escribir

Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

marzo 29, 2012

la maldad nuestra de cada día...


Maldad sin distingo de raza, religión o ideología. Maldad y crueldad más allá del límite del entendimiento.
Se parece tanto a la estupidez.

Escribió Ciorán: "no son los males violentos los que nos marcan, sino los males sordos, los insistentes, los tolerables, aquellos que forman parte de nuestra rutina y nos minan meticulosamente como el tiempo […]" [Émile Michel Cioran. Ese maldito yo. Tusquets.] Acostumbrarnos. Hacer de la violencia, la agresión, el desprecio e irrespeto algo común. La norma. Males sordos, insistentes y tolerables que un día se nos vuelven norma hasta dar paso, casi sin darnos cuenta, a otros menos sordos.  

No soy yo —como mexicana— quien para señalar el brutal crimen de odio que finalmente condujo a la muerte, tras 25 días de agonía, a Daniel Zamudio, chico chileno de 24 años. Y no soy quien porque en México, este mismo mes, una joven transexual —Agnes Torres de 29 años— fue asesinada por los mismos motivos que fue atacado Daniel: el odio y repulsión al diferente. Aun así me atrevo a decir algo sobre Daniel, porque el martirio a que fue sometido me ha horrorizado tanto como el asesinato de los migrantes centroamericanos en Tamaulipas hace 18 meses. A Daniel lo torturaron brutalmente hasta dejarlo medio muerto. Por ser homosexual. Fue tal la ferocidad con la que por poco acaban con él, que uno casi puede aspirar el vómito de odio y crueldad vertido por los cuatro hombres [el menor de 19 y el mayor de 26; jóvenes de tendencias neonazis y ultra católicos, según algunas fuentes] en forma de golpes y toda clase de vejaciones al joven cuerpo de Daniel. Lo humillaron, lo golpearon hasta el cansancio, le marcaron esvásticas con un vidrio en pecho y espalda, lo fracturaron, lo patearon y volvieron a patear. Los cuatro. No sé cómo no murió ahí. El crimen de que fue objeto me ha dejado profundamente impresionada. Desde que leí sobre él no he dejado de pensar en el sufrimiento, no sólo físico, que debió pasar el pobre chico mientras esos cuatro infelices descargaban toda su inhumanidad contra él. Como con Agnes, a quien también torturaron y finalmente degollaron. ¿Qué clase de ser humano [sic] hace eso? ¿A qué nivel de pudrición, de ausencia de alma, hay que llegar para hacerle eso a otro ser humano? Sólo porque sí, por ser homosexual o transexual. Neonazis o judíos, musulmanes o budistas, ultracatólicos o protestantes, testigos de Jehová o cristianos, ateos o creyentes; arios, caucásicos, eslavos, asiáticos, árabes, indios, criollos o mestizos; ricos, clasemedieros o pobres; de ultraderecha, derecha, ultraizquierda o izquierda… la maldad no reconoce distingos de ningún tipo. Y necesita retroalimentarse, subir los decibeles. Como el odio. Como ese "borracho al fondo de una taberna que constantemente renueva su sed con la bebida", que dijera Baudelaire. Como la estupidez, la maldad humana parece no tener límite. Tanta perversidad vemos a diario que en cierto grado parece habérsenos vuelto un mal tolerable. Quizá porque cada día sabemos de un nuevo crimen que supera en saña al anterior, cada vez nos sorprendemos menos... 


Me da miedo el sólo pensar en que llegue el día que este tipo de atrocidades me parezcan normales, que mi capacidad de asombro, ese horrorizarme ante la barbarie se me agote. Por eso escribí esta caótico post. Para, como dice Perec en la cita de arriba, "[...] tratar de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos..."


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15 comentarios:

Cuentos Bajo Pedido ¿Y tu nieve de qué la quieres? dijo...

Uf muy difícil esto que comentas, porque hemos llegado a tal punto que pensamos que para que se nos haga justicia debemos de usar los mismos métodos.

Paz, queremos paz y respeto por todo ser vivo.
Un abrazo

Karol Arcique dijo...

Nos volvemos un poco homicidas al dejar los prejuicios fluir y criticar y juzgar y envidiar y dejar de ser tolerantes...entonces podemos parar sin embargo cerramos los ojos y dejamos que ese veneno se apodere de nuestro ser para despojarnos de lo que nos hace llamarnos humanos.

Abrazos

Champy dijo...

Sabes a mi que me aterra apanica enmudece y me consume?
La transformación que como Sociedad estamos viviendo. Vivimos en una Sociedad Estupida Malvada Egoista Comoda Hipócrita y lo mas pior.....sin límites.
Daniel Y Agnes se convcertirán solo en ejemplos (que terrible verdad?) de las asquerosidades que se convertirán en cotidianas de aquí pa´lante....

Aún hay quienes afirman: Por putos los mataron! Aún hay quien aprueba el genocidio que se está cometiendo en nombre de la seguridad mexicana....Aún hay quien cree en la podredumbre oficialista.....

Cuidate mucho, de aqui en adelante es lo mejor que podemos decirnos.

2046

Manuel María Torres Rojas dijo...

...Naturaleza, amor y libro...

El Joven llamado Cuervo dijo...

No no no...no creo que lleguen a ser normales. Creo que algo hemos mejorado en estos tiempos. Creo. Prefiero verlo un poco más optimista, a pesar de estas hijaputeces que nos aterran y nos duelen.
Un abrazo.

GAB dijo...

Me parece que mi aversión a las ciudades grandes viene a esa especie de sufrimiento anónimo que se da a mayor escala en las metrópolis, dónde se empieza primeramente con las prisas, correr de aquí para allá sin motivo o razón aparente, y donde todo muerto pasa a formar parte de una estadistica, una esquela en un diario, algún artículo o mencion en la radio o tv dependiendo del finado. Ciertas fases de esta angustia la retrata muy bien Sábato en "Abbadón el Exterminador" donde habla de esta "ligereza" o "banalidad" del mal. Donde se puede dar una matanza a gran escala y no conmover ya no digamos la opinión pública sino sentir el sufrimiento ajeno como propio. En el caso de las muertes por odio la cuestión resulta doblemente inexplicable. Mientras no se recupere la noción de comunidad veo difícil hallar no ya una salida sino que estas muertes no se repitan.

Un abrazo de tarde!

Georgells dijo...

Hola Marichuy!

"Nada humano me es ajeno" escribió Tiberio hace algunos milenios y sigue vigente. Lo malo, es que compartimos lo bueno... y también lo malo...

Los crímenes que relatas son horrendos. Sin duda. Hace falta un grado de psicopatía para acallar la empatía natural y torturar a alguien así... Y, seguramente alguno de los perpetradores es, de hecho, un psicópata... lo preocupante son los otros. Los secuaces...

Me explico: cuando ocurren estos crímenes y se les analiza, encuentra que los "secuaces" suelen ser gente normal y por ello me refiero a que sienten horror y asco, como el resto de nosotros, ante la crueldad y el crimen. Pero en el momento de la barbarie, "apagan" sus emociones... Le puede ocurrir a casi cualquier ser humano en una situación determinada. La descarga de odio y adrenalina no es contra la víctima, sino contra algo más: la sociedad, su propia suerte, su autoenojo... Y lo descargan sin piedad...

Pero lo hacen por un instante que se equipara con la locura momentánea, casi siempre envalentonados por el líder psicópata... Como ha ocurrido siempre en las guerras y en tantas otras etapas oscuras de la humanidad...

Así que "Nada humano nos es ajeno" Y no estamos exentos de comportarnos con brutalidad... sólo la conciencia de ello puede salvarnos de hacerlo...

Abrazo!

G.

malbicho del fanzín dijo...

"...que el dolor no me sea indiferente"

y también le pido (a mi naturaleza) que no me pase lo que dice Georgells: convertirme en uno de los secuaces, porque como bien adelanta él, cualquiera podríamos ser los que no sólo ya no se sorprenden ante la brutalidad, sino incluso de los que participan de ella

necesaria la reflexión y la introspección, gracias por provocarla

La sonrisa de Hiperión dijo...

La maldad es como el bien. Creado en el mismo ser del hombre.

Saludos y buen fin de semana.

Jo dijo...

cuando dejemos de sorprendernos aterrarnos o indignarnos... es ahi cuando seremos muy malos. mi Marcichuy

perdon por mi ausencia o tardanza... ando super super super atrapada en la vida real... :)

virgi dijo...

Terrible, Marichuy. Da pavor pensar en lo que puede sufrir una persona indefensa frente a la maldad, la perversión, los prejuicios. Anoche mismo salió también una noticia parecida con una chica preciosa en Ucrania, supongo la conoces.
Un par de milenios de cultura no son nada frente a la barbarie.
Un abrazo, querida amiga.

Clarice Baricco dijo...

Sí, terrible.
Y yo, entre más crezco, más miedo me da la gente.

Juan Ignacio dijo...

Soy malo porque sufro.

Cuentos Bajo Pedido ¿Y tu nieve de qué la quieres? dijo...

Creo que alguien se fue de vacaciones, vengo y vengo a tu blog. Saludod

Azul celeste dijo...

Hola,
Cureoseando en la compu de mi pareja, encontré este blogg y pues me sentí muy inspirada a seguirlo; puedo cureosear los escritos? me parece que escribes de manera muy cautivadora, de verdad, cómo pocas mujeres.