escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

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octubre 08, 2008

Reciclando a Emma

"Madame Bovary c'est moi, d'après moi" [Gustave Flaubert]

Una lluviosa y nostálgica noche del mes de agosto del año pasado, so pretexto del 150 aniversario de la aparición de la novela de Gustave Flaubert, escribí una larga misiva a Emma Bovary [Carta de una incoforme a otra]. A saber cómo traería mi mélange emocional, pero esa carta debe ser uno de los textos más personales y espontáneos que he escrito para este blog -lo que de ninguna manera quiere decir que sea un gran texto, de hecho me parece que acusa una enorme cursilería. Hoy traigo a colación esa carta debido a que el día de mi cumpleaños recibí un e-mail de remitente desconocido [cuatro letras en mayúscula como en la abreviatura de alguna empresa y que no logro relacionar con el nombre de alguien conocido], un lacónico Hola Marichuy, seguido de una cita literaria integrada por el primer párrafo del prólogo a Madame Bovary, escrito por Víctor López Rache [al menos en la edición en español que yo tengo, porque hay varias versiones en nuestra lengua]. En verdad no imagino quien pudo enviarme esto; y no es que desde el lunes pasado esté yo quebrándome la cabeza tratando de adivinarlo, pero no deja de llamarme la atención pues el texto enviado es una interpretación del personaje de Emma en la cual, lejos de juzgarla, el escritor le procura una especie de reivindicación. Una mirada tan subjetiva como amorosa, me atrevería yo a decir. No sé cual sea el mensaje implícito en este mensaje, ni si el remitente ve en mi reflejos bovaryanos y por eso me envió esas líneas... no obstante, debo admitir que me gustan, pese a su candidez y cierta melosidad:
A Emma Bovary siempre la acompañó la inocencia en las decisiones que tomó para alcanzar la felicidad. Ella nunca abandonó su búsqueda. En algún lugar del mundo la felicidad debía germinar, como germina una planta oriunda de un sueño, que en tierra estéril prospera mal. Antes de iniciarse en batallas del amor, la imaginaba después de largos viajes a través de bosques bañados con arcoíris, lagos de azul profundo encantados con aleteos de pájaros, montañas de nieve iluminadas por lluvias de sol. Ignoraba que una de las desgracias del ser humano consiste en querer regresar al paraíso. Por fortuna nunca llegó ahí, pues habría sido derrotada dos veces: en el paraíso el erotismo es prohibido.
*Gustave Flaubert, Madame Bovary, Prólogo de Víctor López Rache, pág.5. Panorama Editorial, Colombia julio de 2000.

Es de suponer que los mensajes anónimos no deban contestarse, pero si ya sucumbí a la tentación de leerlo y transcribirlo para subirlo aquí, decidí de una vez completar el curioso affaire y contesté al anónimo remitente, mediante este poema que me atrevo a llamar bovariano, no por su evidente relación con la heroína de Flaubert, sino porque me parece un claro ejemplo del concepto bovarismo - con el cual se alude, desde el campo de la psicología, a la insatisfacción y la melancolía alimentadas por la literatura.
Buscando entre heroínas antiguas,
releyendo crudos y amargos diálogos de amor y de muerte,
entreteniendo la tarde de invierno con thé y viejos rencores adosados a un sueño,
así, entre mis libros de mujeres, te encuentro.

Vuelvo a encontrarte,
hoy que todas las batallas damos por perdidas,
porque hemos triunfado en lo que se puede,
hemos abandonado dices, satisfecho, el imposible.

Lo dices cada vez que tienes ocasión de encontrar mi sonrisa prevenida,
mis pocas palabras, mis oropeles de guerra.
Lo dices cuando me alucinas
en el sueño de las calles de París de este invierno de tu otoño.

El crudo dolor de existir, repites, parafraseando a Lacan.
Escribir consuela del dolor de existir,
protege de las tentaciones de Madame Bovary.
De transformarme en tu consuelo.
De transformarme en tu consuelo.
De que queden unas pocas páginas menos para la historia,
cuando otra vez nos amemos.
[Las Tentaciones de Madame Bovary
de Elina Wechsler]

agosto 27, 2007

Carta de una incoforme a otra

Querida Emma

Te escribo desde el año 2007, lo que significa que han pasado 150 años desde que viste la luz en abril de 1857; sin embargo, parece que no has envejecido y no has sido olvidada. Y esto lo he comprobado ahora que volví a tus páginas, después de tanto tiempo, lo cual además, me provocó deseos de escribirte y platicar contigo sobre el amor, los hombres y la felicidad, verdaderos motores de tu existencia. Quiero que sepas que una vez que terminé de releer tu historia y como hace años, me puse totalmente de tu lado. Sigo pensando que tú eres una de las más ingenuas, inocentes y, sobre todo, inconformes heroínas de la literatura universal; lo que más me gusta de ti es que no detentas una actitud culposa, sabes que no eres victimaria, que sólo respondes y te rebelas ante las circunstancias que te rodean.

Cuando te conocí, a mis 16 virginales años, compartía muchas de tus sublimadas y hasta cursis expectativas amorosas; a estas alturas de la vida –como seguramente te sucedió a ti y por ello decidiste tomar aquella letal dosis de arsénico- los desencantes de la vida me imposibilitan seguir suscribiendo tales ensoñaciones. Hoy las mujeres tenemos clarísimo que el amor suele ser sombrío y que los caballeros valientes dispuestos a rescatar a una joven dama ansiosa de amar, soñar y volar… solamente existen en las novelas o en el cine (lástima que estés en otra dimensión, te encantaría un film llamado La science des rêves –La ciencia del sueño-, en el que los sueños de amor se materializan y el caballero logra escapar con su dama en un caballo alado… hecho de tela rellena de algodón; ello, gracias a la mágica y desbordada imaginación de un paisano tuyo llamado Michel Gondry, un loco oficiante del invento de los Hermanos Lumière. Por cierto, lamento mucho que no conocieras el cine, te habrías aficionado al maravilloso mundo cinematográfico; aunque es posible que fuese contraproducente para tu romántica imaginación, creo que te habría permitido evadirte de la monótona y desmotivante realidad que vivías y créeme, de vez en vez los asideros fantasiosos resultan muy útiles para sobrellevar nuestra existencia).

Es cierto que el mundo que te tocó vivir se parece poco al actual, que los avances tecnológicos se suceden con tal velocidad, que nos rebasan. No obstante querida Emma, hay cosas que no han cambiado casi nada desde tus tiempos; o en todo caso, sólo han sufrido modificaciones en la apariencia, pero la esencia se mantiene casi igual.

Aunque no todas las mujeres lee la diversidad y cantidad de cosas que tú leías, hay muchas adeptas a las revistas femeninas, pero tus Corbeille y La Sylphe des Salons ahora se llaman Marie Claire, Vogue y Hola y en algunos casos -no todos, afortunadamente- los escritos de Victor Hugo, George Sand y Voltaire que solías leer, han sido sustituidos por los libros de Dan Brown. Por lo demás Emma, si bien se disimula, aún persisten la gazmoñería, doble moral, hipocresía y doble rasero con que la sociedad califica los actos de mujeres y hombres. La infidelidad masculina no se mira con la misma dureza con la que se ve la femenina; aún hay muchos que admiran y hasta envidian a un hombre que tiene una o dos amantes. A las mujeres no; mientras un adúltero es considerado un hombre listo por engañar a una o varias mujeres, una mujer adúltera es juzgada, adjetivándosele con un epíteto que pone de relieve “el carácter disoluto e inmoral” de su proceder, se le llama PUTA.

Lo que sí se ha modificado, afortunadamente, es la forma en que las mujeres vemos y conducimos nuestras vidas, hoy vamos a la universidad, trabajamos para mantenernos, en muchas cosas somos autosuficientes, por lo que ya NO abundan las que veamos en el matrimonio una salida, una solución.

En cuanto a los hombres, por supuesto que los hay semejantes al egoísta y cobarde Rodolphe; ese que no tuvo los suficientes arrestos para decirte de frente que no era capaz de escapar contigo porque eso trastocaba sus planes y prefirió comunicártelo por medio de una estereotipada misiva, siendo además, lo suficientemente cínico para lamentarse por tener que prescindir de tus fervores amorosos. No querida, los hombres no han cambiado; así que tampoco faltan los parecidos al miedoso e inconstante Lyon o a tu noble, pero anodino esposo Charles Bovary.

No obstante las fallas y cobardías de esos hombres y los errores que pudiste haber cometido, creo que el mayor equívoco fue esperar demasiado del amor, de la vida y sobre todo, de los hombres. Me da la impresión que elaboraste idílicos modelos imposibles de encajar en la realidad; como que confeccionaste le tailleur de un hombre perfecto: romántico, apasionado, intenso (esperabas que le sacara chispas a tu corazón); que tuviera todas las respuestas; que te guiara en el devenir de tu existencia, que te ensañara a amar y a gozar; que se atreviera a soñar contigo; que leyera tanto o más que tú. Y entonces con ese perfecto atuendo revestías a los hombres que te tocaron, pero sucedió que a todos les quedó grande le tailleur; muy grande, mi querida Emma. Y es esa la principal diferencia que veo entre tu época y la mía: que hoy día las mujeres ya no esperamos casi nada de los hombres y así, la posible decepción… ya no es tan dolorosa; digamos que es una medida preventiva muy práctica. Tan es práctica, que actualmente no abundan las mujeres desilusionadas del amor… buscando el suicido; eso sería de un romanticismo exacerbado, algo incompatible con un mundo tan materialista e individualista como el que vivimos.

Finalmente, quiero decirte dos cosas: primera, que estoy segura que sigues sin sentirte culpable, en todo caso no tienes motivo; al contrario, tu mostraste un tesón admirable en la búsqueda de la felicidad a través del amor, la belleza y la libertad. Eso no es ningún pecado, todo lo contrario, es un sueño hermoso, aunque irrealizable la mayoría de las veces; pero tu empeño y persistencia en su obtención lo ennoblecen aún más; segundo, has de saber que hoy, a pesar de todos los pesares, los seres humanos -mujeres y hombres-, seguimos buscando eso llamado felicidad y aunque de pronto desistamos, esa fortuita obtención es lo que nos mantiene de pie en un mundo convulso.

Bueno ya te dejo mi querida inconforme Emma, sigue descansando; ya es tarde y yo también me voy a dormir, espero soñar algo bueno.

Marichuy


“Antes de casarse, ella había creído estar enamorada, pero como la felicidad resultante de este amor no había llegado, debía de haberse equivocado, pensaba, y Emma trataba de saber lo que significaban justamente en la vida las palabras felicidad, pasión, embriaguez, que tan hermosas le habían parecido en los libros”


Bibliografía mínima
Madame Bobary Flaubert, Gustave, Edit Alianza. España 1997.
La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary, Mario Vargas Llosa, Alfaguara. México.