, pensamientos, escritos, o personas con quienes no compartimos ideologías, preferencias, etc.; (ojo que aquí no cuentan los críticos de cine, literatura, de arte, en general, pues salvo que el critico en cuestión sea un cretino y descaradamente mentiroso, hay una auto-aceptación, a priori, de que su critica es sesgada y que únicamente refleja su gusto, su muy personal percepción), lo hacemos desde la víscera, con argumentaciones más bien endebles y casi siempre partiendo de una hipótesis previamente digerida y asumida. Y creo que ahí radica el quid de que al final no hagamos una verdadera crítica, analítica, bien fundamentada; mucho menos que sea prepositiva (desde luego que hacer crítica propositiva no significa, por ejemplo, criticar a FeCal and company y darle consejos de cómo haga para facilitar que su consentido Mouriño siga haciendo negocios al amparo del poder y enriqueciéndose).


No. Cuando criticamos no buscamos las verdaderas causas, no damos los argumentos bien fundamentados, diversos, razonables, que determinen tal o cual comportamiento, declaración, etc. Lo que buscamos es, a priori descalificar, acusar y demostrar nuestra hipótesis previamente establecida. Ay que admitirlo, la mayoría así lo hacemos. Y no estoy ¿segura si uno deba sentirse culpable por hacerlo sí; porque si así fuera, uf, medio mundo de los analistas políticos mexicanos y del mundo –si no es que la totalidad de ellos- deberían estar instalados en el mea culpa. Será que como me dijo un maestro en la Universidad, “objetivas, mi niña, las llamadas ciencias exactas (física, química etc.) y eso con sus limitantes. Pero en el área social y humanista, no hay ni objetividad, ni exactitud; no hay ni un sola visión o verdad; las hay tantas, como distintas percepciones, miradas, posiciones y pensamientos existen.


Así que, por si no se había notado, lo digo y lo asumo: no soy, ni me pretendo, alguien muy objetiva. Soy sesgada, desde lo que considero que es normal que lo sea (preferencias fílmicas, literarias, musicales, pictóricas, etc.), hasta cuando escucho, leo, intento comprender/analizar, lo que dicen los personajes públicos, sean políticos, periodistas, escritores, deportistas o directores de cine; ya ni se diga, cuando veo y escucho a los conductores de radio y TV, quienes, ni falta hace decirlo, son súper sesgados. Ni hablar. Esta soy yo y así es como soy.



mayo 25, 2008

Huir de mí

"¿Pero, no basta que tú seas la apariencia,
Para regocijar un corazón que rehuye la verdad?
¿Qué importa tu torpeza o tu indiferencia?
Máscara o adorno, ¡salud! Yo adoro tu beldad."
[Charle Baudelaire, l'amour du mensonge /fragmento]


hay días, en que me gusta ser como y quien soy... pero hay otros, en que casi me detesto por ser como soy. en esos días, me gustaría ser otra; no sé si mejor o peor, solo distinta; en esos ratos, o días enteros, me gustaría huir de mí, de esa que soy y que me cuesta dejar de ser.

porque soy berrinchuda, respondona, irreverente y políticamente incorrecta; y aunque eso me enorgullece, estoy consciente que a nivel profesional ha actuado más en mi contra que a mi favor. en el mundo de ingenieros machos en el que me desenvuelvo, a los jefes no le hacen muy felices las colaboradores femeninas, pero si las tienen, su ideal son aquellas mujercitas sumisas, dóciles; casi el nauseabundo arquetípico de la “calladita se ve más bonita”. y yo soy todo lo contrario, por supuesto que trabajo duro y reviso convenios, corrijo anexos técnicos o elaboro informes y evaluaciones de resultados, que son casi un milagro (no por geniales, sino porque no hay muchos avances reales que reportar); aguanto estoicamente eternas reuniones, generalmente inservibles; o la vocación viajante del director general de mi institución, que se traduce en ene tarjetas informativas. eso y más aguanto en mi lugar de trabajo, pero ni modo que no diga nada cuando algo no me parece. y a mi jefe eso no le gusta, pues él ha hecho de la prudencia una especie de mandamiento personal, aguanta de todo, hace el trabajo de su jefe y el de otros inútiles pero bien posicionados funcionarios; todo lo hace y sin chistar... con la ayuda de nosotros, sus subalternos. pero que él sea tan agachón –como decimos en mi pueblo- no significa que yo tenga que ser igual... y ahí es donde vienen los enfrentamientos.

y luego están mis inútiles preocupaciones por cosas que no tienen solución. en verdad desearía ser igual a la mayoría de las personas que rodean y dejar de emberrincharme cada que abro un periódico, o veo –casi nunca, he de admitirlo- un fragmento noticioso televisivo. dejar de inquietarme por lo que pasa en nuestro país. y cuando me siento así –más a menudo de lo que yo quisiera-, cual un conjuro, me repito una y otra vez: ¿Chuyita qué carajos ganas preocupándote porque FECAL dice no querer privatizar PEMEX, cuando en realidad eso es lo que busca? ¿de qué te sirve enfurecer porque en México la impunidad es la marca de la casa; o porque un saldo de 4000 muertos (hasta el martes pasado), para el presidente y sus achichincles es una innegable muestra de que el gobierno federal va ganando la goliza contra el narco (Mouriño, dixit)? ¿qué ganas? nada, lo sé. no gano nada, si acaso buscarme una gastritis.

de verdad que hay ocasiones en que me gustaría ser mas despreocupada, vivir así como en el limbo, no pensar, no cuestionarme, no angustiarme, solo dejarme ir, no hacer tangos -como dice mi amiga bloguerra Jolie-. transformarme en otra, solo con cambiar de ropaje y mudarme a un lugar tan lejano y distinto, en el que todo me resulte ajeno y lo único que me importe sea degustar un buen tinto, mientras veo el mar perderse en el infinito.

hay días así, en que solo desearía huir de mí, mirar tus ojos y perderme en ellos...


UP DATE: El melange de la Marichuy, ahora también en Wordpress:

Huir de mí « Melange-marichuy Weblog





mayo 12, 2008

Astérix, Obélix e Idéfix... y yo



















Acúsome de haberle sacado en el último instante; originalmente había empezado un post sobre el suicidio, un tema que traigo atorado hace tiempo, pues siempre me ha parecido tan interesante como perturbador. Pero no. Hoy mi ánimo de por sí ya anda un poco alicaído y escribir sobre el suicidio, los clubes japoneses del suicidio y demás datos duros, podía enturbiármelo aún más. Mejor otra día.

Hoy opto por algo ligero, sin dejar de reflejar el ánimo que me cargo; opto por hablar de cuánto me hace falta el tiempo cuando creía en las fábulas y en los héroes salvadores.

Hay días como hoy, cuando uno se siente absolutamente Sin aliento -; así, como falto de ánimo para hacer nada. En días así, sería maravilloso poder tener un druida –personal; un ser con poderes sobrehumanos. Un sabio como Panoramix – , capaz preparar pociones mágicas .. cualquier impasse, cualquier síntoma de desaliento.


Pero no. 2008 NO es el año 50 AC. Esta Ciudad no es la Galia - .. Ya no hay sabios como Panoramix – , porque para empezar ya nadie cree ni en los sabios, mucho menos en las pociones mágicas. Aquí no vive un Astérix - capaz de armar estrategias, ser guía o dar consejos sobre que hacer y hacia donde dirigirnos. En este siglo de hombres provistos de bíceps, triceps, cutriceps siempre a punto de estallar, ya no rifan los compañeros valientes, nobles, alegres como Obélix – cuya fortaleza física sobrehumana y al mismo tiempo profundamente humana que no precisa de esteroides ni anabólicos, es suficiente para defendernos ante cualquier acecho. Ah... y tampoco se escuchan los alegres ladridos del fiel Idéafix - .




Así que solo queda hacer de tripas corazón, esta es la realidad, la única que tenemos; ya ni siquiera persiste la ilusión de salir volando en una alfombra mágica que nos lleve hacia sitios idílicos. Porque, para empezar, las alfombras mágicas ya no tienen cabida en esta época de aviones ultramodernos; porque aquella ensoñadora contadora de historias, la mítica Schehrazada de las mil y una noches – se perdió en el olvido, y porque para terminar, así como las alfombras mágicas, los ensoñadores mundos idílicos, ya no tienen cabida en esta cruda, pura y dura realidad.





mayo 01, 2008

Hombres sin adjetivos, ni corsé

A veces hay justicia, es cierto que esta tarda en llegar, pero de vez en cuando se hace presente, aunque sea para algo tan light como el tema de este post.

Hubo un tiempo en que los hombres eran solo hombres sin adjetivos. Y hubo un tiempo en que la moda y la dictablanda de la belleza se ceñían casi exclusivamente sobre las mujeres. Los mercadólogos y diseñadores iban dictando el look que debían adoptar las mujeres: que si el cabello rizado, que si lo in es alaciado, que si con reflejos dorados o cobrizos; que si la crema para la piel reseca, mixta, grasosa, normal; que si para atenuar, prevenir o disimular las arrugas, o para aparentar un bronceado, y así un largo etcétera de productos de belleza y de moditas pasajeras, nada baratos, destinados a alimentar nuestro ego, baja autoestima e inseguridad... así como para agujerar nuestro bolsillo.

Pero todo evoluciona y el tema dejó de ser exclusivamente femenino. Por fin los hombres pudieron liberarse del corsé de la masculinidad exacerbada; esa que calificaba como un atentado a su hombría el uso de cremas para el sol, o la depilación, o el andar demasiado arregladitos. Un buen día los hombres se volvieron consumistas de productos de belleza y adictos a la moda. A esos hombres, que lo mismo se daban una “manita de gato” (ya sea barnizándose las uñas, tiñéndose el pelo -aquí no entran los punks-, o untándose cremas contra las arrugas faciales; que se preocupaban, a veces hasta el exceso, por los dictados de la moda), que no tenían complejos en mostrar su lado femenino, o su hasta entonces acallada pasión por mirarse en el espejo, se les llamó Metrosexuales- - ¿recuerdan? y hasta se establecieron listas con los más in de la metrosexualidad.

Pero un buen día, por obra y gracia de los mercadólogos, también los metrosexuales pasaron de moda. Quizá en un acto de realismo, los dictadores de las modas asumieron que no a todas las mujeres nos gustan los hombres que se preocupan más por su apariencia, que por sus sentires, pensares y decires. Y decidieron que ahora lo in serían los hombres que, sin descuidar su apariencia, se centraran en áreas más importantes, se mostraran sensibles a los problemas sociales, fuesen inteligentes; en pocas palabras, que estuviesen interesados en algo más trascendental que su corte de pelo y el color de su corbata. El nuevo modelito a seguir serían los Übersexuales - y claro, también se establecieron prototipos de tal “nuevo hombre”. De tal suerte que si el metrosexual por excelencia era el futbolista inglés David Beckham, el übersexual top sería Bono - , líder de la banda irlandesa U2 - .

Eso a principios de 2006. Ahora mismo desconozco si los übersexuales sigan de moda; porque además, hay otra especie muy en boga: los tecnosexuales -. Esos son los hombres adictos a los Gadgets - de todo tipo: aparatos de música, teléfonos, iPods - , computadoras, cámaras fotográficas y de video, etc. Y no tienen empacho en gastar casi todo su salario en la adquisición de tales adminículos... los necesiten o no; la cosa es estar in y no sufrir la vergüenza de andar por la vida con un aparatito démode.


Ah, y ahora hay otro grupito, conocido con el nombre de ¡!: LA GENERACIÓN NEXT; es decir, la de aquellos jóvenes que son excesivamente consumistas y superficiales; que, se preocupan hasta la adicción de estar al tanto de la salida al mercado del next model, de trapos, de gadgets, de todo; para poder salir corriendo a comprarlo y no quedarse out. Porque ellos son la generación que sigue, la que viene, la que ya está aquí...




























No se que sea mejor o peor, si la adicción masculina a los productos de belleza y a la moda, o la de los gadgets; lo que si tengo claro que a mi me gustan los hombres-hombres. Hombres sin adjetivos de metrosexual, ubersexual, o
retrosexual - . O sea, UN HOMBRE, nada más que sea inteligente, sensible y con sentido del humor; y al que le interese algo más que el sexo y el futbol. Peo creo que en la actualidad, esos son más difíciles de encontrar. Ah, no importa el físico, ahora que si se parece al de aquí arriba [ Olivier Martinez - ], no seré yo quien contravenga los designios superiores.



abril 13, 2008

De outsiders y cosas peores






El outsider, el que está fuera de la sociedad. Outsiders los ha habido y los habrá. Outsiders como el cineasta Gus Van Sant, quien básicamente se ha desarrollado al margen del mainstream hollywoodense y de quien ahora se exhibe su más reciente film, una historia de adolescentes ousiders. Paranoid Park (2007) - Película de apenas 90 minutos y un costo bajísimo para el espectro gringo, tres millones de devaluados dólares financiados mayoritariamente con capital francés. Film que presenta con sensibilidad y a la vez sobriedad, la historia de Alex un adolescente hijo de familia disfuncional, quien por miedo ocasiona la muerte accidental de un guardavías gringo. Alex enfrentará en soledad un dilema, tomará decisiones, se cuestionará y asumirá, a su modo, las consecuencias de esas decisiones. El film se vale de un manejo espléndido de la cámara de Christopher Doyle, para mostrar la evasión, vía el viaje a bordo de la patineta, de los jóvenes outsiders del american dream. A través de sus soliloquios, Alex outsider dentro de los outsiders, se auto-reconforta de sus propias miserias familiares diciéndose “por jodida que esté tu familia, esos chavos –los outsiders que conforman el mundo del Paraoid Park- siempre estarán peor que tu”. Aquí una reseña del film La Muestra - La Jornada -

Y Outsiders como yo, que viviendo integrada a la sociedad, en algún momento de mi vida me he sentido outsider; por ejemplo al leer la perla declarativa del máximo jefe de la CNDH [La mujer, sin derecho sobre el hijo en su ser: Soberanes], declaración nada extraña en alguien como Ratzinger pero chocante proviniendo de quien se supone es un funcionario laico y máximo “defensor” de los derechos humanos; si esa contundencia la aplicara, por ejemplo, al asunto de los curas pederastas... pero supongo que su fundamentalismo católico –dicen que es miembro del Opus dei- le impide tal apreciación.


Y no debería extrañar sentirse outsider, en un país experto en generar outsiders; basta con escuchar a nuestros gobernantes hacer promesas de quimeras paradisíacas, para sentirse absolutamente outsider. Aunque ya pronto dejaremos de ser un país outsider. Nomás que se privatice por completo PEMEX, este país pasará, por arte de magia de los empresarios petrolíferos españoles, holandeses y gringos, a ser un país de primer mundo... dentro del primer mundo. ¡Que nos durará Suiza carajo! con ese paradisíaco futuro que nos espera –algo así como la versión panista de la administración de la abundancia lopezportillista. Y así, ya merito todos podremos brindar con Dom Pérignon y pasear por Venecia, como quien se toma una cerveza mientras pasea en una trajinera en Xochimilco... A ese paso, en un descuido les compramos a los gringos el territorio que Antonio López de Santana les malbarató en el siglo XIX; así el mapita con que se anuncia el Vodka Absolut podría ser algo más que una original publicidad....que incomoda a los hipócritas gringos, quienes ya la boicotean. Ni aguantan nada, es como si los mexicanos boicoteáramos todos los productos españoles que llegan al mercado nacional... nomás porque tenemos al gallego-madrileño Juan Camilo Mouriño fungiendo como Secretario de Gobernación -en plena vendimia de PEMEX, para llevar agua a su molino de business-, y continuando la "bonita tradición" de cambiar espejitos (la promesa del paraíso que México será) por oro... negro.