Cuando era niña mi abuela -mujer sabia como todas las abuelas, pero educada a la antigua- me repetía constantemente: "m'hijita cuida siempre de tu reputación". Y yo que no entendía el significado de esa palabra, menos iba a comprender el por qué de tanta preocupación... por mi reputación.Y sucede que hoy día, el photoshop, botox y demás artilugios del retoque, no solo se utilizan con fines meramente fotogénicos y/o cosméticos Ahora, su adecuado manejo y adaptación [o más bien, manipulación], permiten que las personas se confeccionen, u otros lo hagan por ellas, una nueva imagen -y no hablo de la apariencia física-, a gusto y medida de necesidades e intereses propios y externos. Así, en cuestión de pocas horas o días -siempre y cuando se cuente con los apoyos indispensables-, uno puede transformarse de un X, mediocre, o ímprobo ciudadano… en uno ejemplar; a medio camino entre la santidad y la genialidad. Por obra y gracia de esos artilugios, en la actualidad casi a diario podemos atestiguar el surgimiento, casi de la nada, de una Reputación intachable, admirable, envidiable... y falsa.
Reputación… palabra de pobre y largo alcance; por ello, me llama la atención que el "reputado" diccionario de la RAE apenas le dedique dos líneas:
1. f. Opinión o consideración en que se tiene a alguien o algo.
2. f. Prestigio o estima en que son tenidos alguien o algo.
Y así como se inventa, construye o mejora una reputación… de igual forma, se destruye; a veces en cuestión de minutos. Los medios [mercadotecnia, poder, amiguismo, lambisconería, querencias y odios, etc.] empleados para construir una buena reputación, son los mismos que se utilizan para destruirla o por lo menos dañarla gravemente. Y en ocasiones ni hace falta mucho, apenas un artículo periodístico. Tal como ha sucedido con el reputado escritor Milan Kundera: La discreción y el silencio de Kundera, por JeanDaniel [nacido en la ciudad de Brno, Checoslovaquia -hoy República Checa- y nacionalizado francés desde 1981] y a quien una revista de su tierra natal, ha acusado de cometer delación; de haber delatado a un antiguo compañero del Parido Comunista que pretendió desertar en tiempos del totalitarismo… hace 58 años. El resultado de esas acusaciones, ha sido un ir y venir de dimes y diretes; de negaciones y confirmaciones por parte del autor de La insoportable levedad del ser y de la revista Repekt (publicación denunciante), respectivamente. A saber quien diga la verdad, en esto hay muchos claro oscuros; mafias hay en todas partes, no solo en Sicilia o en México… también en el mundo de la cultura. Y a saber en que acabe este asunto; pero lo cierto es que el daño está hecho. Como dice Pierre Assouline en su blog La république des livres/Rien sur Kundera: L'insinuation est pire que l'accusation. Un titre suffit à tuer une réputation. O como digo yo en vulgo castellano: si vas a viborear hazlo bien y sin dejar dudas; no intentes suavizar o disimular tu veneno detrás de una sonrisita de beatitud.
Napoleón, que habrá cometido muchísimos errores y tenido infinidad de defectos, pero nunca el de ser un imbécil, dijo alguna vez:
"Una gran reputación es un gran ruido: cuando más aumenta, más se extiende; caen las leyes, las naciones, los monumentos; todo se desmorona. Pero el ruido subsiste."
Imagen El muchacho del chaleco rojo (1888-90). Paul Cezanne [lienzo desaparecido desde que fué robado en un museo en Zurich Suiza, en febrero de este año]