escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

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septiembre 25, 2012

la jaula...


Afuera hay sol.
No es más que un sol
pero los hombres lo miran
y después cantan.

Yo no sé del sol.
Yo sé de la melodía del ángel
y el sermón caliente
del último viento
Sé gritar hasta el alba
cuando la muerte se posa desnuda
en mi sombra.

Yo lloro debajo de mi nombre.
Yo agito pañuelos en la noche
y barcos sedientos de realidad
bailan conmigo.
Yo oculto clavos
para escarnecer a mis sueños enfermos.

Afuera hay sol.
Yo me visto de cenizas.
______________________
La Jaula, Alejandra Pizarnik
[De Las aventuras perdidas, su tercer libro de poemas, editado en 1958]

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Un día como hoy pero de 1972, la intensa poeta argentina decidió irse de este mundo por propia mano. Presente en este blog sin necesidad de aniversarios luctuosos, hoy la recordamos.

~Alejandra Pizarnik: Buenos Aires, 29 de abril de 1936-Ibíd. 25 de septiembre de 1972~

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agosto 17, 2012

un témpano mal tragado...

Antonin Artaud. Autorretrato, 1946

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Allí donde otros proponen obras yo no pretendo otra cosa que mostrar mi espíritu.
La vida es un consumirse en preguntas.
No concibo la obra como separada de la vida.
No amo la creación separada. No concibo tampoco el espíritu separado de sí mismo.
Cada una de mis obras, cada uno de los planes de mí mismo, cada una de las floraciones heladas de mi vida interior echa su baba sobre mí.
Me reconozco tanto en una carta escrita para explicar el encogimiento íntimo de mi ser y la castración insensata de mi vida, como en un ensayo exterior a mí mismo, y que aparece en mí como un engendro indiferente de mi espíritu.
Sufro que el Espíritu no esté en la vida y que la vida no esté en el Espíritu, sufro del Espíritu-órgano, del Espíritu-traducción, o del Espíritu-intimidación-de-las-cosas para hacerlas entrar en el Espíritu.
Yo pongo este libro suspendido en la vida, deseo que sea mordido por las cosas exteriores y antes que nada por todos los sobresaltos en acecho, todas las oscilaciones de mi yo por venir.
Todas estas páginas se arrastran como témpanos en el espíritu. Disculpen mi absoluta libertad. Me rehúso a hacer diferencias entre cada uno de los minutos de mí mismo. No reconozco el espíritu planificado.
Es necesario terminar con el Espíritu como con la literatura. Digo que el Espíritu y la vida se comunican en todos los grados. Yo quisiera hacer un libro que trastorne a los hombres, que sea como una puerta abierta y que los conduzca donde ellos no habrían jamás consentido llegar, simplemente una puerta enfrentada a la realidad.
Y esto no es un prefacio de un libro como no lo son los poemas que lo jalonan ni la enumeración de todas las furias del malestar.
Esto no es más que un témpano mal tragado. [...]
______________________

Antonin Artaud, fragmento de El ombligo de los limbos [ L’Omblic des limbes ]



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octubre 09, 2011

entre brumas



La luna y ella tenían su historia. Una muy larga. En su mente siempre la había visto como la eterna compañera de la soledad, cómplice de amores prohibidos, hadas, duendes y gnomos; hombres lobos y lobos que no son hombres pero que depredan lo mismo; idóneo telón de fondo, imaginario y real, de sucesos tocados por el velo del misterio. Ya no recordaba cuántas veces había sido su única acompañante, cuando alguna situación desafortunada la obligó a huir intempestivamente en medio de la noche. Incontables también las madrugadas en que bajo el influjo de su luz se dejó llevar por la pasión en brazos de desconocidos. Ella la seductora, dueña de una belleza letal, al decir de sus detractores; demasiado inteligente, fría y calculadora, apuntaban otros; una mujer licenciosa, peligrosa y enferma, según todos los demás.

Y aquí estaban de nuevo. La luna y ella. La trama parecía siempre la misma: la luna en todo lo alto y ella en una nueva huida. Y una vez más, el astro iluminaba y guiaba sus presurosos pasos, a cada tranco más débiles a causa del cansancio acumulado. No sabía con exactitud cuánto tiempo llevaba corriendo. Su única certeza era que sus piernas se acalambraban. A dicha sensación se aunaba el intenso frío de la madrugada calándole hasta lo más hondo. En circunstancias distintas, el escenario habría resultado ideal para otro tipo de escapada, una amorosa.... tantas en su haber. Ahora esas historias parecían tan lejanas y difusas, cubiertas por las brumas del tiempo impidiéndole ordenar con precisión rostros, hechos específicos, así como las sensaciones experimentadas en cada ocasión. A tal punto los recuerdos regresaban confusos, que no era capaz de distinguir sucesos reales de fantasías o pesadillas. En este momento la única sensación de que era consciente, amén del cansancio, era la del miedo. Sabía que ellos no tardarían en darle alcance, por más que los hubiera tomado por sorpresa, su ventaja no podría durarle mucho.

En medio de un silencio apenas matizado por su jadeante respirar y el suave fluir del río a la vera del camino, aguzaba el oído intentando adivinar, antes que escuchar, el ruido que anunciara la cercanía de sus perseguidores. Pero por más que se concentraba no lograda distinguir nada y eso, lejos de calmarla, le infundía mayor temor. Los conocía bien y no dudaba que entre más tiempo tardaran en encontrarla, peor sería su reacción. Impulsada por ese temor pareció recobrar fuerzas y continúo corriendo abriéndose paso entre las brumas de la madrugada y las sombras del espeso bosque. Estaba exhausta, tenía los pies casi congelados, las piernas entumecidas y por más que corría y corría, sentía que no avanzaba nada, como si sus zancadas, cada vez más torpes, se enredaran con alguna hiedra, impidiéndole progresar en su carrera.

Y de pronto perdió contacto con el suelo y con el espacio que la rodeaba, presa de un desguanzamiento general, ya no tuvo control sobre sus movimientos, todo se volvió negro al mismo tiempo que un estremecimiento le recorría el cuerpo a manera de sudor frío. Eso fue lo último que sintió antes de sumirse en una espesa bruma más espesa que esas que enturbiaban su noche.

[…]

Muchas horas después, lejos de ese bosque espeso y tenebroso, volvió en sí mientras una mano tiraba de su hombro al tiempo que una voz femenina le apuraba:

--Señora, despierte... es hora de tomar su medicina. No tenga miedo, sólo voy a aflojarle un poco las ataduras que parecen estar cortándole la circulación sanguínea…

[…]

 


imagen: La Sorcière Noire, Anne Julie Aubry. Más de la artista aquí
http://www.annejulie-art.com/

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agosto 20, 2009

perdiendo la cabeza

La luna y ella tenían su historia, una muy larga. En su mente siempre la había visto como la eterna compañera de la soledad; cómplice de amores prohibidos; hadas, duendes y gnomos; hombres lobos y lobos que no son hombres pero que depredan lo mismo; idóneo telón de fondo, imaginario y real, de sucesos tocados por el velo del misterio. Ya no recordaba cuántas veces había sido su única acompañante, cuando alguna situación desafortunada la obligó a huir intempestivamente en medio de la noche. Incontables también, las madrugadas en que bajo el influjo de su luz se dejó llevar por la pasión en brazos de desconocidos. Muchos eran los hombres que presumían haberla tenido. Eso querían creer ellos, pues en realidad era ella quien había tenido a todos los que quiso, cuando y como lo quiso. Ella la seductora; dueña de una belleza letal, al decir de sus detractores; demasiado inteligente, fría y calculadora, apuntaban otros; una mujer licenciosa, peligrosa y enferma, según todos los demás.


La trama parecía ser siempre la misma: la luna en todo lo alto y ella en una nueva huída; para no variar, esta noche el astro iluminaba y guiaba sus presurosos pasos, a cada tranco más débiles a causa del cansancio acumulado. No sabía con exactitud cuánto tiempo llevaba corriendo… sólo que sus piernas empezaban a acalambrarse, sensación agravada por el frío de la madrugada calándole hasta lo más hondo. En circunstancias distintas, el escenario habría resultado ideal para otro tipo de escapada, una amorosa.... tantas en su haber. Ahora, esas historias aparecían demasiado lejanas, cubiertas por una espesa bruma que le impedía ordenar con precisión rostros, hechos específicos, así como las sensaciones experimentadas en cada ocasión. En este momento la única sensación de que era consciente, amén del cansancio, era la del miedo; sabía que ellos no tardarían en darle alcance, por más que los hubiera tomado por sorpresa, su ventaja no podría durarle mucho.


En medio de un silencio casi aterrador, apenas matizado por su jadeante respirar y el suave fluir del río a la vera del camino, aguzaba el oído intentando adivinar, antes que escuchar, el ruido que anunciara la cercanía de sus persecutores; pero por más que se concentraba no lograda distinguir nada y eso, lejos de calmarla, le infundía mayor temor. Los conocía bien y no dudaba que entre más tiempo tardaran en encontrarla, peor sería su reacción. Impulsada por ese temor, pareció recobrar fuerzas y continúo corriendo, abriéndose paso entre las brumas de la madrugada y las sombras del espeso bosque. Estaba exhausta, tenía los pies casi congelados, las piernas entumecidas y por más que corría y corría, sentía que no avanzaba nada, como si sus zancadas, cada vez más torpes, se enredaran con alguna hiedra, impidiéndole progresar en su carrera.


Y de pronto, perdió contacto con el suelo y con el espacio que la rodeaba; presa de un desguanzamiento general, ya no tuvo control sobre sus movimientos; todo se volvió negro, mientras un estremecimiento le recorría el cuerpo provocándole un inusitado sudor frío... lo último que sintió, antes de sumirse en la inconsciencia...


[…]

Cuando volvió en sí, una mano tiraba de su hombro al tiempo que una voz femenina le apuraba:

-Señora, despierte... es hora de tomar su medicina; no tenga miedo, sólo voy a aflojarle un poco las ataduras que parecen estar cortándole la circulación sanguínea…



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PS Hablando de la delgada línea que separa a la locura de la normalidad, hoy aparece un articulo en la sección cultural de La Jornada, sobre un monodrama operístico que suena interesante.

Exploran en un monodrama la ambigüedad entre razón y locura


imagen fleur de lys de Ardid ( http://ardides.blogspot.com/)

junio 05, 2009

terapia impersonal

En el mundo de hoy todo es light, desde los alimentos hasta los amores, pasando por los ideales y los compromisos... y el agua. Nada de complicaciones, ni pesadeces. Al eliminar azúcares naturales, sales, grasas y demás componentes de los alimentos procesados, dice la publicidad light, seremos más ligeros. Viendo los felicísimos y hermosos rostros que los promueven, es de suponer que también, bastante más felices. Y como pocas cosas son más complicadas que las relaciones humanas y/o la interacción personal, habrá que buscar su versión light. Para qué andarse desgastando y perdiendo tiempo, en cosas tan anticuadas como el trato humano amable, si tenemos maquinas contestadoras, e-mails, msn, etc., etc. que nos los pueden facilitar. La atención personalizada es cosa del pasado. Especialmente en las organizaciones prestadoras de servicios, sin importar si son públicas o privadas. Quizá queden algunas cuyos teléfonos no sean atendidos por una máquina contestadora; por lo que a mí respecta, no logro recordar cuándo fue la última vez que marqué un número telefónico de ese tipo, sin ser atendida por una de esas lindas voces mecánicas. Todos esos sistemas de atención automatizada son más o menos iguales, funcionan en forma similar y casi siempre, son atendidos por una meliflua voz femenina que después de los saludos de rigor –los cuales uno sospecha fueron grabados bajo el influjo de algún sicotrópico, pues la voz parece presa de una especie de éxtasis calmoso-, pone a nuestra disposición cualquier cantidad de opciones. Confieso que más de una vez, esas maquinitas de opción múltiple, me han sacado de mis casillas. Digo, si uno llama a una empresa de servicios, es porque tiene algún problema urgente, quiere quejarse, reportar un robo, extravío, desperfecto, etc. Y en circunstancias como esas, donde el humor no es precisamente nuestro mejor acompañante, tener que lidiar con las instrucciones de la maquinita parlante, puede resultar una experiencia bastante ingrata.

Pero si ya hasta el mismísimo Vaticano atiende a sus fieles devotos de esta forma -amén de otorgarles bendiciones papales vía Internet-, significa que no hay posibilidades de retorno. Y no obstante, aún resignándome a hablar con contestadoras, no acabo de entender que este tipo de sistemas de atención mecanizada, sea utilizado en ámbitos como el psiquiátrico. Imagino que en medio de una situación desesperada, debe ser poco edificante llamar buscando un poco de consuelo y en respuesta, ser atendido por una linda voz automatizada. Pero dice mi amiga Olguita que esto si es posible. Su psicoanalista [una dama demasiado ocupada, como para atender los recurrentes llamados de sus pacientes, quienes al parecer la buscaban a media noche hasta para quejarse de que su pareja les daba la espalda en la cama] decidió instalar un sistema de atención programada; una especie de terapia telefónica, diseñada con base en los problemas más comunes de sus pacientes. Al acceder a su número, se despliega un menú de opciones y siempre bajo la guía de la infaltable vocecita (como de hot line, pero sin chicas o chicos... hot), el paciente va presionando números hasta dar con la opción más apropiada para su problema momentáneo. Y así -si es que en el camino no ha estallado en llanto o en un ataque de enojo-, desde la comodidad de su hogar el paciente podrá escuchar el bonito mensaje terapéutico diseñado y grabado, por su querida psicoanalista. Olguita es firme creyente de las bondades del psicoanálisis moderno y sin embargo, hasta para ella este asunto de la terapia automatizada resulta demasiado frío. Dice preferir las antiguas sesiones, en las que ella se dedicaba a hablar sin parar, mientras su psicoanalista se concretaba a escucharla, a mirar de cuando en cuando el reloj y, en caso necesario, pasarle la caja de pañuelos desechables.

Finalmente, en agradecimiento por su amabilidad de leerme (ejem, espero no les molesten los chistes), un chiste ad-oc con la historia de Olguita... ojalá que los mensajes de su psicoanalista, no se parezcan a estos:


[Contestador del Hospital Psiquiátrico]

Gracias por llamar al Instituto de Salud Mental, la compañía más sana para sus momentos de mayor locura.

a). Si usted es obsesivo-compulsivo, pulse repetidamente el número 1.

b). Si usted es co-dependiente, pídale a alguien que pulse el número 2 por usted.

c). Si usted tiene múltiples personalidades, pulse el 3, 4, 5 y 6.

d). Si usted es paranoico, nosotros ya sabemos quién es usted, sabemos lo que hace y sabemos lo que quiere, de modo que espere en línea mientras rastreamos su llamada.

e). Si usted sufre de alucinaciones, pulse el 7 en ese teléfono gigante de colores que usted (y solo usted) ve a su derecha.

f). Si usted es esquizofrénico, escuche cuidadosamente y una pequeña voz interior le indicara que numero pulsar.

g). Si usted es depresivo, no importa qué número marque. Nada conseguirá sacarlo de su lamentable situación.

h). Si usted sufre de indecisión, deje su mensaje después de...escuchar el tono... o antes del tono.... o después del tono... o durante el tono... En todo caso, espere el tono.

i) Si tiene la autoestima baja, por favor cuelgue. Todos nuestros operadores están atendiendo a personas más importantes que usted

.




imagen: Golconda. René Magritte. 1953

enero 05, 2009

hará falta un poco de locura...

Una de las máximas de esta vida, invento de no sé quien, es que uno debe ser sensato y razonable; también, un winner. Porque hay de usted, si el lugar de ser esto último, se convierte en un loser. Eso resultaría casi imperdonable e inaceptable en la sociedad actual; ya de perdida para no verse tan mal, hay que aparentar serlo. Ambas cosas, sensato y winner. No resulta sencillo, pues apenas asomarse al recién iniciado año nuevo y -por más dosis de optimismo que se tengan- de solo ver el estado del mundo y mirar la clase de personas que son ciertos winner's mundiales, a uno le dan ganas de salir corriendo al lado contrario... aunque este sea el abismo.

Una de las pocas cosas que medio valen la pena del libro y película Arráncame la vida (2008), son las frases pronunciadas por el cínico y corrupto cacique Andrés Ascencio (el personaje más odiable, pues refleja vívidamente a los políticos mexicanos de ayer y hoy; pero a la vez, el más auténtico y mejor delineado), una de ellas encaja perfecto aquí. Dice ese cacique y General del México rural de los años 30's:
"para poder sobrevivir en este país, hace falta estar loco o borracho".
El General opta por lo segundo; pero como yo bebo poco, me inclino por lo primero... Creo que para sobrevivir en el mundo actual, sin terminar sumido en la depresión, es indispensable estar un poco loco. Loco habrá que estar para no tener que vivir simulado sensateces e inventándose triunfos imposibles; un poquito loco para no desesperarse ante la actual crisis económica mundial, esa que no es ningún catarrito ni mito genial, sino una muy cruenta realidad. Más loco aún, para no llorar al ver en lo qué se han convertido los sueños justicieros e idealistas que tuvimos alguna vez; loco, muy loco, habrá que estar para no sentir deseos de apedrear a quienes juzgan e imparten la justicia en este mundo democrático que nos tocó vivir. Como saben, el gran Julio Cortazar distinguía a los cronopios de los famas; a los segundos bien podríamos empatarlos con los winners: igual de respetuosos y defensores del establishment; mientras que los cronopios, serían esos seres iconoclastas, un poco locos, poetas e inconformes; casi anarquistas. Pienso que a como se vislumbra el devenir de este mundo, lo que necesitamos son más cronopios y menos famas; pues de defensores a ultranza del establishment, llenos estamos; en cambio, de iconoclastas y poéticos anarquistas, muy escasos andamos.

"Somos una familia rara. En este país donde las cosas se hacen por obligación o fanfarronería, nos gustan las ocupaciones libres, las tareas porque sí, los simulacros que no sirven para nada. Tenemos un defecto: nos falta originalidad. Casi todo lo que decidimos hacer está inspirado -digamos francamente, copiado- de modelos célebres. Si alguna novedad aportarnos es siempre inevitable: los anacronismos o las sorpresas, los escándalos. Mi tío el mayor dice que somos como las copias en papel carbónico, idénticas al original salvo que otro color, otro papel, otra finalidad. Mi hermana la tercera se compara con el ruiseñor mecánico de Andersen; su romanticismo llega a la náusea."
[De cronopios y de famas -Los simuladores-, Julio Cortazar]

"Quereme así piantao, piantao, piantao...
Abrite los amores, que vamos a intentar
la mágica locura total de revivir...
¡Vení, volá! ¡Vení! ¡Tralalalarará....!
¡Viva, viva, viva...!
¡Loca ella y loco yo..!
¡Locos, locos, locos...!
¡Loca ella y loco yo...! "
[de Balada para un loco, Horacio Ferrer y Astor Piazzolla]