Qué no diera yo por ser, a la vez insondable y comprensible; poder hacer gala de perspicacia, sensatez y grandiosa originalidad; capaz de dar forma a palabras entrañables, importantes y trascendentes; aprehender y amoldar, conforme a mis fantasías, todo lo que me pasa, siento y deseo, lo que veo y aquello que nada más imagino.
Pero no es posible y al final, sólo soy la que se queda con los anhelos a medio asir. Sólo Ésta, a la que en días como hoy, cuando todo es gris y el cielo no parece querer brindar tregua, le surgen unas ganas incontrolables por asirse a las alas del apetito más frívolo y la imagen más concupiscente. Y que no obstante saber que no puede perdurar, porque la vida es como es, gustosa se dejaría llevar en un viaje a través de caminos ignotos y feliz deambularía por los inabarcables senderos de lo inverosímil, en aras del deseo más escondido, siempre anhelado nunca cristalizado y sin importar que después, volviera a instalarse la misma cotidianeidad, perennemente desangelada e infecunda, que nos conduce de regreso al olvido.
Mejor arder mientras duren las llamas de la locura, a ver pasar la vida entre las tibiezas de la cordura.
“sigo mi desvarío, cuartos, calles,Octavio Paz. Piedra de sol (fragmento)
camino a tientas por los corredores
del tiempo y subo y bajo sus peldaños
y sus paredes palpo y no me muevo,
vuelvo donde empecé, busco tu rostro,
camino por las calles de mí mismo
bajo un sol sin edad, y tú a mi lado
caminas como un árbol, como un río
caminas y me hablas como un río,
creces como una espiga entre mis manos,
lates como una ardilla entre mis manos,
vuelas como mil pájaros, tu risa
me ha cubierto de espumas, tu cabeza
es un astro pequeño entre mis manos,
el mundo reverdece si sonríes
comiendo una naranja”
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