escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

octubre 29, 2013

los gadgets...

Imagen: Georges Lepape

"[…] Eran sonámbulos. Ya no sabían lo que querían. Estaban desposeídos. Ahora les parecía que antes —y este antes iba retrocediendo cada día más en el tiempo, como si su historia anterior fuera hundiéndose en la leyenda, en lo irreal o en lo informe—, antes habían tenido por lo menos el frenesí de poseer. A menudo, esta exigencia había sustituido a la vida. Se habían sentido empujados hacia delante, impacientes, devorados de deseos.
¿Y después? ¿Qué habían hecho? ¿Qué había pasado? Algo semejante a una tragedia tranquila, muy suave, se instalaba en el centro de su vida frenada. Estaban perdidos entre los escombros de un sueño viejísimo, entre residuos sin forma.
No quedaba nada. Estaban al fin del camino, al término de esa trayectoria ambigua que había sido su vida durante seis años, al término de esa búsqueda indecisa que no les había llevado a llevado a ninguna parte, que nada les había enseñado…"
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 —Georges Perec, fragmento de Las Cosas (Les choses. Une histoire des années soixante). Ed. Anagrama, 2008.
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 Algún día, cuando de nosotros nada más queden "los escombros de un sueño viejísimo, cuando seamos sólo residuos sin forma", es probable que quien se aventure a contar nuestra vida en tiempos del internet enfrente muchas limitaciones… excepto la falta de material. Nunca como ahora tanta gente ha mostrado tal avidez por exhibir su vida en las redes sociales. Gente conectada a la Web desde la hora en que se levanta y hasta antes de dormirse, dando cuenta de todo lo que hace. Y todo es todo: cómo y a qué horas se despiertan, sus abluciones matinales, alimentos ingeridos, pleitos con el tráfico y con los automovilistas durante el trayecto hacia sus centros de estudio o de trabajo, los alcoholes que beben y las resacas que dicha ingesta les deja, los enojos con sus parejas, los conciertos a los que van, las películas que ven, los libros que leen, los viajes que hacen, sus filias y fobias políticas, sociales y artísticas, etc. La cosa es contar al mundo los pormenores de su vida. Algo que al mundo debe importarle mucho, a juzgar por la cantidad de seguidores que tienen quienes tuitean mañana, tarde y noche sobre lo que hacen y dejan de hacer. Quién lo hubiera creído: el voyerismo, otrora afición ejercida en lo oscurito, siempre detrás de la cortina para no ser descubiertos, ha devenido en una práctica a plena luz del día o de la noche, con el conocimiento y tácito acuerdo del observado, cuando no merced a la incitación de este. Quien se anime a contar nuestra historia, pues, no tendrá problema con la cantidad de información sobre la vida 2.0 de las sociedades urbanas el siglo XXI, no así en lo que se refiere a la calidad de información: demasiada paja, poca sustancia.
 Si en la novela de Perec aquí citada, los jóvenes veinteañeros vivían incentivados por el frenesís de poseer no sólo las cosas en sí, sino también —y quizá con mayor énfasis— el estatus que dichos objetos les conferían (o que ellos y la sociedad creían que les conferían), en la hipotética novela de nuestra vida primará el frenesí por poseer el gadget (artilugio, aparato) de última generación, que permita acceder a, y ser parte de, el chisme global Cuando Internet irrumpió en la vida de millones de seres humanos, redefiniendo para siempre los medios y las formas de comunicación, el grito orgulloso era: vivimos en la era de la supercarretera de la  información. Años después de aquella innegable revolución mediática, pareciera que lo que vivimos es la era del gadget en el más amplio del término, es decir, la fusión del artilugio con el chisme. Porque no sólo tenemos avidez por adquirir el último, el más nuevo y mejorado adminículo informático, también estamos ansiosos ser parte en el chisme global. Chisme que, tristemente, no sólo prima en las redes sociales a manera de tuits o publicaciones en Facebook más bien intrascendentes (bueno, no siempre, los chismes calumniosos no son tan inocuos), sino que también ha invadido la esfera política y, por supuesto, acentuado su influencia en la "prensa formal". Abundan los políticos, congresistas y funcionarios públicos que parecieran más interesados en ser Trending-Topic, que en cumplir con su encargo público que, dicho sea de paso, es sufragado con el dinero de los contribuyentes. Y analistas políticos que ha transitado de escribir columnas enriquecidas con información de fuentes anónimas, que de suyo no tenía nada de novedoso ni execrable, a columnas que sin asomo de pudor especulan y dictaminan sobre asuntos delicados con base en puros chismes, con cero sustento informativo y hasta a columnas basadas en tuits o en chismes de Facebook. Adiós periodismo de investigación, bienvenido el refrito del refrito del chisme. Adiós para siempre adiós a la privacidad, bienvenido el exhibicionismo global más banal…
Quizá la novela que escriban sobre este tiempo se llame Los gadgets. Instrucciones de uso... (con o sin dedicatoria a Georges Perec).

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4 comentarios:

claudia dijo...

Así es. Qué acertada has estado. Qué precisión al escribirlo.

Yo justo estaba leyendo un whatsapp intrascendente.


un beso

Darío dijo...

El otro día pensaba en la proliferación de las fotos y los videos. No hay pausa. La gente se va de vacaciones y saca fotos de cada segundo. Así la vida cotidiana. No se vive. Se "graba" cada instante, se lo "eterniza", de manera que nosvdedicamos a conjurar el tiempo y no a vivir. La privacidad, paralelamente, totalmente transparente a la vista de todos.
Será así el mundo que viene?
Un abrazo.

virgi dijo...

Perec es unlúcido de nuestro tiempo, pero todo va tan rápido que incluso un pensador como él, se puede hasta quedar rezagado.
En cuanto al trending topic, me encanta la palabra porque la asocio con el alpinismo y los grandes escaladores del Himalaya...no sé si me entiendes, pero tenía ganas de contártelo.
Un beso, querida Marichuy.

Cuentos Bajo Pedido ¿Y tu nieve de qué la quieres? dijo...

Lo malo es que ya no queda nada impreso. Si se dañan tus archivos digitales pierdes de un jalón miles de fotos, cartitas de amor, etc todo de va más fácil