escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

octubre 24, 2012

forever young


foto tomada de forever-young/  


“[…] Nunca, en ninguna época y en ninguna otra civilización, se ha pensado tanto y tan constantemente en la edad; la gente tiene en la cabeza una idea muy simple del futuro: llegará un momento en que la suma de los placeres físicos que uno puede esperar de la vida sea inferior a la suma de los dolores (uno siente, en el fondo de sí mismo, el giro del contador y el contador siempre gira en el mismo sentido). Este examen racional de placeres y dolores, que cada cual se ve empujado a hacer tarde o temprano, conduce inexorablemente a partir de cierta edad al suicidio. […]” —De la pluma de ese misántropo, odiado por tantos, llamado Michel Houellebecq [Las partículas elementales. Ed. Anagrama, Barcelona 2008.]
No coincido con la idea que sostiene Michel Houellebecq. O más bien, con la forma en que la concluye. Me parece demasiado terminante. Y no porque tenga algún prejuicio sobre el suicidio ni porque no crea que resulta doloroso envejecer (en cualquier época y con mayor razón en esta donde la glorificación de la juventud es exacerbada). Nadie dice que sea divertidísimo envejecer y cargar con todo lo que ello acarrea, pero esto no tendría que llevar linealmente a la idea de la muerte. Es lógico que duela perder vitalidad, memoria; que abrume ver cómo van marcándose arrugas en el rostro mientras las canas van multiplicándose; que cueste asumir que aunque el tiempo no volverá, su paso ha marcado para siempre nuestro cuerpo y nuestro interior. Aun así, no creo que esto, per se, conduzca a pensar en el suicidio. Y lo digo yo, que jamás he formado parte del Club de los optimistas. Será porque ingenuamente creo que tarde o temprano aprendemos a convivir con las huellas que el paso del tiempo deja sobre nosotros, así como a sobrellevar el peso de los recuerdos, dolores, frustraciones y olvidos. Quizá lo creo así porque, por alguna razón no del todo explicable, siempre he asociado el impulso suicida… a la juventud.

Por lo demás, concuerdo con Houellebecq: es casi increíble cómo se pondera la juventud en nuestra época. Como si el resto de la pirámide poblacional no existiese. Lo mismo en televisión que en medios impresos, la publicidad parece estar pensada casi exclusivamente para los jóvenes. Los medios de comunicación promocionan la juventud como si el mundo sólo estuviese habitado por menores de 25, como si quisieran decir que en este mundo no caben los viejos (parafraseando a los Hermanos Coen: que no es un mundo para viejos). Y si a ello aunamos que como dice Houellebecq la gente suele tener una muy pobre idea del futuro, es lógico que sólo piense en aferrarse a la juventud, no para detener el paso del tiempo… sino revertirlo, no recobrarlo en términos proustianos. Cuando digo aferrarse a la juventud, no aludo al hecho de procurarse una vida equilibrada a fin de mantenerse saludable, vital y, por qué no, jovial. No. De lo que hablo es de quienes se niegan a aceptar el paso del tiempo, gente que con más de 70 se empeña aun a costa de su salud e incluso de poner en riesgo su vida en seguir luciendo como de cuarenta. Claro, ese ilusorio afán no les nace de la nada. Basta con ver la sarta de ofertas milagrosas que prometen quitarle 20 años de encima con tan sólo embarrarse una crema de sabe dios qué menjunjes, beberse el té que no sólo retrasa la oxidación de las células, sino que casi revierta la ya ocurrida, o ingerir píldoras de a-saber-qué ingrediente rejuvenecedor. Innumerable potingues, tomados o untados, que prometen devolverle la lozanía de la juventud. Todos hacen en énfasis en ello.  Como si al devolverle la lozanía y elasticidad de su piel, le devolvieran todo lo demás que se fue con la juventud. O como si la devuelta lozanía viniera acompañada de trozos de felicidad, lozanos y elásticos trocitos de dicha. La de cosas que inventan los vendedores de ilusiones, poco les falta para que anuncien que han dado con la tan buscada fuente de la juventud y ya entrados en gastos, de la dicha sempiterna. Ojalá el botox, colágenos y cirugías acarrearan la felicidad con la misma facilidad con que logran restirar artificialmente la piel…

En fin. Para cerrar mi divagación diría que aun cuando la tercera edad encarna disminución de fuerza, salud y memoria, tal vez pérdida de ilusiones, a menudo soledad, parece demasiado terminante decir que al hacer el balance de placeres y dolores posibles, conduce inexorablemente a partir de cierta edad al suicidio. Al menos yo, en esta noche del otoño de 2012, quisiera creer que no tiene por qué ser así… por más desfavorable que resulte tal balance. Espero seguir pensando lo mismo llegado el momento.   

***

No sé por qué me dio por pensar esto. Quizá porque hace unos días, tuve un inesperado memento mori cuando mi papá me soltó: m’hijita ya tengo comprados todos los lotes en el cementerio. Lotes para todos, dijo él como si dijera ya compré los boletos para el teatro o ya tengo las entradas para el cine. Y después siguió tomando café como si nada. Entiendo que es bueno ser previsor, que hay que estar preparado para ese momento al que todos habremos de llegar, pero que tu padre te diga ya tengo listo tu lote p’a cuando te mueras… justo después de desearte feliz cumpleaños, no es precisamente encantador. 
***


8 comentarios:

malbicho del fanzín dijo...

en esta era del botox, la vejez ha llegado a ser el mayor de todos los miedos, y la muerte (la propia, la cercana) sigue siendo uno de nuestros mayores tabúes

Champy dijo...

Te encanta darme en mi pata de palo...te odio.

Visto desde ese punto de vista si, en efecto, pero creo que precisamente así lo plantea Michael, para provocar en nosotros la reacción misma.
Yo siempre he pregonado ansíar que llegue la muerte antes que la decrepítud...que padre llegar a viejo con la personalidad de Armin Muller, o con la agudeza de Carlos Fuentes o las memorias de Julio Scherer.....pero Dios no le da alas a los alacranes.....mucho menos a mi. Tampoco estoy diciendo que voy directo al suicidio, pero muchos otros por mucho menos claro que les resulta suficiente.

Nosotros, desde éste lado, a como valoramos a nuestras abuelas verdad??? Pero ellas????

Mira la mía... yo la adoraba un poco menos de lo que la admiraba, me embelesaba las horas escuchando sus aventuras y sus anécdotas...yo no quería que se me fuera.... mientras estaba conmigo era feliz, yo conseguía que evadiera sus dependencias, esas que ella odió en su juventud.

Y ni ella ni yo dependiamos de la anestesia mediática.

Ahora bien....en la adaptación de Roehler, protagonizada por mi novio Moritz, si recuerdas, en la dualidad planteada por Bruno y Michael están exactamente definidas ambas posturas.

La evasora y la defensora.

Cual es la correcta?

Creo yo que ninguna es incorrecta.

Y las dos son respetables.

Tu Santo Padre solo quería regalarte un poco de tranquilidad... habías de pedirle que vaya sembrando un mango en el tuyo.

Cuando llegue mi momento ojalá me ayudes a sumar.

2046

PS...pensandolo bien, mi abuela se parecía en lo pirujona a Nina...y yo poseo lo peor de ambos hermanitos.

[.Λɀuʟ mэlaиcølîa.] dijo...

Entiendo un poco la postura de Houellebecq en el sentido de que a veces uno se siente con mucha vitalidad por dentro, pero la vida no se detiene y físicamente la vida te cobra lo vivido, pero una cosa es como te sientas por dentro y otra cómo estés "por fuera"... y si ambas cosas no coinciden podría pensarse en que uno está atrapado en su propio cuerpo... pero no nos pongamos fatalistas, que si bien eso puede ser cierto, tampoco habría que ser tan drásticos lo plantea el autor... la vida hay que tomarla de la mejor manera y vivir cada etapa...

Por otro lado, coincido con eso de la exacerbación de la juventud.. es casi irreal que la publicidad y mundo en general se enfoque en sólo cierta edad, como si la vida acabara a los 30... (o antes). Y si tienes 30, te venden para que te veas 10 años menos (O_o) y asi consecutivamente...

Supongo que por eso a los muy jóvenes se les "quemas las habas" por "vivir" porque la vida termina muy pronto... lo irónico es que muchos ellos -que según habrán disfrutado de su juventud- no gozarán de una vida adulta placentera y menos vejez, por todos los excesos cometidos en su juventud...

Mucho que pensar de este tema... me iré a meditar....

saludos



claudia dijo...

Genial, con ese final irónico.
Yo también creo que la gente que más se suicida no es la gente vieja sino más jóvenes, como si valoraran menos la vida.



bss

Darío dijo...

Bueno, es raro. Acá se pondera la juventud siempre y cuando no anden en cosas "malas", como la "politica"- El joven sano es apolítico.
Por lo demás, a mi también me ha dado por pensar en la muerte, y quizá, vaya convirtiéndome en los viejos de Houellebecq.
Un abrazo.

virgi dijo...

Pues yo tengo unas arruguillas en un lado de la cara que no me han salido en el otro...¿me lo arreglará el botox?...

Besitos, tu padre es un encanto, me gustó su propuesta.

Karol A. C. dijo...

Recuerdo que mi padre solía decirme "Cuando este viejo me suicidaré"...
Los años han pasado y con cierta tranquilidad veo que ha asumido los años con madurez. Él quien siempre tentó a la muerte.

Cuentos Bajo Pedido ¿Y tu nieve de qué la quieres? dijo...

Es curioso, ahora la pirámide poblacional tendrá su nivel más grande en la vejez. Espero no lleguemos a ser una sociedad llena de infelices. Un día mi Mamá nos llevó a las criptas de la iglesia a la que íbamos a misa y sentí horror, cuando dijo, compre una cripta y es esta. Y ya tenía nuestros apellidos, que espanto. Pero nada más horrible a cuando me dijo “tómame una fotos con esta réplica de una doncella zapoteca, la estoy comprando para que sea mi urna” que me pongo a llorar. No puedo evitar entristecerme cuando veo a la mentada doncella zapoteca encima del piano y aunque le pongan flores no me resulta grata, aunque es una figura muy linda.