escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

abril 30, 2013

decepciones imaginarias...

¿El lugar más erótico de un cuerpo no es acaso allí donde la vestimenta se abre? [...] Es la intermitencia, como bien lo ha dicho el psicoanálisis, la que es erótica: la de la piel que centellea entre dos piezas (el pantalón y el pullover), entre dos bordes (la camisa entreabierta, el guante y la manga); es ese centelleo el que seduce, o mejor: la puesta en escena de una aparición-desaparición […].
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—Roland Barthes [El Placer del texto]

Toda (la inmensa) proporción guardada, lo dicho por Barthes me recordó aquello de «no dejas nada a la imaginación»: nos gusta completar con nuestras fantasías aquello que apenas entrevemos en un texto, en una imagen, en un suspiro. Tal como la memoria llena con hechos inexistentes los huecos del olvido, casi siempre para mejorarlos. Algo que también sucede en la relación literatura-cine: nos deleitamos con lo que leemos... y con aquello que aventuramos a partir de la lectura. Y nos creamos expectativas. A veces demasiadas. Y de nada sirve saber que por más cercanos que sean, el lenguaje del cine y el de la literatura son independientes. Invariablemente, si de una obra literaria llevada al cine se trata, siempre habrá quien reclame que la película no reflejó toda la grandeza del libro. Un ejemplo reciente es la Anna Karenina de Joe Wright, cuya majestuosa y arriesgado puesta en escena no convenció a la crítica especializada, la cual consideró que el film no estaba a la altura de la novela de Tolstói. Un juicio duro, me parece. Sobre todo si se repara en que buena parte de esa crítica especializada aplaudió la melcocha lacrimógena de Les Misérables, un musical plagado de estrellas hollywoodenses que difícilmente puede hacer justicia al gran drama político, social y humano de la novela de Víctor Hugo. 
Cuando leo críticas negativas tipo «la película no es fiel al espíritu de la novela», no sé qué pensar. ¿Acaso alguien espera que un film de dos horas refleje la inmensidad de una novela como, por ejemplo, Anna Karenina? ¿Una adaptación casi literal? Por supuesto que una película basada en una novela… jamás será como el texto que le dio origen. Pero eso, creo, no necesariamente la convierte en mala. Claro, siempre habrá buenas y malas adaptaciones, pero es posible que esto último se debas más a fallas del director que a «falta de fidelidad» con la historia adaptada. Quizá habría que admitir que con lo que no cumple un film, más que con la obra literaria en la que se base, es con nuestras expectativas. Siguiendo con la más reciente adaptación de Anna Karenina, creo no ser la única para quien sólo tiene un gran fallo: el actor que da vida a Vronsky. Con tan buenos actores británicos que hay y fueron a seleccionar al más insípido y limitado de la comarca. Obvio, uno lo ve y no puede creer que Anna gastara su pasión y su vida en semejante imberbe. Es eso… o la Karenina no resultó muy distinta de la Bovary y más que de un hombre específico, se enamoró de una fantasía creada por su mente y corazón insatisfechos, un ideal con el que vistió al primer badulaque que se cruzó en su camino.

El cine y la literatura son lenguajes distintos. Muchas veces se fusionan, se mezclan…se acuestan y después no se llaman al día siguiente. En el mundo cinematográfico prima la imagen por encima de la palabra, mientras que en el literario es básicamente la palabra 
[…] Luciano Sívori 

Dicen que para un buen film lo primero que se necesita es un buen guion. Debe ser. No obstante, no hay guion, por bueno que sea, que resista un mal director. En cambio, hay directores capaces de convertir un guion mediano en un gran film. Más allá de estos tecnicismos, el punto es que el literario y el cinematográfico son lenguajes muy poderosos por sí mismos, cada uno por su lado y, a veces, mezclados. No tendríamos por qué ponerlos a competir. Menos, valorar a uno desde el punto de vista del otro. Pero claro, si cada vez hay menos autores de guiones originales y más de adaptaciones literarias… no hay forma de evitar esta subjetiva comparación.   

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14 comentarios:

Darío dijo...

Sos genial. Este texto es una delicadeza que muchos debieran leer en este tiempo de desmesurada exhibición pornográfica. Nada al azar, todo al aire.
Pensé en un texto de Marías, "esa necesidad de decirlo todo, sin intermitencias, sin exigirle al interlocutor un mínimo esfuerzo intelectual". Aunque el libro comienza con "Nadie debería decir nunca nada", y estaríamos en el extremo opuesto.
Debe ser algo así como dios, que nos promete el paraíso sin darnos prueba de nada. También el cine, también la literatura...
Un abrazo.

virgi dijo...

Hola Marichuy.
Voy a ponerte casi lo mismo que puse en otro blog que hablaba de esta peli.
"Seguro que no la veré porque me he llevado unos cuantos chascos con adaptaciones de libros.
Me viene ahora a la mente una película que figura en el ranking de mis preferidas: El amigo americano. Pues es de las pocas que valoro tanto el film como la excelente novela de Highsmith.
Por lo que había sabido de la que comentas, la encontraba afectada, no sé, sería por esas fotos sueltas que he visto y que me inspiran poca confianza. La actriz tampoco es de mi interés, aunque la he visto poco
Lo que es indudable es el valor que ha tenido el director de meterse a adaptar a Tolstoi"
Un fuerte abrazo, querida Marichuy.

marichuy dijo...

Qué amable, Darío. A veces siento que nomás divago... más que de costumbre, :P.

Qué bonito lo dice Javier Marías.

Un abrazo

marichuy dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
marichuy dijo...

Virgi

Patricia Highsmith ha tenido suerte con las adaptaciones de la serie de Mr. Ripley. O al menos con esta que comentas de Wim Wenders (y mira que no es la mejor película del gran Wenders) y la de René Clément con Alain Delon, «Plein Soleil».

Yo iba predispuesta a que «Anna Karenina» me chocara: había leído malas críticas pero casualmente fue una reseña poco favorable (de uno de mis cinecrítocs mexicanos favoritos) la que me animó a verla. En mi opinión, no es una mala adaptación. Salvo el badulaque que da vida a Vronsky y quizá un poquito de exceso de simbolismos. Aun así, es una puesta en escena que vale la pena.

Un beso

Julio Flomar dijo...

Marichuy,,
Buenísimo post. Se lo deberías pasar a un montón de críticos y gente en general que sólo basan sus opiniones en la fidelidad de la adaptación. Como si fuera eso lo importante o lo único que importa. La fidelidad de las adaptaciones es subjetiva, además.

Un beso,

Julio

marichuy dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
marichuy dijo...

Hola Julio!

No había visto tu comentario. (creo que no llegó al correo).

No es un texto buenísimo, sólo un intento sobre la separación entre los lenguajes de cine y literatura. Ergo, y que la critica de un film a partir de su poca o nula fidelidad a la novela en que se bases es un tanto injusta y hasta algo equívoca.

Un beso

Gab Martínez dijo...

Pienso en el caso de las traducciones, la bella no es fiel, la fiel no es bella. Como menciona Eco, hablamos de una "interpretación" un juego entre significados, un paralelismo que hace el "como sí". En las películas que se basan en libros, pienso que tienen que equiparar la carga visual con algo de la trama del libro. No es igual definitivamente, lo mejor que puede hacer una película basada en un libro, es moverte a buscar el libro (si no lo has leído) y buscar tu propia interpretación.

Un abrazo dominguero

Pd. por cierto Marichuy, hiciste tu declaración?? :P jajaja

marichuy dijo...

Gab

Que una película basada en un libro moviera a la lectura de este, sin duda, sería un gran avance. Tristemente me temo que ello ocurre poco. A propósito de Anna Karenina y Los Miserables, decía el cinecrítico Carlos Bonfil que en un mundo donde a la gente la da flojera leer más de 140cc, las adaptaciones cinematográficas han devenido sustitutos del libro. Así, por ejemplo, los jóvenes —en especial ellos— que jamás leerían a Víctor Hugo y/o Tolstói sienten que con ver esos films es como si dieran una lectura rápida a esas novelas... sin necesidad de adentrarse en sus cientos de páginas.

Un abrazo

Angeek dijo...

Lindo post. Marichuy, yo creo que influye mucho el estado emocional y el momento de vida cuando lees o ves la obra de un autor. Esa imagen primera es la que perdura. Mi primera Karenina fue cinematográfica, Tatiana Samóilova es y será "mi" Karenina. La imagen me atrapó y tenía una edad en que la comprensión total de la obra escrita no era posible. En mi caso, muchas obras las leí después de verlas en cine pero pienso que ver cine no necesariamente te lleva a ser un lector ávido.

Y ya se viene una enésima adaptación de Macbeth con Fassbender y la Portman. Saludos.

marichuy dijo...


Angeek

No pudiste decirlo mejor: por lo general, la primera imagen de una obra, sea la escrita o la fílmica, es la que permanece.

También me ha pasado que alguna película me invita a leer el libro. Eso habla bien de la película.

Fassbender es un muy buen actor. Será interesante verlo como Macbeth.

Un abrazo y gracias por la visita.

Pedro H.R dijo...

Es una obviedad que en la literatura prima la buena pluma, y así debería trasladarse a todo para perdurar y no ser tan efímero como la explosividad de una imagen o gesto según a que campo nos traslademos.
Un saludo.

Cuentos Bajo Pedido ¿Y tu nieve de qué la quieres? dijo...

Ese arte de completar las historias ....