No tengo remedio; soy como del siglo XIX, me cuesta tanto deshacerme de los recuerdos. No, no solo me cuesta; me resisto a hacerlo y lo malo es que mis recuerdos no solo están en mi mente, corazón, alma o donde sea que se almacenen, más allá del disco duro cerebral -bien duro que lo tengo, por cierto. Mis recuerdos están en objetos de todo tipo; casi todos de poco valor monetario, pero con un gran valor estimativo para mí, pues me llevan de vuelta a momentos o lugares memorables. No sé cómo he sido capaz de acumular tanta cosa; pero así es. Papeles, cuadernos de viajes, cartas, folletos, carteles, guías de museos, catálogos de exposiciones, fotografías, pisapapeles, cortaplumas e infinidad de chácharas más. Todos y cada uno de ellos encierran algo para mí y cada vez que me dispongo a hacer una depuración y eliminar los menos valiosos, acabo volviéndolos a guardar todos. El domingo intenté la última depuración, no sin antes decirme: “ahora sí, tiro todo lo que no sirva”, que equivaldría a tirarlos todos porque como servir para algún fin práctico… ninguno sirve. Apenas empezada la revisión, me topé con una foto mía tomada por un ex novio que se sentía el Cartier-Bresson Región 4... el pobre. Al ex novio fotógrafo no le gustó la imagen resultante, porque yo apenas me veo como difuminada tras las sombras y el tronco de un frondoso árbol; pero a mí me encantó justo por eso. Esa fotografía algo sombría me recuerda a la que era yo en ese entonces, cuando no había atesorado tantas remembranzas, ni perdido a seres tan amados; como al mejor amigo que he tenido en la vida, a quien le encantaba mi foto; alguna noche me dijo que yo me veo como una aparición, misteriosa, etérea e inasible y yo, cursi como soy, terminé regalándosela; hasta que poco antes de morir me la devolvió... para que al verla me acodara de él. Y así pasa siempre; el domingo al ver esa foto fue como estar de nuevo entre las sombras del jardín de la casa familiar que hace tanto dejé; fue como ver a mi amigo luminoso y hermoso, más allá de la belleza física, como era entonces... cuando no imaginaba (no imaginábamos) que el maldito SIDA se lo llevaría en poco, poquísimo tiempo...¿Qué, para volverlos desechables, sustituibles e intercambiables por otros más ligeros y atractivos?
“Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco. […] Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo. Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.”
[…]
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.”
……
[Extractos de Lo desechable (de presunta autoría del escritor uruguayo Eduardo Galeano)]
En Eternal sunshine in the spotless mine, Charlie Kaufman y Michel Gondry proponen manipular la mente para mejorar nuestra existencia, suprimiendo de ésta todo vestigio doloroso… lo que incluye borrar a las personas que nos han lastimado. En la vilipendiada -que a mi, con perdón de los críticos especializados, me encanta- La Science des Rêves, Michel Gondry pretende hacer más soportable nuestra existencia mediante la manipulación de los sueños, vivir en una realidad alterna. -escapar de la realidad-, en la cual las cosas se sucedan acorde a nuestros deseos y necesidades.