escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

noviembre 27, 2009

hipocondríacos del mundo... uníos


«parece claro que la profecía «massmediatica» encuentra sus auténticas raíces no como quieren hacer creer, en el descubrimiento anticipado de nuevos poderes, sino en una visión pesimista del hombre, de este Antropos eterno, dividido entre Eros y Tanatos, y lanzado a definiciones negativas» [Pierre Bourdieu y Claude Passeron. Citado por Umberto Eco en Apocalípticos e integrados]
Mi niñez transcurrió entre visitas a hospitales y el estoico aguante de raros emplastos y docenas de inyecciones; de los seis a los once años mi salud no fue buena, aunque no diría que padecí muchas enfermedades, sólo dos. Una, debilidad de las vías respiratorias, incluido un soplo pulmonar. La otra, alergia al sol de por vida. En la actualidad, todo mundo es alérgico al sol y se protege untándose bloqueadores y demás menjunjes; pero cuando se tienen siete años, verse -y que los demás lo vean- el rostro decorado con enormes ronchas y postulas, representa un tormento más insoportable que recibir docenas de piquetes intramusculares. Después de recorrer todo el espectro médico y consultar a diversos especialistas, fueron unos estudiantes de la Especialidad de Dermatología de un Hospital de Asistencia Pública (de quienes fui su conejillo de indias) los que dieron con el diagnóstico preciso y la fórmula medicinal adecuada para atender el padecimiento de mi piel. A consecuencia de tanta sobreexposición ante extraños, me volví una niña tímida y miedosa y rehíce la máxima de Porfirio Díaz "de los gringos y del sol, entre más lejos mejor"... para siempre. Con estos antecedentes, cualquiera habría pensado que mi vida posterior sería un eterno periplo hospitalario, acompañado de la constante preocupación-sospecha por algún nuevo padecimiento. Nada más lejano. Por alguna extraña razón, después de esa etapa de sensibilidades extremas, me volví tan sana que a veces mi familia me reprocha el porqué, mientras ellos sufren repetitivas gripes y un sinfín de achaques, yo no me enfermo de nada. La Ley de las compensaciones, imagino, la cual debe influir para que mi familia esté copada de hipocondríacos... inmersos, a su vez, en una sociedad vuelta hipocondríaca a fuerza de tanta parafernalia mediática. Ante esto, sólo quedan dos opciones: el contagio o la insensibilidad.

Quizá gracias a esa hipocondría social, la salud humana se ha convertido en un boyante negocio para un grupo de charlatanes y médicos de dudosa honorabilidad, quienes prometen aliviar todo tipo de enfermedades orgánicas, discordancias estéticas y desarreglos varios, en menos de lo que la luna cambia de fase. Sólo falta que nos prometan, ya no una belleza a lo Monica Bellucci (cada quien sus proyecciones, desde luego) en diez sesiones, sino también, volvernos inteligentes y sabios en el mismo lapso... olvidando que, como dice un amigo, la estulticia no es gripe para que se quite con píldoras ni jarabitos. Y esa proliferación de promesas milagrosas, ha encontrado un fértil terreno para su crecimiento y reproducción: tal parece que en una relación directamente proporcional al desarrollo y modernización de la sociedad, esta se ha vuelto más y más hipocondríaca. Tengo una querida amiga, Doctora en Economía, que apenas vislumbra un mínimo asomo de dolor, así sea sólo un reflejo, sin pensarlo más se toma un Dolac. Eso, si el malestar se presenta en horas inhábiles, porque de lo contrario, inmediatamente llama a su Doctor y de paso aprovecha para consultarlo sobre cualquier nimio achaque... posible. Y mi amiga es la normal. Una de las hermanas de mi padre, es un todo un caso. Ella va de temporadas en las que únicamente se trata con medicina alópata (las más de las veces para curarse de padecimientos imaginarios), a otras durante las cuales la medicina alternativa, infusiones de hierbas y posiciones de yoga, son sus únicos remedios contra los males que no padece, pero que quizá podría llegar a sufrir en un futuro... literalmente se cura en salud. Como no trabaja, si algo le sobra... es tiempo... para consultar toda clase de fuentes de información al respecto y ensayar variados remedios preventivos (y posiciones yogui). 

En cuanto a mí, ya dije que casi nunca me enfermo y, así de soberbia debo ser, me creo lo suficientemente fuerte para resistir altos niveles de dolor físico (cólicos estomacales, jaquecas), por lo que sólo cuando el dolor me resulta verdaderamente insoportable (cosa que no recuerdo cuando fue la última vez que sucedió) me decido a consultar a un médico. No soy vegetariana, pero no como carne de vacuno ni de porcino, lo cual para mi padre equivale a una forma de hipocondría. Es posible. Después de todo, lo dice el hombre que sin padecer del corazón ni tener antecedentes familiares cardiovasculares, todas las mañanas se toma un gordo diente ajo acompañado por una cucharada de aceite de olivo extra-virgen y por las tardes completa su Santísima Trinidad Preventiva de los males cardíacos... con una copa de vino tinto.  Dice él: me moriré de viejo (o atropellado por un auto), pero del corazón, triglicéridos o colesterol elevados... NO.

Y de las otras hipocondrías... como los delirios de persecución, la recurrencia de sueños en los que los Dioses del Olimpo se postran a nuestros pies o en los que somos partícipes de memorables bacanales grecorromanas (desafortunadamente, nunca he experimentado semejantes sueños y no saben cómo envidio a quienes sí los han disfrutado), ya intentaré divagar en otra oportunidad.

Ya para terminar con mi hipocondríaca divagación, un divertido retrato de los posmodernos hipocondríacos (recibido vía mail), pero debo curarme en salud y advertir que mi trastocado sentido del humor me lleva a encontrar gracia donde no la hay, por lo cual es posible que este mensaje humorístico no les parezca nada gracioso. De ser así, ustedes dispensarán mi simpleza...

PostScript: y ahora sí... me solté aporreando el teclado...

"Para Adultos Contemporáneos seudo-intelecto-neuro-hipocondríacos... es decir: nosotros...
Dicen que todos los días tenemos que comer una manzana por el hierro y un plátano, por el potasio. También una naranja, para la vitamina C, medio melón para mejorar la digestión y una taza de té verde sin azúcar, para prevenir la diabetes y retardar la oxidación.

Todos los días hay que tomar dos litros de agua (sí, y luego mearlos, que lleva como el doble del tiempo que llevó tomárselos).
 
Todos los días hay que tomarse un Activia o un Yogurt para tener 'L. Cassei Defensis', que nadie sabe qué es eso, pero parece que si no te tomas un millón y medio todos los días, empiezas a ver a la gente como borrosa.
 
Cada día una aspirina, para prevenir los infartos, más un vaso de vino tinto, para lo mismo. Y otro de blanco, para el sistema nervioso. Y uno de cerveza, que ya no me acuerdo para qué era. Si te lo tomas todo junto, por más que te dé un derrame ahí mismo, no te preocupes pues probablemente ni te enteres.
 
Todos los días hay que comer fibra. Mucha, muchísima fibra, hasta que logres defecar un sweater. Hay que hacer entre cuatro y seis comidas diarias, livianas, sin olvidarte de masticar cien veces cada bocado. Haciendo un pequeño cálculo, sólo en comer se te van como cinco horitas.
 
Ah, después de cada comida hay que lavarse los dientes, o sea: después del Activia y la fibra los dientes, después de la manzana los dientes, después del plátano los dientes... y así mientras tengas dientes, sin olvidar pasarte el hilo dental, masajeador de encías, buche con Plax...
 
Mejor amplía el baño y mete el equipo de música, porque entre el agua, la fibra y los dientes, te vas a pasar varias horas por día ahí dentro.

Hay que dormir ocho horas y trabajar otras ocho, más las cinco que empleamos en comer, veintiuno. Te quedan tres, siempre que no te agarre algún imprevisto. Según las estadísticas, vemos tres horas diarias de televisión. Bueno, ya no puedes porque todos los días hay que caminar por lo menos media hora (dato por experiencia: a los 15 minutos regresa, si no la media hora se te hace una hora).
 
Y hay que cuidar las amistades porque son como una planta: hay que regarlas a diario. Y cuando te vas de vacaciones también, supongo. Además, hay que estar bien informado, así que hay que leer por lo menos dos diarios y algún artículo de revista, para contrastar la información. ¡Ah!, hay que tener sexo todos los días, pero sin caer en la rutina: hay que ser innovador, creativo, renovar la seducción. Eso lleva su tiempo. ¡Y ni qué hablar si es sexo tántrico!! (Al respecto te recuerdo: después de cada comida hay que cepillarse los dientes!).

También hay que hacer tiempo para barrer, lavar la ropa, los platos, y no te digo si tienes perro u otra mascota... ¿Hijos?
 
En fin, a mí la cuenta me da unas 29 horas diarias. La única posibilidad que se me ocurre es hacer varias de estas cosas a la vez, por ejemplo: Te duchas con agua fría y con la boca abierta así te tragas los 2 litros de agua.
 
Mientras sales del baño con el cepillo de dientes en la boca le vas haciendo el amor (tántrico) parado a tu pareja, que de paso mira la TV y te cuenta, mientras barres. ¿Te quedó una mano libre? Llama a tus amigos. ¡Y a tus padres!! Tómate el vino (después de llamar a tus padres te va a hacer falta). El Yakult con la manzana te lo puede dar tu pareja mientras se come el plátano con el Activia, y mañana cambian. Y menos mal que ya crecimos, porque si no nos tendríamos que clavar un Danonino Extra Calcio todos los días.

¡Úuuuf! Pero si te quedan 2 minutos, reenvíale esto a los amigos (que hay que regar como las plantas) mientras tomas una cucharadita de All Bran, que hace muy bien... Y ahora te dejo porque entre el yogur, el medio melón, la cerveza, el primer litro de agua y la tercera comida con fibra del día, ya no sé qué estoy haciendo pero necesito un baño urgente. Ah, voy a aprovechar y me llevo el cepillo de dientes...
 
Si ya te lo envié antes, perdona.... es el Alzheimer que a pesar de tantos cuidados no lo he podido combatir"

ADENDA. Es un abuso después de semejante aporreo, pero la canción en verdad es divertida. Dice la cantante del grupo Amélie-les crayons:



noviembre 25, 2009

la hermana que me hace falta


Escribo contra el miedo.
Contra el viento con garras
que se aloja en mi respiración"
[...]
Escribo contra el frío y el
miedo. En vano escribo.

[Alejandra Pizarnik]


Hace unos días, un ex visitante de este blog (ex, porque como mis respuestas no resultaron de su agrado, decidió dejar de leerme) me preguntaba cuál era el sentido de los blogs y si quienes teníamos uno (como suele suceder con cierto tipo de críticos blogueros, él no tiene blog), lo hacíamos con la única finalidad de recibir loas. Mi respuesta, la que no le gustó, fue que desconocía si algún bloguero escribiera con el único objetivo de obtener la aprobación y alabanzas de sus hipotéticos lectores, pero que ese no era mi caso. También admití desconocer cuál es el verdadero sentido de los blogs (y lo peor, dije que me tenía sin cuidado saberlo), pero que no creía que este fuese el erigirse en una fuente de saber, en donde se ofrecieran soluciones a los grandes problemas de la Nación (que era lo que dicho lector parecía buscar). Y rematé diciendo que el mío, lo abrí para escribir lo que yo sienta necesidad de expresar... no para buscar el sentido de la vida ni la trascendencia de la humanidad. Dicho de manera simple, tengo un blog para exorcizar mis pesares e inquietudes y si en el camino de ese ejercicio de desahogo, mi redacción mejora... ya será una ganancia.

Pero, como siempre, hay uno o varios peros:

El primero. Como soy muy inquieta y dispersa, por mi cabeza constantemente se cruzan un sinfín de ideas disímbolas y contradictorias; unas con cierto toque de seriedad, otras más del lado de la fantasía y la ensoñación y otras, francamente frívolas. Un ejemplo, el post que no me animé a subir versaba sobre placeres inconfesables... más de uno de dudoso buen gusto y por supuesto, rezumando frivolidad.

Segundo. Aún cuando este blog tiene como principio ser una mezcla desordenada y ecléctica de las divagaciones de una mente dispersa, siento que debe existir un límite. Y es ahí donde yo misma me veo en aprietos, para definir mis propios senderos. No me gusta la solemnidad y sin embargo, a veces casi temo tocarla y por el contrario, en otras, me angustia la sola idea de rozar la vulgaridad.  Aunque no con exactitud, una frase del cuentista ruso Antón Chéjov, apunta hacia esta inquietud:
"Es más fácil escribir de Sócrates que de una señorita o de una cocinera"

Tercero. Cuando el tamaño si importa. También fue Antón Chéjov, quien dijo alguna vez que la brevedad es la hermana del talento y que saber escribir es (también) saber tachar. Visto así, no quedaría más que aceptar que quienes de pronto parecemos posesos aporreando el teclado... salimos muy mal parados (Chejov debería ser el Santo Patrono de los editores y no sólo de los literarios, también de los cinematográficos ¿cuántas buenas películas no se vuelven insufribles, debido a la falta de unas tijeras bien empleadas). Y lejos del decir de los literatos, en términos más coloquiales, reza un refrán (cuyo origen desconozco) que lo breve y bueno... dos veces bueno; el cual me lleva pensar en su contrario: ¿lo largo y no bueno, doblemente malo? 

Y sin embargo, por más que nos aconsejen y lo leamos en voz de los que sí saben, para quienes carecemos de la menor formación literaria, el ejercicio de escribir, el intento de hilvanar palabras y sensaciones, se convierte en una suerte de prueba de distancia corta. Y qué difícil nos resulta controlar y administrar el ritmo de las zancadas y saber cuándo es el momento preciso de detenernos, de parar... antes de desbocarnos. Más a menudo de lo que desearíamos, nos sucede que ya enfrascados en la tecleada, desechamos cualquier asomo de auto-edición y nos seguimos de frente... como fax en automático y sin importar que al ir creciendo, nuestro texto se convierta en un potingue tan inconexo como innecesariamente largo y sobre todo, cansino para el hipotético lector. 

Ya termino mi divagación... casi reflexión (jeje) y confío en que ustedes la disculparán, pues quizá les suene un tanto fuera de lugar, pero necesitaba decir lo que acabo de escribir. Sólo me resta comentar que sería bueno (si mis alucinaciones fuesen realizables) solicitar al Vaticano la canonización, en vida, a Umberto Semiólogo Eco, nombrándolo Santo Patrono de las Letras, los Símbolos y las Palabras. De concedérseme esa gracia, yo, que a veces casi lindo el ateísmo, me volvería su fiel devota, encomendando a diario mi alma a él para ver si me ilumina y logro entender el verdadero significado de lo que leo, escucho, escribo y digo... y así no confundir palabras ni emitir ni ver mensajes equivocados... donde no los hay.




imagen: fotograma del film húngaro El hombre de Londres

noviembre 22, 2009

mientras se me pasa


Mientras se me pasa lo que sea que sea que me pase, que no diría es una pena ni coraje, pero tampoco un ataque de dislocada alegría. Mientras el frío de la noche otoñal termina por traerme de vuelta del letargo, en el cual parezco encontrarme perdida desde un tiempo que me cuesta trabajo precisar. Mientras la musa o el muso, o ambos, se dignan en dejar de negarse conmigo, como se niegan otras cosas de las que no hablaré aquí. Mientras me animo a publicar algo que tengo escrito y que cada que estoy a punto de subir, un inusitado ataque de prudencia que me impide hacerlo. Mientras termina la noche que parece no tener fin y llega el día prometido hace tanto ya, que ahora sólo parece un sueño tan desdibujado como inútilmente anhelado. Mientas el tiempo, imbatible e imperecedero, sigue su curso sin reparar en promesas incumplidas, anhelos truncados, musas ausentes, otoños melancólicos y letargos interminables... Mientras... Olga Orozco viene al rescate, para hacer menos estéril la espera con este poema, bello y demoledor, desprovisto de caprichosas dulzuras y quiméricos ofrecimientos... 


"Esa es tu pena.
Tiene la forma de un cristal de nieve que no podría existir si no existieras
y el perfume del viento que acarició el plumaje de los amaneceres que no vuelven.
Colócala a la altura de tus ojos
y mira cómo irradia con un fulgor azul de fondo de leyenda,
o rojizo, como vitral de insomnio ensangrentado por el adiós de los amantes,
o dorado, semejante a un letárgico brebaje que sorbieron los ángeles.
Si observas al trasluz verás pasar el mundo rodando en una lágrima.
Al respirar exhala la preciosa nostalgia que te envuelve,
un vaho entretejido de perdón y lamentos que te convierte en reina del reverso del cielo.
Cuando la soplas crece como si devorara la íntima sustancia de una llama
y se retrae como ciertas flores si las roza cualquier sombra extranjera.
No la dejes caer ni la sometas al hambre ni al veneno;
sólo conseguirías la multiplicación, un erial, la bastarda maleza en vez de olvido.
Porque tu pena es única, indeleble y tiñe de imposible cuanto miras.
No hallarás otra igual, aunque te internes bajo un sol cruel entre columnas rotas,
aunque te asuma el mármol a las puertas de un nuevo paraíso prometido.
No permitas entonces que a solas la disuelva la costumbre,
no la gastes con nadie.
Apriétala contra tu corazón igual que a una reliquia salvada del naufragio,
sepúltala en tu pecho hasta el final,
hasta la empuñadura”

[Ésa es tu pena, Olga Orozco]



Lienzo: Paul Delvaux, Robe de mariee, 1952

noviembre 20, 2009

divagaciones (casi)concupiscentes


Si yo fuera una persona sensata, no osaría venir a divagar a este sitio acerca de un libro como Los Cuadernos de Don Rigoberto... pero... ya lo he dicho... cuando llegué a la repartición... la sensatez se había terminado. Afortunadamente para mí, existe Santa Magdalena de Pazzi-, la Santa Patrona de los insensatos -para no decir locos, pues hay quienes se asustan por la apariencia de las palabras (y las cosas), aunque no les importe lo que éstas encierren-, para protegernos o por lo menos abogar en nuestro favor, allá en donde sea que se lleven a cabo los juicios sumarios en contra nosotros y más en estos tiempos, cuando los neoinquisidores andan tan activos. Entonces, so pretexto de la proximidad del fin de semana y de que a lo largo de la misma, he andado enfrascada en mi crisis cuasi-existencial y en las tristezas provocadas por los guardianes de la moral(doble) que pueblan este país, necesitaba un respiro y qué mejor que el proporcionado por una lectura hedonista.

Hacer reseñas de libros no es lo mío, así que pierdan cuidado que no los someteré a semejante suplicio. En realidad este post es un mero pretexto -a modo de introducción- para compartir aquí un pequeño fragmento del libro del escritor peruano. Comentar brevemente -quizá cuando termine con la relectura completa vuelva al tema con mayor amplitud-, cómo ciertas lecturas logran transportarnos hasta lugares tan ignotos como fascinantes, meternos en la piel de la (los) protagonista(s) y hacernos partícipes, sintiéndolas en carne propia, de las muchas y variadas sensaciones vividas por ellos. Desde luego que este tipo de ensamblaje, no ocurre únicamente con lecturas gozosas; también he padecido y me he estremecido con un sinfín de historias trágicas o simplemente tristes. El punto es la conexión que somos capaces de establecer con una historia y aún cuando esta se asiente en épocas y sitios totalmente ajenos a nuestro mundo. Es más, me atrevería a pensar que, quizá, entre más distantes de nuestra realidad sean los hechos ahí relatados más emociones pueden suscitarnos.

Ya para finalizar diré, de ahí el título de este post, que el texto de Vargas Llosa atrapa y envuelve (casi) como si de una lánguida caricia se tratara. Leer las deliciosas, libérrimas y apasionadas letras de Los cuadernos de Don Rigoberto, no sólo resulta un disfrute en términos estrictamente literarios (el peruano escribe -a los 60 años, edad que tenía cuando concluyó el libro aquí citado- como tocado por la gracia divina). También, deviene una experiencia plena de sensualidad; un goce para los sentidos, dicho esto en el mejor, más noble y amplio sentido de la expresión. Por último, recordar lo que atinadamente señaló el Magíster Georges Bataille (que del tema algo sabía):

“La actividad sexual de los hombres no es necesariamente erótica. Lo es sólo cuando no es rudimentaria, cuando no es simplemente animal” (Georges Bataille. El Erotismo).
"Para qué ibas a firmar unas cartas que sólo tú podías escribir? ¿Quién me ha estudiado, formado, inventado, como tú lo has hecho? ¿Quién podía hablar de los puntitos rojos de mis axilas, de las rosadas nervaduras de las cavidades ocultas entre los dedos de mis pies, de esa «fruncida boquita circundada por una circunferencia en miniatura de alegres arruguitas de carne viva, entre azulada y plomiza, a la que hay que llegar escalando las lisas y marmoleas columnas de tus piernas»? Sólo tú, amor mío. Desde las primeras líneas de la primer a carta, supe que eras tú. Por eso, antes de terminar de leerla, obedecí tus instrucciones. Me desnudé y posé para ti, ante el espejo, imitando a la Dánae de Klimt. Y volví, como tantas noches añoradas en mi soledad actual, a volar contigo por esos reinos de la fantasía que hemos explorado juntos, a lo largo de esos años compartidos que son, para mí, ahora, una fuente de consuelo y de vida a la que vuelvo a beber con la memoria, para soportar la rutina y el vacío que han sucedido a lo que, junto a ti, fue aventura y plenitud" [Fragmento de la carta de Lucrecia a Don Rigoberto. Mario Vargas Llosa. Los Cuadernos de Don Rigoberto. pp 240-241. Ed Alfaguara. México 1997]




lienzo: Venus dormida, Paul Delvaux

noviembre 18, 2009

miguelito... o el existencialismo petit



"Está bien que al mal tiempo buena cara, ¿pero hasta cuándo hay que estar fingiendo ésta condenada alegría?" Miguelito


[Después de mis más recientes post] no vayan a creer ustedes, amables visitantes de este blog, que de pronto me volví promotora de las causas perdidas (a estas alturas del partido, no quedan muchas dignas de ser defendidas); tampoco piensen que tardíamente he venido a descubrir mi vocación panfletaria (líbreme Dior, como dice un amigo de este blog). Nada más lejano. Debe ser el otoño, el fin de año que se acerca, la pérdida de seres amados y el reencuentro con otros que no lo son tanto. O quizá, que el hacer limpieza al armario, en el sentido físico y motafísisico -como dice mi querida Aurore-, tiene sus consecuencias (trato de encontrar una explicación a lo inexplicable; de no hacerlo, no sería yo). Pero lo cierto es que me hallo en medio de una crisis existencial. Un existencialismo muy venido a menos, cabe aclarar; así como Región 4, nada que ver con los efectos de una cena imaginaria en la Mesa de Sartre y Boris Vian, merced a la cual yo hubiese emergido más divagante que nunca (yo no tengo esa clase de sueños tan elevados… ni despierta ni dormida).


Sucede que buscando un libro de Mario Vargas Llosa (ruego a los cielos que no me dé por escribir mis divagaciones derivadas de la relectura -exquisitamente hedonista- de Los cuadernos de Don Rigoberto), fui a dar con unas viejas tiras de Mafalda y con ellas en la mano, de pronto me vi inmersa en un viaje de regreso a las aulas preparatorianas (habrase visto mayor falta de originalidad). Releyendo las historietas donde la pequeña Mafalda hacía gala de una consciencia social atípica en alguien de su edad, empecé a cuestionarme sobre muchos aspectos de mi vida, recordé el tiempo cuando me decían "pareces Mafalda" -sospecho que no por ser muy consciente, precisamente... sino por odiar con todas mis fuerzas la sopa aguada de fideos). Y así, de cuestionamiento en cuestionamiento, me hallé preguntándome qué tan lejana es mi vida actual de aquella que soñé en la adolescencia. Como imaginarán, la respuesta no fue la más halagüeña; por lo heme aquí presa de esta crisis existencialista miguelesca. Miguelesca, porque al releer las tiras de Quino reafirmé mi preferencia, no por la protagonista, sino por el pequeño rubio de cabellera semejante a una lechuga. Miguelito es, para mi gusto, el más existencialista de toda esa familia de entrañables monitos.

Él no era inteligente y maduro como Mafalda, siempre tan aguda y con la frase precisa para acallar a unos y otros; capaz de mirar más allá de lo evidente y de redefinir, a cada tanto, el concepto de consciencia social, con la misma intensidad con la que odiaba la sopa de fideos y las injusticias del mundo. Tampoco se parecía a Susanita, una clasemediera con aspiraciones a burguesa de portada de revista rosa; elitista y clasista cual típica advenediza venida a más. Menos a Manolito, cuyos sueños se circunscribían a poseer una gran cadena de tiendas de abarrotes (como el Wall-Mart del Cono Sur) e imaginar el disfrute de sus días de magnate abarrotero en la compañía de un buen habano, mientras las carretadas de plata, una tras otra, ingresaban a sus arcas. Ni siquiera tenía mucho en común con Felipito, el soñador mejor amigo de Mafalda, el noble dentón dispuesto a escucharla y hacerle compañía cuando ella lo requería y tan reacio a hacer los deberes escolares, como su amiga a comerse la sopa.


Si bien resultaba un poco discordante frente a los demás integrantes de la pandilla mafaldiana, y con perdón de la santa Wikipedia, no estoy de acuerdo en que Miguelito simbolizase las ideas de un Dictador. Simplemente era un niño un poco más solitario y algo distinto al típico loco soñador. Con su cabeza tan enmarañada por dentro como por fuera, el pobre nene deambulaba por las calles de Buenos Aires intentando averiguar por qué la gente no era capaz de notar cuando tenía frente a sí a una buena persona. Miguelito parecía vivírsela en la luna; en ocasiones se pasaba horas mirando con detenimiento hacia la bóveda celeste en busca de su abuelo muerto a los noventa años, pues su madre le dijo que se había ido al cielo y el niño pensaba que un nonagenario... por fuerza tenía que verse desde la tierra, pues a esa edad no estaba en condiciones de recorrer grandes distancias.

La tira que aparece aquí arriba, es de las que más me gustan; tal vez porque en ella la ingenuidad de Miguelito luce en todo su esplendor y ante mis ojos, lo hace ver como un existencialista petit:

Hay seres afortunados a los que sólo les basta con ser lo que son… para ser. En cambio, habemos otros, los seres superiores del reino animal (ja), que por fuerza tenemos que ser algo... para ser.


Santa Patrona de los locos y desvariados (quién quiera que seas), ampárame. Ahora sí es oficial: estoy en crisis... sólo en función de ella, me explico haber escrito esto.


Besitos desde mi locutorio...   






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noviembre 16, 2009

náufragos contemporáneos


Para naufragar y saberse perdido, sin esperanzas de llegar a buen puerto, no hace falta la inmensidad del océano; uno puede sentirse así, y con más frecuencia de la pensada, estando en su propio entorno y en relación con casi cualquier aspecto de la vida. Los náufragos de antaño en medio de la desesperanza que les significaba un mar ignoto, se aventuraban a enviar mensajes de auxilio y de amor, en una botella lanzada al mar... a sabiendas de que el mensaje jamás (o casi nunca) llegaría a las manos del desconocido destinatario; o bien, de que, en el mejor de los casos, la botella sería rescatada a destiempo.

En la actualidad, en un mundo que en ocasiones parece vivir más en el mar virtual que en el ámbito real (a juzgar por el tiempo que dedica al primero y a cómo han cambiado las formas de comunicarnos), los navegantes de la Internet, náufragos o no, lanzamos y rescatamos -casi en el momento mismo de ser lanzadas- botellas virtuales con mensajes de variada índole: unos claman atención, otros piden u ofrecen amor, unos más tan sólo sirven de mero deshago... y así bien podríamos seguir enumerando su diversidad ad infinitum. El punto es que entre tanto mensaje recibido y lanzado, de pronto, una termina por sentirse más perdida que nunca. Así me siento yo en ciertos momentos en relación con  determinados temas. Uno de ellos, es el referido al mantenimiento de la coherencia. Qué complicado se vuelve mantenerse así… coherente con uno mismo; acorde a sus principios, que pueden ser no del gusto de todo mundo, ni los más coincidentes con los enarbolados por la mass media, pero que al final de cuentas son los nuestros y resumen todo aquello en lo que hemos creído alguna vez.

Decía un maestro en la Universidad, que ser revolucionario (metafóricamente hablando) a los veinte, era casi una obligación, pero que continuar siéndolo en la cuarentena no sólo resultaba poco funcional, sino fundamentalmente anacrónico. La primera vez que se lo escuché, me sonó terrible (yo tenía 18); pero con el paso del tiempo me ha tocado ver a tantos seres admirables dar los más terribles bandazos. Literalmente ejercerla de saltimbanquis, yendo de un extremo a otro. He visto como respetables intelectuales o líderes de opinión, han transitado de posiciones humanistas/idealistas/honestas/justas... a otras tan pragmáticas (cínicas, me atrevería a decir), acomodaticias y opuestas, que casi no puedo creerlo y sin embargo, hay quienes afirman que eso se llama madurar... Cuando sé de alguien que ha dado esos virajes, recuerdo un poema, tal vez medio panfletario, que leí hace mucho tiempo (no estoy segura si de la autoría de José Emilio Pacheco o de Jaime Sabines y no logro encontrarlo en la web), que en su primer verso decía algo así:

"¿A quién se le ocurre nacer héroe en tiempos de mercaderes?"
Verso que hoy día, acorde con lo que decía mi maestro de Teoría Social, bien podría adaptarse para quedar: 
¿A quién se le ocurre ser coherente y tener principios, en tiempos de pragmáticos y saltimbanquis acomodaticios?

 
«El escritor debe ser esencialmente un subversivo, y su lenguaje no puede ser ni el lenguaje mistificatorio del político (y del educador), ni el represivo del gobernante. Nuestro lenguaje debe ser el del no-conformismo, el de la no-falsedad, el de la no-opresión. No queremos poner orden en el caos, como suponen algunos teóricos, ni siquiera hacer el caos comprensible. Dudamos de todo siempre, incluso de la lógica. El escritor tiene que ser escéptico. Tiene que estar en contra de la moral y las buenas costumbres» Rubem Fonseca.

No soy escritora, pero podría suscribir casi en su totalidad esto que alguna vez dijera el gran autor brasileño, de quien dicen nunca ha dejado de practicar sus dichos. Se lee tan fácil, pero a la hora de querer trasladarlo del discurso a los hechos... qué difícil se torna. Ser y vivir sin simulaciones (que nada tienen que ver con las fantasiosos anhelos de robarle unas gotas al genio maldito de Rimbaud y otras tantas al bendito de Paz, aclaro de una vez), al parecer no es precisamente lo de hoy... cuando lo funcional e in es... ser pragmático y so cool.

Aclaración Final. A mi modo de ver, la coherencia es una practica de vida que no se circunscribe a la ideología política, ni es exclusiva de una u otra posición. No sé es más coherente por ser “revolucionario” o idealista... e incoherente por ser un reaccionario o protofascista. He conocido a conservadores que son infinitamente más coherentes consigo mismos y con sus principios, que muchos que se autonombran revolucionarios y quienes en la practica son meros Saltimbanquis. 

Lo de ser “revolucionario” no tiene que ver propiamente con creencias políticas; ni significa marchar en pos de "la Toma de la Bastilla"; nada que ver (aunque no lo excluye, claro). En mi forma de verlo, se refiere a tener un pensamiento más amplio, diverso, incluyente; de apertura y aceptación, o por lo menos respeto, a quienes piensan diferente y profesen credos (del tipo que sea) divergentes del propio. Creo que todos hemos conocido a personas que llegadas a la adultez, trasmutaron en seres demasiado pragmáticos y cínicos; pero de igual manera, nos hemos topado con veinteañeros más reaccionarios e intolerantes... que muchos sesentones.

noviembre 13, 2009

hecha de pedacitos


Victor Frankenstein buscaba crear a un hombre nuevo, pensante y sensible, mediante la unión de los retazos de varios seres humanos inanimados. Ya sabemos cuán ingrato fue el resultado obtenido, tras el ensamblaje de tan disímil pedacería. Pero como nadie experimenta en cabeza ajena, yo ando tras un ser femenino “enriquecido” (como la leche adicionada con extra calcio y extra vitamínicos). O tal vez, debería decir mejorado, mediante la anexión de cualidades deseables y admirable (succionadas o clonadas, quizá) pertenecientes a varias mujeres remarcables. Ambición nada original lo sé, pero vamos que si uno se pone estricto, después de los griegos la originalidad ya no ha sido lo más notorio, precisamente.

Me gustaría ser la mujer en la que se condensaran todas las mujeres que has amado antes y amarás después. Esto lo deseé alguna vez, hace tanto ya; así como me nació lo escribí en mi cuaderno de notas y luego lo olvidé, pero esta madrugada lo reencontré... y como esto es un post de retales... decidí sacarlo a la luz.

No soy una gran devota ni rezandera, pero rezaría cien novenarios con tal de poseer una fracción de la lucidez infinita de Marguerite Yourcenar, un tercio de la capacidad de sobrevivencia de Marguerite Duras, un toque de la escritura exquisita y sensual de Anaïs Nin, una partícula del espíritu audaz e indómito de George Sand, un chispazo del genio maldito de Arthur Rimbaud y unas gotas del genio bendito de Jorge Luis Borges y Octavio Paz. 


Y después… daría mis ojos por la mirada de Antoine Doinel (cuando por fin llega al mar)


Hasta ahí voy, pero creo que aún puedo agregar alunas migas de ingenio, espiritualidad y luminosidad más. 

Pero… ¿Y con qué recubrir tan magnificente ser?

En un principio, había pensado en algo así como un envase a la altura de semejante contenido; como crear un frasco del más fino cristal lalique para resguardar el aroma más exquisito del mundo. Un prototipo de mujer alucinante, generado a partir de la mezcla de la sonrisa de una, los labios de otra, las piernas de una más, el aura de otra… y así… ad infinitum (pero sin botox, ni silicón) Pero después, al imaginar el resultado, pensé que la unión de tantos pedacitos de bellezas asombrosas pero desiguales, no necesariamente garantizaba la creación de la mujer más perfecta jamás vista... en un descuido, lejos de ser una belleza inigualable, la criatura naciente terminaría siendo la tan ingrata como el ente creado por el Dr. Frankenstein… O quizá, como dice el escritor Juan Villoro:


El ménage à trois de la genética, el photoshop y la fisioterapia/bisturí, produce a la gente estadísticamente guapa, pero como autolimitada, autocontenida... casi como un dogma producido en serie...


 “la belleza más profunda es el error que se disfruta como virtud”. JV



imagen: Después del baño, lienzo de Edgar Degas

noviembre 11, 2009

parafraseando a Mark Twain



Parafraseando al dramaturgo británico Mark Twain, quien alguna vez dijo sobre la actriz francesa Sarah Bernhardt:

"Hay cinco clases de actrices: las buenas, las malas, las regulares, las grandes actrices y… Sarah Bernhardt"…

…bien podríamos aventurar que existen cinco clases de políticos mexicanos: los regulares (buenos no conozco), los malos, los medianamente estultos, los imbéciles de tiempo completo… y los PANistas (PAN, derecha católica).

Debería pedir disculpas a Mark Twain (y a ustedes), por la mala paráfrasis y este post de tan mal gusto, pero hay días que mis mejores intenciones se ven socavadas por las cosas que dicen (y hacen) esta recua de impresentables, quienes no conformes con vivir a costa de nuestros impuestos, se atreven a rebuznar semejantes perlas.

Primera perla, surgida como respuesta a la iniciativa de legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo en el Distrito Federal; en donde hasta ahora sólo existe la figura jurídica denominada Sociedades en Convivencia, la cual fue aprobada con el voto en contra de la derecha católica PANista, como es obvio. Los PANistas son muy pudibundos y religiosos; se levantan persignándose y con el Jesús en la boca, pero a lo largo del día tienen a bien mentarnos la madre a los ciudadanos en las más diversas formas [eso por no mencionar que, como corresponde a la hipocresía y doble moral características de este Partido Político, no pocos de ellos han de ser entusiastas practicantes de esa bonita costumbre decimonónica de los vicios privados y la virtudes públicas. Ante todo el disimulo. Bien me dijo mi representante ante el Congreso Local –que es de filiación PANista y además, mi vecino-, que yo por qué me enojaba ante las declaraciones de sus correligionarios; si al contrario… debería estar agradecida... pues ellos abogan porque menos homosexuales salgan del clóset (¿o sea, cásate con un homo enclosetado, la cosa es cuidar las formas?]: 

(dar click para leer nota completa) "La Ciudad de México sería La jaula de las locas con uniones del mismo sexo"

Los PANistas, que, salvo contadísimas excepciones, jamás se han distinguido por su respeto a la Educación Pública, la Cultura y la Historia de este país, también parecen olvidar (a conveniencia) uno de los preceptos máximos de Jesucristo: 

"Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios"

Todo apunta a que en su quehacer público y político, no es la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos lo que les rige, sino el Catecismo del Padre Ripalda y la Biblia… esto en México… un ESTADO LAICO

Segunda perla. En plena recesión, con un proyecto fiscal 2010 perjudicial para los ciudadanos/clientes cautivos de la Secretaría de Hacienda, los diputados PANistas abogan por recortar (aún más) los magros recursos destinados por el Ejecutivo Federal al Sector de Educación Pública Universitaria (dar click para leer completo):



Porque para vivir mejor, nada como gobernar a un pueblo ignorante y manipulable (con la invaluable ayuda de la pésima TV mexicana). Eso bien que lo aprendieron los panistas de sus modelos inspiradores europeos (como hijos bastardos del franquismo y del fascismo de Benito Mussolini que son)

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Y para quitar el mal sabor de boca de este post tan poco grato, dejo un fragmento de Piedra de sol donde el poeta mexicano Octavio Paz demuestra que no todas las personas de ideología conservadora... son como los PANistas

"busco sin encontrar, escribo a solas,
no hay nadie, cae el día, cae el año,
caigo en el instante, caigo al fondo,
invisible camino sobre espejos
que repiten mi imagen destrozada,
piso días, instantes caminados,
piso los pensamientos de mi sombra,
piso mi sombra en busca de un instante,

busco una fecha viva como un pájaro,
busco el sol de las cinco de la tarde
templado por los muros de tezontle:
la hora maduraba sus racimos
y al abrirse salían las muchachas
de su entraña rosada y se esparcían
por los patios de piedra del colegio,
alta como el otoño caminaba
envuelta por la luz bajo la arcada
y el espacio al ceñirla la vestía
de un piel más dorada y transparente"






Imagen: la Divina Sarah Bernhardt, fotografiada por Gaspar-Félix Tournachon

noviembre 09, 2009

amores idealizados


Resulta triste o por lo menos un tanto extraño, que cuando se hable de grandes amores la mayoría de las veces se haga en tiempo pasado, siempre como un bello recuerdo y casi nunca como de algo en presente. Tengo la impresión -que desde luego puede ser equívoca- de que existe una tendencia a idealizar nuestras relaciones amorosas pasadas y aunque es posible que no pocos de esos amores idos, realmente hayan sido grandiosos, también existe la posibilidad de que al recordarlos les estemos confiriendo un halo de grandeza que distan mucho de haber tenido. En pocas palabras, es muy común que al recordar y contar viejos amores, ya sea de manera consciente o inconsciente, terminemos embelleciéndolos.

Tal vez sea cierto que la felicidad sólo es aquilatable en retrospectiva, nunca en el momento de vivirla y quizá por ello, ante nuestro propio azoro, nos hemos escuchado exclamar aquel viejo refrán: todo tiempo pasado fue mejor. Si quien exclama semejante cosa es alguien de 75 años, supongo que algún sentido habrá en sus palabras. Lo curioso, al menos para mí, es que últimamente me ha tocado escucharlo -de manera textual o digamos, adaptada- de parte de personas que no han cumplido la treintena. ¿Por qué alguien de 27 años cree, casi asegura, que un amor del pasado no sólo es el mejor de su vida (lo que sería entendible, en tanto pocas experiencias en su haber), sino el definitivo... el amor de su vida. Cómo no asombrarse, si lo dice con la imperturbabilidad de quien ya no cree ni espera (ni desea) experimentar más en el incierto terreno del amor. Para mí, que lejos estoy de habitar en una burbuja color rosita fresita o de practicar la filosofía hellokittyana, resulta complicado discernir los motivos que animan tal forma de pensar.

Quizá detrás de esa idealización -y tácita negación a nuevas experiencias-, haya temor; no tanto al fracaso o nuevo rompimiento del corazón, sino a la decepción que produciría no volver a sentir aquellas mariposas, ardores y demás sensaciones vividas -tal vez sólo imaginadas o exageradas- aquella vez. Y por ello se opte por vivir del pasado, dándole vueltas a los recuerdos en un presente carente de las grandes emociones del ayer, pero también... sin la posibilidad de los grandes riesgos...
"Nada podrá nunca superar el encanto de aquel primer amanecer. Yo podría haber sido Adán, con el sabor de la manzana aún fresco en mi boca. Estaba observando toda la belleza del mundo plasmada en el cuerpo de una mujer y supe, con repentina y deslumbrante certeza, que eso era TODO"
"¿Alguna vez ha idolatrado verdaderamente una mujer? Nada puede ser obsceno en ese amor. Todo lo que ocurra ahí deviene sacramento" 
[Oscar (Peter Coyote) en Bitter Moon de Roman Polanski, recordando su intenso y enfermizo amor por Mimi (Emmanuelle Seigner) ante un azorado Nigel (Hugh Grant)]
Al querer convencer a los demás -pero sobre todo, a nosotros mismos- de que no nos afecta... tanto no disfrutar en la actualidad de las mieles y hieles de un amor intenso... porque ESO ya la hemos vivido a tope en otro tiempo y ahora preferimos la tranquilidad, pues entendemos que hay cosas que sólo suceden una vez en la vida y no siempre ocurre que el pasado -vestido de un amor arrebatado- nos vuelva a pasar... acaso, más que una distracción a la soledad o a la planicie de una relación sin mayores emociones, lo que estamos haciendo en realidad, es asumir una renuncia total... sin el menor intento de oposición de por medio...









imagen: fotograma de Bitter monn (Emmanuelle Seigner y Kristin Scott Thomas)

noviembre 06, 2009

poesía para llevar


Hoy no voy a escribir mis divagaciones. En realidad no debería postear nada. Pero la noche de anoche, la frialdad con que nos ha obsequiado este noviembre aireado y melancólico, en perfecto maridaje con la poesía... vinieron a detonar mis propias nostalgias, siempre latentes, aunque a veces (semi)ocultas tras la cotidianidad de los días. Así que hoy, ustedes disculparán, seré más egoísta que de costumbre y me limitaré a dejar para disfrute (espero) de sus sentidos, un par de poemas con los cuales siento especial identificación. Si esto fuera un mundo de fantasía y de improviso yo fuese tocada por una pequeñísima partícula de talento poético, me gustaría ser capaz de escribir algo así.

"Escucho resonar el agua que cae en mi sueño.
Las palabras caen como el agua yo caigo. Dibujo
en mis ojos la forma de mis ojos, nado en mis
aguas, me digo mis silencios. Toda la noche
espero que mi lenguaje logre configurarme. Y
pienso en el viento que viene a mí, permanece
en mí. Toda la noche he caminado bajo la lluvia
desconocida. A mí me han dado un silencio
pleno de formas y visiones (dices). Y corres desolada
como el único pájaro en el viento"

[L'obscurité des eaux Alejandra Pizarnik]


"Alguna vez de un costado de la luna
verás caer los besos que brillan en mí
las sombras sonreirán altivas
luciendo el secreto que gime vagando
vendrán las hojas impávidas que
algún día fueron lo que mis ojos
vendrán las mustias fragancias que
innatas descendieron del alado son
vendrán las rojas alegrías que
burbujean intensas en el sol que
redondea las armonías equidistantes en
el humo danzante de la pipa de mi amor"
[Más allá del olvido. Alejandra Pizarnik]





noviembre 04, 2009

edades

Uno se da cuenta que ha empezado a envejecer, cuando ya no le encuentra gracia a la vida y deja de tener ilusiones… lo cual puede ocurrir a los treinta o a los ochenta. Algo parecido me decía mi abuela, quien a menudo solía bromearme merced a mi débil salud (en mi infancia padecí un sinfín de enfermedades respiratorias y alergias de todo tipo), diciéndome que con tanto achaque -y a tan temprana edad- seguro no llegaría ni a cumplir los cincuenta. Ante tal sentencia, mi respuesta era la obvia: "yo no quiero vivir más de cincuenta años, porque si, como tú dices, a los doce ya soy la madre de todos los achaques, qué será de mí con más edad."

Ahora, dejadas atrás la infancia y la adolescencia, ya no pienso igual por supuesto; además de que en términos generales, mi salud actual es infinitamente mejor que la tenida en mi niñez. Claro que no todo ha sido miel sobre hojuelas y con la adultez he adquirido un nuevo tipo de achaque: las preocupaciones. De un tiempo a esta parte, me preocupo por cosas tan intangibles como el devenir humano, mío y de quienes me rodean; por el futuro y otros asuntos igual de etéreos. No arreglo nada, eso lo sé. Pero eso no obsta para que a menudo me sorprenda a mí misma, pensando en, literalmente, la inmortalidad… y no precisamente la del cangrejo. No sé si esto sea algo que sólo me pase a mí, o si por el contrario, se trate de una especie de "mal de nuestro tiempo", causado por la incertidumbre característica del mundo en que vivimos.

En la actualidad, hay días en los que me imagino como una viejita de 90 años lúcida e irónica, provista de la sabiduría que sólo la experiencia puede dar (la buena y la mala… en especial la segunda). Pero hay otros, en los que la sola idea de imaginarme a los 70 llena de achaques físicos y sobre todo, con la lucidez mermada, me hace sentirme en una película de horror y con ganas de decir, hacer efectivo, aquello que respondía a mi abuela cuando tenía doce años: no quiero vivir más de cincuenta años.

Hoy es un día extraño; uno de esos que me gustan. Estamos en otoño (mi estación del año favorita), hace frío, el cielo luce nublado pero sin amenaza de lluvia y por ende, hay en el ambiente un dejo de melancolía. Esto, lejos de resultarme deprimente, me parece envolvente, casi reconfortante y quizá por ello, este miércoles 4 de noviembre de 2009 es uno de esos días en los que me imagino nonagenaria, "sabia" y, dentro de lo que cabe, saludable… esa visión mía, me provoca una rara placidez y me hace esbozar una sonrisa… una traviesa e irónica.

Adenda: el domingo pasado murió Claude Lévi-Strauss, quien estaba a punto de cumplir ciento un años de edad. Hace una década, durante un homenaje que se le rindió allá en su tierra, este antropólogo habló acerca de la edad y la decadencia del cuerpo humano... y lo hizo con una lucidez envidiable.
 "Montaigne dice que la vejez nos disminuye cada día y nos merma de tal manera que, cuando la muerte sobreviene, no se lleva más que a un cuarto de hombre, o a la mitad de un hombre. Montaigne murió a los 59 años, e indudablemente no pudo concebir una vejez tan extrema como la que ahora vivo. En esta edad, que jamás imaginé alcanzar, tengo la sensación de ser una especie de holograma fragmentado. Cada parte de mí, sin embargo, conserva una imagen y una representación completa del conjunto. Así, para mí, hoy existe un yo real, que no es sino un cuarto o la mitad de un hombre, y un yo virtual que todavía mantiene la idea de un conjunto […] En la actualidad, mi vida se desarrolla en esta especie de extraño diálogo […] El yo virtual redacta el proyecto de un libro, comienza a organizar los capítulos y le dice al yo real: "te toca continuar". Y el yo real, que no puede más, le dice al yo virtual: "Es tu asunto. Eres tú quien puede concebir ese proyecto en su totalidad" [Claude Lévi-Strauss. Colegio de Francia, París. 1999]



noviembre 02, 2009

entre muertos, cuervos y muros caídos te veas

Oraciones para el día de muertos
“Mínima alma mía, tierna y flotante, huésped y compañera de mi cuerpo, descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, donde habrás de renunciar a los juegos de antaño. Todavía un instante miremos juntos las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver... Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos..." [P. Aelius Hadrianus, Memorias de Adriano, Marguerite Yourcenar]
 "Me gustaría entrar en la noche que no es la noche, en la noche sin estrellas, en la noche sin dioses, en la noche que nunca ha soñado con el día, en la noche inmóvil, muda, intacta, en la noche que nunca ha sido y que no será jamás. Amén” La Rochelle

  el maestro del cuento de terror saludando desde Ciudad Universitaria
 
inspirados en algunos de los célebres cuentos de horror de Edgar Allan Poe, varios de los sesenta y tres montajes integrantes de la Mega Ofrenda del día de Muertos instalada en la explanada central de Ciudad Universitaria (UNAM)


cría cuervos... 
 
la tarde gris y llena de melancolía en perfecta sintonía con el frío clima vivido este fin de semana en la Ciudad de México, han sido un marco inmejorable para la Mega Ofrenda Universitaria, en especial para una de las imágenes más emblemáticas de Edgar Allan Poe.



mira cómo pasa el tiempo

 explanada de la UNAM al anochecer, desde el extremo opuesto a la Mega Ofrenda



este es beso y no pedazos (qué nos dura le baiser de l'hotel de ville de Robert Doisneau) 

hablando de otro tipo de conmemoraciones menos místicas que la mexicana; a veinte años de la caída del Muro de Berlín, nada como esta imagen de los defenestrados viejos líderes de las desaparecidas Unión Soviética (Leonid Brezhnev) y República Democrática Alemana (Erich Honecker), juntos y felices en cálido beso (obra realizada por Dmitry Vrubel) ¿Quién dijo que los comunistas primitivos no tenían corazón?


que veinte años no es nada
 
la Puerta de Brandemburgo veinte años después de la caída del Muro... en el corazón de la noche berlinesa




ADENDA para ver imágenes tradicionales del Día de Muertos, dar click AQUÍ (por cortesía de BBC Mundo)


Imágenes:
fotos 1 y 2 (de la mega ofrenda) de la autoría de Cristna Rodríguez (tomadas del diario La Jornada)
foto 3  (explanada de CU) tomada de Internet
foto 4 (el beso) agencia de noticias Reuters (tomada también de La Jornada)
 foto 5 La puerta de Brandenmburgo, imagen de la agencia de noticias AFP