Alguna vez un visitante de este blog, mi acérrimo voyeur según sus propias palabras, decidió salir de su escondite y mostrarse dejándome un comentario; ha pasado tiempo de eso, pero aún recuerdo sus palabras: "hoy dejaste tu ventana más entreabierta, permitiéndome apreciar cómo te despojabas de alguna prenda más de lo habitual"
Al leerlo fue inevitable no acordar con él: este asunto de la blogueada -para algunos, aclaro- es una suerte de acto desnudista; casi una impudicia como dice la escritora belga Amélie Nothomb. Es impúdico porque en cada escrito, uno va exponiendo ante los ojos de los demás -la mayoría seres intangibles y totalmente desconocidos- trocitos de su ser. Aún cuando esa no sea la intención explícita (quizá porque tienen razón quienes aseguran que el subconsciente siempre nos traiciona, dejando ver de nosotros mismos más de lo que en realidad quisiéramos), uno acaba desvelando ante esas miradas extrañas, parte de sus sueños, deseos inconfesables y pesares.
Aunque no exento de lógica, no deja de ser curioso que en ocasiones, una sea más "impúdica" en su blog (infinitamente más) de lo que es en su vida diaria. No pocas veces he sido objeto de reproches por parte de mis amigas (las mujeres somos más curiosas, ni para qué negarlo), quienes me reclaman que durante nuestros encuentros suelo darle la vuelta a las preguntas y temas que me atañen íntimamente, dejando ver poco de lo que pasa dentro de mí. Y tienen razón. Para ellas resulta sencillo, casi como respirar, contar sus más recónditos pensamientos, deseos y hasta pecadillos delante de las otras. Yo prefiero escucharlas antes que hablar de mí. No puedo; en verdad me cuesta mucho hablar de mi "en vivo", escuchar mi voz exponiendo ante los oídos de ellas todo lo que pasa en mi interior, las cosas que atormentan mi pensamiento y enmarañan aún más mi de por sí enmarañada cabecita, es algo que no se me da. Y creo que a estas alturas, ellas ya se han acostumbrado; llegan a mi casa, me piden una copa de vino, alguna musiquita y empiezan a compartir sus cosas; luego, a media jornada, con un par de copas dentro alguna de ellas dice:
"Marichuy eres una tramposa, mientras tú apenas hablas, yo ya te he contado mi vida y milagros en un santiamén"
Queja que no pretende más que dejar asentado un hecho por todas asumido, permitiendo, de paso, un respiro a la que habla, para enseguida continuar en sus soliloquios y diálogos entre ellas... conmigo como (casi) mudo testigo. Y si al final vuelven a la pregunta de siempre, aludiendo a que debo tener un diario con todo y efigie de hello kitty y candadito de rosita fresita, yo les respondo que mi cuaderno de notas (donde escribo lo importante) no precisa de candados protectores y que lo demás... está en mi cabecita... a buen resguardo.
Y por cierto, hablando de sueños desvelados hoy me toca publicar en el blog colectivo escribidores y literaturos » olor a mar








