escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

septiembre 14, 2012

una mirada al pasado...

Regard sur le passé’, foto de Mario Cliche


En griego, «regreso» se dice nostos. Algos significa «sufrimiento». La nostalgia es, pues, el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar.
[Milan Kundera, L’Ignorance. página 11]

Recuerdos que creíamos perdidos. Es más, recuerdos que ni sabíamos de su existencia, de pronto reaparecen. Y a veces, hasta mejorados. Algo así me ha pasado hoy, cuando de manera por completo inesperada (en un momento tan poco literario como lo es el de lavar trastes) vino a mi mente un grato recuerdo, tan lejano como mi niñez. Evocación que ha venido con todo y la compañía de los aromas y sonidos del verano. La escena que repentinamente he visto pasar, como quien mira un tráiler cinematográfico, ocurría en la playa donde disfrutábamos los últimos días de las vacaciones escolares. Era ya tarde, pero nosotros apenas íbamos a comer. Lo sé porque el aroma del mar se confundía un poco con el de la leña que servía para cocinar pescado. Mucha debía ser mi hambre, pues en mi recuerdo el olor del pescado asándose a las brasas casi se sepultaba al inconfundible aroma del mar. Y yo salivaba. Por más que intentaban distraer mi hambre con fruta (mango petacón con limón y chile), yo sólo tenía ojos para la pequeña fogata donde lentamente se cocinaba el huachinango a la talla, tan típico de mi tierra. Nada más me interesa.

Pese al tiempo que ha transcurrido desde aquella tarde veraniega, el aroma del mar, el sonido de las olas golpeado las rocas, las iguanas tendidas al sol, los gritos de mis primos y hermanos… todo parece tan vivo. Es extraño. Doblemente extraño porque aun cuando el verano no es ni de lejos mi estación favorita, al recordar aquella tarde no sólo me gusta, sino que adquiere un cariz entrañable, como revestido por la nostalgia de la que habla Milan Kundera en las primeras páginas de L’Ignorance. Entrañable como el aroma del pescado asándose y al que yo aguardaba con ansias, saboreándolo por anticipado.  Entrañable como me resulta todo lo que tenga que ver con mis días y noches en Acapulco; sobre todo ahora que ese puerto pasa por malos tiempos, victima, como tantos otros sitios de México, de la violencia incontrolable que nos asola. A saber por qué he recordado esto precisamente ahora. Quizá porque es fin del verano… y domingo. Aunque a diferencia de aquella tarde en Acapulco, la de hoy ha sido lluviosa y el mar parece tan lejano como mis días de infancia y los días en que Acapulco era un paraíso vacacional. Dando una libre (y limitada, desde luego) interpretación al episodio de la magdalena en Por el camino de Swann, de Marcel Proust, quiero creer que los recuerdos vuelven no cuando nosotros lo deseamos, sino cuando los necesitamos: en estos días en que las presiones laborales y el estrés me llevan a olvidar cosas tan simples como si apagué la computadora antes de salir de casa, crece mi temor a que en algún momento de mi vida llegaré a perder por completo la memoria. Una posibilidad que me parece no sólo tristísima, sino profundamente cruel. Tal vez por eso, el haber recordado, casi revivido, aquella soleada tarde frente al océano Pacífico, el haber vuelto a escuchar la risa de mi abuela y hasta mis propios grititos ante la fuerza de las olas estrellándose en mis piernas, me ha hecho sentir un poco mejor y hasta devuelto algo parecido a la confianza –al menos una poca- en las vueltas y entresijos de la memoria, aunque sin perder de vista lo traidora que puede llegar a ser. Y es que, entre otras cosas, somos lo que recordamos.

Parafraseando a René Descartes: Recuerdo, luego existo…


***

12 comentarios:

malbicho del fanzín dijo...

memorias felices, qué buena terapia

y qué feliz dibujas a esa niña con el mar hasta las rodillas, con el sabor del mango enchilado en los labios, el olor del huachinango en el viento y la risa de la querida abuela en el corazoncito

Darío dijo...

Supongo que por eso también se dice "todo tiempo pasado fue mejor", porque los recuerdos tienen ese poder de teñir las cosas que ya pasaron con ese matiz de lo entrañable.
También supongo que debe haber algo de lo que Gadamer aplica a la interpretación, "la distancia histórica" como condición para ver las "cosas de otra forma". Tenemos esa propensión a tornar mito todo pasado, a hacer maravillosos a nuestros muertos, a creernos, y yo no creo que esté mal, "Un Gran Pez".
Seguriría hablando pero sería impertinente con tan precioso texto que me disparó un montón de cosas. Es una preciosura de texto que lo atesoro profundamente. Y voy por Kundera.
Un abrazo.

Jo dijo...

habia una canción no?

"el pasado nos vuelve a pasar"...
aun espero que no. no todo

Juan! dijo...

Me pasa algo similar. Ultimanmente mi cabeza esta llena de imagenes de cuando me sentia libre...

Creo que es hora de volver a leer el principito... con mucha atencion.

Por cierto: Gracias por regresarme a la playa paisana, aunque fuese solo por unas lineas!

Mafalda Om dijo...

...

No me gustaría por nada del mundo llegar a decir: he perdido la mirada, he perdido la palabra. No sé volver.

Mientras podamos hacerlo, recordemos...

Mafalda

GAB dijo...

Hace poco leyendo a Victor L. Frankl y en una parte de su relato sobre la parte mas cruda de su permanencia en Auschiwtz, narra como en un recorrido de los tantos que hacía, vino hacía el un recuerdo, y luego como ese recuerdo se fue haciendo poco a poco tan vívido que acabo por abstraerlo de la realidad en el campo de concentración, y es que la fuerza de ese recuerdo le sirvió de inspiración para seguir en su lucha diaria. Lichtenberg por el contrario pensaba que la memoria es tramposa y enquista a su gusto el recuerdo. Sin meterse en debate sobre la intencionalidad de los recuerdos, es genial tenerlos a la mano, (a la memoria) para hacernos ameno el presente.

Abrazos de otoño!!!

MauVenom dijo...


Estoy de acuerdo en que somos lo que redordamos pero ... creo que depende mucho de cómo lo recordemos.

Al final la historia es lo que interpretámos de ella... yo trato no vivir de recuerdos pero aús así he cambiado en mi interpretación de las cosas.

Y curiosamene, igual que tú, últimamente estoy lleno de 'flashbacks' que pensaba totalmente perdidos.


-

El Océano Pacífico, por cierto, se lleva un inmenso porcentaje de mis mejores recuerdos.


Y lo extraño.

Beso


virgi dijo...

Nombras Acapulco y suena un lugar de ensueño, aunque por los medios sé algo de ese desastre violento que sé extiende como el fuego en verano. Y también tus recuerdos me llevan a los míos, al lado del mar, entre rocas y charcos.
Cuando empecé a leerte me vino Proust a la cabeza y ya venías tú también nombrándolo.
Ojalá que la memoria no nos falle, es muy triste perderla.
Un abrazo muy cariñoso, Marichuy.

QUANTUM dijo...

Marichuy

Hasta la fecha sigo disfrutando de sus letras; y disfruto mucho cuando usted lo hace como en el presente post: así cuando usted escribe de una forma desenfada. Usted sigue siendo mi Marichuycita hermosa. Me la imaginé con su frutita con chilito y también me hizo salivar ese rico pescado en la fogata. La sigo queriendo mucho.

Comparto con usted el temor de llegar a perder por completo la memoria. Un día se me olvidó cerrar la llave del gas y fue mi olfato quien me lo recordó, y me asusté, no de morir sino de olvidar qué se siente vivir.

Disfruto leerle en sus blogs y en twitter, es usted mi anfitriona favorita. Es usted también mi maestra pues con sus enlaces a textos de escritores que usted ha leído y yo nunca había conocido, aprendo. Con usted aprehendo la escritura (y desearía que nuestras bocas se cogiesen mutuamente en un intento bello de asir nuestras respiraciones).

Usted me hace sonreir. Un día le leí en twitter que quería conocer lo ignoto antes del fin del mundo y probó una gordita de chicharrón y fue el fin del mundo, pero para su pancita. O cuando luego me mandas besos tronados muy a tu manera. O cuando hace poco mencionaste que contabas con la colección completa de don gato y su pandilla (me dieron ganas de abrazarte). O de aquella vez que mencionaste, con referencia a JVM que el único "cuchi-cuchi" que conocias era el esposo de cucha-cucha en alusión de los picapiedra. Sonries tú y hace que yo sonria.

Bueno, mi Marichuy, por hoy se ha acabado el día. No sé cómo reaccionemos mañana. Me voy a dormir y quisiera darte en persona el beso de las buenas noches y que tú tambien me lo dieras. A falta de eso te mando un abrazo fuerte de camaradas; y te mando un beso de novios. Te amo aunque nuestro amor se resista.

En mi mundo tú y yo somos muy felices. Dos niños que sueñan alegres con su vejez. Dos viejitos que se quieren mucho y juegan con coloridas burbujas de jabón.

Somos nuestros corazones; somos, pues, nuestros latidos.

Tuyo: QUANTUM felino

[Il Fait Si Beau]

La abuela frescotona dijo...

tu descripción de ese día de verano se parece mucho a las que aun, cuando puedo, me doy el lujo de vivir, yo pesco, hago el fuego, aso el pescado, todos disfrutan, y el olor de leña y pescado asado es delicioso, hasta tu temor me es familiar, y eso es la vida, un lento despedirnos de las cosas que la hicieron bella y que ya vamos dejando atras...
te abrazo mi querida Marichuy

Champy dijo...

Muy hermoso tu texto Comadre..... pero no me chingues...que miedo!!!!

Momentos hermosisimos veraniegos, de escuincle cuasi feliz, en los que a falta de playa chacoteabamos en las albercas laguneras, o en las aguas vivas del padre Nazas...

Maldito estrés laboral.... esa memoria inmediata que te hace pasarla mal la he venido padeciendo por años... cada vez la padezco más ya que la procuro menos...en ocasiones me acostumbro tanto a ella que hasta la olvido.

Pero cuando deb emitir una respuesta o un comentario y sé que tengo todo estructurado (ajá!) en la cabeza pero no me salen nombres fechas datos, me aterro al pensar que contra ello, nada puedo hacer, nadie me cree..... ni los profesionales médicos que he consultado.

Pero eso si, los aromáticos moles de mi abuela, el verde esmeralda que el niño que fui vio por vez primera al llegar a tu rancho, la brisa nocturna de los campos laguneros antes del amor, los rasguños infantiles en la trepadera de árboles, los pies hundidos en las arenas mexicanas en días lluviosos....el ronronear de mi gatito.

No hay necesidad de esforzarme, con cerrar los ojos es suficiente.

2046

Discurso Bravo dijo...

Que bonita entrada, que bonito escribes, y que personal.
Me veras volver!