escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

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marzo 28, 2010

penitencia sin pecar

La Semana Santa, decía mi abuela, son días de meditación y recogimiento. Pero para mí, que a esa edad no era muy dada a meditar, sólo eran días de encierro y grandes silencios. Nosotras nos quedábamos en la ciudad, mientras la mayoría de los vecinos y parientes cercanos abandonaban la ciudad en busca de sol, playa y apretujones. Las principales avenidas de la Ciudad de México quedaban semi-desiertas; no se escuchaban los gritos de los niños jugando en la calle; el cartero no llamaba a la puerta (ni una ni dos veces) para dejar correspondencia; no se escuchaba música salir de la radio, no veíamos televisión; no había nadie con quien hablar. Y así, sin risas ni ruidos de ningún tipo, el ambiente, en efecto, era propicio para la meditación y el recogimiento... o el aburrimiento. La abuela siempre fue poco dada a ir de vistas  (incluida la de las siete casas acostumbrada el jueves santo); ella prefería pasar esos días en casa leyendo, orando en silencio y tejiendo. No más. La única frivolidad que se, y me, permitía, era ver las películas y mini-series que la TV mexicana acostumbra, hasta la fecha, transmitir en esos días: Los diez mandamientos et. al. Y con esa casi obligación, lo que ni la prohibición de escuchar música, salir a jugar o ver caricaturas lograban... lo conseguía la propia TV: hacerme sentir en pago de algún ignoto pecado. En mi infancia, mi idea de penitencia era justamente esa: ver a Moisés (Charlton Heston) intentando salvar a su pueblo de la esclavitud y pasar penurias en pos de los diez mandamientos divinos... Uff, creo que nunca llegué a ver el ending del film, invariablemente, y sin hacer ningún tipo de ruido que rompiera la atmósfera de recogimiento, antes de que el desenlace llegara... yo me quedaba profundamente dormida.

Y hoy, a un tris de la Semana Santa, al ver este segmento del film Der Name der Rose me acordé de aquellos días silenciosos y casi enclaustrados de mi infancia, en los cuales, a mi precario entender, cualquier pecado que hubiera yo cometido quedaba redimido con semejante penitencia: aguantar en silencio esos -para mí- soporíferos filmes.

Jorge contra la risa

"Huye, Adso, de los profetas y de los que están dispuestos a morir por la verdad, porque suelen provocar también la muerte de muchos otros, a menudo antes que la propia, y a veces en lugar de la propia. Jorge ha realizado una obra diabólica, porque era tal la lujuria con que amaba su verdad, que se atrevió a todo para destruir la mentira. Tenía miedo del segundo libro de Aristóteles, porque tal vez éste enseñase realmente a deformar el rostro de toda verdad, para que no nos convirtiésemos en esclavos de nuestros fantasmas. Quizá la tarea del que ama a los hombres consista en lograr que éstos se rían de la verdad, lograr que la verdad ría, porque la única verdad consiste en aprender a liberamos de la insana pasión por la verdad" Umberto Eco, El nombre de la rosa. Ed. Lumen pp 394  

"Me internaré deprisa en ese desierto vastísimo, perfectamente llano e inconmensurable, donde el corazón piadoso sucumbe colmado de beatitud. Me hundiré en la tiniebla divina, en un silencio mudo y en una unión inefable, y en ese hundimiento se perderá toda igualdad y toda desigualdad, y en ese abismo mi espíritu se perderá a sí mismo, y ya no conocerá lo igual ni lo desigual, ni ninguna otra cosa: y se olvidarán todas las diferencias, estaré en el fundamento simple, en el desierto silencioso donde nunca ha existido la diversidad, en la intimidad donde nadie se encuentra en su propio sitio. Caeré en la divinidad silenciosa y deshabitada donde no hay obra ni imagen" Umberto Eco. El nombre de la rosa. Ed Lumen pp 400



Fotografía: Dora Maar. Le simulateur (1936) Collection of the Sack Photographic Trust
© Artists Rights Society (ARS), New York / ADAGP, Paris
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octubre 26, 2009

quién lo diría...

"El sexo es una trampa de la naturaleza para no extinguirse" Friedrich Wilhelm Nietzsche

Quién me lo iba a decir a mí? He vivido en el error... en esto y en otros muchos aspectos importantes de la vida, esto lo doy por descontado. Ahora vengo a caer en cuenta que los preceptos relacionados con el amor carnal, con el acto sexual, promovidos y defendidos a capa y espada -en pleno Siglo XXI- por el Vaticano, los cuales son seguidos a pie juntillas por el sacrosanto Episcopado Mexicano y, but of course, las autoridades educativas panistas de este país [muy en especial las guanajuatenses, capaces de sublimaciones tales como "El único medio garantizado al 100% para evitar el Sida y otras enfermedades de transmisión sexual es esperar hasta el matrimonio" "Para muchas personas, la virginidad es un tesoro que desean entregar a la persona más importante de su vida" y mi favorita, merced a la complejidad de su estructura filosófica: "La abstinencia y la fidelidad son acciones con efectos colaterales enormemente positivos en la reducción de embarazos no deseados y el aborto"], tienen todo... menos una esencia retrógrada. Y yo, oh blasfema de mí!, que hasta de permanecer enquistados en el Medioevo los he acusado, cuando en realidad... parecen haber abrevado en la filosofía (claro, interpretándola a su muy sabio entender) del gran Friedrich Nietzche. 

¿Habré de hacer penitencia por este pecado de pensamiento, palabra y omisión?

"Cuerpos tendidos, cuerpos
infinitos, concretos, olvidados del frío
que los irá inundando, colmando poco a poco.

Cuerpos dorados, brazos, anudada tibieza
olvidando la sombra ahora estremecida,
detenida, expectante, pronta para emerger
que escuda la piel ciega.

Olvidados también los huesos blancos
que afirman que no es un sueño cada vida,
más fieles a la forma que la piel,
que la sangre, volubles, momentáneas.

Cuerpos tendidos, cuerpos
sometidos, felices, concretos,
infinitos..."    
[Tarde. Idea Vilariño, poeta uruguaya]
       

imagen: Frontiere Mexique-Etats Unis, por Antoine D'Agata
1999 Villa Médicis hors-les-murs, AFAA


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enero 31, 2009

di no a las drogas

Seguro ya lo saben; pero igual lo comento. Para no variar, la Santa Madre Iglesia Católica Apostólica y Romana, siempre al pendiente de nuestra buena conducta y al cuidado de nuestra moral, considera que masturbarse, no solo es un pecado sino que además, puede convertirse en un vicio adictivo... equiparable al de cualquier droga. Aquí una perlita del pensamiento católico... virtual (desde el sito Catholic.net -):
masturbarse es un pecado y un vicio adictivo, como una droga


Y aquí un divertido video, sobre las vicisitudes de este placer tan pecaminoso y adictivo


Bueno, ahora solo faltaría que la DEA de la masturbación establezca una prueba antidoping, para determinar nuestro grado de adicción... e intoxicación, en materia de este placer solitario.

marzo 23, 2008

Será un placer culposo?










Debería sentirme culpable?

Me pegunto debería sentirme culpable por ciertos gustos o disgustos fílmicos. No lo sé. Quizá, más que culpable, debería sentirme un tanto aliviada de poder decirlo aquí y de paso afirmar que el disfrute de estos filmes me sirve, entre otras cosas, para dar rienda suelta a algunos de mis instintos socialmente inconvenientes.


Dobermann (1997)- Todo en ella apunta a la descalificación: es hiperviolenta, escatológica, políticamente incorrecta, atrevida, irreverente. Tiene un guión casi basura en el que se que muestra como unos criminales asaltabancos (liderados por un Vincent Cassel más perverso y desorbitado que nunca) sucios y pervertidos, van por la ciudad desafiando a las leyes y poniendo en ridículo a la policía francesa. El duelo no radica en demostrar quien es peor entre el delincuente y el policía (Tchéky Karyo, mala leche a más no poder); sino en demostrar quien es más listo para dejar en el camino al otro. Y claro, entre asalto y asalto, entre persecución y persecución hay sexo (Monica Bellucci es la pareja de Vincent), travestismo y un sinfín de locuras más; todo sazonado con una poderosa banda sonora. Adoro esta película.


Swordfish (2001)- (Acceso autorizado) Argumentalmente es peor que Dobermann, pues se debate entre el proto-fascismo y la vindicación del terrorismo... siempre y cuando sea practicado por los gringos... para defender el “estilo de vida estadounidense; y para colmo, es moralina. La tesis esgrimida por el personaje estrella, John Travolta (Gabriel Shear) es: “por cada iglesia que un terrorista bombardee, nosotros bombardeamos diez; por cada turista estadounidense atacado, nosotros desaparecemos una ciudad entera. Haremos del terrorismo algo tan terrible, que los terroristas sentirán pavor de actuar y ningún gobierno enemigo querrá apoyarlos”. Me imagino que algo similar han de haber "razonado" Bush, Tony Blair y el Aznar cuando decidieron la invasión a Irak (bueno, decidió Bush, los otros dos solo fueron sus palafreneros, en especial el patético Aznar vangloriándose de "la entrada de España a las grandes ligas"). Aquí si no tengo redención, no hay nada que justifique mi gusto por semejante cosa... pero me gusta, en especial el Hugh Jackman como el súper haker Stanley Jobson que logra desfalcar a la banca mundial para que Gabrielito siga "protegiendo el estilo de vida estadounidense". Gustar de semejante cosa si que es un pecado... pero el australiano Jackman se ve guapetón con su aretito y los mohines de su boquita.

Les Rivières pourpres, (2000)- Seguramente los críticos especializados, lo primerito que se preguntaron -antes de hacer pomada este film- fue ¿que le pasó a Mathieu Kassovitz para que después de escribir y dirigir La Haine, (1995)-, viniera a salir con este thriller? Pues quien sabe que le pasó al novio d'Amélie Poulain-, lo cierto es que a mi este churrito francés, cuyo argumento de tan increíble, resulta irrisorio (eso si, muy bien filmado) me entretiene con ganas. En especial ver como mi guilty pleasure mayor (Vincent Cassel), después de darse de moquetes con unos neonazis, apenas se limpia la sangre y muy tranquilamente va a tomarse, de un solo trago, un vasito de bordeaux.



Y los placeres culposos tienen sus antípodas; muchos en realidad, pero ahorita me vienen a la mente solo estas dos películas veneradas por media humanidad, alabadas por la crítica especializada (sobre todo la primera) y multipremiadas, pero que yo nomás no aguanto... aunque para algo me sirven.

Forrest Gump (1994) Mi bomba de nembutal favorita. Cualquier noche de insomnio si corro con suerte y la programan en algún canal de cable, ya estuvo: bastan unos minutos de este multi-oscareado filme -calificado casi como obra maestra por la crítica especializada-, para que yo, cual efecto de un par de valiums (y sin los daños colaterales de éstos) vaya a dar derechito a los brazos de Morfeo. Mientras discurre esta eterna película yo dormito, duermo y a veces medio despierto, solo para constatar que el buen Forrest Gump (Tom Hanks, otro valium poderosísimo para mi) continúa corriendo y sin cambiar ni un ápice esa expresión de medio pasmado. Uf, a dormir se ha dicho.

Titanic (1997)- Y hablando de multi-oscareadas; pareciera que por cada cierta cantidad de millones de dólares metidos en taquilla, le dieron un oscarito; o sea, un montón que se ganó. Si en mis noches de insomnio no programan Forrest Gump, queda la esperanza de que pongan ésta y el efecto será más o menos similar; solo que aquí, cuando despierto de mi sueños intermitentes, el barco no acaba de inundarse o, si es más tarde (como la de Hanks, esta también es eterna), Leonardito Di Caprio no termina de ahogarse, esa última secuencia del film se hace tan eterna, que de pronto uno siente ganas de empujarle la cabecita para que de una vez se vaya al fondo del mar y este largo(larguísimo)metraje por fin se termine.