escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

Mostrando las entradas con la etiqueta esceptisismos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta esceptisismos. Mostrar todas las entradas

abril 30, 2009

entre cerdos también hay clases

Ahora resulta que estos simpáticos animalitos son la versión moderna de Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. Un peligro para la humanidad. Que no nos vengan con cuentos. Los cerdos verdaderamente peligrosos, no son los miembros del ganado porcino. Los cerdos altamente peligrosos caminan sobre dos patas, tienen un aspecto impecable y no pocos visten trajes Armani combinados con corbatas Hermès y manejan Maseratis. Muchos, dirigen empresas de biotecnología, donde se efectúa manipulación genética, no siempre legal; presiden industrias, cuyos procesos productivos no guarddan el menor respeto por las normas ambientales… ni de ningún tipo; son dueños de bancos; fabricantes y traficantes de armas; inventores de guerras, invasores y saqueadores de otros países; especulan con capitales millonarios para desestabilizar las economías locales y luego entrar a rescatar las pequeñas empresas quebradas, adueñándose de ellas por una bicoca; son delincuentes de cuello blanco y grandes evasores de impuestos; monopolizan la generación y distribución de productos básicos; pagan bajos salarios; acaparan y/o manejan los servicios de salud, sin el menor sentido de ética, como viles mercenarios de la salud; son dueños de los principales medios de comunicación electrónica, donde ejercen la tarea informativa para manipular y adoctrinar a la población; etc. etc.…

Sin olvidar que la mayoría de las veces, estos cerdos actúan en contubernio con los gobiernos locales, los cuales no pocas veces… también están presididos por cerdos.


Ah… y como si todo ello no fuera suficiente, los cerdos altamente peligrosos no sirven ni siquiera para preparar un buen lechón, un chamorro al horno o unos tacos al pastor.


.....................................................

los cerdos peligrosos usan traje


................................................




marzo 20, 2009

de esceptisismos y ayuno

Nosotros los escépticos somos capaces de las mayores contradicciones. No creemos en nada ni en nadie y se supone que ya nada es capaz de sorprendernos. Pero al mismo tiempo, estamos dispuestos a presenciar los mayores extravíos y absurdos, dándoles crédito… a pesar de nosotros mismos.

En un hecho que sólo puedo explicar en razón de ese atarantamiento tan mío, el cansancio, la sobrecarga de chácharas (bolsas del supermercado, abrigo, morral con libros y… bolso mano) y la oscuridad nocturna... perdí mi bolso de mano. Sí, mi bolso de mano, el cual se me cayó en el microbús –con tanto cargamento encima no podía ser de otra forma– y solamente lo noté hasta que llegué a la puerta del edificio donde habito y, para mi asombro y horror, no traía mi bolso de mano. , Una mujer con los sentidos en su lugar, como diría mi abuela, puede olvidar/extraviar el abrigo, el paraguas, un libro o hasta las compras del mercado (hay algunas que dejan olvidado al novio, aunque presumo que eso no es por accidente), pero… ¿su bolso de mano? Eso nomás yo.

Ahorrémonos detalles. Una vez que la vecina me hizo favor de abrirme, prestarme dinero y guardar mis tiliches, yo salí a buscar un cerrajero. Después caminar casi un kilómetro lo encontré y volví con él a casa... en su coche (a esas horas no estaba yo para remilgos). Llegamos y él puso manos a la obra, mientras yo trataba de mantener la calma. Eternas se me hicieron las dos horas que el santo señor tardó en abrir la cerradura y por fin pude entrar a casa. Y ni tiempo para entrar en autoconmiseraciones/recriminaciones, pues el timbre del teléfono había estado suene y suene mientras el cerrajero y yo estábamos del otro lado de la puerta [él trabajando y yo mordiéndome las uñas y poniendo cara de circunstancia cada que pasaban mis vecinos, creo que ese noche todos subieron y/o bajaron, y me miraban con cara de lástima]. Total que por fin entré y, apenas deposité mi cargamento en el piso, corrí a levantar el auricular. Al otro lado de la línea una voz de hombre joven me dijo: “buenas noches, eran más de las once de la noche, ¿ahí vive Marichuy?

Yo apenas alcancé a balbucear un ¿quién la busca?

—El hombre respondió con un soy fulanito de tal y esta noche en el microbús de la Ruta XX me encontré un bolso negro de mujer y dentro una libretita donde venía una hoja de servicio de Telcel con este nombre y número telefónico.

¡¡¡ Mi bolso!!!

—Sí, estoy llamándola para ponernos de acuerdo y entregárselo…

Vivirlo para contarlo. En esta denostada capital mexicana una puede olvidar/tirar su bolso y alguien lo encuentra, teniendo la decencia de llamarla para devolvérselo.

Finalmente el hombre al teléfono y yo nos pusimos de acuerdo para vernos al día siguiente –sábado– a las 7:00 de la mañana, en la emblemática esquina de conocida avenida sureña. Aquella fría mañana invernal, mientras me dirigía al encuentro con un absoluto desconocido, mi boquete estomacal empezó a cosquillear al ritmo del montón de dudas y alguito de miedo que iba sintiendo, pero ni modo de regresarme. Por si fuera poco, mi mala costumbre de ser puntual hizo que llegara 15 eternos minutos antes que el chico, quien llegó acompañado por su primo a esa solitaria esquina. Me identificaron (vía credencial para votar), se acercaron, saludaron y sin mayores preámbulos me entregaron bolso. Intacto su contenido –credenciales, billetera con dinero, otro libro, agenda, teléfono celular y llaves de casa que ya para esta hora no me servían–. Yo no sabía si besarlo o abrazarlo y como me daba pena ofrecerles dinero, los invité a desayunar pero ellos se disculparon pues ya se les hacía tarde para irse a trabajar… debí repetir ¡¡¡muchas gracias!!! unas veinte veces.

Los primos se fueron y yo me quedé pensando en mi escepticismo...

Ah... casi me olvidaba del ayuno...

Resulta que en la acera frente a la esquina donde yo había recuperado mi bolso perdido, hay una Sex Shop y justo sobre el cartel que muestra a típica rubia oxigenada de típicos y pechos operados, alguna piadosa dama –o caballero, vayan ustedes a saber– pegó una cartulina con esta cita:

“El ayuno purifica el alma, eleva el espíritu, sujeta la carne al espíritu, da al corazón contrición y humildad, disipa las tinieblas de la concupiscencia, aplaca los ardores del placer y enciende la luz de la Castidad.” (San Agustín).