Dulce es la venganza, sobre todo para las mujeres: Lord Byron.
Un film cuyo eje es justamente la venganza, cocinada (como los buenos platillos y... los buenos amores) con paciencia y a fuego lento: La cambiadora de páginas (La tourneuse de pages) escrita y dirigida por el filósofo, politólogo, músico concertista (de viola) y cineasta, el francés Denis Dercourt).
La película es una fina, perturbadora y perversa composición sobre la venganza femenina. La sinopsis es simple: 10 años atrás, Mélanie era una niña hija de carniceros que se dedicaba al estudio y práctica del piano con igual talento que enjundia, buscando una prueba para ingresar al Conservatorio; se preparó durante interminables y extenuante jornadas en su propia casa, solo para aprobar el examen e ingresar al sagrado recinto. El día del señalado, debido a una distracción generada por el comportamiento de uno de los sinodales (una famosa y arrogante concertista, Ariane Fouchécourt), la niña pierde el control y es rechazada. No dice nada, apenas derrama una reprimidas lagrimillas, cierra con llave su piano y encierra en el último rincón el busto de Beethoven que tanto atesoraba. Han pasado 10 años y Mélanie es una atractiva joven de 20 años bachiller en derecho que entra como practicante al despacho de Jean Fouchécourt, marido de Ariane. Ahí la chica se convierte en una eficiente ayudante, callada y trabajadora, hasta que un día surge la maravillosa oportunidad de sustituir a la niñera de la familia Fouchécourt y la niña ve llegar lo que tanto ha esperado: el momento de hacerse justicia por propia mano… y Mélanie no lo va a desaprovechar. Al llegar a la elegante casa familiar la chica se encontrará con aquella concertista, otrora segura arrogante y consagrada, hoy convertida en una mujer temerosa e insegura debido a un accidente que la mantuvo alejada del piano por dos años.
De ahí en adelante el film transcurre con esa tensa calma perfectamente dosificada, con un halo de suspenso psicológico. Mélanie se convertirá en la mano derecha (en realidad creo que es la izquierda por la posición del piano) indispensable para cambiarle las páginas a Ariane mientras esta ensaya para un importante concierto que puede llevarla de nuevo a la gloria; se desarrolla entre ambas mujeres una relación muy especial, casi sin hablar parecen comunicarse solo a través de gestos; Airane se vuelve dependiente de Mélanie, solo con ella sentada a su lado se siente segura; Mélanie ha tomado el control, así calladita, servicial (que no obsequiosa o servil) y tiene a Mme. Fouchécourt justo donde quería… El manejo del suspense y la perturbadora tensión con que se desenvuelve La cambiadora de páginas, me recordó en cierta forma al cine de Claude Chabrol,, mientras que su perversa frialdad, carente de cualquier atenuante, también me hizo recordar al de Michael Haneke (Caché);. Pese a esto, el film tiene una personalidad propia. En suma me pareció exquisita y perversa; cocinada a fuego lento; perturbadora y escalofriante; una fina puesta en escena sobre la venganza femenina, que se degusta lenta y ansiosamente a lo largo de 85 minutos. La película es, además, una lección de economía cinematográfica, ni más ni menos de lo que debe durar, ni más ni menos de los personajes que deben haber. Centrada en el duelo de una astuta felina y un asustadizo ratoncito, duelo que por momentos se basa en una ambigua relación no exenta de la fascinación e incluso de la atracción erótica; pero todo fríamente calculado como dijo Byron.
Título original: La tourneuse de pages
Director: Denis Dercourt.
Ariane Fouchécourt CATHERINE FROT
Mélanie Prouvost DÉBORAH FRANÇOIS
Señor Fouchécourt PASCAL GREGGORY
Señor Prouvost JACQUES BONNAFFÉ
Tristan ANTOINE MARTYNCIOW
Mélanie de niña JULIE RICHALET
