Seguro que habrá festividades mexicanas que no estén asociadas con la comida, quizá alguna cien por ciento laicas como la batalla de Puebla. Fuera de éstas… tengo la impresión de que son las menos. Para nosotros los mexicanos casi toda festividad popular tiene su acompañante comestible; en especial las festividades religiosas. Hasta celebraciones como la cuaresma tienen su contraparte comestible, misma que adquiere mayor notoriedad durante la llamada Semana Santa [la prohibición de comer carne roja es compensada con la elaboración de platillos a base de vegetales o carnes “blancas”]. En fin, que a los mexicanos nos faltan fechas festivas para inventarnos un comilón. Y la muerte no es excepción… “bien muertos pero bien comidos” [comidos con M de Muerte, diría Hitchcock]. La celebración del día de muertos, una festividad anterior a la conquista española, se vio matizada o enriquecida, según se mire, con la imposición del catolicismo. Según algunas crónicas, fueron los ocupantes y evangelizadores hispanos quienes debieron hacer alguna concesión para encajar la festividad acostumbrada en Tierra Azteca [el culto a la muerte y las ofrendas venerando a los muertos] en las fechas marcadas por el calendario católico: día de todos los santos y día de los fieles difuntos
No obstante, con todo y sincretismo cultural-religioso, la celebración del día de muertos en México todavía tiene arraigo y me resulta muy interesante. Uno de sus principales atractivos, sin duda, son las ofrendas, los altares de muertos. Aunque estos suelen integrarse con elementos variados, una fotografía del difunto, alguna imagen religiosa –o una cruz-, velas o veladoras, agua, adornos y flores, etc., a mi me llama la atención especialmente la comida ofrendada, la cual generalmente no solo contiene algún platillo que haya sido favorito del muertito, sino que se ve enriquecida con los platillos elaborados mediante ingredientes de la temporada: camote, calabaza de castilla o tejocotes etc; así como por los elaborados ex profeso para la ocasión como el Pan de Muerto. Claro que el contenido de las ofrendas varía según la región de nuestro país, pero en general, las ofrendas gastronómicas a los muertos resultan muy tentadoras. También varían los ritos, por ejemplo en mi pueblo [en la sierra de Guerrero] es común que los familiares vayan al cementerio el día primero por la tarde-noche, arreglen las tumbas y coloquen sobre éstas los alimentos y demás objetos ofrendados; esto, independientemente del Altar y Ofrendas puestos en la casa familiar. La Fe, las creencias les dicen que el alma, el espíritu de sus difuntos regresan esa noche a casa y... hay que recibirlos como se debe, ofrecerles alimento y bebida para que se repongan del largo viaje; que vean que aún se les quiere y recuerda....
Algo ha llamado la atención a nivel internacional esta celebración mexicana: hace cinco años, el 7 de noviembre de 2003, la UNESCO nombró a la Festividad del Día de Muertos "Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad". Aquí unos extractos de la declaratoria:
"...una de las representaciones más relevantes del patrimonio vivo de México y del mundo, y como una de las expresiones culturales más antiguas y de mayor fuerza entre los grupos indígenas del pais."
"Ese encuentro anual entre las personas que la celebran y sus antepasados, desempeña una función social que recuerda el lugar del individuo en el seno del grupo y contribuye a la afirmación de la identidad..."
"...aunque la tradición no está formalmente amenazada, su dimensión estética y cultural debe preservarse del creciente número de expresiones no indígenas y de carácter comercial que tienden afectar su contenido inmaterial."
Costumbre ancestral, que para muchos resultará anacrónica en nuestro mundo de hoy, cuando la Fe no está precisamente a la alza… el culto a la muerte aún subsiste y se expresa mediante diversas manifestaciones. La celebración del 1° y 2 de noviembre quizá sea la más popular, pero no la única;. Pero más allá de la Fe y las creencias personales, esta celebración nos brinda una inmejorable oportunidad, excusa, para saborear deliciosos platillos... so pretexto de venerar a nuestros muertos y casi que no importa cual -si es que hay alguna- religión profesemos, el chiste es comer con singular alegría…
