"Dimos instrucciones para que se compraran 100 litros de ácido muriático; hacían falta contenedores metálicos de 200 litros. Según nuestra experiencia, había que verter en cada contenedor 50 litros de ácido, y como estaba previsto suprimir a dos personas, hicimos preparar dos bidones". [Gomorra, Roberto Saviano. Editorial: Debate. 325 pág.]
El capitalismo será salvaje o no será, dice medio en broma un periodista mexicano; el libro de Saviano parece confirmarlo: miles de millones de euros son facturados anualmente sólo por la camorra napolitana. Su poderío se ha extendido hasta permear casi todos las ramas de la economía italiana; una red de "negocios" que abarca lo mismo la mafia de los basureros napolitanos o el tráfico de personas, que el manejo de la piratería china -que ingresa a Europa vía Nápoles- y otros muchos sectores, incluida la moda. A fin de abaratar costos, buena parte de los diseños que visten las pasarelas de Milán, son confeccionados por manos de inmigrantes ilegales en algún taller clandestino napolitano, a cambio de una mísera paga, que poco se diferencia de la otorgada a los niños explotados en alguna maquila de Shanghái. La delgada línea que separa la legalidad de la ilegalidad, es casi imperceptible.
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La primera vez que estuve en Italia, quedé obnubilada; demasiada belleza para apreciarla con ecuanimidad. Y de todas las imágenes y sensaciones experimentadas, dos me han acompañado con terquedad casi melancólica: una noche neblinosa caminaba en Venecia, en medio de un silencio casi fantasmal y de pronto, me encontré con las notas de un violinista callejero empeñado tocar Venecia sin ti, para una pareja que bailaba como quien hace el amor. En contraste, un atardecer en Capri cuya mágica e inabarcable luminosidad azul, contrastaba bruscamente con la visión grisácea, polvorienta y borrosa, quizá debido a la inclinación de los rayos solares, del vecino puerto de Nápoles.
Geográficamente, México está muy distante de Nápoles y sin embargo, leyendo el libro de Saviano es casi imposible no encontrar más de un reflejo mexicano. El espejo del Golfo de Nápoles nos devuelve una imagen demasiado cercana… y ni siquiera nos queda el consuelo de evadirnos volteando hacia Capri. Será que Hervé Vilard tenía razón, cuando hace 45 años cantaba:
imagen: fotograma del film Gomorra








