escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

abril 24, 2012

de vidas ajenas




Areli y Germán [o de cómo las parejas infelices… lo son cada una a su manera.] El dolor de aquellos a quienes quieres te duele, sobre todo, porque no puedes hacer nada para atenuarlo. Ambos eran mis mejores amigos. Ella, la mujer que yo admiraba en muchos sentidos [mayor que yo, inteligente, sensible y amante del ballet.] Él, uno de los dos compañeros de estudios más inteligentes que he tenido: mientras los demás leíamos a Marx y a Weber en español, él los leía en su idioma original [y luego nos los explicaba.] Ella no era bella en la acepción clásica y occidentalmente impuesta del término, pero a cambio tenía un cuerpo esbelto y elástico [estilizado por años de práctica del ballet.] Él era lo que se dice un gran partido: alto, apuesto, culto en un país de incultos… y algo taciturno. Todo en la dosis precisa. Y me adoraba... como amiga. Solía decir que yo, cuando se me pegaba la gana, podía tener orgasmos intelectuales. Cosa curiosa, dado mi espíritu cursimente romántico, jamás me enamoré de él, pero sí llegué a quererlo mucho. Creo que siempre intuí que había algo diferente en él [no era nada amanerado; todo lo contrario, muy masculino], que siempre me mantuvo con un rara distancia. Por ello, cuando por fin se animó a confesarme que era homosexual [a su regreso de París donde vivió algunos años haciendo estudios de posgrado], para mí no fue ninguna sorpresa. Lo que nunca dejó de serlo fue la relación casi ofensiva que mantenía con ella. Ella conoció de su homosexualidad muncho antes que yo, incluso sabía de sus compañeros masculinos casuales, lo acompañaba a los bares gay de la zona rosa y luego de verlo ligar y hasta besarse con algún caballero, terminaba teniendo sexo con él. Así por años. Hasta que él se fue a Francia. Pero antes, en el inter, ella se embarazó de él y sólo se atrevió a decírselo cuando ya tenía tres meses de embarazo y él estaba a días de irse. La reacción de él, obvio, no fue nada amable. Le reprochó muchas cosas, la acusó de quererlo chantajear, y al final le dio el cheque para que pagara el aborto. Terrible colofón para su patológica relación. Aunque en realidad no fue un colofón. Al menos no para ella, que durante mucho tiempo continuó aferrada a él, a su recuerdo, a la idea de una relación de pareja que como tal sólo en su mente había existido. Largo periodo de sufrimiento de ella. Una situación por momentos desesperante, porque ella se evadía, fingía que nada pasaba, gastaba fortunas en llamadas telefónicas transoceánicas, iba su casa [la de su familia], hacía migas con su mamá, con las hermanas, con su padre y hasta con el antipático de su hermano. Aún hoy me cuesta creer que ella pensara que de tanto quererlo, de tanto insistir, él respondería de otra forma, la querría un poquito. Triste. En ese punto de la historia reconsideré aquella máxima de la distancia y el tiempo son el olvido. Casi tres años separados. Apenas una escueta —aunque cortés—carta en la que él se limitaba a recordarle que entre ellos nunca había existido una relación amorosa, que sólo la había querido fraternalmente, que se sentía mal por haber dejado que las cosas llegaran hasta donde llegaron, pero que ya era tiempo de que ella diera vuelta a la página. Y nada. Ni ese lacónico finiquito, ni el largo silencio que siguió a esa carta, lograron que ella intentara voltear hacia otro lado. Durante todo ese tiempo yo me mantuve a dos fuegos. La acompañaba a ella en su dolor al mismo tiempo que mantenía comunicación abierta y constante con él. El papel más difícil que me ha tocado jugar, sobre todo porque a esa edad no tenía ni la experiencia ni la madurez para, al menos, tratar de comprenderla mejor. Estar entre ambos y no poder hacer más nada. De este lado del océano trataba de ayudarla, distraerla, hablarle claramente. Luego me arrepentía, me sentía mal por querer hacer entrar en razón a alguien, cuando yo no alcanzaba a comprender a cabalidad sus tribulaciones. Del otro lado, en mi comunicación epistolar y telefónica con él, poco a poco iba entendiendo las razones de quien más allá de sus laureles académicos no dejaba de ser un chico frágil e inexperto para enfrentar y aceptar muchas cosas, apenas asumido en su egoísmo por no haber hecho nada para evitar que su amistad deviniera en aquella relación tan dispareja, en la que ella amaba [o eso creía] y él sólo dejaba que las cosas sucedieran. Y a su modo, él también sufría. Llevar una doble vida le consumió mucho. Al menos hasta antes de irse del país. Sólo hasta su regreso, cuando me habló de su escondida preferencia sexual, tuve una idea aproximada de lo que debió padecer desde la temprana adolescencia. La procesión interna que le habrá significado saberse distinto y no poder decirlo abiertamente. Y aunque hacerlo no le otorgó la felicidad en automático, al menos le permitió encontrar un poco de paz. En cuanto a Areli, finalmente el tiempo, la distancia, la vida y sus inercias, hicieron lo suyo y un buen día encontró el equilibrio. Cuatro años después de la partida de Germán la encontré tranquila, extrañamente madura, lejos de la exultante intensidad de sus años universitarios. Se veía bien, ya no padecía aquellos recurrentes ataques de ansiedad, sus súbitos cambios de humor. ¿Era feliz? No lo sé. Al menos no sufría. ~


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Imagen: fotograma del film De battre mon coeur s'est arrêté [2005, de Jacques Audiard]

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12 comentarios:

La sonrisa de Hiperión dijo...

Porque nos interesará a todos (quien diga lo contrario se engaña así mismo), la vida de los demás.

Saludos y buen fin de semana.

marichuy dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
El Joven llamado Cuervo dijo...

Mientras leía, pensaba en eso, en como escondemos nuestra fragilidad detrás de muros que "nos hacen creer" que somos fuertes y superados. Estas historias dolorosas deben repetirse por miles, y no digo nada nuevo.
Un abrazo.

Cuentos Bajo Pedido ¿Y tu nieve de qué la quieres? dijo...

A veces uno nombra amor a muchas formas de estar que no lo son, pero es que uno no ha aprendido a estar en esas situaciones más que amando.
Muy a tiempo tu escrito…..tantas ideas han ido y venido a mi cabeza.
Aun es tiempo de aprender a relacionarse, a relacionarme, de otras maneras. No todo es amor, aunque vibre, se sienta, huela y sude como el amor….
Un placer leerte.

Neo dijo...

Todos tenemos nuestros secretos, la vida es simple, lo complicado es cada uno de nosotros nos aferramos a un sueño y tenemos miedo a despertar, cada quien conoce sus demonios internos enfrentarlos pudiera parecer un suicidio o una guerra perdida pero si no lo haces nunca sabras hasta donde puedes llegar.

Neo dijo...

¡achis! me leí muy profundo, sacala para andar iguales, mejor borren el anterior, este es el bueno: A que Gérman resulto jotillo desde chiquillo, ni hablar y como era tan cuuuul...to de seguro les resitaba a sus conquistas algo asi como "Si como chupo la nieve chupo el elote, imaginate como vas a pelar el ojote". jejeje copyrite todos los derechos reservados de un forista llamado el Informante, buen amigo virtual que hace años no lo he visto, ya hasta borraron toda la pagina quien sabe porque si eramos bien tranquilos, con decirles que tuvimos que emigrar a otros confines del espacio. jejeje

Neo dijo...

Mi estimada Marichuy un saludo y un apretón de mano no vaya a ser mal pensada, que gusto leerla nuevamente aunque me encontre con unas repeticiones se las paso, todo sea por el bien de las nuevas generaciones que van llegando.

virgi dijo...

Todos nos vemos reflejados en las historias de los otros, aunque sean distintas, tienen mucho de parecidas.
Un beso, querida Marichuy

Georgells dijo...

Hola Marichuy!

Long time, no see...

Creo que ya lo escribí por aquí alguna vez (y odio repetirme), pero supongo que es parte de ese proceso de alejamiento y coqueteo con las redes (más que el predecible tema de la edad y el olvido), así que lo relato ahora:

Anjélica Houston alguna vez dijo: "Cuando descubrí las infidelidades de Jack (Nicholson) creí que me había roto el corazón y lo odié terriblemente, pero al mismo tiempo pensé que lo seguía amando. Cuando me dí cuenta que lo que había lastimado no era mi corazón, sino mi orgullo, pude dejarlo ir."

Conozco esas historias. Un buen amigo mío también se reveló homosexual a los 30 años, y ahora vive en Australia. Alguna amiga aún hoy lo recuerda con nostalgia, pero hubo épocas en las que el dolor era palpable.

Con el tiempo nos damos cuenta que todos somos frágiles, todos somos aprendices. Todos tenemos nuestro lado fuerte y arrojado, que sacamos "con alguien más" y que en el fondo esconde nuestro propios miedos.

Pero sin pasión, sin sufrimiento y sin amor... la vida, sencillamente es demasiado trivial para que valga la pena ser vivida...

G.

Shantal dijo...

Buena entrada y lindo blog, te felicito.

Besos

Jo dijo...

pero asi de buenos y asi de pocos sinceros... escondemos todo.. o fingimos
o en la vida ajena a veces hay ese reflejo pero... mejor optamos por hacer ver que el que sufre es otro
nosotros ni extrañamos afectos...

:( que mezquino

malbicho del fanzín dijo...

vidas ajenas a veces tan propias

(será que son ajenas pero no lejanas)