escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

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noviembre 17, 2008

cleopatra vuelve... como roquera

"Insolentes lictores nos tratarán como rameras. Miserables poetas cantarán, desafinando, nuestra historia. Mediocres comediantes llevarán a la escena nuestras fiestas de Alejandría. Se representará a Antonio borracho, y yo veré a algún jovenzuelo de voz chillona hacer de Cleopatray dar a mi grandeza la postura de una puta." (Shakespeare, Antonio y Cleopatra)

Se supone que la historia es el recuento de un conjunto de hechos realmente acontecidos, que nos permite comprender con mayor amplitud hechos posteriores. Pero también, se dice que la historia puede ser una sucesión de mitos más que de verdades y que al ser contada -casi siempre- por los vencedores, solo vemos las cosas desde una sola arista y por tanto, nada nos garantiza que ese recuento de hechos no esté plagado de prejuicios y hasta equívocos. A saber, uno siempre ha sentido un profundo respeto por los historiadores, aunque no necesariamente les crea todo... tal cual lo cuentan.

Para mi, si existe un personaje histórico femenino que haya alcanzado la categoría de mito personal ese es Cleopatra VII; la última reina del antiguo Egipto. Su historia "contada por los historiadores" está plagada de mitos, leyendas y de seguro, infinidad de falsedades; pero lejos de dañarla, me parece que eso ha contribuido a hacerla aún más atractiva. Esa mujer debió ser sumamente inteligente y cultísima -de alguna manera coadyuvó al engrandecimiento de la mítica Biblioteca de Alejandría, pues cuenta la leyenda que su amante Marco Antonio le obsequió 200,000 libros o documentos, para el incremento del acervo bibliotecario, que -se dice- hasta entonces contaba con 700,000 volúmenes [los hombres de hoy, ya casi no acostumbran regalarnos un libro... menos 200,000; eso nos pasa por no ser reinas, je]. Desde que tuve conocimiento de Cleopatra, no pude evitar sentir una gran atracción, tanta como curiosidad y tristeza, pensando -mi mente adolescente era tan cursi como la de hoy, solo que mucho más ingenua- en cómo había sido posible que una mujer tan inteligente y poderosa perdiera, ya no digamos el poder y el reinado, sino la cabeza... por culpa de algo como el amor. Dicen sus detractores que la reina egipcia fue una hábil manipuladora primero como amante de Julio César y luego de Marco Antonio. Yo en su favor creo que a éste último si lo amó en verdad. Y otra vez los detractores vienen a decirme que por su culpa el gran guerrero y estratega que fue Marco Antonio perdió el sentido del deber y la claridad de pensamiento... amén de su vida, claro. Buuuueno, pues ya nos tocaría que por una vez en la vida... un hombre antepusiera su corazón al deber; aunque esté mal, me gusta pensar que así fue. Cosa que no es cierta, desde luego y Octavio no me dejará mentir.

En fin que la historia no ha sido del todo justa u objetiva en torno a doña Cleopatra, aunque los historiadores digan que si. Pero eso sí, ella bien que ha dado motivo a novelas, poemas, obras de teatro, óperas y películas. Y entre los muchos libros eruditos que hay, yo me prendé de una novela histórica que de entrada no viene a presumir su objetividad, ni su rigor histórico, sino que se presenta sin tapujos como una amorosa y apasionada reivindicación a la Reina Cleopatra. Es básicamente la historia de un gran y trágico amor, con el trasfondo de los hechos históricos; y en esa historia, Cleopatra es algo más que la mujer come hombres, manipuladora y ambiciosa. El autor nos la presenta como una mujer de carne y hueso; inteligentísima, compleja y contradictoria; es la política inteligente y perspicaz, pero también, la mujer profundamente enamorada, habitante de un mundo algo hostil que quizá no la comprendió del todo. El libro se llama No digas que fue un sueño; su autor es un escritor catalán fallecido hace cinco años, llamado Terenci Moix... y me lo encontré hace ya tiempo, a ¡20 pesos mexicanos!, por ahí en un botadero de la librería Gandhi.

Ah... casi lo olvidaba: el titulo Cleopatra vuelve es porque Hollywood amenaza con un nuevo film sobre ella; un musical en donde la reina egipcia aparecerá medio roquera -ay Dios, nomás de imaginármelo casi quiero llorar. Aunque Catherine Zeta-Jones sea Cleopatra y para Marco Antonio se haya pensado en el guapísimo y super sexi actor australiano Hugh Jackman, o que el director sea Steven Soderbergh... no me late la cosa.

Por último, para que mi texto no parezca ser anti Marco Antonio, dejo un poema, un bellísimo canto, melancólico y conmovedor, del cual Terenci Moix tomó el título de su libro.
Cuando a medianoche se escuche
pasar una invisible comparsa
con música maravillosa y grandes voces,
tu suerte que declina, tus obras fracasadas
los planes de tu vida que resultaron errados
no llores vanamente.
Como un hombre preparado desde tiempo atrás,
como un valiente
di tu adiós a Alejandría, que se aleja.
No te engañes
No digas que fue un sueño.
No aceptes tan vanas esperanzas.
Como un hombre preparado desde tiempo atrás,
como un valiente
como corresponde a quien de tal ciudad fue digno
acércate con paso firme a la ventana,
y escucha con emoción -no con lamentos
ni ruegos de débiles- como último placer,
los sones, los maravillosos instrumentos de la
comparsa misteriosa
y di tu adiós a esa Alejandría
que pierdes para siempre.
Konstantin Kavafis, El dios abandona a Antonio

marzo 23, 2008

Será un placer culposo?










Debería sentirme culpable?

Me pegunto debería sentirme culpable por ciertos gustos o disgustos fílmicos. No lo sé. Quizá, más que culpable, debería sentirme un tanto aliviada de poder decirlo aquí y de paso afirmar que el disfrute de estos filmes me sirve, entre otras cosas, para dar rienda suelta a algunos de mis instintos socialmente inconvenientes.


Dobermann (1997)- Todo en ella apunta a la descalificación: es hiperviolenta, escatológica, políticamente incorrecta, atrevida, irreverente. Tiene un guión casi basura en el que se que muestra como unos criminales asaltabancos (liderados por un Vincent Cassel más perverso y desorbitado que nunca) sucios y pervertidos, van por la ciudad desafiando a las leyes y poniendo en ridículo a la policía francesa. El duelo no radica en demostrar quien es peor entre el delincuente y el policía (Tchéky Karyo, mala leche a más no poder); sino en demostrar quien es más listo para dejar en el camino al otro. Y claro, entre asalto y asalto, entre persecución y persecución hay sexo (Monica Bellucci es la pareja de Vincent), travestismo y un sinfín de locuras más; todo sazonado con una poderosa banda sonora. Adoro esta película.


Swordfish (2001)- (Acceso autorizado) Argumentalmente es peor que Dobermann, pues se debate entre el proto-fascismo y la vindicación del terrorismo... siempre y cuando sea practicado por los gringos... para defender el “estilo de vida estadounidense; y para colmo, es moralina. La tesis esgrimida por el personaje estrella, John Travolta (Gabriel Shear) es: “por cada iglesia que un terrorista bombardee, nosotros bombardeamos diez; por cada turista estadounidense atacado, nosotros desaparecemos una ciudad entera. Haremos del terrorismo algo tan terrible, que los terroristas sentirán pavor de actuar y ningún gobierno enemigo querrá apoyarlos”. Me imagino que algo similar han de haber "razonado" Bush, Tony Blair y el Aznar cuando decidieron la invasión a Irak (bueno, decidió Bush, los otros dos solo fueron sus palafreneros, en especial el patético Aznar vangloriándose de "la entrada de España a las grandes ligas"). Aquí si no tengo redención, no hay nada que justifique mi gusto por semejante cosa... pero me gusta, en especial el Hugh Jackman como el súper haker Stanley Jobson que logra desfalcar a la banca mundial para que Gabrielito siga "protegiendo el estilo de vida estadounidense". Gustar de semejante cosa si que es un pecado... pero el australiano Jackman se ve guapetón con su aretito y los mohines de su boquita.

Les Rivières pourpres, (2000)- Seguramente los críticos especializados, lo primerito que se preguntaron -antes de hacer pomada este film- fue ¿que le pasó a Mathieu Kassovitz para que después de escribir y dirigir La Haine, (1995)-, viniera a salir con este thriller? Pues quien sabe que le pasó al novio d'Amélie Poulain-, lo cierto es que a mi este churrito francés, cuyo argumento de tan increíble, resulta irrisorio (eso si, muy bien filmado) me entretiene con ganas. En especial ver como mi guilty pleasure mayor (Vincent Cassel), después de darse de moquetes con unos neonazis, apenas se limpia la sangre y muy tranquilamente va a tomarse, de un solo trago, un vasito de bordeaux.



Y los placeres culposos tienen sus antípodas; muchos en realidad, pero ahorita me vienen a la mente solo estas dos películas veneradas por media humanidad, alabadas por la crítica especializada (sobre todo la primera) y multipremiadas, pero que yo nomás no aguanto... aunque para algo me sirven.

Forrest Gump (1994) Mi bomba de nembutal favorita. Cualquier noche de insomnio si corro con suerte y la programan en algún canal de cable, ya estuvo: bastan unos minutos de este multi-oscareado filme -calificado casi como obra maestra por la crítica especializada-, para que yo, cual efecto de un par de valiums (y sin los daños colaterales de éstos) vaya a dar derechito a los brazos de Morfeo. Mientras discurre esta eterna película yo dormito, duermo y a veces medio despierto, solo para constatar que el buen Forrest Gump (Tom Hanks, otro valium poderosísimo para mi) continúa corriendo y sin cambiar ni un ápice esa expresión de medio pasmado. Uf, a dormir se ha dicho.

Titanic (1997)- Y hablando de multi-oscareadas; pareciera que por cada cierta cantidad de millones de dólares metidos en taquilla, le dieron un oscarito; o sea, un montón que se ganó. Si en mis noches de insomnio no programan Forrest Gump, queda la esperanza de que pongan ésta y el efecto será más o menos similar; solo que aquí, cuando despierto de mi sueños intermitentes, el barco no acaba de inundarse o, si es más tarde (como la de Hanks, esta también es eterna), Leonardito Di Caprio no termina de ahogarse, esa última secuencia del film se hace tan eterna, que de pronto uno siente ganas de empujarle la cabecita para que de una vez se vaya al fondo del mar y este largo(larguísimo)metraje por fin se termine.