escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

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febrero 20, 2009

un chien voyeur

En la entrada anterior hablábamos de un cierto temor, compartido por varios, a ser objetos de un voyeur… en lugar de serlo. Claro, en referencia a la aprensión que puede generarnos sabernos observados por otras personas… pero ¿qué tal con este chien voyeur disfrutando del beso ajeno? La pareja de enamorados ni se enteró, menos que se arredrara ante la contemplativa mirada de su galgo y este cumplió, sin haber asistido jamás a una escuela de fotografía, con la característica distintiva del voyeur de los tres [Henri Cartier-Bresson]:



«Ver sin ser visto, ése es su secreto» Pierre Assouline en «Cartier Bresson, El ojo del siglo» Galaxia Gutemberg/Círculo de Lectores. Barcelona. 2003


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Y cambiando al voyerismo de estricto carácter informativo y sin intención de alarmar, menos macular el espíritu de sus mercedes, les comparto este video que ya subí en mi blog escondido (reservado para mis placeres culposos… por eso está escondido, je). Lo pongo aquí porque nunca está demás remarcar ciertas cosas… por más sabidas que estén: http://www.lepoison.com/sidaction/ o aquí: plaisir partager



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Recordar a Cartier-Bresson me puso melancólica, como para la voz de Ornella Vanoni





fotografía de Henri Cartier-Bresson, cafe Boulevard Diderot (1969)


mayo 15, 2008

Captando almas en un clic

Niños rusos hacia el confinamiento a un campo de concentración nazi.



Ya lo he dicho por aquí: me encanta la fotografía; en especial las imágenes en blanco y negro. Es posible que mi preferencia por la foto sin color se la deba a mi naturaleza melancólica; o quizá me guste porque, en mi infinita ignorancia en materia fotográfica, creo que la foto en blanco y negro captura en forma insuperable, límpida, los momentos, expresiones, sentimientos y emociones. Me empecé a aficionar a la fotografía en blanco y negro porque al mirar esas viejas fotos de mis bisabuelos y abuelos, atestiguaba y reeditaba, solo para mí, momentos únicos e irrepetibles; porque pude inmiscuirme en un pedazo de su historia, de su vida, de ese tiempo que yo no viví. Antes que yo supiera de historias y revoluciones, de mitos y revolucionarios, vi unas fotos de Emiliano Zapata, en color sepia más que blanco y negro, al mirar al caudillo del sur, mis cursis 12 años me hicieron sentir que sus profundos ojos negros expresaban tantas cosas, que caí rendida ante ese idealista, ingenuo y a veces bárbaro, caudillo morelense.


También he llegado a elucubrar, por más que mi razón lo niegue, que algo haya de cierto en la creencia indígena de que la fotografía se roba una parte del alma. En fin, ya sea en blanco y negro o en color, la fotografía detiene el tiempo, guarda para siempre al ser que somos en ese instante y que nunca más volveremos a ser; una fotografía captura y eterniza casi todo… desde el dolor más grande… hasta el amor.


Y hablando de fotografía y de artistas de la imagen, el 22 de agosto próximo se cumplirán 100 años del nacimiento de uno de los más grandes fotógrafos que ha dado la humanidad. Un hombre que ha sido considerado como el padre del fotorreportaje, El Ojo del Siglo XX; llamado El pensador de imágenes el Maestro Henri Cartier-Bresson - . Nacido en 1908, el operador de la Leica de Dios vivió 96 años y trabajó casi hasta el día de su muerte, ya sea haciendo fotografía –de la que profesionalmente se retiró en 1974- o dando rienda suelta a su pasión temprana, la pintura. Mirar las imágenes captadas por este hombre es atestiguar buena parte de la historia de la humanidad en la pasada centuria; el maestro francés captó lo mismo prostíbulos de la ciudad de México, que el triunfo de Mao, la construcción del Muro de Berlín, el asesinato de Gandhi, el éxodo de los confinados en los campos de concertación del nazismo; también, el rostro de su amigo Albert Camus, o la belleza de Marylin Monroe. Cartier-Bresson fue el primer reportero occidental en entrar a la defenestrada Unión Soviética en 1954, tras la muerte de José Stalin. Su filosofía era simple: su inseparable Leica era la extensión de sus ojos y así, con dicha extensión -desnuda de artificios, desprovista de todas las modernidades de hoy, sencilla y precisa, como él-, retrató de todo; captó para siempre momentos, instantes irrepetibles; de todo hay en su memoria fotográfica… incluidos los besos. Dicen que la triada inseparable estaba formada por el él, su Leica y su pipa… y dicen que fue él, quien otorgó carácter de legendaria a esa magnífica cámara alemana -.


Y como una imagen dice más que mil palabras, aquí unos cuantos ejemplos del trabajo de Henri Cartier-Bresson; también, un par de links para leer los artículo escritos por Pablo Espinosa, uno con motivo de la Magna Exposición con que Francia celebró el 95 cumpleaños del maestro, Francia Homenajea a HCB / y el otro, publicado tras su muerte el 5 de agosto de 2004, SdP – Murió HCB




Beso














































Albert Camus






























En Whashington
















Niños















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