
"Madame Bovary c'est moi, d'après moi" [Gustave Flaubert]
Una lluviosa y nostálgica noche del mes de agosto del año pasado, so pretexto del 150 aniversario de la aparición de la novela de Gustave Flaubert, escribí una larga misiva a Emma Bovary [Carta de una incoforme a otra]. A saber cómo traería mi mélange emocional, pero esa carta debe ser uno de los textos más personales y espontáneos que he escrito para este blog -lo que de ninguna manera quiere decir que sea un gran texto, de hecho me parece que acusa una enorme cursilería. Hoy traigo a colación esa carta debido a que el día de mi cumpleaños recibí un e-mail de remitente desconocido [cuatro letras en mayúscula como en la abreviatura de alguna empresa y que no logro relacionar con el nombre de alguien conocido], un lacónico Hola Marichuy, seguido de una cita literaria integrada por el primer párrafo del prólogo a Madame Bovary, escrito por Víctor López Rache [al menos en la edición en español que yo tengo, porque hay varias versiones en nuestra lengua]. En verdad no imagino quien pudo enviarme esto; y no es que desde el lunes pasado esté yo quebrándome la cabeza tratando de adivinarlo, pero no deja de llamarme la atención pues el texto enviado es una interpretación del personaje de Emma en la cual, lejos de juzgarla, el escritor le procura una especie de reivindicación. Una mirada tan subjetiva como amorosa, me atrevería yo a decir. No sé cual sea el mensaje implícito en este mensaje, ni si el remitente ve en mi reflejos bovaryanos y por eso me envió esas líneas... no obstante, debo admitir que me gustan, pese a su candidez y cierta melosidad:
Una lluviosa y nostálgica noche del mes de agosto del año pasado, so pretexto del 150 aniversario de la aparición de la novela de Gustave Flaubert, escribí una larga misiva a Emma Bovary [Carta de una incoforme a otra]. A saber cómo traería mi mélange emocional, pero esa carta debe ser uno de los textos más personales y espontáneos que he escrito para este blog -lo que de ninguna manera quiere decir que sea un gran texto, de hecho me parece que acusa una enorme cursilería. Hoy traigo a colación esa carta debido a que el día de mi cumpleaños recibí un e-mail de remitente desconocido [cuatro letras en mayúscula como en la abreviatura de alguna empresa y que no logro relacionar con el nombre de alguien conocido], un lacónico Hola Marichuy, seguido de una cita literaria integrada por el primer párrafo del prólogo a Madame Bovary, escrito por Víctor López Rache [al menos en la edición en español que yo tengo, porque hay varias versiones en nuestra lengua]. En verdad no imagino quien pudo enviarme esto; y no es que desde el lunes pasado esté yo quebrándome la cabeza tratando de adivinarlo, pero no deja de llamarme la atención pues el texto enviado es una interpretación del personaje de Emma en la cual, lejos de juzgarla, el escritor le procura una especie de reivindicación. Una mirada tan subjetiva como amorosa, me atrevería yo a decir. No sé cual sea el mensaje implícito en este mensaje, ni si el remitente ve en mi reflejos bovaryanos y por eso me envió esas líneas... no obstante, debo admitir que me gustan, pese a su candidez y cierta melosidad:
A Emma Bovary siempre la acompañó la inocencia en las decisiones que tomó para alcanzar la felicidad. Ella nunca abandonó su búsqueda. En algún lugar del mundo la felicidad debía germinar, como germina una planta oriunda de un sueño, que en tierra estéril prospera mal. Antes de iniciarse en batallas del amor, la imaginaba después de largos viajes a través de bosques bañados con arcoíris, lagos de azul profundo encantados con aleteos de pájaros, montañas de nieve iluminadas por lluvias de sol. Ignoraba que una de las desgracias del ser humano consiste en querer regresar al paraíso. Por fortuna nunca llegó ahí, pues habría sido derrotada dos veces: en el paraíso el erotismo es prohibido.
*Gustave Flaubert, Madame Bovary, Prólogo de Víctor López Rache, pág.5. Panorama Editorial, Colombia julio de 2000.
Es de suponer que los mensajes anónimos no deban contestarse, pero si ya sucumbí a la tentación de leerlo y transcribirlo para subirlo aquí, decidí de una vez completar el curioso affaire y contesté al anónimo remitente, mediante este poema que me atrevo a llamar bovariano, no por su evidente relación con la heroína de Flaubert, sino porque me parece un claro ejemplo del concepto bovarismo - con el cual se alude, desde el campo de la psicología, a la insatisfacción y la melancolía alimentadas por la literatura.
Es de suponer que los mensajes anónimos no deban contestarse, pero si ya sucumbí a la tentación de leerlo y transcribirlo para subirlo aquí, decidí de una vez completar el curioso affaire y contesté al anónimo remitente, mediante este poema que me atrevo a llamar bovariano, no por su evidente relación con la heroína de Flaubert, sino porque me parece un claro ejemplo del concepto bovarismo - con el cual se alude, desde el campo de la psicología, a la insatisfacción y la melancolía alimentadas por la literatura.
[Las Tentaciones de Madame BovaryBuscando entre heroínas antiguas,releyendo crudos y amargos diálogos de amor y de muerte,entreteniendo la tarde de invierno con thé y viejos rencores adosados a un sueño,así, entre mis libros de mujeres, te encuentro.Vuelvo a encontrarte,hoy que todas las batallas damos por perdidas,porque hemos triunfado en lo que se puede,hemos abandonado dices, satisfecho, el imposible.Lo dices cada vez que tienes ocasión de encontrar mi sonrisa prevenida,mis pocas palabras, mis oropeles de guerra.
Lo dices cuando me alucinasen el sueño de las calles de París de este invierno de tu otoño.El crudo dolor de existir, repites, parafraseando a Lacan.
Escribir consuela del dolor de existir,protege de las tentaciones de Madame Bovary.De transformarme en tu consuelo.De transformarme en tu consuelo.De que queden unas pocas páginas menos para la historia,cuando otra vez nos amemos.
de Elina Wechsler]