escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

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septiembre 22, 2012

esperando al otoño



Vendrá el otoño y aquí nos encontrará. Un poco más viejos, menos crédulos, pero esencialmente los mismos...



En llamas, en otoños incendiados, 
arde a veces mi corazón,
puro y solo. El viento lo despierta,
toca su centro y lo suspende
en luz que sonríe para nadie:
¡cuánta belleza suelta! 

Busco unas manos,
una presencia, un cuerpo,
lo que rompe los muros
y hace nacer las formas embriagadas,
un roce, un son, un giro, un ala apenas;
busco dentro mí,
huesos, violines intocados,
vértebras delicadas y sombrías,
labios que sueñan labios,
manos que sueñan pájaros... 

Y algo que no se sabe y dice «nunca»
cae del cielo, 
de ti, mi Dios y mi adversario.

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Otoño, Octavio Paz


Yves Montand, Les feuilles mortes


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septiembre 20, 2012

lisas como piedras rodantes...

en la cuerda floja, foto de Pedro Meyer

Hace tiempo, leyendo sobre Rubem Fonseca, di con una cita suya que se me quedó grabada:

"Ya no existen palabras ásperas, todas se volvieron lisas de tanto rodar por los altoparlantes"
[Rubem Fonseca, Del fondo del mundo prostituido]

Una afirmación que me parece tan cierta, más allá del ámbito de las llamadas palabras ásperas (mentadas de madre y demás epítetos y adjetivos peyorativos) al que el escritor brasileño la circunscribe. Sea por rodar por los altoparlantes, sea porque a menudo las aplicamos sin que venga al caso, son tantas las palabras que han ido alisándose, perdiendo fuerza, abaratando su significado. En este momento, nomás para no extenderme en mi perorata, pienso en dos términos que de tanto aplicarse a la ligera, fuera toda proporción, han terminado por no ya no decir nada o, en el mejor de los casos, decir muy poco: fascista y obra maestra.

1.- Según el DRAE, fascista es

1. adj. Perteneciente o relativo al fascismo.
2. adj. Partidario de esta doctrina o movimiento social. U. t. c. s.
3. adj. Excesivamente autoritario.


[DRAE. Real Academia Española]

Lejos de eso, el término fascista se aplica de manera peyorativa, casi siempre sin que venga al caso, contra quien posea cierta vis autoritarita. O sea, no es que se le use para nombrar a algún dictadorzuelo de los muchos que han poblado Latinoamérica, sino a cualquier mal presidente, sea de derecha o izquierda (como son la mayoría). Hasta donde recuerdo, nadie ha llamado fascista a Fidel Castro; le habrán dicho dictador con todas sus letras pero no fascista, como sí han llamado a Hugo Chávez y… al presidente mexicano saliente. Felipe Calderón llegó a la presidencia tras una elección sucia y sumamente cuestionada y al irse nos lega un país cundido de violencia, sangre y encono. No obstante, creo que no califica para fascista. Entre otras cosas, porque sin dejar de lado sus muchos bemoles en México hay libertad de expresión y existe más de un partido político (de los varios que hay no se hace uno decente, pero eso es otro cantar). Y no es que Felipe Calderón no merezca todas las críticas que se le hacen. Merece cada una. Se las ha ganado a pulso: es iracundo, arrogante, mentiroso; un político derechista-católico que a menudo antepuso sus creencias personales a su deber como Hombre de Estado; un gobernante que se empecinó en una guerra contra el narco que ha costado decenas de miles de vidas sin que el poder del narco se vea mermado y con el Chapo Guzmán instalado en la lista de millonarios de Forbes. Con todo, ni así podríamos llamar fascista a este gobernante mediocre y, en el fondo, timorato.

El punto es, me parece, que el término fascista ha perdido aspereza, y parte de su verdadera connotación sociopolítica, para terminar como mero insulto aplicable a cualquier político impresentable.

2.- Hablar de belleza es tan subjetivo pues más allá de ciertos cánones establecidos, su apreciación va ligada no sólo a cuestiones meramente estéticas sino a emociones. Siendo justa, quizá algo similar pase con el término obra maestra. No obstarte, creo que tal calificativo no queda tan al libre albedrio como el de la belleza. Así que en una libérrima interpretación, me atrevería a aventurar que una obra maestra es el ejemplo más depurado/representativo de un género artístico, cine, pintura, escultura, literatura, poesía, teatro, etc., en el cual se conjuga la máxima habilidad técnica y estética con la sensibilidad. Algo así. Y supongo que siendo un término tan contundente, habría que ser cautelosos y no ir por ahí llamando obra maestra a cualquier obra que nos guste. Pero no, resulta que actualmente a casi cualquier cosa medianamente buena, y a veces ni eso sino francamente mediocre o mala, le llaman obra maestra nomás porque se apega al gusto del critico en cuestión. Yo empecé a perderle el respeto al término masterpiece —porque además les encanta espetarlo en inglés— el día en que vi dos películas tan X, por no decir malas, ser llamadas así: Biutiful de Alejandro González Iñárritu y Nine de Rob Marshall. Cuando leí eso pensé en cineastas de la talla de Fellini, Visconti, Hitchcock, etc., en las grandes películas que legaron, y los imaginé revolcándose en su tumba al ver que semejantes películas [la primera, una oda al azote y la burda victimización y la segunda, un musical chafita en el que nunca entendí qué hacía la gran Sofía Loren] fueran consideradas obras maestras. Dior! 


En fin, tan sólo un par de ejemplos, simplonamente comentados, de lo que el escritor brasileño llamara alisamiento de las palabras. A fuerza de mal usarlas, gracias a esa manía de soltarlas con tanta ligereza y sin pensar en su verdadero significado, las palabras han ido perdiendo fuerza y hasta traicionando su significado… Se parece tanto al amor…



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agosto 19, 2012

y volver...

la calle de los sueños olvidados, foto de Biserko Fercek


A escondidas, como un ladrón, regresas al sitio donde amaste la vida. Quizá ya olvidaste aquella invocación que aconseja jamás volver a los lugares donde se ha sido feliz...

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agosto 14, 2012

ego eres y en polvo te convertirás...

“[…] El término ególatra se utiliza para hacer referencia a un tipo de personalidad que se caracteriza por una constante autoadmiración y veneración, en cantidades fuera de lo normales y que pueden en algunos casos llegar a ser patológicas. El término ególatra proviene del griego y significa adoración a sí mismo ya que ego representa al yo y latría al culto o admiración. […]”: el ególatra
No es que la egolatría sea algo nuevo, sólo que —creo— ninguna época como la actual le había sido tan favorable. La era web posibilita una sobrexposición progresiva e incontrolable. Con el auge de las redes sociales, las posibilidades de autopromoción son tan variadas como amplio es el culto a la egolatría y reproducción del ególatra. Participar en alguna red social —blogger, wordpress, tumblr, fecebook, twitter— para ejercer nuestra dualidad exhibicionista/voyeur y ya de una vez, así como quien no quiere la cosa, soltarle la rienda al pequeño ególatra que todos llevamos dentro. Quizá sea una forma simplista de verlo, pero creo que aun cuando en todas las redes sociales es posible desarrollar la egolatría (uno aporrea el teclado y sube a la red sus post por razones diversas: puro ‘amor al arte’, necesidad de desahogo, liberar sus demonios internos, contradecir el olvido, etc.), Facebook y Twitter no sólo la ejemplifican de manera inmejorable, sino que, a mi modo de entender, la inducen y potencian en forma creciente. El facebookero desea tener (como en la vieja y cursísima canción de Roberto Carlos) un millón de amigos (aunque ni los conozca) que le den like a cada chistorete estúpido, frase profunda, chisme mundano o maldición que profiera. Y lo mismo, con un efecto mucho más inmediato,  pasa en Twitter. La premisa pareciera ser: debe tener miles de seguidores que retuiteen y faveen sus tweets y cuando esto pase, cuando el robotito de Fav Star le avise que su tweet ha sido faveado por un montón de tuiteros, usted, claro, deseará informar tal noticia al resto de sus seguidores, así que… a retuitear esa buena nueva que un robotito acaba de notificarle. Es decir, nada como ejercer la autoveneración. Y si no es así, si por una rareza de la vida usted no fuera un gran ególatra, el propio Twitter estará listo para darle una ayudadita mediante puntuales notificaciones cuanto alguien lo unfollowee (deje de seguirlo), retuitee, favee. Esto y más, gracias a herramientas especialmente diseñadas, cuya única función pareciera ser la de espolearle el Ego:

Su semana en Twitter: usted no recibió un solo fav, ni un retuit y, lo que es peor, en vez de ganar followers (seguidores) perdió a 15…

Información que, de ser usted alguien vulnerable, le hará una pequeña abolladura al Ego… al ver cómo Twitter y sus herramientas ultra útiles le restriegan en la cara que sin importar lo que haga… usted nunca será un tuitstar. Claro, esto siempre y cuando usted haya querido ser un tuitstar. Y tal vez, si usted no era tan ególatra antes de entrar a Twitter, es altamente probable que una vez vuelto adicto (además de todo, Twitter puede resultar muy adictivo), su pequeño ególatra —ese que todos llevamos dentro— ya estará desarrollado en todo su potencial. De hecho, creo que una de sus definiciones podría ser así:

 Ególatra: s.- el pequeño twitterito que todos llevamos dentro.

Y también podríamos medir nuestros niveles de egolatría preguntando:

De cero a twittero, ¿qué tan ególatra es usted?

Eso sí, para no ofender con mi simplismo a quienes afirman no conocer esa cosa tan fea llamada egolatría y que en su vida han visto a un ególatra, debemos hacer una obligada acotación:

Aunque todos somos ególatras, también entre ególatras, egocéntricos y urgidos de atención… hay niveles.


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septiembre 19, 2011

el tiempo es un sentir...

foto: discover your fear, de Ebru Sidar


Somos lo que nunca dijimos…


Somos las palabras que nunca entendimos.

Somos nuestros olvidos…

Somos nuestros recuerdos soterrados.

Somos nuestra memoria impuesta.

Somos nuestras noches…

Somos nuestros desvelos…

Somos nuestros amaneceres…

Somos nuestras mañanas grises…

Somos nuestras mañanas languidecidas por la nostalgia.

Somos nuestros pesares…

Somos nuestras discordias.

Somos nuestros desatinos…

Somos nuestras contriciones

Somos nuestras dichas inocuas…

Somos nuestras aspiraciones encubiertas.

Somos lo que nunca creímos.

Somos los sueños que no tuvimos.

Somos nuestros sueños enmarañados.

Somos los sueños que dejamos ir.

Somos los sueños en que nos dejamos ir.

Somos los sueños que aún no nos encuentran.

Somos los sueños que aún no saben que son nuestros.

Somos los besos que hemos robado.

Somos los besos que nunca sentimos.

Somos nuestras ausencias.

Somos nuestras ausencias tan presentes, tan dolientes.

Somos la incertidumbre nuestra de cada día…

Somos....

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septiembre 03, 2011

mi patria


Inicia septiembre. No cualquier mes, sino el mes patrio, mes en el que los mexicanos conmemoramos el inicio de nuestra Guerra de Independencia de la Corona Española (que ni fue una gran guerra ni nos volvió tan independientes). Septiembre, tiempo de desempolvar banderitas tricolores, beber tequila y gritar a todo pulmón ¡Viva México! Grito que nunca como hoy lleva un dejo de amarga ironía. Creo que nunca lo he gritado, salvo en alguna ceremonia escolar. Y es que mucho antes de que los fatuos festejos del bicentenario independentista (conmemorado en 2010) llegaran, ya me costaba trabajo digerir, no se diga festinar, toda esa parafernalia del mes patrio. Por un lado, la exacerbación del patriotismo/nacionalismo siempre me ha parecido una práctica medio emparentada con el fascismo. Por el otro, ¿cómo festejar la independencia de una Nación que si algún día fue verdaderamente independiente hace rato que ya no lo es?

Cuando era niña, una maestra del kindergarten nos dijo que Patria es el lugar donde se nace, se vive, se crece y se muere. Hasta el sexto año de primaria me creí semejante cosa y más de una vez la recité llena de emoción. Ya nomás. Actualmente me confieso incapaz de dar una definición de Patria que esté libre de cursilería y patrioterismo de ocasión. Mejor recurrir a la bella idea de R. M. Rilke, según la cual la verdadera Patria es la infancia… la Patria perdida. Al menos esto se acerca más a mi actual sentir. Nací en Guerrero, en un pueblito de la Sierra Madre del Sur en el que nunca viví, por lo que carezco de grandes recuerdos de mi estancia ahí. En cambio, tengo buenos recuerdos de mis días de niñez en Acapulco, puerto donde mis padres residen hace muchos años y donde yo solía pasar las vacaciones escolares. Y esa circunstancia es la que me lleva a sentir como mía esa expresión de Rilke: Acapulco, que algún día fue considerado sitio paradisiaco, hoy se ha vuelto un sitio triste, ex paraíso marcado por la violencia que poco a poco va minando el ánimo de sus habitantes, al tiempo que alejando a sus otrora miles de visitantes. Tal como va ocurriendo en buena parte de México, un país en el que morir violentamente parece convertirse en nuestra nueva acepción de "morir de causas naturales".

Por ello, si la infancia es la patria perdida, si somos los lugares que hemos perdido, mi patria perdida sería Acapulco. Aquellos días en los que el mar parecía definirlo todo. El mar como principio y fin de las ilusiones albergadas en mi despreocupada infancia-adolescencia.

Pero... seguramente estoy equivocada. La Patria tendría que ser mucho más. O tal vez no. Tal vez, como decía el escritor Jean-Marie Gustave Le Clézio, la única Patria que tenemos es la de una lengua común.

En fin… que no soy furiosamente nacionalista ni patriota. Y sin embargo, pese a mi disgusto por los patriotas de ocasión y los patrioterismos mediáticos, me duele –mucho- ver cómo lo que un día fuimos cada día parece más lejano, ver cómo México dejó de ser lo que era para convertirse en un algo que durante mucho tiempo no quisimos ver y que hoy, querámoslo ver o no, nos restriega su existencia en plena cara y de la manera más cruda. Así que más que ¡Viva México!, en este septiembre (y no sólo en septiembre) habría que gritar ¡Ya no más muerte, México! Que ya no sigan muriendo tantos mexicanos inocentes, por causa de una estúpida guerra mal planeada, mal ejecutada… una guerra perdida antes de comenzar.

Pero… ya terminó agosto, inicia septiembre. ¡Aleluya!... Ya pronto llegará el otoño.
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¿Y ustedes sí se consideran patriotas, nacionalistas?

PS Si tienen tiempo, y ganas, los invito a leer esta fábula mía acerca del sentimiento patrio perdido. Escribidores y literaturos: a la búsqueda del sentimiento patrio perdido

 


imagen: Marie-Helene Alvin, Mujer con turbante



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agosto 23, 2011

siempre nos quedará agosto


En años anteriores acostumbraba escribir un post alusivo a los pesares que el mes de agosto solía acarrear consigo o más bien... conmigo. Pesares que las brumas del tiempo no han conseguido borrar y que en las brumosas tardes agostinas, en las que el sopor suele mezclarse con la humedad de las torrenciales lluvias propias del verano chilango, volvían puntualmente para recordarme que el dolor del pasado estará siempre ahí, agazapado en algún resquicio de mi memoria, paciente y callado, esperando el momento preciso, es decir el menos indicado, para hacerse presente. Acostumbraba escribirlo. Este año… casi lo olvido. Y digo casi, porque hoy, cuando al mes de agosto le quedan diez días, recordé mi costumbre, pero, en vez de escribir y repetirme alguna melancolía, opté por un par de fragmentos escritos por verdaderos escritores, los cuales expresan buena parte de mi contradictorio sentir actual. El primero es un texto brevísimo, apenas unas líneas, que muestra la nostalgia que invade alma, cuerpo y, desde luego, el espíritu de la cuidad, cuando las vacaciones veraniegas (que suponen relajamiento, abandono a los placeres bucólicos y olvido temporal de la cruda realidad) se acercan a su fin. El segundo, un pequeño fragmento de una gran novela, cuyo título es hermoso y melancólico por sí mismo.

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"Los días comienzan a perder minutos y las noches a alargarse. París se vacía de sus habitantes y se puebla de turistas. Luz de agosto. Nostalgia espesa y amarilla: estrella enana, recargada más de vívidas sensaciones de la dicha pasada que de recuerdos melancólicos. Un spleen suave, casi acariciante, se cuela entre las reverberaciones que emanan del pavimento…"

«París en Agosto, Vilma Fuentes»

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"El conocimiento (no el pesar) recuerda mil calles salvajes y desiertas. Comenzaron aquella noche en que, tendido en el suelo, oyó los últimos pasos, el último portazo (ni siquiera apagaron la luz). Y él siguió tendido sobre la espalda, tranquilo, con los ojos abiertos, mientras que, por encima de él, el globo suspendido brillaba con un resplandor doloroso y fijo, como en una casa en la que todos los habitantes estuviesen muertos. No sabía cuánto tiempo llevaba allí. No pensaba. No sufría. Quizás sentía en alguna parte de sí mismo los dos extremos cortados de los hilos de la voluntad y de la sensibilidad. Ahora estaban separados y él esperaba el momento en que se tocaran y se anudaran de nuevo y le permitieran moverse. Mientras los otros acababan sus preparativos de marcha, habían pasado de vez en cuando por encima de él, como las personas que están a punto de abandonar una casa pasan por encima de un objeto que tienen la intención de dejar..."

«Luz de Agosto, William Faulkner»

septiembre 17, 2010

mega puente

En México, ya sabrán, la obra más trascendental del actual Gobierno Federal, con motivo del bicentenario independentista, ha sido el mega puente vacacional: del 15 al 19 de septiembre sin bancos, escuelas, ni oficinas gubernamentales en servicio. Ante ello, la gente, la que ha podido, ha huido del D.F. con rumbo a las ciudades y playas cercanas. Así que hoy 16 de septiembre, en el doscientos aniversario del inicio de la gesta independentista, la Ciudad de México luce algo vacía, sumida en el espejismo celebratorio, aún sin sopesar el fardo que será la resaca al despertar de él, desde luego, más cruel que la cruda tras del reventón hollywoodizado en que devino la ceremonia del Grito de anoche. Claro, eso no quita que hoy se escenifique el grandioso desfile militar, con todo y la participación de contingentes castrenses extranjeros (cosa que ha provocado gritos de alarma en algunos sectores de la opinión pública, quienes ven a esos milicos como invasores a punto de quedarse aquí. Digo yo, ni que esos soldados fueran tontos para querer quedarse en este país estando las cosas como están), evento favorito del actual presidente, cuyo sueño húmedo, se me figura, siempre fue ser un milico... lástima que sólo le alcanzó para ser un abogado conservador, algo prepotente y autoritario. 















Por tal motivo, no he posteado nada nuevo (no soy la única: los blogueros mexicanos andan. o desanimados, aflojerados o vacacionando). Pero ya que ando por aquí, y por si algún viajero virtual encallara en este sitio, dejo un fragmento de Fuegos, esa desgarrada obra de Marguerite Yourcenar escrita al calor de una pasión tan intensa como desesperada.

“Nos acordamos de nuestros sueños, pero no recordamos nuestro dormir. Tan sólo dos veces penetré en esos fondos, surcados por las corrientes, en donde nuestros sueños no son más que restos de un naufragio de realidades sumergidas. El otro día, borracha de felicidad como uno se emborracha de aire al final de una larga carrera, me eché en la cama a la manera del nadador que se lanza de espaldas, con los brazos en cruz: caí en un mar azul. Adosada al abismo como una nadadora que hace el muerto, sostenida por la bolsa de oxígeno de mis pulmones llenos de aire, emergí de aquel mar griego como una isla recién nacida. Esta noche, borracha de dolor, me dejo caer en la cama con los gestos de una ahogada que se abandona: cedo al sueño como a la asfixia. Las corrientes de recuerdos persisten a través del embrutecimiento nocturno, me arrastran hacia una especie de lago Asfaltita. No hay manera de hundirse en este agua saturada de sales, amarga como la secreción de los pájaros. Floto como la momia en su asfalto, con la aprensión de un despertar que será, todo lo más, un sobrevivir. El flujo y reflujo del sueño me hacen dar vueltas, a pesar mío, en esta playa de batista. A cada momento, mis rodillas tropiezan con tu recuerdo. El frío me despierta, como si me hubiera acostado con un muerto”


 imagen: Viaducto Millau, el puente más alto del mundo (al sur de Francia), diseñado por el arquitecto inglés Norman Foster y construido por el ingeniero estructuralista francés Michel Virlogeux - 


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septiembre 13, 2010

memorias de una voyeur



Aquel sábado, después de un tiempo de vivir casi como ermitaña en medio del mundanal ruido, negada a salidas grupales nocturnas y a la asistencia de reuniones multitudinarias (la misantropía la seguía muy de cerca), casi a rastras consiguieron sacarla de su ermita para visitar un Antro. El elegido resultó ser uno de los pocos en cuya puerta no hay un par de cadeneros mal encarados, empecinados en cobrarse –en la persona de los aspirantes a clientes- todas las afrentas, humillaciones y discriminaciones clasistas padecidas durante su infancia y adolescencia. (si hay un sitio donde el racismo y complejos de clase pelean la supremacía, esa es la puerta de entrada de los antros ). Nada más lejano en Mama Rumba, cuyos cuidadores sin ser Lord Byron distan mucho de las ínfulas de aquellos dedicados a valorar la apariencia de los concurrentes para rechazar a todo aquel cuyo look desentone con la decoración del lugar. Pasada la media noche, franquearon la puerta de acceso y el ambiente ya estaba en su apogeo. Ir a Mama Rumba quiere decir ir a bailar. Ahí no hay espacio para otra cosa que no sea seguir el cadencioso y rítmico paso marcado por la música cubana. Sólo bailar; si uno quiere platicar habrá de salir y buscar otro sitio porque dentro el mar de gente y el sonido de la música lo vuelven un diálogo de gritos sordos. Accedió a ir con la condición de que no la obligaran a bailar, sólo quería ver, observar como un voyeur descarado. Y así, instalada en su cómoda posición, no tuvo empacho en dedicarse a desnudar, en sentido figurativo desde luego, a la concurrencia; verlos como de lejitos, como si fuesen habitantes de otro mundo y ella se hallase instalada en una dimensión distinta. Ella la observante que ha invadido el reino del sagrado esparcimiento; ella que los mira divertirse, bailar, coquetear, beber mojitos como si fueran simples limonadas, dejarse llevar por el rítmico sonido emitido por el grupo cubano que ameniza el lugar. Atestiguando cómo el ritmo candente cede su lugar a uno más cadencioso y romántico con la aparición del cantor estelar, quien con voz pastosa y sensual desgrana las notas de lágrimas negras y con ello los cuerpos se pegan aún más, acompasando sus movimientos con gozosa cachondez. La concurrencia asidua a Mama Rumba (al menos a primera vista) no se parece en nada a la que suele frecuentar los Antros donde imperan el tecno y demás ritmos modernos. En este lugar, la posmodernidad kitsch se mezcla sin problemas con la nostalgia sesentera. La observante se concentra en un animado grupo de féminas entre los 25-30, dignas representantes de esa subespecie denominada "radical chic": niñas bien pero con barniz de intelectual progre, un poco a la imagen dela gauche caviar (sin ánimo peyorativo) o en lenguaje coloquial chilango, tránsfugas de los 60's en versiónfashion posmoderna, donde los huaraches artesanales y las margaritas en el pelo han sido sustituidos por sandalias Prada y foulards de seda enredados en la cabeza a manera de turbante, lo cual confiere a sus portadoras -hay que decirlo- un aire de atractivo misterio. Más allá de su apariencia, que con sus más y sus menos es muy similar, todas estas chicas parecen gozar al máximo, como si estuviesen en éxtasis (igual se habrán metido una dosis de ídem), con estos ritmos tan "calientes". Uno las mira y pensaría que crecieron en el Caribe, así de gozosas se ven bailando esos ritmos que hasta no hace mucho tiempo eran considerados demasiado populosos y por ende despreciados por los clasemedieros aspiracionales acostumbrados a pasar sus fines de semana bailando hasta el amanecer en el Baby'O de Acapulco (Antro legendario, que contra todo pronóstico ha sobrevivido a un sinfín de crisis y modas), o en alguna boîte de Cancún. Pero ahora… cómo han cambiado los tiempos y los gustos, a partir del indeterminado día en el que la música grupera y tropical dejó de ser vista como naca, propia de bailes populares, pasando a formar parte del acervo musical de los DJ de las discos más chic. (un factor que favoreció esto, dicen, fue la exitosísima película Y tu mamá también, cuya banda sonora es recordada, en especial, por una canción de los Bukis). Y ella, la voyeur descarada, se dedica tan sólo a mironear, agazapada en un punto estratégico donde el campo de visión es inmejorable, recreándose con esas mujeres, casi con envidia pues ellas no necesitan de sus acompañantes hombres para pasarla bien y bailar desenfadadamente –mientras ellos lucen menos dichosos, concentrados en beber mojitos no parecen compenetrados con el ambiente, alguno luce expresión de fastidio, como si el entorno le resultara ingrato por más que ahora sea casi chic escuchar música cubana y beber mojitos-. Pero claro que hay un motivo adicional para la algarabía de ese grupo de mujeres posmo progre: los atractivísimos meseros cubanos, cuyo perfecto torso es remarcado por ajustadas camisetas con la bandera de la Isla en el pecho, quienes sonríen y de vez en cuando guiñan el ojo a esas niñas tan chic que los miran con indisimulada codicia, mientras entre ellas apuestan quién será la suertuda que se ligará a alguno de ellos… el que sea, lo importante es demostrar quién puede más. Y la voyeur que atestigua las apuestas, hace la propia a favor de una trigueña de inmensos ojos cafés, quien al bailar parece desprender fuego. Las horas avanzan, el sitio empieza a vaciarse y las chicas no cejan en su labor y, claro, la voyeur descarada tenía razón: la trigueña es la suertuda… lástima de no haber apostado públicamente, dice para sí la observante cuando por fin, casi a rastras, es sacada del Mama Rumba por sus amigos, quienes lamentan que haya pasado una noche tan aburrida...

Post Scriptum. Hablando de voyeurs, miradas e historias imaginarias, hoy me toca mi turno en el blog colectivo Escribidores y Literaturos, mi texto, un relato sobre un amor desmesurado: el infierno


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