escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

mayo 05, 2011

lost in translation



 
Sentados en la sala destinada a los pasajeros en tránsito sin visa para entrar al país, Pedro y su hermano menor son la viva imagen del desamparo. De talla pequeña y rostro aniñado, aunque serio, Pedro no aparenta los casi 17 años que constan en su pasaporte y su hermano de cinco años parece más pequeño de esa edad. Pese a ir solos y a no hablar el idioma, no parecieran asustados. Ambos son los pasajeros más serios y quietos de la sala, poblada casi en su totalidad por migrantes centroamericanos inquietos y escandalosos. Los hermanitos casi no hablan: sólo Pedro dirige algunas palabras a su hermano pequeño mientras intenta, infructuosamente, aplacar sus despeinados risos, quizá para no desesperarse en tanto aguardan la llegada de su turno para la entrevista con el empleado de migración. Más allá de las pocas palabras intercambiadas con su hermano, Pedro permanece sumido en sus pensamientos, tal vez pensando en lo increíble que le resulta que esa misma mañana aún estaba en su tierra, Chalatenango, República de El Salvador, y ahora se halla en esa estancia del Aeropuerto Internacional de Miami, en una escala rumbo al encuentro con su madre. Dieciocho meses sin verla. Dieciocho meses desde que ella partió en busca de una mejor vida, dejándolos al cargo de su Abuela. Un tiempito, mis niños, les había prometido su mamá, sólo un tiempito, en lo que junto el dinero necesario para pagar el boleto para el viaje de ustedes. Y sí, tras esos eternos dieciocho meses, por fin estaban viajando a su encuentro. Su primera salida de Chalatenango… y en avión… y para irse al extranjero (quizá para no regresar a su pueblo, como dijo la abuela entre lágrimas cuando los despidió). Entretenido en sus pensamientos, y en 'peinar' a su hermanito, Pedro no sintió lo largo del tiempo de espera antes de su turno. Pero ya los estaban llamando…

-Luego de saludar, Pedro mira la identificación de la mujer ante él y lee su nombre: Lucía Gómez -nombre que no suena a gringo, piensa el chico con alivio. [Su mamá les advirtió que probablemente les tocaría un oficial de origen cubano, pero que de no ser así les pondrían un traductor.]

-Lucía abrevia las cortesías y empieza las preguntas, obvias, no agresivas por sí mismas pero sí aderezadas con un tono de prepotencia acentuada por el tamaño de la mujer, a cuyo lado permanece un oficial de seguridad inmenso y fuertemente armado. Suficiente para intimidar a los chicos, más a Pedro que a su hermano, demasiado pequeño para saber de intimidaciones:

-¿Por qué viajan sin visa? ¿por qué viajan solos tú y tu hermano, siendo menores de edad? ¿por qué con tan pocas pertenencias? ¿por qué no traen boleto de regreso? ¿cómo es que pretenden viajan tan lejos sin llevar casi nada de dinero? ¿por qué…?

Pregunta soltadas una tras otra, sin dar tiempo a que el chico piense antes de contestar. Ante la ráfaga preguntona, Pedro intenta guardar la calma pero la mirada y el tono imperativo de la mujer lo ponen nervioso. Aun así, repasa mentalmente los consejos de su madre y a todo responde antecediendo el Señora:

-Señora: no traemos dinero porque vamos a alcanzar a mi mamá, son pocas nuestras pertenencias porque mi mamá nos dijo que sólo trajéramos nuestra mejor ropita, viajamos sin visa estadounidense porque la Embajada no nos la quiso dar, sólo traemos boleto de ida porque ese fue el que mi mamá así nos mandó…

A medida que las preguntan avanzan, la tensión crece y la voz del chico va siendo cada vez menos audible, casi un murmullo tembloroso, en fuerte contraste con la dura e impávida expresión de su interrogadora. Pedro transpira ansiedad y angustia, como si sintiera que el anhelado encuentro con su mamá se diluye en medio de la tramitología burocrática y la arrogancia de la empleada cubana. Pero de pronto, de manera inesperada, Lucía interrumpe el interrogatorio y, molesta, masculla algo inaudible antes de salir a toda prisa, no sin advertir a Pedro que ni se le ocurra moverse de ahí. Como si el chico pudiera. El pobre, ahora sí parece asustado, casi desconsolado. Diez eternos minutos después, ella vuelve acompañada por una mujer enorme con pinta de Jefa. Aunque habla en voz baja, es obvio que la Jefa llama la atención a Lucía, quien permanece callada. Transcurridos algunos minutos, la jefa interrumpe su monólogo para dirigirse a los chicos en deficiente español. Luego de revisar someramente sus identificaciones al pecho, sus pasaportes y boletos de avión, los encomia a darse prisa pues la sala de embarque está lejos y ya casi es la hora de salida de su vuelo… a Madrid. Los hermanos parecen tan desconcertados como aliviados cuando salen presurosos en compañía de la enorme mujer y de otro guardia armado, dejando atrás a Lucía, cuya pétrea expresión ha trasmutado en una de franca molestia. Y mientras yo, que he atestiguado la tensa entrevista [al principio con discreción y después con total descaro, al punto haber cerrado el libro que medio leía mientras medio escuchaba] aguantándome las ganas de ayudar (aunque tal vez abráis ido empeorar), también me dispongo a abandonar la sala para abordar mi vuelo con destino a Santo Domingo de Guzmán. Lástima que no tendré que vérmelas con la cubana… porque yo sí traigo mi boleto de regreso, reservación en un caro hotel pagada por la Institución Académica que invita al Curso al que voy, así como la constancia de la misma, hartos dólares para los encargos de mis amigas y unas ganas tremendas de poner a la cubana esa… en su lugar. Todo. Menos… visa… pues por ser diciembre y poco el tiempo con que me avisaron del curso, no pude sacarla… 

*****

19 comentarios:

Curiyú dijo...

Una terrible realidad, que nosotros, desde tan lejos, lo analizamos fríamente, sin sensibilidad, sin siquiera sospechar el dolor que implica, no sólo el destierro, sino además, eso de jugar con los chicos como si fuesen maletas o bolsas.
Demasiado doloroso. Un abrazo.

tnf25 dijo...

Estos casos tan repetitivos que a veces parece que nos deshumanizan, no por eso dejan des er reales y dolorosos.

virgi dijo...

Me tenías en un hilo...¡qué tristes situaciones! Me imagino esos dos seres, ilusionados con ver a su madre y teniendo que sufrir tanta prepotencia.
¡Ay, Marichuy...!

Jo dijo...

A veces las salas de aeropuerto ... las antesalas en el umbral de partida tanta gente e historias bajo el brazo o con una sola valija.

a veces será que por vernos desprotegidos habrá quien quiera aprovechar su poder...

Doctor Gurma dijo...

Las autoridades de los aeropuertos (valga mi precaria cultura fílmica) pueden tornar tu peli personal de maneras drásticas. Una crueldad lo que se de con los niños que viajan solos (y lo que puede sucederles en cualquier aeropuerto de cualquier ciudad) Una molestia concer en cualquier lugar del mundo y bajo cualquier circunstacia gente con tal complejo que no se aguantan el expresarse de modo prtepotente. Que maravillosa narración, esta te invito a que la compartas en la sobremesa, estoy encantado y me gustaría mucho que la compartieras allá, se podrá?

malbicho dijo...

ay marichuy... genial... te quedó genial, sobretodo esa primera parte en que te metes en sus recuerdos y nos traes las voces de la madre y la abuela

felicidades

George LLS dijo...

Nada como descubrirnos de pronto atisbando los dramas ajenos que se revelan súbitos...

Y muy atinada la errata del primer párrafo (11o renglón): el "empelado de migración". Afortunada en verdad.

Abrazo Marichuy!

G.

La abuela frescotona dijo...

creo Marichuy que te quedaste con ganas de aporrear a la pobre cubana, tambien tendrá una historia...
aqui a los argentinos, nos mandan de regreso, si no les gusta nuestra cara, con dinero, con tarjetas, pasaportes y demas, desde "la madre patria que nos parió", los otros dias fletaron en el mismo día a unas ancianas de 80, y otra de 60 años, despues de humillarlas con el trato.
yo no se que tiene la gente, por que es tan mala, saludos Marichuy

Dora Ku dijo...

Marichuy: La última vez que fui a visitar a mi familia en Alemania, acompañada por la chica que me ayuda en la casa, conste que no dije sirvienta, porque en realidad no lo es, tiene tantos años conmigo, que se ha vuelto más hija mia, que mis propios hijos, de tanto que se preocupa por mí.
Pero tanto Alejandra, como yo, tenemos la pinta de latinas- mexicas, así que nos detuvieron en el aeropuerto de Amsterdan, Holanda. Donde nos interrogaron como si fuesemos unas delicuentes, gracias a que tenía en la mente el número telefónico de mi hija en Alemania y que llamaron para comprobar si ella respondía por nosotras, nos dejaron en paz y pudimos tomar el vuelo hacia Munich.
Pero las pobres personas que detuvieron junto con nosotras, se quedaron viéndonos con ojos de envidia, cosa que me hizo sentir culpable.
Cariños:Doña Ku

karenina dijo...

me dio ternura...

babel dijo...

Hay personas a las que la vida les obliga a crecer rápido, demasiado rápido y demasiadas personas. Conmovedor el relato, un saludo

QUANTUM dijo...

"Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez."

                                                                                    (Gabriel García Márquez)

[KALA]

Anónimo dijo...

Me encantó tu relato, me recordaste a la Marichuy de otros relatos. Menos afectada por las coyunturas de hoy.

Gracias...

Clarice Baricco dijo...

Un placer leer tu relato. Profunda.
Abrazos.

Stanley Kowalski dijo...

Wow! Que tema, Marichuy! Por suerte escribís también que, quieras o no disfrutás de la lectura. No obstante uno queda medio destrozado!! Tu prosa es excelente!

BESOTES QUERIDA AMIGA Y A CONTINUAR DESCANSANDO EN ESTE FINDE!!!!!!!

LUISTORRES dijo...

Triste realidada que se ven a diario en todos los aeropuertos,pero me magino que es lo correcto asi sea tan cruel, que cada pais vele por quien entra y sale de sus paises.

Saludos....

jess dijo...

Yo creo que la culpa no es de las personas déspotas, sino de los demás Gobiernos que no proveen de lo necesario a sus ciudadanos y éstos tiene que irse en busca de mejores suertes.

Si no hubiera ningún éxodo de por medio, no se tendrían qué ver caras ni soportar humillaciones.

Un abrazo, mi estimadísima. :)

Kyuuketsuki dijo...

Parece que hoy me tocó leerte para reafirmar algunas cosas de mi estado de ánimo nostálgico el día de hoy, snif. Pero es un relato muy bonito...

Cuentos Bajo Pedido ¿Y tu nieve de qué la quieres? dijo...

Nunca me había sentido familiarizada con la problemática de ser migrante. No lo había sufrido hasta que viaje a Noruega y me hicieron mil preguntas, entre las más molestas fue ¿Si iba a buscar marido a Noruega para no regresar a mi país? Wooo
Pues si me lo encuentro pues ya ni modo, o no? jajajja