Una de las máximas de esta vida, invento de no sé quien, es que uno debe ser sensato y razonable; también, un winner. Porque hay de usted, si el lugar de ser esto último, se convierte en un loser. Eso resultaría casi imperdonable e inaceptable en la sociedad actual; ya de perdida para no verse tan mal, hay que aparentar serlo. Ambas cosas, sensato y winner. No resulta sencillo, pues apenas asomarse al recién iniciado año nuevo y -por más dosis de optimismo que se tengan- de solo ver el estado del mundo y mirar la clase de personas que son ciertos winner's mundiales, a uno le dan ganas de salir corriendo al lado contrario... aunque este sea el abismo. Una de las pocas cosas que medio valen la pena del libro y película Arráncame la vida (2008), son las frases pronunciadas por el cínico y corrupto cacique Andrés Ascencio (el personaje más odiable, pues refleja vívidamente a los políticos mexicanos de ayer y hoy; pero a la vez, el más auténtico y mejor delineado), una de ellas encaja perfecto aquí. Dice ese cacique y General del México rural de los años 30's:
"para poder sobrevivir en este país, hace falta estar loco o borracho".
El General opta por lo segundo; pero como yo bebo poco, me inclino por lo primero... Creo que para sobrevivir en el mundo actual, sin terminar sumido en la depresión, es indispensable estar un poco loco. Loco habrá que estar para no tener que vivir simulado sensateces e inventándose triunfos imposibles; un poquito loco para no desesperarse ante la actual crisis económica mundial, esa que no es ningún catarrito ni mito genial, sino una muy cruenta realidad. Más loco aún, para no llorar al ver en lo qué se han convertido los sueños justicieros e idealistas que tuvimos alguna vez; loco, muy loco, habrá que estar para no sentir deseos de apedrear a quienes juzgan e imparten la justicia en este mundo democrático que nos tocó vivir. Como saben, el gran Julio Cortazar distinguía a los cronopios de los famas; a los segundos bien podríamos empatarlos con los winners: igual de respetuosos y defensores del establishment; mientras que los cronopios, serían esos seres iconoclastas, un poco locos, poetas e inconformes; casi anarquistas. Pienso que a como se vislumbra el devenir de este mundo, lo que necesitamos son más cronopios y menos famas; pues de defensores a ultranza del establishment, llenos estamos; en cambio, de iconoclastas y poéticos anarquistas, muy escasos andamos.
"Somos una familia rara. En este país donde las cosas se hacen por obligación o fanfarronería, nos gustan las ocupaciones libres, las tareas porque sí, los simulacros que no sirven para nada. Tenemos un defecto: nos falta originalidad. Casi todo lo que decidimos hacer está inspirado -digamos francamente, copiado- de modelos célebres. Si alguna novedad aportarnos es siempre inevitable: los anacronismos o las sorpresas, los escándalos. Mi tío el mayor dice que somos como las copias en papel carbónico, idénticas al original salvo que otro color, otro papel, otra finalidad. Mi hermana la tercera se compara con el ruiseñor mecánico de Andersen; su romanticismo llega a la náusea."[De cronopios y de famas -Los simuladores-, Julio Cortazar]
"Quereme así piantao, piantao, piantao...
Abrite los amores, que vamos a intentar
la mágica locura total de revivir...
¡Vení, volá! ¡Vení! ¡Tralalalarará....!
¡Viva, viva, viva...!
¡Loca ella y loco yo..!
¡Locos, locos, locos...!
¡Loca ella y loco yo...! "
[de Balada para un loco, Horacio Ferrer y Astor Piazzolla]


