escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

agosto 22, 2012

volver... sólo una vez...



A los lugares donde has sido feliz no haz de volver...

La felicidad medida en lugares y momentos. Si pudiésemos hacer acopio de nuestros momentos felices, unir todos esos chispazos de efímera dicha ~quizá nos quedaría algo como un Frankenstein de la felicidad~ y escoger sólo uno, ¿a cuál intentaríamos volver? O más bien, ¿querríamos volver a ese lugar?

Cuando alguien se suicida, invariablemente me da por fantasear que tal vez en su instante final tuvo algo así como un atisbo de reconciliación consigo mismo; imaginar que su último pensamiento fue el recuerdo de algún instante dichoso. No quería hablar del suicidio… pero... resulta que ayer leí una nota sobre la novela de Sándor Márai recientemente publicada, Liberación: una crónica novelada del cerco soviético a Budapest hacia fines de 1944, y en esa nota [muy buena por cierto: La crudeza necesaria de Sándor Márai] se hace alusión al suicidio del escritor húngaro. Que así como los gringos —y no sólo los gringos— van a Las Vegas a matrimoniarse, Márai fue a San Diego a suicidarse: nada más lejano a la majestuosa y altiva colina de Buda, que esa ciudad californiana poblada de nuevos ricos. Alguna vez leí que Márai se suicidó no por el tiro que se metió en la cabeza, sino ahogado por la soledad tras la muerte de su esposa e hijo. Empero, su suicidio no fue un acto de locura sino algo bien planeado: primero aprendió a disparar para darse sólo un balazo, certero... letal. Imagino a ese hombre solo, exiliado en una ciudad tan distante a su tierra natal, ¿qué pensaría antes de jalar el gatillo?, ¿pasarían por su mente, como quien navega por el Danubio, imágenes de la hermosa Budapest, ese lugar donde creo alguna vez fue feliz? Me digo esto porque —de manera ingenua, lo sé— me gusta creer que en su último instante el suicida pudiera experimentar una especie de regreso al lugar/momento donde alguna vez, así fuera fugazmente, fue feliz.

Dejando de lado mis elucubraciones sobre lo que pudiera ser el último pensamiento del suicida, intento un acopio de mis momentos/lugares felices. De la nada viene a mi mente (con la claridad de una película casera) una escena casi bucólica: una tarde luminosa ligeramente aireada, yo —a la edad de cuatro años y vestida con un coordinado de short y camisa sin mangas confeccionado por mi abuela— paseo en brazos de un primo adulto; una caminata sin prisas por el parque mientras comemos helado. Hace tanto tiempo de eso y aún puedo verlo, casi sentirlo, todo con absoluta claridad: la tarde cayendo bajo un sol tibio, el barullo de los niños jugando en el parque, un señor ofreciendo globos, el viento despeinando mi cabello, la inigualable sensación del helado de chocolate deshaciéndose lentamente en mi boca, mi inocencia, la sonrisa de mi primo… Quizá porque la felicidad se aprecia mejor en retrospectiva, mientras escribo esto me ha entrado una repentina nostalgia por mi niñez al lado de mi abuela, lejos de mis padres y hermanos, pero rodeada de gente que me prodigaba cuidados y afectos. Será que se ubica en la infancia, la patria perdida que dijera Rilke, pero aquella lejana tarde vuelve a mí como uno de mis momentos y lugares más felices. Y sin embargo, pese a sentir nostalgia por ese tiempo ido, y por un momento haberme visto ahí de nuevo, no estoy tan segura querer volver a cruzar ese parque comiendo helado de chocolate. Todo es tan distinto hoy: mi primo (20 años mayor que yo) se fue del país, mi abuela murió, la gente con la que crecí en esa colonia del norte la ciudad ya no vive ahí. Volver significaría más un relámpago melancólico, que una reedición de la dicha pasada.

No estoy segura, pero tal vez sea cierto aquello de que a los lugares donde hemos sido felices no hay que tratar de volver… A menos que se trate de regresar como quien hace su último viaje...
O tal vez no…

***


17 comentarios:

Mafalda Om dijo...

...

No, no me gusta pensar en eso. Al solitario los lugares le gritan, le hablan. Es algo muy cruel.

El suicidio es una despedida con carácter extremo. A cualquiera estremece...

Márai se llevó muchos secretos...

Un saludo mi Mari.

Mafalda

Mafalda Om dijo...

...

Lo puse aquí porque como que allá no tenía sentido lo que decía...

Saluditos...

Mafalda

Darío dijo...

Bueno..el comentario debería ir acá . Pero usted y sus variaciones...

malbicho del fanzín dijo...

a mí me impresionó la foto de Sylvia Plath con el torso metido en el horno de la estufa, después de haber dejado servida la leche para sus hijos y sellar sus recámaras para evitar que les entrara el gas... ahora que te leo sobre Márai recordé el detenimiento con que Plath planeó el suyo; no es un acto espontáneo el suicidio, es planeado a detalle y hasta con cuidado, con precisión; el que fuera vocalista de joy division lo hizo ahorcándose en su cocina, con el nudo de una soga en el cuello mientras esperaba paciente que el cubo de hielo en el que estaba trepado se derritiera, para lo cual prendió la calefacción

como dices, no es la bala ni la soga ni el gas lo que mata, es la desolación y la desesperanza, la insufrible soledad

malbicho del fanzín dijo...

di enter antes de poner el enlace a la foto de Sylvia Plath, leer sobre ello es impactante, pero verla es otra cosa, dimensiona todavía más el absurdo y la tristeza de su muerte:

http://elfanzine.tumblr.com/post/26953385676/sylvia-plath-02-10-1963-fuente-pinterest-board

virgi dijo...

Yo creo que mejor recordarlos así, dentro de nosotros. Seguro que si intentáramos atrapar de nuevo algo de aquello, sería más peor que mejor.
Leyéndote me ha entrado una melancolía indefinible, querida Marichuy.
¿Sabes que me hago una cierta idea de tu abuela, con todos esos retazos que nos vas dejando?
Un abrazo, grande grande.

Ana dijo...

hola Marichuy! aunque se noten cambios, se vean nuevas caras y no se respiren los mismos aires... mi naturaleza propia es nostalgica, me gusta recorrer caminos ya caminados y si! volver a lugares donde relamente he sido feliz...
abrazos

Cuentos Bajo Pedido ¿Y tu nieve de qué la quieres? dijo...

Imagino que si tuvo un pensamiento feliz, fue sin duda la alegría de volverse a juntar con sus seres queridos, por que aquí no encontró nada que lo retuviera....
Los pensamientos suicidas me llenan de desolación, no encontraron motivos para quedarse.... no los pudimos acompañar en su soledad

Champy dijo...

Está de moda?

Hay quien diría: que horrible moda.

Yo la respeto y los respeto, a muchos hasta los admiro.

Mas a esos como Márai, que se dan el lujo de organizar y disfrutar su adiós.

Hace algunos meses, cuando me propuse organizar algo de eso (no mi suicidio no, donde quedarán mis resto solamente), algunos allegados se escandalizaban con mis ideas..... yo lo veo tan simple, tan sencillo como no dejarle problemas a nadie.

Hemos hablado mucho tu y yo respecto a éstos valientes seres, así como de los falsos y cobardes que solo quieren atención, creo saber identificar a los unos de los otros, para los unos, mi admiración y respeto, para los otros, misericordia si acaso.

Volver?

Aún no, ni ganas ni necesidad, de hecho no estoy seguro, ésto que te comento que compré (una más de mis incongruencias) lo hice aquí, por si acaso, compraré también algo allá, por si hay chanza de elegir.

Con la frente marchita? No creo que eso quepa en las elecciones, cabe ahora, en nuestros actos y en nuestras decisiones, y de ello, ay la llevo, igual y mañana cambio de opinión, no sé si me arrepienta de algo, no sé mucho de eso.

Me faltan tantas cosas, tengo clarísimo que mi cuota de amar es la más grande, lo cual, gracias a Dios, tampoco me urge saldar, siempre preferiré la Calidad sobre la Cantidad.

A veces, me gustaría entrar a una tienda de esas de cosas viejas, y encontrarme la tv en que yo de niño me perdí viendo "Las Consagradas", donde me shuté a Ninón y a Dolores, donde Julieta la Bernarda, la Malquerida y Doña Perfecta me dejaron así.

Y eso, tampoco lo elegí.

Besos nostálgicos.

2046 ni uno más ni uno menos.

Y todos para ti.

Georgells dijo...

Que entrañable entrada...

Lograr entramar la nostalgia personal con la ajena, tejer sutilmente esos últimos momentos de alguien lejano con los primeros momentos que recordamos en lo personal, no es un ejercicio fácil y lo logra usted magistralmente...

Lo más interesante, a mi juicio, no está en esos últimos instantes en la mente del suicida, que le pertenecen sólo a él, sino lo que nosotros, los vivos, proyectamos en esa imagen. Lo que quisiéramos imaginar que pensó, recordó, sintió... pues es un vínculo directo con nuestra identidad, con nuestra visión actual de la vida. Es casi como preguntar: ¿Y tú, en qué pensarías? ¿En esos recuerdos cálidos donde fuiste feliz? ¿por qué evocarlos?...

Para cada persona, esas cuestiones pueden significar un océano entero...

No me gusta el suicidio. Ni como recurso novelesco ni como acontecimiento real... pero tampoco puedo condejar el ajeno, pues es un acto tan íntimo y personalísimo que sólo quien lo ejecuta lo entiende. Lo único que me atrevo a sugerir es que sean como el del escritor: un acto sopesado, meditado, largamente orquestado y que denota una inteligencia detrás del mismo... no la sórdida explosión emocional que termina con la vida de muchos, que debían haber vivido más...

Un abrazo,

G.

MauVenom dijo...


Yo no volvería a un lugar al que fui feliz porque lo que ha sido no se repetirá... eso me queda claro hoy, una gran lección es 'dejar ir'.

Tengo recuerdos maravillosos y otros muy alejados de eso... pero creo que aún en el suicidio pensaría en otra realidad, en una por encontrar más adelante.

Me encantó la figura del Frankenstein de los recuerdos pero creo que de lograrse, sería eso, un monstruo, sin lógica ni razón de ser, finalmente los recuerdos son un paso intermedio entre dos cosas y sin ellas no tiene sentido.

Justamente en San Diego (cero poético, lo sé) escuché una frase que guardé para mí, 'The best is yet to come'... no lo sé, quizá no sea cierto pero yo me aferro a eso para tener la certeza de que frente a mí hay momentos que algún día serán grandes recuerdos.

Y del suicidio, ya te lo he dicho antes, no lo critico. Lo respeto aún cuando creo que no sería una opción para mí... pero los caminos de la libertad son tan extraños.

Besos



Ivanius dijo...

Marichuy

Regresar siempre es un intento; recordar, siempre un logro. Esa fue la idea que me asaltó ante tu texto.

A Márai no lo conozco aún, pero recientemente me lo han puesto "muy delante". Ya comentaremos.

Abrazo memorioso.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Tienes razón, esos lugares, donde dejamos una sonrisa, no debemos de contaminarlos. Ninguna segunda parte fue buena.

Saludos y buen fin de semana.

La abuela frescotona dijo...

he regresado a esos lugares, son los mismos, pero sin magia, están vacíos.
creo que el paso de la vida en nosotros es la que le va dando valor a los distintos momentos buenos del pasado y los hace cotizar felicidad en la añoranza.
creo que el suicida es la incógnita del hombre...
saludos mi Marichuy

Tessitore di Sogno dijo...

Hace tiempo leí "La corrupción de un ángel", de Yukio Mishima y supe que justo entregó este libro a su editor, antes de suicidarse siguiendo el ritual japonés.
Más fuerte que el suicidio mismo me conmueve todo aquello que se planea y ejecuta meticulosamente, antes del paso final.
Me imaginé, mientras leía tu texto una noche lejana en que después de probar un rico mole de mi madre, me fui a dormir entre sus brazos.
La felicidad dionisica, eso mero.

Clarice Baricco dijo...


Y pensar que la felicidad la tenemos en la mano, a la hora de escribir.
Gracias por compartir.
Abrazos.

Angel Sanchez dijo...

Yo pensaría que la persona que se suicida pos siente felicidad, lo hacen para quitarse la tristeza de encima.