escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

agosto 25, 2017

regreso…


Me gusta releer pasajes de Memorias de Adriano, aunque me entristece. Hay tanta melancolía en las palabras que Marguerite Yourcenar pone en labios (más bien, en la pluma) del Emperador Adriano, que es imposible no contagiarse aunque sea un poquito. Lo contradictorio es que él no parece triste. Suena como un hombre más que convencido de que su fin está por llegar, en paz consigo mismo y con la vida; demasiado inteligente como para siquiera esbozar un mínimo reproche a su inexorable destino. La cursi y melodramática soy yo. En fin. Pero me gusta releerlo… aunque me ponga melancólica.

 

 

"(…) Soy el que era; muero sin cambiar. A primera vista el robusto niño de los jardines de España, el oficial ambicioso que entra en su tienda sacudiendo de sus hombros los copos de nieve, parecen tan aniquilados como lo estaré yo cuando haya pasado por la pira; pero sin embargo están ahí, soy inseparable de ellos. El hombre que clamaba abrazado a un muerto sigue gimiendo en un rincón de mí mismo, pese a la calma más o menos humana de la que ya participo; el viajero encerrado en el enfermo para siempre sedentario se interesa por la muerte puesto que representa una Partida. Esa fuerza que fui parece todavía capaz de instrumentar muchas otras vidas, de levantar mundos. Si por milagro algunos siglos vinieran a agregarse a los pocos días que me quedan, volvería a hacer las mismas cosas y hasta incurriría en los mis errores; frecuentaría los mismos Olimpos y los mismos Infiernos. Una comprobación semejante es un excelente argumento en favor de la utilidad de la muerte, pero al mismo tiempo me hace dudar de su total eficacia. (…)"

 

—Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano



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1 comentario:

Champy dijo...

Vengo a decirte que por fin conocí a Calabacín y mira lo que me encuentro...
La visión de la vida (y de la muerte), su utilidad y su valor siempre tan difíciles de digerir.
Me encantó el chiquillo cabezón, y toda su banda, definitivo de lo mejor que he visto en lo que va del año.

También vi En el nombre de mi hija... desesperante, maldito Sebastian, tremendo Daniel.

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