escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

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diciembre 17, 2009

dale de comer al gato


Pie de foto imaginado por mí, que adoro a los gatos (de preferencia cartujos):

Se conocieron un día cualquiera en una calle sin nombre; se miraron a los ojos y creyeron hallarse cada uno en la mirada del otro. Pensaron estar muy enamorados... juraron amarse eternamente, vivir juntos y felices por siempre. Tenían todo para lograrlo... hasta la casa de sus sueños (gato no-cartujo incluido), sólo que olvidaron considerar un pequeño detalle (no la maledicencia de los días o el peso de la monotonía)... el futbol...



agosto 13, 2009

hombres, hombres, hombres...

Parafraseando a Rick e Ilsa: la economía se derrumba y nosotros nos enamoramos... del futbol.


Hombres, hombres, hombres... los hombres que manejan las Cuentas Nacionales están muy preocupados; parece que ahora si va en serio la catástrofe, así que mejor dejarse de simulaciones y confirmarnos lo que ya todos sabíamos desde hace meses: la economía mexicana está en terapia intensiva, presa de un grave estado de shock de pronóstico reservado.


Pero a quién le importa semejante nimiedad, cuando ayer la patria mexica se jugaba la honra en un partido de futbol? Los ratoncitos verdes, como “cariñosamente” llama el público aficionado a los integrantes de la oncena tricolor, enfrentaban nada más y nada menos que al equipo estadounidense. Dice el escritor Juan Villoro que los mexicanos tenemos una memoria de corto plazo muy débil; estamos acostumbrados a olvidar los compromisos adquiridos el día anterior. En contrapartida, ningún agravio tiene fecha de caducidad para nosotros y aún no olvidamos que los gringos se quedaron con la mitad del territorio mexicano y no conformes con semejante ultraje, tuvieron el pésimo gusto de burlarse de nosotros devolviéndonos El Chamizal. Es por ello que jugar al futbol contra el equipo estadounidense, adquiere una dimensión especial, convirtiéndose en punto menos que asunto de Soberanía Nacional -así andarán de devaluadas y extraviadas la Patria y la Soberanía Nacional... para que su honra se dirima en una cancha de futbol.


Reza la creencia popular que a las mujeres –a la gran mayoría- no nos gusta el futbol. Para ser precisos, que ni nos gusta ni le entendemos y ni nos interesa llegar a hacerlo. Aún así y no pocas veces contra nuestra voluntad, muchas de nosotras hemos tenido cercanía con él y hasta padecido a algún aficionado de hueso colorado en casa. No obstante esto e independientemente de nuestra condición sexual, si uno quiere desmarcarse de las masas, nada como decir a los cuatro vientos que odia al futbol porque es cosa de nacos, una estupidez, el opio del pueblo, etc. Personalmente, el futbol no me molestaría de no ser por los cronistas de TV y Radio, cuyos alaridos me resultan francamente insufribles. Pero creo que manteniéndome alejada de la TV y la Radio (y las ventanas que dan a la casa de mi vecino fanático) en días de futbol, puedo vivir a salvo de escandaleras futbolísticas… excepto cuando la honra de la Patria está en juego. En ocasiones así, resulta casi imposible mantenerse al margen; por todos lados aparecen radios y televisores portátiles y aunque uno no pregunte, no falta quien, ya sea en el elevador de la oficina o el pasillo del supermercado, comedidamente le informe cómo va el encuentro futbolístico.

Trabajo en una institución donde el personal adscrito está integrado mayoritariamente por hombres y ayer, como nunca, esa presencia lució apabullante. Tal parecía que sólo había empleados masculinos... todos aficionados al futbol. De tal suerte que a eso de las cuatro de la tarde, salvo otra compañera -Paty- y la que esto escribe, no había nadie en el área común, pues la Gerencia, casi en pleno, estaba reunida en la oficina del Gerente viendo el partido México-USA. Y en lo que quiero suponer fue un gesto de cortesía -debieron creer que a Paty y a mí nos interesaría mucho saber cómo se desenvolvía el encuentro- subieron el volumen de la TV al máximo nivel para que desde fuera se pudiesen escuchar con total claridad los pormenores del encuentro y como si ello no fuera suficiente, los hombres ahí reunidos decidieron dar rienda suelta a sus emociones gritando con tantas ganas, que opacaban a los escandalosos cronistas del canal de las estrellas. Su ansiedad parecía desbordada: ejerciendo de coaching de los jugadores mexicanos, les decían por dónde moverse, a quien pasar el balón, en cual ángulo debían meterlo, soltándoles una que otra palabrota cuando consideraban que sus indicaciones no eran atendidas. Por un momento llegué pensar que el marcador sería tan apabullante como la presencia masculina ahí concentrada, pues la euforia y los gritos emocionados crecíen en intensidad a media que el partido avanzaba, cual si festejasen un gol tras otro.

Si los gritos, adrenalina y ansiedades desplegadas por esos hombres, hubiesen sido proporcionales a los tantos marcados, los gringos se habrían ido del estadio Azteca con una media docena de goles en su portería... cuando menos. Pero no fue así. Mucho ruido y pocas nueces; aunque si las suficientes para que la honra de la Patria no fuera nuevamente mancillada por los jugadores estadounidenses (ya con lo que Obama vino a decirnos, tenemos suficiente).

Y con la honra nacional a salvo ¿a quién le interesará la suerte que corra la paciente internada en terapia intensiva?



mayo 01, 2008

Hombres sin adjetivos, ni corsé

A veces hay justicia, es cierto que esta tarda en llegar, pero de vez en cuando se hace presente, aunque sea para algo tan light como el tema de este post.

Hubo un tiempo en que los hombres eran solo hombres sin adjetivos. Y hubo un tiempo en que la moda y la dictablanda de la belleza se ceñían casi exclusivamente sobre las mujeres. Los mercadólogos y diseñadores iban dictando el look que debían adoptar las mujeres: que si el cabello rizado, que si lo in es alaciado, que si con reflejos dorados o cobrizos; que si la crema para la piel reseca, mixta, grasosa, normal; que si para atenuar, prevenir o disimular las arrugas, o para aparentar un bronceado, y así un largo etcétera de productos de belleza y de moditas pasajeras, nada baratos, destinados a alimentar nuestro ego, baja autoestima e inseguridad... así como para agujerar nuestro bolsillo.

Pero todo evoluciona y el tema dejó de ser exclusivamente femenino. Por fin los hombres pudieron liberarse del corsé de la masculinidad exacerbada; esa que calificaba como un atentado a su hombría el uso de cremas para el sol, o la depilación, o el andar demasiado arregladitos. Un buen día los hombres se volvieron consumistas de productos de belleza y adictos a la moda. A esos hombres, que lo mismo se daban una “manita de gato” (ya sea barnizándose las uñas, tiñéndose el pelo -aquí no entran los punks-, o untándose cremas contra las arrugas faciales; que se preocupaban, a veces hasta el exceso, por los dictados de la moda), que no tenían complejos en mostrar su lado femenino, o su hasta entonces acallada pasión por mirarse en el espejo, se les llamó Metrosexuales- - ¿recuerdan? y hasta se establecieron listas con los más in de la metrosexualidad.

Pero un buen día, por obra y gracia de los mercadólogos, también los metrosexuales pasaron de moda. Quizá en un acto de realismo, los dictadores de las modas asumieron que no a todas las mujeres nos gustan los hombres que se preocupan más por su apariencia, que por sus sentires, pensares y decires. Y decidieron que ahora lo in serían los hombres que, sin descuidar su apariencia, se centraran en áreas más importantes, se mostraran sensibles a los problemas sociales, fuesen inteligentes; en pocas palabras, que estuviesen interesados en algo más trascendental que su corte de pelo y el color de su corbata. El nuevo modelito a seguir serían los Übersexuales - y claro, también se establecieron prototipos de tal “nuevo hombre”. De tal suerte que si el metrosexual por excelencia era el futbolista inglés David Beckham, el übersexual top sería Bono - , líder de la banda irlandesa U2 - .

Eso a principios de 2006. Ahora mismo desconozco si los übersexuales sigan de moda; porque además, hay otra especie muy en boga: los tecnosexuales -. Esos son los hombres adictos a los Gadgets - de todo tipo: aparatos de música, teléfonos, iPods - , computadoras, cámaras fotográficas y de video, etc. Y no tienen empacho en gastar casi todo su salario en la adquisición de tales adminículos... los necesiten o no; la cosa es estar in y no sufrir la vergüenza de andar por la vida con un aparatito démode.


Ah, y ahora hay otro grupito, conocido con el nombre de ¡!: LA GENERACIÓN NEXT; es decir, la de aquellos jóvenes que son excesivamente consumistas y superficiales; que, se preocupan hasta la adicción de estar al tanto de la salida al mercado del next model, de trapos, de gadgets, de todo; para poder salir corriendo a comprarlo y no quedarse out. Porque ellos son la generación que sigue, la que viene, la que ya está aquí...




























No se que sea mejor o peor, si la adicción masculina a los productos de belleza y a la moda, o la de los gadgets; lo que si tengo claro que a mi me gustan los hombres-hombres. Hombres sin adjetivos de metrosexual, ubersexual, o
retrosexual - . O sea, UN HOMBRE, nada más que sea inteligente, sensible y con sentido del humor; y al que le interese algo más que el sexo y el futbol. Peo creo que en la actualidad, esos son más difíciles de encontrar. Ah, no importa el físico, ahora que si se parece al de aquí arriba [ Olivier Martinez - ], no seré yo quien contravenga los designios superiores.