
Acúsome de haberle sacado en el último instante; originalmente había empezado un post sobre el suicidio, un tema que traigo atorado hace tiempo, pues siempre me ha parecido tan interesante como perturbador. Pero no. Hoy mi ánimo de por sí ya anda un poco alicaído y escribir sobre el suicidio, los clubes japoneses del suicidio y demás datos duros, podía enturbiármelo aún más. Mejor otra día.
Hoy opto por algo ligero, sin dejar de reflejar el ánimo que me cargo; opto por hablar de cuánto me hace falta el tiempo cuando creía en las fábulas y en los héroes salvadores.
Hay días como hoy, cuando uno se siente absolutamente Sin aliento -; así, como falto de ánimo para hacer nada. En días así, sería maravilloso poder tener un druida –personal; un ser con poderes sobrehumanos. Un sabio como Panoramix – , capaz preparar pociones mágicas .. cualquier impasse, cualquier síntoma de desaliento.
Pero no. 2008 NO es el año 50 AC. Esta Ciudad no es la Galia - .. Ya no hay sabios como Panoramix – , porque para empezar ya nadie cree ni en los sabios, mucho menos en las pociones mágicas. Aquí no vive un Astérix - capaz de armar estrategias, ser guía o dar consejos sobre que hacer y hacia donde dirigirnos. En este siglo de hombres provistos de bíceps, triceps, cutriceps siempre a punto de estallar, ya no rifan los compañeros valientes, nobles, alegres como Obélix – cuya fortaleza física sobrehumana y al mismo tiempo profundamente humana que no precisa de esteroides ni anabólicos, es suficiente para defendernos ante cualquier acecho. Ah... y tampoco se escuchan los alegres ladridos del fiel Idéafix - .
Así que solo queda hacer de tripas corazón, esta es la realidad, la única que tenemos; ya ni siquiera persiste la ilusión de salir volando en una alfombra mágica que nos lleve hacia sitios idílicos. Porque, para empezar, las alfombras mágicas ya no tienen cabida en esta época de aviones ultramodernos; porque aquella ensoñadora contadora de historias, la mítica Schehrazada de las mil y una noches – se perdió en el olvido, y porque para terminar, así como las alfombras mágicas, los ensoñadores mundos idílicos, ya no tienen cabida en esta cruda, pura y dura realidad.