escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

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julio 10, 2008

carta sin entregar

Ojos verde deslavado

Me encantaba escribirte cartas, así me parecía más sencillo decirte casi todo, sin que la emoción me traicionara o tú me interrumpieras… a medio speech…. A ti nunca te dio por hacer una sola, decías que eso de la poesía y las letras bonitas no sé te daba y claro, nunca supiste bien a bien como responder a mis cartas; para ti, pragmático como tu solo, casi todo tenía como respuesta un si o un no… y un "te quiero" es solo eso, "un te quiero" al que no le hace falta ninguna floritura de más; y porque andarle buscando más de un sentido a las palabras … es un sinsentido. Alguna vez, casi desesperado me dijiste: “quisiera que por una maldita vez fueras una de esas chavas que no se cuestionan nada, que no andan como queriendo arreglar el mundo ¿de qué te sirve?, que fueras una mujer cuya mayor preocupación sea qué atuendo usar el sábado próximo […] ¿por qué carambas tienes que ser tan complicada?” Después de uno de esos desgarros… volvías a mi casa con tres docenas de rosas rojas y diciendo, con cara de arrepentido, “por favor nunca vayas a ser como esas viejas huecas que solo leen Cosmopolitan y hablan puras frivolidades…" -curioso, las rosas rojas nunca han sido mi hit; las flores me encantan, excepto las blancas porque se me hacen de muerto y las rosas rojas… A mi, la madre del cliché, las flores del romanticismo cliché jamás me han gustado.

Muchas cartitas te escribí, pero no todas te las entregué, algunas quedaron por ahí aguardando algún momento propicio que nunca llegó; hace poco hojeando un libro que no tocaba hace tiempo, me encontré una y casi no podía dar crédito a lo ahí dicho ¿yo escribiendo semejante loa al erotismo naif? Caray, las cosas que una es capaz de escribir, decir, hacer… cuando está enamorada… y vaya que lo estaba. Luego no sé que me pasó, ni en que momento dejaste de ser para mí el hombre más adorable -aunque medio arisco- del mundo. No te gustaba escribir cartas de amor y te decías negado para la poesía, pero te encantaba que yo te la leyera mientras tú fumabas pipa, parecías disfrutarlo. Y a mi se me caía la baba viendo tus ojos resplandecientes o taciturnos; siempre me encantaron tus ojos de un verde como deslavado. Pero también se me dejó de caer la baba; dejé de disfrutar tus sarcasmos; te volviste dominante, controlador, como si de pronto hubieras dejado salir a un macho hasta entonces oculto. Empezaron nuestros problemas, desencuentros, aprendí un montón de de pretextos para no hacer el amor, para no verte; peleamos… y un buen día, buscando una solución, no se te ocurrió mejor cosa que… el matrimonio. Dije NO, pero me provocó tristeza hacerlo; fui cobarde, temí decirte que ya no sentía igual; lo sé, estuvo mal, pero a una no le gusta ir por la vida lastimando a quien se ha amado y al final sale peor porque se termina lastimando más al callar. Y en mi cobardía no se me ocurrió mejor cosa que decirte entiende que no tiene sentido, escribirte una última carta y salir corriendo. En su momento no me lo perdonaste, sin embargo creí que ya lo habías dejado atrás. Otra equivocación, so pretexto de un libro, un amigo mutuo me llamó anoche y como sin querer, me dijo que a pesar de vivir con Ella desde hace tiempo, todavía hablas de mí con una mezcla de resentimiento y dolorida nostalgia, aún dices que yo te dejé casi al pie del altar. No es cierto y ambos lo sabemos; la relación estaba mal, iba hacia ninguna parte y el matrimonio no solo no era una solución, era la peor. Pero aún así, yo también la pasé mal, cuando una relación termina sin importar que el amor haya disminuido, hay dolor, queda una tristeza, se vive un duelo. Yo lo viví, pasó mucho tiempo para que intentará una nueva relación; tu en cambio, al año ya vivías con Ella. Quizá son mecanismos de defensa y cada quien enfrenta sus pérdidas, vive sus duelos, a su manera; la mía es el aislamiento; la tuya la sustitución, una nueva compañía.

Curioso, anoche al colgar el teléfono aspiré el aroma a maple de tu pipa; nunca me ha gustado el olor a cigarro pero el aroma de tu pipa y tu fumándola, me fascinaban. Anoche los recordé y los extrañé... a ambos. Pero eso jamás lo sabrás tu, el de los bellos ojos color verde deslavado... porque estas atropelladas palabras son solo un sinsentido que tampoco llegará a tus manos...