En la entrada anterior hablábamos de un cierto temor, compartido por varios, a ser objetos de un voyeur… en lugar de serlo. Claro, en referencia a la aprensión que puede generarnos sabernos observados por otras personas… pero ¿qué tal con este chien voyeur disfrutando del beso ajeno? La pareja de enamorados ni se enteró, menos que se arredrara ante la contemplativa mirada de su galgo y este cumplió, sin haber asistido jamás a una escuela de fotografía, con la característica distintiva del voyeur de los tres [Henri Cartier-Bresson]: «Ver sin ser visto, ése es su secreto» Pierre Assouline en «Cartier Bresson, El ojo del siglo» Galaxia Gutemberg/Círculo de Lectores. Barcelona. 2003
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Y cambiando al voyerismo de estricto carácter informativo y sin intención de alarmar, menos macular el espíritu de sus mercedes, les comparto este video que ya subí en mi blog escondido (reservado para mis placeres culposos… por eso está escondido, je). Lo pongo aquí porque nunca está demás remarcar ciertas cosas… por más sabidas que estén: http://www.lepoison.com/sidaction/ o aquí: plaisir partager
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Recordar a Cartier-Bresson me puso melancólica, como para la voz de Ornella Vanoni
fotografía de Henri Cartier-Bresson, cafe Boulevard Diderot (1969)




